Actualizado el 24 de septiembre de 2012

(A propósito del verano 2012)

Algunas riflexiones sobre el humor televisivo

Por: . 20|9|2012

Algunas riflexiones sobre el humor televisivoAnte todo me parece importante señalar que utilizo un término acuñado por el maestro Héctor Zumbado, en una sección del periódico Juventud Rebelde a finales de los años 70, muy apropiado para valorar determinadas situaciones, como él sabía hacerlo, con profundidad y agudeza. Me pareció adecuado riflexionar, pues acabo de releer su trabajo “El humorismo: plata parece y oro sí es”, que aparece en su libro Kitsch, kitsch, ¡Bang, bang!, publicado por Letras Cubanas en 1988, donde se confirman dos cosas que considero significativas:

1. Un fenómeno que parece eternizarse en nuestra sociedad es la tan mencionada crisis en el humor que, con especial énfasis en el humor televisivo, ha estado presente en las últimas décadas del pasado siglo, transitó al nuevo milenio y al parecer va a estar anclada en el milenio siguiente, si no se cumple la profecía maya.

2. En la base de la mayor parte de las inconformidades con las propuestas del género en la televisión están, y cito textualmente a Zumbado: “…la falta de una cabal comprensión de la función social del humor, en enfoques conservadores que se traducen en limitaciones en cuanto a los temas, contenidos y formas…”. Esto, por supuesto, nos incluye a todos, directivos, realizadores y también a los televidentes.

Los que estamos vinculados al medio televisivo —y buena parte de los televidentes—, conocemos que son múltiples las limitaciones para tratar determinados temas dentro del humor, fundamentalmente los de índole política y social. Cada vez se estrecha más el cerco sobre los elementos de la actualidad que se pueden abordar y, sin lugar a dudas, una de las constantes en los reclamos del público para este género es el acercamiento crítico a la realidad cotidiana.

Tengo el placer de trabajar como asesor del espacio que se ha creado a partir de espectáculos de ese fabuloso grupo argentino que es Les Luthiers. Aparte de disfrutar mi labor en la preparación de esos programas, he tenido tiempo de valorar al detalle su contenido y puedo asegurar que no pocos de sus chistes y gags, hechos por nuestros humoristas en cualquiera de los programas del patio, serían tildados de homófobos, racistas, xenófobos o de discriminación hacia la mujer. Y estoy hablando de uno de los grupos que muchos consideramos el non plus ultra del humor hispanoamericano.

Hace más de una década, cuando me iniciaba como especialista en la televisión, un colega me comentó que le parecían demasiado abusivos los chistes reiterados con las suegras, que a fin de cuentas no todas eran tan malas. La riflexión que me vino a mano es que las suegras no contaban con un organismo o entidad que las respaldara para hacer la respectiva reclamación.

Puedo afirmar, como ya apunté en un trabajo anterior, que en el caso del humorismo y la televisión, la complejidad del género es solo comparable con el medio donde se está desarrollando. Me parece importante complacer a las grandes mayorías, pero resulta complicado pues todos tenemos un sentido del humor diferente. De acuerdo con la formación, capacidades, vivencias, e incluso, estados de ánimo, un mismo chiste no funciona de igual manera para cada persona. Por ello lograr una diversidad de propuestas dentro de la semana constituye una necesidad inmediata.

Los especialistas del Centro de Investigaciones Sociales del ICRT (CIS), con los que tenemos las mejores relaciones —y a los que acudimos de manera sistemática—, nos han alertado acerca de los programas del género, de acuerdo con los estudios realizados. De las múltiples cuestiones que han señalado hay algunas que no podemos perder de vista:

—Los humorísticos necesitan un margen de tiempo para lograr una identificación con los personajes, con las situaciones y con el tipo de humor que se propone. Es una verdadera rareza que un programa del género se imponga desde sus primeras emisiones. La propia experiencia de ¿Jura decir la verdad?, con el que se hizo un profundo trabajo de seguimiento, y que alcanzó altísimos niveles de teleaudiencia y gusto en su momento, en las doce primeras salidas al aire tuvo resultados negativos. Existe un período de observación expectante de la nueva propuesta por parte del público, que oscila entre ocho y diez semanas, y que por otra parte sirve para que el equipo de realización haga sus propias rectificaciones hasta lograr la sintonía entre lo que se propone y lo que ya es capaz de asimilar el televidente. Por eso es importante estudiarlas atentamente en ese tiempo y, de acuerdo con criterios de público y de especialistas, ir realizando los cambios pertinentes. En cada programa hay un equipo de guionistas, actores, asesores y directores con conocimientos y experiencias que pudieran atender las sugerencias e inquietudes para alcanzar ese imprescindible ajuste de un proyecto que se está iniciando.

—El programa cero o programa piloto es vital para las nuevas propuestas del género. La realización de un programa de prueba, que se muestra a diversos sectores de público, quienes expresan criterios muy importantes sobre las especialidades del proyecto y evalúan desde el tema de presentación, la escenografía, el vestuario, la actuación, la dirección de arte y hasta los créditos, permite efectuar estudios detallados. Por supuesto que tiene un peso importante el análisis de los elementos de comicidad y sus potencialidades como propuesta del género. Junto a las opiniones del público se recogen también criterios de expertos, que incluyen a investigadores del CIS, guionistas, asesores y directores de televisión. El resultado final permite al equipo retomar el proyecto por el primer programa, pero respaldado por un grupo de sugerencias y recomendaciones que dan mayor seguridad al enfrentar la obra.

—Dentro de las preferencias de los televidentes están los programas humorísticos, y su frecuencia ideal de transmisión es diaria. De ahí se desprende que aspiremos a cubrir toda la semana con propuestas del género, pero intentamos hacerlo con la mayor variedad posible (espacios humorístico-musicales, telechistes, comedias de situaciones, programas de participación, de sketchs), para acercarnos a los diversos sectores que integran un concepto que de tan amplio y abarcador, muchas veces se nos hace impreciso: el público.

A finales de la década del 90 del pasado siglo, nuestra televisión contaba con un único representante estable del género: el programa de telechistes Pateando la lata. En el año 2001 comenzó la primera temporada de ¿Jura decir la verdad?, al que se fueron agregando Punto G, Deja que yo te cuente, Los amigos de Pepito, hasta mantener, de manera regular, cuatro o cinco espacios en la semana.

En la programación de verano de 2012 se llegaron a transmitir nueve programas semanalmente, cada uno con sus particularidades. Nos interesa analizar las características de estos, aunque sea de manera sintética, pues de esa forma podemos hacer una valoración mucho más objetiva sobre su comportamiento.

Vivir del cuento (lunes, al finalizar el Noticiero Nacional de Televisión). Es un programa que transitó de un horario de baja teleaudiencia (domingos en la tarde), a un horario estelar. Poco a poco, con el trabajo de todo el equipo ha ido ganando en coherencia y popularidad. Han tenido que superar grandes obstáculos como frecuentes irregularidades en su transmisión (año 2011), y la salida de uno de sus personajes protagónicos: Indira (Olivia Manrufo). A pesar de eso se encuentra entre los espacios más aclamados, por sus historias, por el acercamiento a temas de actualidad, y sobre todo por la magia del personaje Pánfilo que de manera espectacular ha asumido Luis Silva.

Tres x uno… ¡Estrés! (martes, alrededor de las 10:00 pm). Dada las peculiaridades del monólogo en televisión y el aliento teatral del espacio, el programa fue concebido para un sector bastante especializado de la población. Sin embargo, superó las expectativas. En ello fueron determinantes la acertada estructura que propuso su director, Felipe Morfa, la calidad de los actores invitados: Miguel Moreno, Luis Silva, Yasnay Ricardo, Onelio Escalona, Mireya Abreu, Telo González, Virulo y Omar Franco; y la selección detallada de los textos, con un cuidadoso traslado de los monólogos teatrales al medio televisivo, evitando frases o actitudes que pudieran resultar chocantes, ofensivas o vulgares.

Deja que yo te cuente (miércoles, al finalizar el Noticiero Nacional de Televisión). De todos los programas humorísticos, es el que más tiempo lleva en pantalla. Se inició en julio de 2005, y desde hace varios años goza de mucha popularidad por sus secciones, el manejo de la crítica social y el reflejo de nuestra realidad. Cuenta con personajes muy queridos, una estructura establecida y bien balanceada, con tres momentos claves: “La viva estampa”, “Mentepollo” y “Dale taller”. En esta etapa han tenido que introducir cambios en “La campiña”, con la salida del personaje Pipo Pérez (Osvaldo Doimeadiós). Por haberse convertido en uno de los espacios que más incide en nuestra vida cotidiana ha sido objeto de múltiples discusiones y análisis para valorar lo positivo o no de determinado planteamiento en el programa. Aún está ubicado entre las propuestas más aclamadas de nuestra televisión.

Por cuenta propia (jueves, alrededor de las 10: 00 pm). Programa creado por su director, Jorge Alberto Piñero (JAPE), con la colaboración de Iván Camejo y de otros miembros del Centro Promotor del Humor, que comenzó a transmitirse a finales de mayo. Ha tenido el propósito de integrar música y humor al contar, de manera permanente, con el grupo Pagola la Paga, reconocido por sus parodias musicales. Las potencialidades humorísticas del proyecto vienen dadas en gran medida por el elenco. Los integrantes de Pagola… interactúan con otras grandes figuras del género como Carlos Vázquez (Riquimbili), Ángel Ramis (Pantera), Moisés Rodríguez e Iván Camejo. Consideramos que al incluir a tantos humoristas, no han podido aprovecharlos al máximo en cada programa, aunque ha tenido momentos importantes como la sección “La ventana indiscreta” con el simpático dueto Moisés-Iván Camejo. Es una propuesta que puede retomarse, sobre la base de revisar los aspectos que mejor han funcionado y de perfilar las historias.

Salir por el techo (jueves, canal Tu Música TV). La propuesta, enmarcada dentro de las revistas, intentaba, una vez más, aglutinar música y humor. La ubicación inicial, en el más estelar de los espacios y la inevitable comparación con el mítico Sabadazo, al remitirse a una supuesta azotea como centro del espectáculo, crearon unas expectativas muy grandes que no se pudieron cumplir. El programa en general, y los segmentos humorísticos en particular, fueron muy cuestionados en sus inicios, pero no resultaba imposible “corregir el tiro” para un equipo que incluía a reconocidos especialistas, bajo la dirección del experimentado Julio Pulido, y a Otto Ortiz como guionista y líder del elenco humorístico. Salir por el techo comenzó a transmitirse el sábado 5 de mayo por Cubavisión, a las 8:30 pm. Pasadas las primeras semanas desapareció del aire durante un mes, para regresar con la programación de verano, en el canal musical, los jueves en la noche.

El selecto club de la neurona intranquila (viernes, al finalizar el Noticiero Nacional de Televisión). Producido por y para el Canal Habana en su primera etapa, no puede considerarse un humorístico tradicional, aunque es un programa de participación, con gran dosis de humor, que apela al conocimiento y que goza de amplia aceptación en sectores de la población. En estos momentos funciona como un espacio cultural dirigido a todo tipo de público con secciones donde prevalece la agilidad mental, la inteligencia y el sentido del humor. Se han hecho cambios en la estructura, para favorecer la competencia, ganar en dinamismo y que el programa resulte agradable y divertido. Los datos que aparecen registrados en el CIS reflejan que se han elevado progresivamente los niveles de teleaudiencia y gusto.

La liga juvenil de la neurona (sábados, 3:00 pm). Previsto para los adolescentes, se transmitió por tercera ocasión este verano. Hermano menor de El selecto club… también ha funcionado como un buen espacio de participación, con la adecuada mezcla de conocimientos, agilidad mental y sentido del humor. Un elemento que refleja su aceptación es que en la pregunta realizada para los televidentes se recibieron más de novecientos e-mails, de ellos ochocientos ochenta con respuestas correctas. No se debe olvidar que la participación en un concurso vía electrónica, requiere de una computadora que tenga conexión y eso en nuestro país no es muy común. Además es bueno señalar que en dicho concurso, diseñado para adolescentes como los que competían en el programa (12-15 años), participaron incontables alumnos de primaria, padres, abuelos, licenciados, doctores e ingenieros.

A otro con ese cuento (domingos, 7:00 pm). Espacio para los telechistes, caracterizado por la sucesión de situaciones muy ágiles y chispazos humorísticos. La efectividad de los chistes depende en gran medida del conocimiento que tenga el público de estos, de la vis cómica de los actores y de la caracterización de sus personajes. El dinamismo del programa se apoya también con secciones de cámara oculta y videoclips humorísticos. Pasada más de una década de Pateando la lata, es importante valorar la permanencia de los personajes heredados de aquel programa, revisar los chistes y perfilar los que resultan poco efectivos. De cualquier forma, hay que tener en cuenta que estamos ante un tipo de programa que gusta a un sector nada despreciable de los televidentes.

No quiero llanto (domingos, al finalizar el Noticiero Nacional de Televisión). Revista humorístico-musical que ya se ha hecho habitual cada verano. Es un programa que tiene como centro a Ángel García (Antolín) y que, de acuerdo con los estudios de público, resulta muy aclamado por los televidentes que siguen a ese humorista. Esta última temporada, también dirigida por José Mena, contó los guiones y la actuación de Iván Camejo, que funcionó de manera eficiente como contrafigura de Antolín. Los segmentos humorísticos fueron bien valorados por críticos e incondicionales del espacio, al mantener un equilibrio entre el libreto y las ocurrencias del Guajiro, que le dan un sello distintivo.

RIFLEXIONES FINALES

Si algo no puede encasillarse dentro de fórmulas o esquemas es el género humorístico. Sin embargo, nos parece que para el humor en la televisión hay que regirse por una máxima: hacer, crear a partir de elementos ya esbozados y que consideramos necesario reafirmar:

—Es importante un efectivo trabajo como sistema. Los programas del género requieren equipos de realización especializados, bien ajustados, creativos, y que asuman con rigor cada proyecto y sus guiones. Esto pasa por el trabajo conjunto de escritores, directores, actores y asesores.

—Una cualidad básica en el equipo es ser receptivos a señalamientos y sugerencias. Para lograrlo tienen que estar muy vinculados a los especialistas del CIS y al grupo de creación, donde hay colegas con experiencia en el medio que aportan criterios muy válidos.

—Es necesario un acercamiento a la realidad cotidiana. Sentir que los programas son un reflejo de su propia vida, constituye una constante en los reclamos de los televidentes.

—Realización del programa cero o programa piloto. Paso importante que adelanta el camino en las nuevas propuestas, y que no se efectuó en los proyectos que aparecieron en esta etapa que se analiza (Tres X uno… ¡Estrés!, Por cuenta propia, Salir por el techo y A otro con ese cuento).

—Estar muy atentos a las primeras semanas de la salida al aire para poder evaluar los criterios del público y de especialistas, y valorar los cambios inmediatos que se deben realizar en los programas que comienzan.

—Balance de las propuestas humorísticas dentro de la semana para los diferentes sectores de público. Los niveles de apreciación y el sentido del humor de nuestros televidentes pueden ser tan diversos como cantidad de personas existen, y para satisfacerlos hay que alcanzar la mayor variedad posible.

—Por otra parte es vital un respaldo en las transmisiones. Debe cuidarse la salida sistemática de los programas de humor que, aunque distan mucho de ser perfectos, responden a uno de los géneros que más reclama el televidente. La regularidad en la transmisión posibilita que el público llegue a sentir los programas como propios.

—Es importante mantener un diálogo constante con los creadores del género vinculados a cada proyecto, y proporcionar un margen cada vez más amplio al humor, con todas las posibilidades y recursos que tiene, lo que contribuirá a que realizadores y público queden satisfechos.

* Carlos Fundora Hernández es asesor de programas humorísticos de la División de Dramatizados del ICRT.

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