Actualizado el 18 de junio de 2012

A propósito de la XI Bienal de La Habana

Rostros de la ciudad

Por: . 14|6|2012

Rostros de la ciudadAires de Bienal se han respirado durante todo el mes de mayo y los primeros días de junio en la ciudad de La Habana. El arte se dio cita en las calles haciendo suyo, en su andar, cuanto espacio, edificación o rincón disponible encontrara. Estos escenarios configuraron novedosas estrategias artísticas, teniendo en el público cubano su principal protagonista.

Los espacios públicos se convirtieron en los ejes interactivos por excelencia. El observatorio del arte, esta vez, entronizó su mirada hacia las más diversas Prácticas artísticas e imaginarios sociales. Y es que precisamente esta fue la premisa a partir de la cual los artistas elaboraron sus propuestas en la más reciente edición de la Bienal. Los proyectos trascendieron las galerías, haciéndose eco de sus plazas, arterias y talleres de artistas. El público más diverso quedó sustraído de la cotidianidad para ser el aderezo fundamental en esta fiesta cultural. Performances, instalaciones e intervenciones comunitarias fueron algunas de las acciones de inserción social que nos acecharon en nuestro andar rutinario.

Los surcos de la ciudad resultó, sin lugar a dudas, uno de los proyectos más interesantes en este sentido, ideado por los artistas extranjeros JR (Francia) y José Parlá (Estados Unidos), ambos con un amplio reconocimiento en el ámbito internacional. Luego de haber recorrido varias ciudades del mundo el pasado año, Wrinkles of the city fue reeditado en La Habana a partir de nuevos espacios y protagonistas. Son ellos los autores, en conjunto, de fabulosas gigantografías que en las fachadas de La Habana Vieja, Centro Habana y El Vedado acogen los rostros de hombres y mujeres que ya han cautivado a más de un paseante.

A partir de las fotografías de veinticinco personas de la tercera edad fueron conformados los murales, combinando los retratos de JR con los trazos y caligrafías de Parlá. En las intervenciones del binomio sobresale un amplio dominio técnico. En sus retratos, JR revela un manejo casi perfecto de la fotografía, dotando a sus imágenes de un hiperrealismo extremo que encuentra en el concreto su soporte ideal. Con ello aporta una visualidad que hace sucumbir al público, que a su paso no puede dejar de advertir tan originales creaciones. Por su parte, José Parlá otorga movilidad a las imágenes con sus pinturas gestuales, poniendo a dialogar la caligrafía con líneas, letras y señales de los más variados tonos y trascendiendo como auténtico elemento gráfico.

La intención de los artistas fue más allá de la mera intervención de las áreas seleccionadas, ya que pretendían, a través de sus acciones, reivindicar el espacio público como sitio principal para la vida artística y cultural, proponiendo interesantes ideas, críticas y enfoques desde lo que se ha dado en llamar “arte urbano”. Los rostros de ancianos cubanos se convirtieron en motivo de representación de estos artistas, quienes a su paso, van dejando un fragmento de vida y de experiencia en cada muro ocupado.

Rostros de la ciudadAl referirse a su obra JR expresa: “En una sociedad de imágenes estamos constantemente bombardeados por caras de gente, muchas veces de gente famosa. Normalmente, esas imágenes no representan la opinión de la gente real. Yo quiero llevar al centro de la atención a personas anónimas. Llevar sus caras a las calles y redefinir la noción de héroes”.1

De ahí su motivación por hacer del arte el medio a través del cual recrear las interioridades, problemáticas y sentimientos de los individuos más comunes, esos que quedan diluidos en la colectividad. El interés de José Parlá y JR en mostrar a la gente de “a pie” se resuelve con harta eficacia. Son esos nuestros héroes anónimos, con quienes realmente logramos sentirnos identificados; seres que pueden hallarse en cualquier esquina o senda de la urbe, partícipes de ese entramando social que es hoy la ciudad toda. Los nexos entre el arte y el imaginario social están dados por ese interés de potenciar el diálogo humano y la comunicación, en todos los niveles de la creación.

Son imágenes que dialogan desde la memoria individual pero a la vez colectiva de los sujetos, al convertirse en modelos de un espacio, de una generación, de la nación. En ellas se apresa en instantes el sueño colectivo.

La expresividad alcanzada en los rostros es otro de los grandes logros formales de los imponentes murales. En los surcos de sus caras se devela el pasar de los años, amparado en las texturas de paredes corridas por la desidia y los avatares del tiempo (elemento este que aporta un valor semántico único a la representación). Son historias de vidas de esos que en sus rostros llevan, no la nostalgia del tiempo pasado o perdido, sino ese halo de esperanza en el futuro, estampada por una sonrisa juguetona que de vez en vez es posible percibir en sus semblantes.

La XI Bienal de la Habana cierra sus puertas, pero deja tras de sí una gran galería urbana que ha ofrecido una nueva visualidad al entorno citadino, propiciando el contacto real con el espacio, adquiriendo amplias connotaciones sociales y culturales. No obstante, cuando todos se hayan ido ellos estarán ahí, en nuestro andar cotidiano, en las mañanas y tardes de la ciudad, custodiando cada esquina de La Habana o convidando, desde su altura, al transeúnte. En el instante menos esperado, en la fachada de cualquier edificio, nos sorprenderán esos rostros: los rostros de nuestra ciudad.

NOTAS

1. Véase en http://www.bienalhabana.cult.cu/?secc=noticia_amp&idNoticia=5

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