Actualizado el 22 de octubre de 2013

El Acelerador de Partículas de la Habana

Por: . 16|10|2013

Metrobus P16En el universo de la Física Cuántica, unos metros detrás también pueden significar delante, y variar de veinte, cincuenta a cien metros, o simplemente no suceder a ninguna distancia. Pero ya los cubanos han incorporado esta espontánea modalidad en el esquema de paradas de ómnibus metropolitanos, al menos en La Habana.
Si usted se encuentra en cualquiera de estos puntos de paradas obligatorias, durante los horarios picos, es muy frecuente que la multitud de viajeros a la espera se dispersen a lo largo de una extensión lineal equivalente a la que les comento en el inicio de estas palabras. La lógica de tal disposición obedece a que las guaguas, como se conoce en Cuba a los ómnibus desde que este tipo de transporte grupal existe, pueden estacionarse indistintamente a cualquier distancia de donde está anclado el poste que marca oficialmente “la parada”.
Ya sabemos, en todas partes del universo conocido, que la mala planificación y las carencias económicas del tercer mundo determinan muchas pautas conductuales, difíciles de comprender en latitudes donde estas limitaciones no son obstáculo para el natural desenvolvimiento de la vida cotidiana. Pero aquí, como en la Física Cuántica con relación a la Newtoniana, los patrones de conducta pueden ser tan aleatorios que dejarían boquiabiertos a cualquier espectador venido a menos.

El laboratorio

Aunque se ha pretendido pasar por alto a diferentes niveles mediáticos, espero que no se sorprenda si le informo que el Acelerador de Partículas más grande del mundo se encuentra en La Habana (APLH), Cuba; y no en Suiza, donde está enclavado su homólogo, el CERN. Pero la diferencia sustancial estriba en que el de La Habana opera con un tipo de materia distinto del que anima las partículas subatómicas de su competidor europeo. Provenientes de sus confines fronterizos, en una extensa red que surca superficialmente la capital cubana de Este a Oeste y de Norte a Sur, una flotilla de ómnibus de factura china y rusa, funge, a la par que Acelerador, como Colisionador de Hadrones. Para entrar en materia, le propongo diversas situaciones (todas reales y científicamente corroboradas), en la que un Experimentador X (EX), que casi nunca es consciente de su rol cuántico, aborda un vehículo Protónico (P) perteneciente a la flotilla de marras, y que están numeradas del 1 al 16, incluido un enigmático PC que circunvala el extenso perímetro urbano.
Primera situación: EX se dispone a abordar un P-16 en la parada de Ave. Boyeros y Tulipán, en el municipio Plaza, con la finalidad de transbordar unas paradas más adelante a un P-1 o un P-4 con rumbo al Paradero de Playa (en el municipio del mismo nombre), desde la parada de 23 y O. EX no es un electrón tonto (o electrontón) y sabe que no puede comprometer su tiempo esperando una sola ruta de guagua, so pena de echar raíces. Es temprano en la mañana. Todos se aprestan para llegar lo más puntual posible a sus destinos. En el Horizonte de Eventos asoma el frontis de un P, cuya numeración no se puede precisar a la distancia, pero todos en la parada entran en fase de alerta. Más cerca se advierte que se trata de un “16” (numeración que se corresponde con su indicador atómico). EX ha navegado con suerte en la relativa prontitud con que aparece su transporte, pero no debe cantar victoria hasta tanto esté a bordo del mismo. El P-16 se ha detenido en un semáforo, a media cuadra de distancia. Una parte de la muchedumbre corre frenéticamente hacia ese punto, mientras se ve al chofer a través del parabrisas negando con el dedo. La gente para en seco y regresa con el mismo frenesí hasta el lugar de arrancada. Luz verde: la guagua se pone en marcha, mientras los estómagos de los electrones que esperan se constriñen por la tensión. El P hace alto en el mismo poste que anuncia la parada, y la multitud se aglomera en torno a sus cuatro puertas. Casi todos saben que a bordo de los P hay un sofisticado dispositivo GPS para determinar la obligatoriedad de detenerse en el lugar exacto de la parada oficial. Una vez cumplido con el requisito, aun sin abrir las puertas, se pone nuevamente en marcha, mientras las rechiflas y protestas de quienes pretenden abordar, y de quienes quieren apearse, se hace caótica. Los más aptos entre los defraudados candidatos a viajar se ponen nuevamente en alerta, comenzando una arriesgada carrera tras el vehículo, que promete parar unos veinte, cincuenta, o cien metros más adelante… Ahí va EX.
Segunda situación: En arremolinada confrontación, una vez alcanzado el objetivo, los electrones y protones que descienden del bus chocan con los hadrones y neutrones que luchan por abordar. En ese crucial y cotidiano percance (el plato fuerte de los especialistas en física subatómica), los bolsos, prendas de vestir y otros accesorios, se magnetizan y enredan entre las dos facciones en pugna, empujando y forzando a codazos la situación más allá de lo paradójico. Por supuesto que en semejante circunstancia a nadie se le ocurriría abonar su pasaje por el único lugar diseñado para hacerlo, en la entrada de la puerta delantera, de modo que EX se incorpora a su nuevo sistema de referencia por la tercera puerta. Dicho sea de paso, en la práctica, todos los accesos sirven tanto para subir como para bajar.
Calor humanoCon el calor humano que caracteriza el apretado amasijo atómico de viajeros, a cerca de cuarenta grados centígrados estivales, el dilatado rectángulo en movimiento alcanza valores de aceleración próximos a los que se pudieran experimentar durante la Singularidad Cósmica; a lo que se suma un ingrediente que nunca falta en las estridentes bocinas incorporadas en el fuselaje interior del vehículo, y que acompañará invariablemente a todo usuario, para su relajación y esparcimiento, con un delirante surtido que va desde el más pega´o de los reguetones, hasta las edulcorantes baladas de bares y cantinas. Pero volviendo a la Física Dura, la espontánea razón por la que la guagua para unos metros delante o detrás, no es otra que la de aliviar las tensiones de todo tipo que se generan por la falta de correspondencia entre la oferta y la demanda en la transportación pública. Cuando el chofer para unos metros antes, lo hace con el único fin de permitir que los que van a bordo desciendan sin el tropiezo de los que suban; permitiendo con ello más espacio para los que ingresarán unos metros adelante. Pero no todos conocen las reglas: las personas mayores, neófitos, o advenedizos del interior del país, esperan por la parada exacta para descender, pasando de largo la oportunidad de unos metros atrás. Este nuevo conflicto, que pretende evitar la apertura de las puertas posteriores para que los neutrones ascendentes se vean obligados a abonar su pasaje por la puerta delantera (cuando la ruta para en su sitio), nunca es bien comprendido por los distraídos afectados, que desconocen los códigos del APLH, y desatan una reacción en cadena acompañada de blasfemias contra el chofer, mero conductor de sus destinos temporales.
Situación potencial: EX ha cumplido lo que considera como la primera etapa de su trayecto, bajándose en la parada de 23 y O para abordar un P-1 o un P-4. Pero como en Mecánica Cuántica, tanto como en Mecánica Automotriz, nada es garantía de nada, y las cosas son como son, los especialistas y seguidores de este Reality Show no tienen la menor idea de lo que pueda suceder a EX antes de llegar a tiempo al Paradero de Playa. ¿Reaccionará como una partícula, o como una onda, frente a las adversidades que lo separan de su objetivo? En este instante, las probabilidades juegan un rol preponderante.
Tercera situación: Otra vez en tierra, alejado ya de la inercia que lo depositara en este otro, no menos complejo, espacio de espera, la incertidumbre de EX con relación a la puntualidad comienza a hacer estragos en su sistema nervioso. ¿Debería tomar un “almendrón” (vehiculo de alquiler, objeto de análisis en próximas entregas) de veinte pesos, o esperar con la mayor disciplina posible su próximo P? La diferencia es sustancial: el precio de transportación de un P es de cuarenta centavos, 2/5 de un peso, vs veinte pesos MN (moneda nacional). Se sabe que la “jugada está apretada”, expresión beisbolera que desparrama su significado hacia el rigor de la coyuntura económica y su saldo en el bolsillo de los cubanos. No hay mucho que pensar. EX extiende una oración a San Cristóbal, patrón de los viajeros, coincidentemente también de La Habana. Ciencia y religión se dan la mano una vez más, si se quiere a hurtadillas, no muy “a la cara”. Para esta tercera situación piloto, se ha puesto a prueba la capacidad de enfoque y resistencia de EX, quien no debe perder la perspectiva de todos los factores actuantes en momentos climáticos como en el que se encuentra. Sin sentimientos de ninguna clase, hemos considerado esta vez subirle la “parada” a nuestro experimentador, digamos que se encuentra en un nivel superior del juego. Para la ocasión le permitimos pasar dos rutas de guagua (P-5 y P-9), que también hacen intercambio en 23 y O, pero no sirven directamente para su objetivo. El reciente y tentador paso de las dos rutas lo ha dejado en estado de profunda reflexión…, hasta que se ilumina como un fotón: ¡Cómo no lo había pensado antes! ¡Si abordaba un P-5 hubiera podido hacer intercambio en la parada de 31 y 114, frente al Hospital Militar de Marianao, para tomar un PC hasta el Paradero de Playa! ¡Y si abordaba un P-9 haría intercambio en la parada de 41 y 42 con dos rutas de menor porte, la 69 y 179, que también rinden viaje en el mismo Paradero! “¡! Dios mío, que fiasco!!” Se lamenta EX. Pero es tarde para semejantes diatribas. Ya se sabe que el Tiempo es una de las formas de existencia de la materia que, hasta donde se conoce, es virtualmente irreversible. La parada se comienza a llenar peligrosamente de usuarios, que obviamente esperan las mismas rutas que él. Ya EX ha activado su espectro de potencialidades, cuando sus oraciones al Santo patrón parecen ser escuchadas: Un ómnibus de factura desconocida, con señalética y orientaciones impresas en idioma catalán, se detiene súbitamente en la parada, invitando a la abultada congregación a viajar hasta el Hospital Militar de Marianao, por el módico precio de un peso. EX salta como un resorte, hurga desesperadamente en sus bolsillos, y encuentra una moneda de a peso.
Cuarta situación: Luego de la subida de los precios, tras la crisis económica de los ´90, casi nadie anda con menudo equivalente a menos de un peso en los bolsillos. El transporte, aunque dificultoso, es básicamente subvencionado por el estado, y cuarenta centavos no significan mucho en el rango de tarifas oficiales. Pero a la gente le cuesta trabajo fraccionar por menudo en los establecimientos (por la razón de “peso” que antes explicaba), abonando en la guagua, cuando lo hacen, justamente eso: un peso (este percance EX lo superó hace algún tiempo, cuando reconoció que el transporte público era la opción más económica para sus continuos ires y venires dentro de la ciudad, descubriendo que en todas las agencias bancarias es posible fraccionar cualquier cantidad de dinero en menudo). Para los más apurados, también existe una nueva especie de garroteros ambulantes, de iniciativa privada e ilícita, que cambian un peso por ochenta centavos, ganando veinte en la transacción. EX se acomoda en uno de los asientos con ventanilla de la guagua (una rareza, cuando lo habitual es hacer el extenuante recorrido de pie), diseñada para viajes de larga distancia, o no tan congestionados, porque cuenta con filas de cuatro asientos separados en dos a cada lado por un estrecho pasillo, que suele llenarse muy pronto cuando, como siempre, carga demasiado pasaje. El empleo de este tipo de transporte es resultado de la insuficiente oferta de P, y, aunque incómodo, pues solo cuenta con una sola puerta de ingreso, alivia la situación de congestión en las paradas. A su lado se ha sentado una joven neutrónica, que al rato comienza a experimentar los continuos “repellos” (frotación, digamos que involuntaria, de las partes bajas entre los compactados usuarios a bordo) de un viajero que va de pie a su lado. EX respira, no todo lo aliviado que quisiera, pues las guaguas donadas por países de clima frío son diseñadas con las ventanillas completamente clausuradas; una vez en Cuba, todo parece indicar que no se adecuan a las exigencias climáticas del trópico como gesto de agradecimiento a los donantes. Respira profundo, tratando de pasar por alto la embarazosa situación que se está desarrollando a su lado… ¡pura física!: acción-reacción, incomodidad a nivel sensorial, molecular, atómico y cuántico. Bien pudiera ser él el que estuviese ahora mismo en tal situación, como ha sucedido infinidad de veces, en su doble condición de “repellado” y “repellador” (siempre involuntario). Pronto llega su parada de intercambio en 41 y 42, donde abordará la 69, la 179 o, de demorar estas opciones, el propio P-4.
Quinta situación: Esta vez si podría considerar su estancia en el triángulo de 41 y 42 como la mitad de su viaje, y no como había supuesto en 23 y O. Los “almendrones” (no confundir con hadrones o ladrones), pasan tentadores frente a la parada, haciendo sucumbir a muchos desesperados que inmolan sus bolsillos en aras de determinadas urgencias, o, aunque resulte paradójico, confort (ver sobre este particular en próximas entregas). Justo en este lugar la tarifa de los “almendrones” ha caído a la mitad, si se propusiera llegar hasta su destino por esa vía. Pero carece de sentido, luego de las contorsiones psicológicas experimentadas en la epopeya. Nuevamente, en el Horizonte de Eventos de la Ave. 41, aparece una ruta de línea, de las de porte pequeño, que bien pudiera ser una 69 o 179; pero más de cerca descubre que se trata de una 222, pues por aquí pasan cuatro de las de este tipo, incluida la ruta 55. Ve discurrir varias guaguas, hasta que aparece una 69 (ruta mágica y evocadora ¿no?) en el Horizonte. Todos se desplazan desorbitados hasta el sitio en que parará, ya que hasta ese momento, guareciéndose del sol implacable, hacían estancia bajo un discreto techo algo retirado y demográficamente abarrotado.
Sexta situación: Arracimados en la primera puerta, pues el chofer se había detenido unos metros antes para aliviar la compactación interna de la guagua, este se auxilia de un voluntario que extiende la mano por la primera ventanilla y cobra el pasaje de los que no quepan por la puerta delantera, y suban por la posterior (este tipo de bus solo cuenta con dos puertas y es de factura china, pero también los hay brasileños y coreanos). EX prefiere abordar por detrás, abonando apresuradamente sus cuarenta centavos al colaborador de la ventanilla. Al cerrarse, la puerta de báscula le ha triturado el tobillo derecho, pues el pescante trasero de la guagua iba rebosante de gente, escalonados y comprimidos casi a niveles de fusión nuclear. “Abre y cierra, chofer” Grita EX en un suspiro, recibiendo el apoyo de los electrones más cercanos, que lo secundan: “Chofe, abre y cierra que le cogiste la pata a uno aquí atrás” Resuelto el asunto, con el corazón a la altura del tobillo accidentado, EX asume postura de bajo relieve egipcio, destripado entre la puerta y un átomo de uranio que viaja delante de él. Al cabo de dos paradas, ya en la Ave. 19, el espacio molecular se hace medianamente respirable, situación que modera las distancias y las tensiones, como en el modelo del Universo Inflacionario.
Lineas de MetrobusResultados: Cuando salió de su casa, a las 7:30 AM, EX era todo un Positrón cargado de inusitada vitalidad. En el primer tercio de su viaje ya el jurado de especialistas lo catalogaba como electrón libre; condición que perdió hacia el segundo tercio, cuando se estableció como electrón dependiente. Ahora, al terminar su recorrido en el Paradero de Playa, a las 9:45 AM (cuarenta minutos después de lo planificado) el Acelerador-Colisionador lo había devuelto a la realidad como un desgastado neutrón, sin muchas posibilidades de activar su condición energética a corto plazo. Casi a rastras, desvía el curso de su órbita hasta una modesta cafetería particular que expende el café más espantoso de toda La Habana. Contiene la respiración durante los entrecortados sorbos de café, y siente como el combustible nuclear (por su contenido rico en chícharo y otras micropartículas), le devuelven virtualmente la consistencia. Salvada la primera secuencia de la jornada, no se le ocurre, o no cuenta con suficiente capacidad de generación para pensar en el regreso, algo que dejará en manos del destino. De momento, con más de cuarenta minutos de tardanza, se encamina a la Universidad de las Artes, a escasos metros del populoso Paradero de Playa, donde imparte docencia…

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