Actualizado el 28 de octubre de 2013

Otro jelengue, El Caimán Barbudo con carrocería pesada.

Por: . 28|10|2013

Ronny, Silvio Alejandro y Juan Carlos PérezDispersos por la ciudad andaban los trovadores de El Caimán Barbudo, desde que la EGREM decidiera embestir su patio con los avatares de una remodelación que por señas estaba pidiendo un espacio donde la expectativa de trovadores y trovadictos regresa cada miércoles con sus versos y melodías a rehacer sueños y desazones.

Los encuentros, matizados siempre con el cubanísimo roncito y las voces de fondo murmurando amores y proyectos que se prohíjan desde el público, precisaban ya otra vuelta de bala o una bala de vuelta al interior de los amantes de la  canción digerible. El jelengue de El jelengue, comentábamos de vez en vez en la redacción de la revista cuando nos preguntaban por la peña.

Este miércoles 23 de octubre, como de costumbre a partir de las 5:00 pm la remozada sede del patio de la EGREM se llenó de color y esperanza -parafraseando a David Torrens– la nueva y reluciente instalación, demasiado engalanada para unos y, desde luego, íntima y acogedoramente ambientada para los más.

Acostumbrado como estaba a penetrar el umbral de la pretérita y vetusta instalación sin más ni más, desde estas palabras me disculpo con los muchachos de la puerta; personal que le da ahora a usted la bienvenida cortésmente y, como matiz para la seguridad del centro, le pide con respeto se le muestren bolsos, mochilas y portafolios, deseándole,  por si fuera poco, una feliz estancia con sonrisa incluida como valor agregado. ¡!!Pellízcame…!!!

Cuando abrí la puerta, impolutamente blanca que pivotea sin ruidos, al primero que vislumbré fue al Fide, ebrio él de gracia y satisfacción, se lo pude ver en la manera en que me dijo abriéndome los brazos. !Escribe esto coño, dale! Y me abrazó como si hiciera tiempo que no me veía. Razones pa´ andar riendo(…) pa´ seguir soñando y regalando canciones, murmuré casi al tiempo en que avanzaba  recinto adentro y torciendo el rostro al escenario indistintamente, a las luces, a los equipos, a los acólitos, al tambor que sonaba impetuoso haciéndose acompañar de una voz femenina imponente, al teclado pega´o al techo que le da un swing del caramba –ustedes saben que es la otra palabra-, a las fotos de Bola de nieve,  Elena Burke, el guayabero, tata Güines, que confluyen unos y los otros como signo de bienvenida;  casi se me extravía la vista, saludando además a trovadores y trovadictos en la medida en que se me despejaba el estado de ánimo, el casi letargo en que me encontraba.

La peña de El Caimán con recinto de gala, mobiliaria y personal gastronómico  incluido, estaba (an)dando otra dosis de sortilegio a sus incondicionales, el séquito de trovadores que fui vislumbrando prometía una tarde parrandosa. Cuando logré volver en mí descubrí en un extremo a Richard y al Blado y allá me fui con ellos, más bien provocado, como me había sentido, a recoger mis sobresaltos para (a)traerlos a ustedes a que compartan estas impresiones, in situ, como debe ser tomada –léase bebida- toda nueva y plausible sensación. Con el primer trago en la mano, sin dejar de escuchar, como antes dije, la voz potente y alucinante de la cantora Argentina Mariana Garrizo acompañada de su caja, suerte detambor chato con cuero y baquetas forradas en uno de los extremos, cuya percusión acentuaba su tesitura honda, grave por momentos que subyugó al público con un temperamento singular.

Mariana Garrizo Blado, ebrio él de ocurrencias, monitoreaba la nómina de bardos con guitarras hasta el escenario con cierta premura,  el joven Frank Martínez sucedió a Mariana y amenazó “cantarle una canción a la maldita vida…”; Juan Carlos Pérez, que le precedió, retribuía a la EGREM por la remodelación del sitio, invitó a recuperar la magia del lugar, la magia que otrora envolvía a cada cual; cuando se le escucha su “carrocería ligera”, como le pidiera Blado a cada trovador; uno siente que se le desgarra un trozo desde adentro. La Habana le duele a este hombre -a muchos-, con solo escucharle “la habana se juega su suerte y la mía también” uno se percata de ello. Jorgito “camancola” le acompañó con una seguidilla de las de él que los presentes agradecieron con palmas y risas profundas, mientras Silvio Alejandro le hacía una segunda franqueable al Juanca. Con Juan Carlos Pérez, Silvio Alejandro y Jorgito“camancola” La Habana vibró antes de las 9 y con ella “el papa, el espíritu santo, el poder y el amor”, un trío ocasional, como es propio de la peña, que nos hizo sentir –una y otra vez- que “La Habana será mi bandera de mañana y de ayer”.

Una pantalla plana de 42 pulgadas se gasta la nueva estancia de la EGREM, para la trova convocada por El Caimán toda una oportunidad que no deberían pasar por alto los gestores de esta peña, por alto que está la pantalla y por pésimo que haya sido el promocional que intentaba lucir con el slogan “atesorando el patrimonio musical” que, a duras penas, se le podía leer; lástima que Fidelito no se haya apropiado de ella aún con esos videos que nadie se explica todavía de dónde saca, pero que todos agradecemos con creces,  supongo que lo tiene ya de tarea y compromiso con los espectadores que, de alguna manera, son también su público por partida doble; más que la mofa de que fuera objeto el ¿video? desalentaba un poco, es decir un bastante. Sirvan estas letras para ahuyentar, de paso, el mal diseño, la imperfecta factura y quede la convocatoria para que se diseñe un promocional de acuerdo y a la altura –ahora sí- de la dichosa pantalla plana y su correspondiente gasto.

Como perenne taller de canciones y proyectos  Jorge Iván, invitado a “sacudir su carrocería ligera” igualmente se hizo  acompañar por su colega Pedrito Beritán, para cantar un soncito sin título todavía, porque estos encuentros valen también para eso, para encontrar lo que incluso no llega con la inspiración, lo que se distancia del pentagrama y la página del trovador y que se pudiera atinar en estas confluencias.

Pedrito BeritanMotivos o pretextos, canciones o acciones, ojalá, renovado el espacio, potencie proyectos que desde la canción de autor, como le han dado en llamar a los textos paridos por/con imágenes y metáforas de búsquedas intensas o trascendentes a la canción, se fomenten futuros discos, monografías de los autores, itinerarios que saquen de la sala estos desvelos, porque una cosa es cierta, me preocupa el público, ese que los “burrocratas” llaman el público meta, casi la inmensa mayoría de los presentes eran los propios trovadores, gestores de la peña, los caimaneros y tal vez una docena de jóvenes y entusiastas seguidores de estas ofertas; sería, cuando menos, sospechoso que los trovadores de la peña continuaran escuchándose a sí mismos , hurgo en ese detalle para no repetirnos en el intento, repetirse en el intento es un paso al suicidio, -perdón por la alegoría un tanto apocalíptica- sobre todo porque creo que cada una de  las voces que estaban –y estarán- ameritan volar en acetato, en flash y en cuanto soporte se pueda impregnar lo que se defiende y define dentro de las reluciente paredes de la nueva sede de esta peña, como dice Erik Méndez en una de sus propuestas “para que no te apagues –canción, diría yo- para que no te tires a morir en el vacío” un estribillo que arraiga y precisa lo que digo y, desde luego, al propio cantautor.

En esa cuerda pulsa su compromiso Charly Salgado, quien le dedicara una canción a  La Habana y a John Lennon “quien fue revolucionario donde ser revolucionario cuesta la vida” según palabras que el trovador le consagrara al autor de Imagine al evocarlo, para más adelante enfatizar con su peculiar rasgado y estilo “cuando todo el mundo sueña con salir de aquí yo sueño con cantar”. Por su parte Silvio Alejandro moviendo su “carrocería estrecha”  recordaba a Pablo de la Torriente Brau con su canción “Hijo de Isla” mientras Samuel Águila, más tarde casi desborda sentimientos encontrados con su aguda canción “Ley de gravedad”, motivo de su futuro video clip y tema que está promocionando desde hace algunas presentaciones, el compromiso sustenta, vivifica el verso y trueca melodías en flechas, estados de ánimos desembarazados y, por sobre todas las cosas, ahuyentan lo fútil, ese vacuo y alevoso sinsentido que se escurre por ciertas coordenadas de nuestra radio y televisión.

Rondaban las 7 de la noche cuando Bladimir manifestó su satisfacción por la presencia del trovador David Torrens, alguien que había recibido en 1998 el Premio ERES a la canción más solicitada del año en México por su título Sentimientos ajenos, canción con la que el realizador Ernesto Fundora conquistara, por su parte y por si fuera poco, un Premio Lucas en el Festival del Videoclip Cubano; el murmullo se adueñó de la sala, el murmullo de quienes lo esperaban micrófono abierto; presto arrimó su donaire al escenario, agradeció la invitación y dispuso también, de igual a igual, su carrocería ligera, dos temas como interpretara cada trovador que le antecedió, pero, pobre iluso, hay una muchedumbre tramposa y esta de la peña de El Caimán es particularmente celosa en eso de no dejarles sacar la línea de la guitarra y adueñarse de los invitados, era el momento de la otra!, otra! y más, y más; con una modestia propia de artista legítimo refirió su voluntad de hacer lo que sus colegas, dos canciones; para entonces la voz de Fidelito, desde el fondo de la sala, sacudió la mesura de David. Nos dieron hasta las 8, voceó el también trovadicto y director de El Caimán Barbudo. Suficiente. Caliente el pico, la garganta con ansias y una concurrencia ávida; la generosidad del cantautor de temas como “Razones”,  “las conguitas”, “Mi poquita fe”, “Colorín colorado”,    “ Déjate ver”, entre otros demandados temas no tuvo más que acelerar otro trago, regresar sonriente al micrófono y soltar cuerdas…literalmente, ¡y de qué manera!

Es cierto, mientras el verso sana, la canción extrae, arranca, seduce, inspira. Cada entrega de David Torrens se escurría entre la gente; ya en estado de gracia total, reacomodaba una y otra las peticiones a la urgencia de la noche, de ella no sé, pero de lo que sí estoy seguro es de que de los asistentes no pudo escapar y no fueron pocas las canciones que regaló poseso él, agradecidos nosotros.

David Torrens¡Aaaagua!, se le escuchó más de una vez luego del éxtasis que le produjo alguna que otra interpretación, su febril manera contagiaba, la empatía mutua se hizo sentir como otra armonía que se dejó llevar por los deseos y las demandas a uno y otro lado del escenario, su voz se creció en matices de efectos y rajaduras tímbricas en perenne estado de (im)pactos entre  ritmos como el pop, la trova tradicional, el rock, la balada y el bolero, esto sumado a los temas con que ha seducido a los oyentes, dejó a su estilo deshacer a su antojo, con una simpatía por momentos apasionada y vehemente, la confianza  se le fue adentrando con cada bala alada. En sus canciones la poesía, la reflexión y el amor tienen puerto seguro.

Los trovadores, el público, el personal de servicio del lugar, hasta yo, coreamos, palmeamos, aunque fuera con los pies –como yo-; las canciones se sucedieron –literalmente- a pedir de boca, el dúo ocasionalismo con Jorgito “camancola” dejó espacio a otra seguidilla, rapeada, improvisada, coherente, temperamental y orgánica que el propio David le solicitara, emotivo momento de mucha “bomba” que los presentes aplaudieron tras la reverencia de Jorgito.

Magnífica reapertura para El jelengue. Espacio que en lo que a la peña de los trovadores de El Caimán Barbudo concierne, corresponde integrar y aglutinar, con justicia, a poetas y cantores para que la adrenalina de los versos y las canciones dejen de ser afluentes de cauces que irrigan nuestra cultura por vertientes aisladas, como aguas fuera de época unos y otros; dejarse impulsar desde esta convocatoria de la peña de El Caimán…más que necesaria propuesta para condicionar avenencias estéticas y diversidad a estos encuentros, se hace imprescindible.

No me pude quedar para el aplauso final, ¡cuánto  lo lamento!, pero no voy a esperar a ser el doble nueve de este dominó para decírselos, -como dice David Torrens en una de su canciones- un espacio como este, yo también lo quiero. Chirrínchirrán, que ya se acabó

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