Actualizado el 25 de abril de 2013

Sandy

Por: . 12|4|2013

A todo el pueblo de Santiago.
A los padres.

I’m fixing a hole where the rain gets in,
 and stops my mind from wandering
where it will go.
Lennon/ McCartney.

En casa de LarramendiMI CASA ES TU CASA

Lo primero que hice fue ponerme a ayudar a la gente a quitar escombros y recoger sus pertenencias. Había personas que conocía, otras que no, pero todo el mundo se estaba dando una mano, porque el santiaguero es así, solidario, y yo que había salido a la calle solo, muy tempranito, me enfrasqué junto a ellos. Todavía estaba el cielo nublado y una lluvia fina caía a intervalos.

Entonces me puse a pensar en la insignificancia de mi esfuerzo en medio de tanto desastre, en que si pudiera registrar lo que observaba, eso tendría muchísimo más valor. Y en ese instante aparece mi hermano, trayéndome la cámara, y es cuando hago las primeras fotos, que me salieron muy grises, como fue el color de aquella mañana…

Eché a andar con la cámara, y la gente y sus historias particulares saltaban delante del lente, se sucedían unas tras de otra. Algunas personas, enfocadas en su tragedia, ni se percataban del hombre que hacía fotos; otras sí se fijaban en mí y me invitaban a entrar en sus vidas, a entrar en lo que quedó de sus hogares, queriéndome contar sus historias. Y yo no podía simplemente pasar y hacer la foto, no era el extranjero que toma postales turísticas, no, yo estaba sumergido también en el drama, lo estaba viviendo con ellos, y para entenderlos de verdad, me tocaba escucharlos.

La gente sacaba sus fotos personales, me mostraba documentos. Un hombre me cuenta: “Mira, mi casa fue declarada inhabitable hace cinco años y me prometieron, hicieron un compromiso conmigo y no lo cumplieron”. Una mujer me dice: “Tengo una niña chiquita, ahora qué me voy a hacer”. Cada quién con su historia, y uno que se conmueve, que se va saturando, cargando el ánimo con todo lo que ve y oye.

Al mismo tiempo me sucedía algo bien curioso: iba caminando y todas las personas que me miraban, decían “Gracias”, y yo sin entender, sin saber porqué… Hasta media mañana, en que mi hermano se empata otra vez conmigo por la calle y reparo en el pulóver que él llevaba puesto, un pulóver blanco e idéntico al que portaba yo. Parecía una ironía, pero no hubo ninguna intención de parte nuestra, los dos andábamos con esa misma prenda desde la noche anterior. Era un pulóver de promoción de Casa de las Américas, tenía impresa la frase: “MI CASA ES TU CASA”.

SandyINFIERNO

Nadie esperaba, ni remotamente, la fortaleza que tuvo Sandy, nadie en Santiago estaba preparado para lo que vendría. La información que teníamos hablaba de un huracán de poca intensidad, aunque sí de mucha lluvia, que se debilitaría al pasar por Jamaica y no caería directamente sobre Santiago de Cuba.

Pero a las once de la noche salió en la televisión Lázaro Expósito, primer secretario del Partido en la provincia, y su alocución fue dramática. Casi con lágrimas en los ojos, le decía a los santiagueros que se prepararan, que lo que les venía para arriba no era fácil, que se fueran de las zonas con peligro. ¡Fue del carajo! Y a esa hora ya no se podía hacer mucho. En mi casa ni velas se compraron.

A las doce de la noche se cortó la electricidad y ya enseguida empezaron los vientos. Nunca había oído un sonido tan horrible, era la combinación de ráfagas de más de doscientos kilómetros por hora con el estruendo de las cubiertas de zinc de los techos que salían volando. Toda mi familia se metió en mi cuarto, en la segunda planta de una casa fuerte, de mampostería. Estábamos a oscuras, afuera el ruido infernal duró horas. Pero no teníamos ni idea de lo sucedido alrededor.

Justo con las luces del amanecer, salgo a la calle y desde la esquina veo ya los primeros derrumbes, algunos parciales, otros totales. A medida que la claridad avanza, y desde donde estaba yo, mirando en vuelta al parque Céspedes, alcanzo a evaluar la magnitud de lo sucedido. Era como si una bomba hubiese caído sobre la ciudad. Y la gente deambulando entre las ruinas, cabizbaja, como zombies…

Julio LarramendiEL HOMBRE TRAS EL LENTE

“Nací el 25 de marzo de 1954 en Santiago de Cuba. Sí, yo soy palestino, de los santiagueros venidos para la capital. En mi caso, desde los años 60, porque mi madre luchó en la Sierra y cuando los rebeldes entraron a La Habana, ella se trasladó para acá, le dieron casa, y me trajo a mí, pequeño aún.

“Pero aunque han pasado cuarenta y pico de años, guardo con mucho cariño el recuerdo de mi infancia en Santiago. ¡Hasta le sigo yendo al equipo de Santiago en la pelota!

“Allá se quedaron viviendo mi papá, hermanos y otros familiares. Incluso tengo casa allá, en el Centro Histórico, en San Carlos entre San Pedro y Santo Tomás. A Santiago voy todos los años, para ver a mi familia, y también por razones de trabajo.”

De entonces al día de hoy, la enorme trayectoria de Julio Á. Larramendi Joa puede resumirse así:

1975: Se gradúa en la URSS de Técnico Medio en Química. Tras el regreso a Cuba, comienza a trabajar dentro de un laboratorio especializado en fotografía técnica y científica, el cual llega a dirigir entre 1983 y 1997. Alcanza la Licenciatura en la Universidad de la Habana, 1980; y el grado de Doctor en Ciencias, 1994.

1997: Comienza su carrera como fotógrafo freelance y hace su primera expo personal, De la Ciudad, el Campo y el Mar, en el Centro Cultural Iberoamericano de Camagüey. Hasta la actualidad ha realizado ya 80 muestras personales y formado parte de 50 colectivas, en Cuba y una veintena de países. Además, ha impartido conferencias, cursos y talleres de fotografía, y participado como organizador y jurado en eventos y concursos internacionales de fotografía y publicidad.

2000: Aparecen los primeros libros ilustrados con sus fotos, Tropicana y Flora y Fauna de Cuba, por la Editorial José Martí. A partir de ese momento ha estado involucrado en numerosas revistas y en la realización de 45 libros; entre estos: Moluscos terrestres de Cuba, Un Canto a la Vida; Baracoa, Ciudad Primada; Las Orquídeas de Cuba, Solo DETALLES, Anfibios y Reptiles de Cuba, Biografía del tabaco, Las aves de Cuba, John Lennon en la Habana, Arquitectura colonial cubana.

2001: La revista CUBA-FOTO lo escoge entre los 100 mejores fotógrafos cubanos del Siglo XX. Había ganado el Concurso Internacional Foto Caza en 1990; después, en 2003 y 2004 obtuvo el Premio Nacional Espacios y el Premio Felipe Poey en 2006, 2007 y 2009.

2003: Inaugura la Galería Julio Larramendi en el Hostal Conde de Villanueva, en la Habana Vieja.

2007: Funda Ediciones Polymita, de la cual es Director Editorial. Por ese sello ha publicado: Treinta maravillas del patrimonio arquitectónico cubano, Rostros en Peligro, Trinidad, un don del cielo, entre otros.

2011: Su exposición La Cruz de Mayo de España y El Altar de Cruz de Cuba recorre las ciudades de Baracoa, La Habana, Sevilla y Huelva.

2012: Al Foro de la Biodiversidad en Sevilla lleva la muestra personal Biodiversidad de Cuba. En su galería inaugura, el 5 de diciembre, Paisaje después del huracán.

A su hoja de vida hay que añadir la pertenencia a la Unión de Periodistas de Cuba y el papel de fundador y primer Presidente de la Cátedra de Fotografía Latinoamericana del Instituto Internacional de Periodismo José Martí; y su vínculo con la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y la Federación Internacional del Arte Fotográfico. Además, es Investigador asociado del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba, miembro de la Sociedad Cubana de Zoología, de la Sociedad Espeleológica de Cuba, de la Sociedad Civil “Patrimonio, Comunidad y Medio Ambiente” y Miembro Distinguido de la Cátedra de Arquitectura Vernácula “Gonzalo de Cárdenas”.

SandyFIXING A HOLE1

La huella imborrable de Paisaje después del huracán me tiene encajado desde las 11 AM en el asiento del portal de una vivienda de Miramar, el 24 de enero de 2013, a la espera del autor de esas fotos. Por suerte, fui escoltado por Leo y su cámara fotográfica, y nos distraemos conversando y degustando café y pasteles servidos por la casa. Julio Larramendi arriba al filo del mediodía, se disculpa explicando las causas de la tardanza y nos invita a pasar a su habitación de trabajo.

Julio retratado entre Liborio Noval y Salitas (Roberto Salas) y célebres imágenes de fotógrafos cubanos: Raúl Corrales, el otro Salas (Osvaldo) y Alberto Korda, revelan la deuda con una tradición venerable. La foto del cuarteto de Liverpool, un póster con las carátulas de la discografía de los escarabajos y la portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band autografiada por George Martin, primer productor de The Beatles, descubren una afición musical y completan la decoración de las paredes del estudio. Ahí se inició el diálogo que sacaría a la luz interioridades de la muestra acogida por el Hostal Villanueva.

—Da la casualidad que Alberto Lescay, presidente de Fundación Caguayo, me pide que haga unas fotografías de Santiago para un almanaque —relata Julio— De último minuto, cargué la cámara en la mochila, con una sola memoria y una sola batería, pues iban a ser dos fotos nada más…

El lunes 22 de octubre sale el fotógrafo en el primer vuelo hacia la Ciudad Héroe. Había sacado pasaje de regreso a La Habana para el miércoles en la noche, pero tuvo que permanecer en el oriente varios días más, sorprendido de improviso en la trampa borrascosa de Sandy…

—Como no había corriente eléctrica, no teníamos idea de todo lo que había pasado, ni de lo que trasmitía la TV. La primera prensa llegó el viernes y las fotografías publicadas en el periódico enseñaban solo las principales avenidas, con los árboles caídos, y ya después de comenzado el proceso de limpieza. Vicente González, del Consejo de la Administración Provincial, que sobrevoló la zona en un helicóptero, nos contó que las imágenes tomadas desde ahí fueron las primeras que se trasmitieron…

“Yo, que desde el principio saqué fotos tanto en el centro histórico como en los barrios marginales, y el viernes continué por otras áreas, puedo afirmar que la cobertura mediática de nuestros medios de prensa sólo dio un pálido reflejo de lo que sucedió en realidad…”

—¿De ahí te nació la idea de recoger las fotos en una exposición?

—Sí, sentí que valía la pena mostrar mis fotos. Y no por dar el palo periodístico, sino para que sirvieran de alerta, como para recalcar “Oye, esto fue lo que pasó en Santiago. ¿Se imaginan si ahora pasara un huracán por La Habana?”

De vuelta en la capital, Larramendi le envió un disco con las fotos a Eusebio Leal, otro a Miguel Barnet y otro al Director de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO…

—A la media hora ya Herman Van-Hoof se había comunicado conmigo para preguntarme si las podía utilizar. Y tengo entendido que la llamada hecha a Cuba por el Secretario General de la ONU ofreciendo ayuda, se produjo después de ver las imágenes mías.

“También Barnet y Leal me dijeron que había que mostrarlas. Hubo una primera proposición para que fuera en la UNEAC. Pero al final nos decidimos por la galería que tengo en la Habana Vieja, donde el espacio permitía exhibir mayor cantidad de fotografías.“

El periodista (yo) que interroga a Larramendi no acudió a la inauguración. A solas contempló las imágenes, días después, quedándose consternado por su dureza.

—Si la resonancia de una exposición se mide por la reacción de la gente, esta fue muy importante. Aquel día había un grupo grande de la Unión de Periodistas, de toda la isla, que coincidentemente estaban acá para una reunión —rememora el fotógrafo—. A una delegada de Santiago hubo que sacarla de la exposición con un ataque de llanto.

Larramendi me explica que no suele tomar en cuenta al público a la hora de preparar una exposición, que se concentra en el concepto que quiere trasmitir, pero esta vez “sí pensé en la gente, y además de mostrar la degradación física de la ciudad, quise hacer un balance y que apareciera también la situación humana, el drama íntimo de las personas.”

Leo está conociendo ese día las fotos de Paisaje después del huracán. Él no alcanzó a verlas montadas en la galería y entonces pregunta por qué estuvieron expuestas tan poco tiempo.

—Estaban dentro de una instalación turística y se acercaban las festividades de fin de año… Valoré quitarlas antes de la cena del 24 de diciembre, no me lucía correcto recibir a los visitantes con imágenes tan sombrías.

“Después, el 28 de diciembre se hizo una exposición en Santiago, donde estuvo una muestra de mis fotos, junto a las de varios fotógrafos que exhiben la ciudad ya en fase de Recuperación. Pero ha surgido una nueva propuesta, y ahora sí voy a presentar allá la exposición completa.

“También recibí una invitación de Leal para preparar un libro sobre los huracanes en el Caribe, donde se incluirían mis fotos. La idea me entusiasma porque me gusta mucho hacer libros. Estoy en la etapa de recopilación de información y han aparecido cosas muy interesantes, grabados de Federico Mialhe, de ciclones azotando La Habana en el siglo XIX.”

Hay una fotografía que a este periodista llamó especialmente la atención. Enseña a un hombre de espaldas remolcando a ras de suelo el pedazo de zinc herrumbroso que agarra con una mano, mientras en la otra sostiene una jaba y un listón de madera. El hombre cubre su cabeza con una gorra desteñida, la visera hacia atrás; y el torso con un pulóver blanquísimo, que lleva impreso un dibujo de la Patrona de Cuba y el mensaje: “La Caridad nos une”. Presiento que alguna anécdota significativa rodea esta imagen y hago la pregunta:

—Resulta que el día de la inauguración, Pepe Vázquez, el de Relaciones Internacionales en la Universidad San Gerónimo, me llama de pronto, él andaba con dos españoles, y me dice “Julio, estos profesores son de la Universidad que mandó esos pulóveres a Santiago por el 400 aniversario de la Virgen”. Esas personas hicieron entonces una llamada a su Universidad, ya ni me acuerdo cuál era,2 y mandaron a imprimir 50 mil más para enviárselos a los damnificados.

“Ah, y te cuento que en los bajos de la Catedral de Santiago de Cuba se habían expuesto pinturas, instalaciones y esculturas dedicadas a la Caridad del Cobre. Pero en la mañana siguiente al ciclón, todas las obras aparecieron destruidas, excepto un bote, que conformaba un altar por la parte de adentro.”

SandyHIPERREALISMO

Continuamos la conversación en el portal, Larramendi ha traído un rollo con todas las fotografías impresas y nos ponemos a repasarlas una por una.

—Esta foto (una donde no aparecen personas, sólo la vivienda derrumbada y una muñequita desnuda y abandonada en primer plano), cuando la vi me hizo recordar un chiste del universo de los fotógrafos de guerra, que surgió a raíz del premio obtenido por un fotorreportero con una foto similar tomada durante la guerra de los Balcanes —le comento a Julio— Desde entonces, cuando sale una muñeca en la foto de una zona de desastre, ellos dicen “¡Ah, la muñequita de Fulano!”, y eso es sinónimo de manipulación sensacionalista…

—¡En mis fotos no hay nada montado! No me puse de acuerdo con nadie, no hay poses, ninguna lagrimita a propósito, todas recogen los hechos tal como sucedieron, ¡no me hacía falta! Cuando hice la foto de la muñeca, ni siquiera me percaté de ese detalle en aquel momento. Sólo recuerdo a un niño que me dijo “Entra por ahí, mira cómo quedó eso”, y disparé con la cámara.

Escojo algunas fotos y le pido a Larramendi la historia detrás cada una. “Ella es una promotora cultural (se muestra una mujer morena, de blusa amarilla, llorando a mares) que perdió su casa por completo, así mismo me la encontré y le tomé la foto”. “En esta… iba caminando y a través de una puerta abierta vi a ese hombre sentado donde lo retraté (el hombre sangra de una herida en la cabeza, está mirando al cielo por una ventana), tiré una sola foto”. “Mira esta (unas fotos de boda puestas a secar, diseminadas sobre el colchón de la cama), nunca vi a las personas, entré y la casa estaba vacía”.

—Estoy pensando hacer una impresión de todos los retratos, son cerca de quinientos, para llevárselos de regalo a cada una de esas personas junto con el catálogo de la expo —dice Julio, y a seguidas reflexiona en alta voz: —Lo único de valor que puse yo es el haber estado ahí, técnicamente preparado para que ese momento no se perdiera. Indiscutiblemente, la parte humana, el sentirse identificado con lo que sucedía, puso el resto. Me sentía en un estado de gracia, la imágenes venían a mí sin que las buscara, dondequiera había escenas increíbles que recoger.

EL ÚLTIMO REGALO

El motivo de mi viaje a Santiago fue la muerte de mi papá. Él fallece el domingo, de causa natural, ya muy desgastado, con 82 años. Una defunción, aunque esperada, es siempre dolorosa; pero nos consolaba el hecho de que se hubiera muerto tranquilo, durmiendo, y de que nosotros (mis hermanos y yo) estábamos orgullosos de él y de la vida que llevó.

Mi padre, Juan Gaspar Larramendi, fue un hombre inteligente, hasta escribía poemas. También era muy mujeriego y todo un ejemplo de dedicación al trabajo, ¡imagínate, tuvo que atender dos familias! De parte suya tengo seis hermanos, tres blanquitos y tres mulaticos. Creo que eso es muy santiaguero y muy cubano (Ríe).

Él era un tipo chistoso, que trasmitía su alegría a conocidos y desconocidos, por eso no queríamos un entierro luctuoso; al contrario, un hermano mío le puso un tabaco, nos contábamos anécdotas de las cosas que él había hecho. Al cementerio asistió mucha gente, fue un momento muy lindo… Y entonces, el miércoles, se da la situación de Sandy…

Que mi padre haya muerto en ese momento, sabiendo que yo iría a Santiago para su entierro, fue como decirme “Te voy a dar la oportunidad de vivir una experiencia extraordinaria”. Para mí, lo del ciclón fue su último regalo.

7 de febrero de 2013

SandyEPÍLOGO VÍA E-MAIL

De: jalarramendi@yahoo.es
Fecha: martes, 19 de febrero de 2013 8:57
Para: rgrillo@enet.cu
Asunto: Re: REPORTAJE DE SANDY

Hace solo unos minutos me llamó desde Santiago la Promotora cultural que perdió su casa con el huracán Sandy. Es la mulata vestida de amarillo que llora ante la destrucción total de su humilde hogar. Está muy feliz, pues le dieron casa nueva y, santiagueramente alegre, me llama para darme las gracias pues, según ella, le dieron su nueva vivienda por la fotografía. Le aclaro que igual se la iban a dar, pues nadie quedará desamparado y el esfuerzo del Estado es enorme para resolver todos los casos como el suyo.

Quiero pensar que la imagen solo ayudó a poner su caso un poquito más arriba en la lista de las casas a entregar, además de su propia trayectoria laboral. Nada más, nada menos. Si así fue, al menos sirvió para algo.

Aquel día no fijé su nombre y hoy, con la emoción de ambos, olvidé preguntarle. Así que, por ahora, seguirá siendo la mujer de la blusa amarilla.

NOTA

1. Título de una canción de los Beatles aparecida en el álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, de 1967. Una traducción literal de la frase significa “reparando un agujero”; en el ámbito doméstico se utiliza para decir que se está “arreglando el techo”; y popularmente se le usa, además, en el sentido de “tapar el hueco” o de llenar el vacío dejado por una persona. En el argot periodístico, designa la acción de volcarse hacia un ángulo poco explorado en la cobertura de una noticia; y también rellenar un espacio en la página del periódico.

2. El reportero hizo la pesquisa y determinó que se trataba de la Universidad Católica San Antonio (UCAM), institución ubicada en el Campus de los Jerónimos, de Murcia, España.

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