Actualizado el 16 de noviembre de 2012

El aerocentrismo de López Pardo

Por: . 14|11|2012

MigraciónLos aviones han devenido iconografía recurrente en el arte cubano contemporáneo, tanto así que su presencia en el desarrollo de la plástica insular de finales del siglo XX y principios del XXI podría merecer una investigación paciente y minuciosa. La utilización de dicho motivo visual en la obra de los creadores nacionales contribuye al enriquecimiento y heterogeneidad de la producción artística vigente. Entre los artistas que han atendido la imagen de la aeronave en sus poéticas formales podríamos mencionar a Esterio Segura, Sandra Ramos, Arlés del Río, Duvier del Dago, entre otros. Y, por si fuera poco, una figura en ascenso del campo pictórico demuestra con creces que aún el agotamiento hermenéutico de este referente en el discurso estético está por verificar.

Jorge López Pardo (Sancti Spíritus, 1972) confirió una connotación humana poco explorada a la imagen antes aludida en Caja negra. El autor trasciende (no por ello ignora) las nociones problematizadoras a las que otras veces ha estado estrechamente relacionado el icono del avión en nuestro escenario artístico, como el fenómeno de la migración, y en su lugar descubre al público un mundo plagado de seres voladores o máquinas personificadas, ahora con intereses de orden existencial. Si atendemos a la idea precedente es posible mencionar hechos como la rutina, el transcurso de la vida, el estado de ánimo y/o la naturaleza de los sueños. Por todo ello, el rótulo que identifica a la muestra constituye un elemento significativo en la edificación del subtexto de cada una de las piezas.

Decadencia ILa caja negra es un dispositivo que controla y registra todas las acciones y cambios mecánicos en el transcurso de un vuelo; por ejemplo, procedimientos causantes de accidentes, así como las conversaciones en la cabina de la nave. De esta manera, el título de la exposición traza una parábola con respecto al sentido del cerebro humano, eje rector de la vida y, ¿por qué no?, de sus contingencias.

López Pardo reflexiona en torno al comportamiento del mundo antropomorfo en los lienzos, bocetos e instalación exhibidos en la galería. La complejidad del hombre como sujeto social y la fluctuación de sus vivencias y emociones recorren las doce obras del artista. El individuo define su paso por la vida según sus éxitos, derrotas, flaquezas, sueños y esperanzas, y tales factores son condicionados también, desde alguna perspectiva, por el entorno. Todos estos aspectos están potenciados visualmente en los soportes bidimensional e instalativo del creador espirituano. Desde el punto de vista formal, la prolongación de la estela dibujada por la mayoría de los aviones intensifica el dramatismo de la situación o las emociones cristalizadas, como es el caso de las piezas “Decadencia I”, “Decadencia II” y “Rutina”. Dicha huella en ocasiones minimiza la propia estructura, mientras se agiganta en un espacio aéreo de dimensiones monumentales.

A través del aerocentrismo notable en sus soportes plásticos, el exponente cubano refleja no solo su gusto por significantes tales como el avión, sino también su inquietud por la colectividad. Me refiero a los estados emocionales y acciones plurales que experimenta el hombre como individuo y como ente social. Esto lo muestra Jorge López Pardo en los dibujos “Errante” (un avión que deambula sin rumbo definido), “Transcurso de la vida” (aviones que mantienen un vuelo estable en el plano superior mientras otros yacen en el inferior, ¿quién sabe si los primeros son también los segundos?), y la instalación “Sueños”.

Las obras planimétricas descuellan además por la síntesis compositiva. El reducido número de motivos en los lienzos y cartulinas, en lugar de malograr el resultado final del creador, lo aúpa como un artista destacado por el lúcido manejo de los elementos dispuestos en la superficie bidimensional. El espacio en los dibujos desempeña un rol revelador. En su desnudez e inmensidad insondables cobra una expresividad mística, incluso, abrumadora. ¿Cómo se las arreglarían naves tan diminutas para no ser absorbidas por atmósferas aplastantes como aquellas?

El recogimiento provocado por las penumbras en los trabajos de Pardo inmoviliza probablemente al espectador más enardecido. Solo contadas áreas de luz podrían incorporarlo por momentos al escenario real. Algunas evidencian una singular densidad como la recreada en “Migración”, otras apenas se vislumbran. Lo cierto es que esta figura de las artes plásticas conjuga con acierto la oscuridad y el resplandor en sus obras, al lograr definitivos y cruciales matices expresivos en ellas. La luz puede aparecer desde múltiples direcciones (transversal en “Migración”, horizontal en “Decadencia I”, vertical en “Estado de ánimo”). Resulta plausible en todos los casos las potencialidades teatrales otorgadas por este recurso formal a la representación, siempre en función de ensalzar el motivo protagonista.

RutinaPor otro lado, la paleta acromática ha sido una característica distintiva de los lienzos de López. El empleo del blanco, el gris y el negro magnifica el drama interior de las obras e influye en la erección de ambientes misteriosos e inhóspitos. La instalación no rompe con esa tendencia sombría propia en la exposición.

La muestra incluye cinco bocetos, algunos antecedentes de las creaciones exhibidas en Caja negra y otros de dibujos que al parecer no fueron integrados a la exposición. Comúnmente los bocetos que acompañan la gestación de una pieza artística constituyen bienes desestimados en acontecimientos como este. Sin embargo, la génesis de cualquier masterpiece puede ser hallada en aquellos procedimientos iniciales y no por ello intrascendentes. Todos querríamos disfrutar sin ambages de los esbozos de obras de Leonardo da Vinci o Vincent van Gogh. Los de la autoría de López Pardo en los predios de la galería Villa Manuela permiten percibir modificaciones en el desarrollo evolutivo de las obras, hecho palpable si comparamos el boceto de “Migración”, 2012 (grafito sobre lienzo, 275×150 cm) con el dibujo definitivo. Además, uno de ellos brinda la posibilidad al espectador de conocer el bosquejo de “Estado de ánimo”, cartulina que quizá no llegó a su destino final o no pudo ser mostrada en el espacio galerístico.

La última pieza que me gustaría comentar se titula “Sueños”. En este trabajo instalativo la morfología de la aeronave pesada, robusta e imperecedera es sustituida por el modelo infantil realizado en papel con el que los impúberes juegan. Dicha transformación no es gratuita, teniendo en cuenta que la mayoría de los sueños afloran durante la etapa de la niñez y su concreción real queda postergada para la edad adulta. Los sueños en “Sueños” se agolpan cual cardumen de peces hacia el hoyo negro. Una oleada inagotable de pequeñas y grandes avionetas, hombres grandes y pequeños hacia un abismo incierto. El perímetro se hace cada vez más angosto en la medida en que las naves se aproximan a la abertura, por lo que la sensación de ahogo petrifica al veedor.

SueñosLa exposición, desde el criterio curatorial y museográfico, valoriza, como abordaba antes, los bocetos de las obras. La disposición de ellos en el escenario galerístico deviene ejecutoria atinada y coherente al focalizarlos en un plano intermedio entre el primer registro de piezas (grafitos) y el tercero y cuarto (grafito, cartulina e instalación). No obstante, debemos señalar que en el trayecto por la muestra se observan áreas de vacío, paredes con ausencia de lienzos y cartulinas del autor, de las que son ocupadas una zona mínima por las fichas técnicas de las obras. La posible solución revela un desacierto: la pérdida de la propia información de las piezas en el espacio. Esta, al ubicarse alejada de las representaciones, en ocasiones, propicia la desorientación del espectador en el recorrido visual.

El crítico de arte y curador Píter Ortega Núñez apuntó acerca de la poética de este artista: Las imágenes de López habitan la insalvable angustia del mutismo y la ambivalencia, están como detenidas en medio de una coyuntura temporal que trasciende nuestra capacidad de raciocinio. Son un golpe bien fuerte al sentido común (…).1 No es que seamos sádicos, es que hay golpes amargos pero dulces.

NOTAS

1. Píter Ortega Núñez: “La casa, el viejo y el faro: del sendero de la certidumbre al extravío de lo real”, en Contra la toxina. La Habana, Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2011, p.79.

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