Actualizado el 27 de junio de 2012

José Nicolás:

Sencillamente, ¡trovador!

Por: . 25|6|2012

José NicolásCon la frialdad e imparcialidad que suelen darse las noticias, el pasado sábado 23 de junio circulaba por el ciberespacio la siguiente información: El cantautor José Antonio Nicolás murió este viernes en Barcelona, donde residía desde 1997, informaron fuentes familiares. Nicolás, como le conocía su público, falleció presumiblemente de un infarto. Estaba a punto de cumplir 49 años.

Tras leer la información y quedar impactado al saber la muerte de alguien al que aprecié, no solo como artista, sino además porque tuve el privilegio de ser su amigo, he buscado en Internet y apenas ha habido repercusión por la muerte de uno de los más grandes trovadores que ha dado Cuba en los últimos veinticinco años.

Desconocido por el gran público consumidor de música en nuestro país, el santiaguero José Nicolás fue alguien que llevó casi tres décadas en el arte de componer e interpretar sus canciones. Todavía, algunos viejos trovadictos y trovadores de los que acostumbran a merodear por la calle Heredia —arteria cultural de Santiago de Cuba—, recuerdan cuando él comenzó a ser un tertuliano habitual de dicha vía, allá por 1985. Aquella fue la escuela donde aprendió (y aprehendió) cada secreto del decir trovadoresco. Así lo conocí, mientras él era uno de los que descargaba en una tarde veraniega en que las eternas y buenas canciones de Matamoros, Sindo y Corona —acompañadas, claro está, por el hijo alegre de la caña de azúcar—, se enseñoreaban en las cuerdas y voces de los adorables viejitos que se adueñaban de la Casa de la Trova en la más caribeña de nuestras ciudades.

Vendría luego la estable participación en la peña de la UNEAC en su natal Santiago y la intervención como invitado en conciertos de distintas figuras. Por ese camino, en 1992, la Fundación PM y la Asociación Hermanos Saíz le organizan un recital bajo el nombre de Dame fe, que devino una gira por todo el oriente del país. Su primera incursión en el ámbito internacional la realiza en mayo de 1996, cuando viaja a Barcelona y se presenta en la XIII Marató de l’Espectacle en el Mercat de les Flors. Como parte de aquella misma gira, también actúa en la muy conocida sala Antilla Cosmopolita.

De retorno a Cuba, pocos meses después, en diciembre de ese propio año 1996, se traslada a tierras mexicanas para cantar en el teatro de la Facultad de Economía de la Universidad Central de México, en el Museo de Tuxpan y en el Hotel Valencia, en Jalapa. Las inquietudes artísticas de este trovador no se limitaron al acto de componer e interpretar sus canciones. Por eso, en su carrera se le vio vinculado a otras manifestaciones, como la radio o el teatro.

Acorde con tales intereses, en 1998 fue invitado a participar, junto a Leonel Valdés y Herman Bonnin, en el proyecto denominado “Para Federico un Son”, espectáculo de café-teatro que se suma a los homenajes realizados en toda España al poeta granadino con motivo del centenario de su natalicio, y en el que el cantautor, además de hacer la mayor parte de la música de la puesta, también actúa y canta. Por los notables valores del espectáculo, el mismo obtuvo el Premi FAD Sebastià Gasch 1999.

Aquella experiencia le resulta tan motivante que en el 2001 se involucra con el mismo equipo de trabajo en el montaje y realización del espectáculo de cabaret literario Sóngoro cosongo, obra homenaje al poeta Nicolás Guillén, y que se presenta en el Espai Escènic Joan Brossa, en Barcelona. En el sendero de interactuar con las artes escénicas, a partir del 2002 inicia una colaboración con Malena Espinosa, teatrista y actriz habanera, concretada en la obra titulada La partida.

Sin hacer mucho ruido, y desde la humildad que siempre le caracterizó, desde finales de los 90 y en el primer decenio de los 2000 José Nicolás tuvo un accionar en diversos espacios internacionales que resulta impresionante. Son muestras de ello su actuación, en junio de 1999, en el Barbican Centre de Londres, donde comparte escenario con personalidades de nuestra música como Omara Portuondo y Rubén González. Un mes más tarde retorna a la capital británica para intervenir en el Festival Womad, donde hizo dos presentaciones: un concierto en solitario y un trabajo con el respaldo del grupo cubano Asere.

En el 2000 se le encuentra en Cáceres, en la edición del Womad, esta vez en compañía de Toto la Mamposina y el guitarrista congoleño Papa Noel. Desde el 2003, llevó adelante en Barcelona, ciudad en la que residió durante la última etapa de su vida, un proyecto con el músico catalán Marc Tena, en el que se integraban las raíces tradicionales del son cubano y otras manifestaciones sonoras del arte contemporáneo, en una línea que se me antoja como una especie de continuidad a lo hecho en los 90 por Juan Perro.

Con José Nicolás sucede lo mismo que ha ocurrido con varios de sus colegas cantautores, es decir, se le conoce más por las versiones que otros han hecho de sus temas que por las interpretaciones que ha efectuado él de su propia creación. En un momento dado, entre nosotros se escuchó muchísimo su composición “No pueden parar”, en la propuesta del septeto Jóvenes Clásicos del Son, quienes también le versionaron “Yo no estoy en na’” y “La flor y la hoja seca”.

Otras piezas suyas que han gozado de idéntica fortuna son “Cacha chachachá”, “Tambó pa’l bembé”, “Picadillo y Colorao”, “Déjate amar” o “Lluvia fiel”, en voces e instrumentos de gentes como el grupo Soneto, Magaly Vayar, Asere, Los Jubilados, Milada Milhet y Cinco Estrellas.

Recuerdo que en mi viaje a España el pasado 2011 no nos pudimos encontrar, pues permanecí todo el tiempo en Madrid. Hablamos telefónicamente varias veces e hicimos planes para que cuando nos viésemos, ya fuera aquí en La Habana o en Barcelona, compartir como siempre, en torno a una legítima botella de ron cubano.

La vida no quiso que pudiésemos volver a charlar en persona. Ahora, lo único que puedo hacer es pinchar en mi equipo de sonido algo de la música que conservo del Nico y en su nombre, empinarme un buen buche de ron como homenaje a alguien que, aunque ya no esté con nosotros, seguirá siendo dueño de una obra que se mueve con idéntica facilidad entre el son montuno y la canción del más fino lirismo. A fin de cuentas, el hacedor de la pieza “Camino de Santiago”, llamada a ser un clásico de nuestro tiempo, es sencillamente un trovador de pura cepa y así siempre lo recordaré.

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