Actualizado el 25 de diciembre de 2012

Televisión Cubana:

No solo el porvenir… de Santa María

Por: . 21|12|2012

No solo el porvenir… de Santa MaríaUn lector del portal de la Televisión Cubana, (Yander Serra) —no sé si es un seudónimo o su nombre—, escribió: “A mi punto de vista, creo que la telenovela es un cambio bastante radical a lo que estábamos, ya casi, acostumbrados a ver, me refiero a las novelitas que solo reflejan problemas diarios, cosa que ya estamos obstinados de ver, se supone que la novela es un espacio para sentarse a desconectar no a ver lo mismo que te sucede todos los días, así que para mi está bien que hayan hecho esta novela de época luego de tanto tiempo viendo lo mismo, ¿que es una comedia?, es cierto, todos los personajes están escritos en tono de comedia, o casi todos, pero qué excelencia la de Rubén Breña, señor actorazo, que está interpretando un personaje exquisito y gracias a su maestría, creo yo, que muy bien, y así los demás, Eslinda, Maikel (manzanillera por cierto) y hasta el mismo Sian que aunque es nuevo, creo que trabajan bien, bien dolorosamente, no más, entonces démosle una oportunidad a Santa María del Porvenir, ojalá no nos deje como Amores de verano, aunque como esa creo que no habrán más, decepcionante”.

En esa misma web El Migue apuntó: “Bueno sinceramente para qué decirles si no puedo hablar mucho de la telenovela, apenas vi el primer capítulo y se me quitaron las ganas de ver algún otro”; mientras Yoslemily fue categórica: “sin palabras para mí la telenovela es mala y sin mas comentarios”.

En Cubadebate hay más de cien criterios a raíz de mi texto ¿Santa María es del Porvenir? La gran mayoría la critican pero hay voces que la defienden, por ejemplo la persona que firma como Jomid: “Lamento no coincidir con Paquita a quien admiro como buena periodista desde su época en Radio Reloj, pero la novela sí me divierte, a mí y varios amigos y familiares, aunque es cierto que no es muy popular, no todo el mundo entiende el tono de farsa y el toque de lo real maravillo o realismo mágico que se le da. En mi caso en particular por lo menos los monólogos de María Efluvio con la foto de su marido ausente, donde Doimeadiós reafirma que es uno de nuestros mejores actores, los recordaré tanto como disfruté a Doña Porcina y al Señorito Malta, muy bien Breña en su alcalde caricaturizado y muy simpática la pareja del obeso Jefe de la Policía y Rosemary. Puede ser cierto lo de la producción, que el avión no fue convincente, pero si se toma como una farsa hasta eso mismo es válido. El nivel de actuación es alto salvo algunas dolorosas excepciones, incluso de grandes figuras de nuestros medios. Pienso que la novela entretiene, aunque no es lo que nuestras queridas damas noveleras esperan, de que los galanes y las lindas muchachas de las novelas brasileñas pasen las mil y una dificultad para en el mayor de los casos terminar unidos y felices. Estoy seguro que si se ve con el espíritu que el guionista señaló de la farsa y el realismo mágico se pude disfrutar como yo la disfruto. Dedíquenle su tiempo y vean con ese espíritu algunos capítulos”.

Otra lectora, Lazarita, contó: “Yo no sé a quién atrae esta novela porque el otro día oí a una muchacha que amenazó a su hijo con castigarlo con ver la novela cubana sin chistar, qué pena con el director y tanta propaganda que se le hizo a esta telenovela”.

En la avalancha de comentarios que desató mi texto, siento que quienes defienden a Santa María… lo hacen, por lo general, para cuestionar una buena cantidad de espacios —algunos excelentes— que surgían reflejando la realidad cubana actual. El tema gay fue plato puesto en la mesa en series y teledramas de forma muy seguida, sin tener en cuenta que una parte del público (no solo el cubano) se resiste a aceptar la diversidad sexual.

Escenas de violencia y sexo, algunas muy bien hechas, se volvieron denominador común de una gran parte de las propuestas televisivas que tampoco son aceptadas por algunos sectores poblacionales.

Así que en medio de la andanada de críticas que recibió la televisión por insertarse en la realidad y hacerlo de una manera punzante, llegó el guión de Santa María…, defendido como propuesta por Gerardo Fernández, uno de nuestros mejores escritores.

Pero ese guión —que no creo diera nunca para ciento veinte capítulos— sufrió desde el principio modificaciones que van desde la música propuesta inicialmente, hasta incorporar personajes y situaciones no escritas por Gerardo. Quizás hacían falta, pero de todas formas esa historia no sería jamás un Roque Santeiro cubano.

Con Al compás del son Rolando Chiong consiguió una muy buena puesta, pero de la realización de Santa María… se puede escribir muchísimo: desde el famoso avioncito que critico por ser una maqueta risible (y muy costosa) que pudo resolverse con un adecuado proceso de edición con aparatos que volaran en los años 50. Como tampoco me convence la mano del alcalde constantemente en sus glúteos ni que el sargento aparezca sin camisa y acostado con toda su humanidad apenas cubierta. Sé que se trata de una farsa, ¿y qué?, ¿está bien hecha? Responsablemente, digo que no. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, el género se define como “obra de teatro burlesca que tiene como fin hacer reír”. Yo todavía estoy esperando para sonreír.

En tal sentido el colega Pedro de La Hoz afirma: “Más que por el desarrollo argumental en sí mismo —no exento de empantanamientos—, la desconexión proviene por el carácter y el tono de la narración. Santa María del Porvenir trata de sustentarse en la farsa —código alejado de las convenciones telenoveleras como hilo narrativo conductor—, pero ni siquiera es consecuente con el despliegue de los recursos propios de ese lenguaje. La fragmentación discursiva interrumpe la deseable identificación del espectador con lo que acontece en la pantalla. Lo que pudo ser un formidable despegue, la lluvia de billetes que cayó del cielo y desató las pasiones de los santamarianos —evidente guiño al realismo mágico—, se ha ido desinflando por el camino. Los realizadores no se desembarazaron, por un lado, de la necesidad de ordenar lógicamente las consecuencias de aquel acto que pudo ser el principio de una trama atrevidamente delirante —tanto como la que García Márquez imprimió al memorable filme En este pueblo no hay ladrones—, mientras por otro insistieron en aderezar el tono farsesco —en algún instante creí que se tomaría el desbordado pero efectivo rumbo seguido por Alfonso Arau en Calzoncín inspector, versión a la mexicana de El inspector, de Gogol— con patrones dramáticos demasiado formales. Obviamente, una telenovela no es un filme, ni siquiera una miniserie. Quizás Santa María del Porvenir hubiera funcionado con menos metraje ni tantas vueltas”.

No solo el porvenir… de Santa MaríaTambién en el periódico Granma se publicó una versión del informe de Danilo Sirio, Presidente del ICRT, ante el Parlamento Cubano: “Los sondeos en la población reflejan que la actual Santa María del Porvenir es la de más baja audiencia entre las últimas cinco transmitidas. Con independencia de los códigos y estilos, hay que cambiar los modos de organizar la producción dramática, de manera que exista margen para la adecuación de plazos y frecuencias de transmisión de acuerdo con los niveles de audiencia y aceptación. Entre las dificultades que afronta esta programación se cuentan también la carencia de guiones y guionistas y la aplicación insuficiente de los resultados de las investigaciones sociales en la creación y su repercusión pública”.

En fin, una vez más no pocos recursos se pusieron en función de una propuesta que no es defendida por los críticos y sólo satisface a aisladas personas. ¿Y cual es el porvenir de la TV, no de Santa María…?

Personas amigas del ICRT me han dicho que las próximas series o telenovelas son suavecitas, sin serios conflictos inmersos en la realidad, es decir, parece que transitamos hacia el otro extremo, ¿por qué? ¿Ha dejado de funcionar el Grupo de Creación que en algún momento fue tan importante en la producción dramatizada? ¿Acaso los realizadores más destacados de la TV están de acuerdo con esa tendencia?

Son numerosas las oportunidades en las que se ha hablado de la imperiosa necesidad de un diálogo permanente entre los creadores y los ejecutivos de la televisión, pero en la práctica no se consigue. Los que trabajan sistemáticamente en la TV, los jóvenes que colaboran con ese medio, deben ser parte de los interlocutores de ese intercambio, para por consenso establecer flexibles y dialécticas reglas de juego.

En ese porvenir incierto de nuestra pequeña pantalla me preocupa que en el informe al Parlamento se hablara de “la irreductible orientación ideológica, ética y cultural de la programación de los medios y en tal sentido, al abordar la difusión musical, afirmó (Danilo) que bajo ningún pretexto se permitirá radiar o televisar temas que denigren a la mujer o exalten la vulgaridad, la obscenidad y la grosería”.

¿Quién decidirá lo que es vulgar, banal, grosero…? ¿Cuándo un desnudo es arte o un producto mercantil para atraer público? Ningún ritmo por sí mismo es malo, depende de lo que diga cada canción. Con el realizador Orlando Cruzata sostengo que lo que se necesita es equilibrio, y si el revolucionario hacedor de imágenes se refería a la música, yo lo llevo a toda la Televisión.

Si hace un tiempo a todos se nos fue la mano en alabar algunos temas que llegaron a molestar a una parte de los televidentes, hoy sería un error caer en la ilusión de que haciendo programas light se quedaría bien con todas y todos. Recordemos como con La cara oculta de la luna se logró que en todo el país aumentaran las pruebas del SIDA, lo que no habían conseguido otros espacios muy buenos pero que no tienen la fuerza de las propuestas de ficción.

Llenar la pantalla a toda costa con conciertos, series u otros programas que funcionen como nitrazepam nunca puede ser una solución, porque, ¿de dónde salen los dineros que se invierten en propuestas fallidas según el propio Centro de Investigaciones del ICRT? Esa plata, que no es poca, la aporta el estado que es decir todos nosotros(as), que a este paso cada día vemos más DVDs y menos televisión cubana.

Esa situación tiene que cambiar y para ello hace falta el aporte de los creadores y de todos los que tienen que ver con la pequeña pantalla. Esperemos que el 2013 nos traiga una televisión, si no todo lo buena que aspiramos, por lo menos mejor que la del 2012.

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