Actualizado el 28 de noviembre de 2013

Viaje al interior de la tierra

Por: . 26|11|2013

Caverna santo Tomás“La Gran Caverna de Santo Tomás es la princesa de las cuevas cubanas”, había dicho el Dr. Antonio Núñez Jiménez. Por ello, para los que pretenden conquistar los espacios más recónditos de la isla, esa gruta es destino ansiado.

Desde los años mozos en que toda aventura parece realizable, había querido visitar la escuela de espeleología ubicada, precisamente, en la cueva de Santo Tomás. Sin embargo, los derroteros de mis pasos no me permitieron semejante privilegio hasta el pasado día 10 de agosto. Veinte años después y con cincuenta libras más de peso que en aquellos tiempos felices. Pero era mi oportunidad y no la dejaría escapar…Partimos hacia la comunidad El Moncada, en Viñales, Pinar del Río.

Desde el vallecito de Santo Tomás la boca de la espelunca luce pequeña en la falda de la loma. Hay que subir por un camino de cabras y apoyados en pasamanos rústicos, colocados por los guías para que los visitantes inexpertos tengan un poco de seguridad en la subida.

Una pequeña salita de suelo apisonado y con columnas recibe a los exploradores. Todos estamos expectantes hasta que el guía señala un agujero en la pared del fondo, no más alto que un niño. Esa es la puerta a la oscuridad y la maravilla.

Interior de la cavernaDetrás aparece una segunda sala, donde la humedad anuncia que es el agua la autora de todo lo que veremos en los 2 800 metros que estamos autorizados a recorrer. Luego de un tramo incómodo, que nos hace marchar de costado, se abre una estancia oscura, solamente aclarada por las linternas de nuestros cascos. A la izquierda, el suelo se escurre en precipicio hacia una locación inferior, donde una sola estalagmita crece en el centro; a la derecha, el camino serpentea adentrándose en las entrañas de la tierra. Desde el techo, estalactitas de formas caprichosas y una multitud de murciélagos observan impávidos a los intrusos.

El recorrido es titubeante para los neófitos. La duda está en escoger si mirar al suelo para dar el paso seguro o contemplar las sugerentes formaciones que penden de arriba. Los colores van del verde azul hasta el amarillo pizarra. Son infinitas las formas. Una escalera de madera, muy empinada, nos lleva a un salón abierto. Una solapa enorme y maravillosa se inclina hacia las profundidades y es la antesala de varias grutas independientes. Aquí es donde las libras de más y la falta de práctica me detienen, mientras el grupo continúa llevado por el guía hacia lo desconocido. El descanso es obligado. Agua.

La naturaleza es impresionante, autora de misterios indescifrables y bellezas que superan a la mano del hombre. No quiero perder más tiempo, y justamente delante de mí hay un camino que se introduce en las sombras e incita a una exploración independiente. Acompañado por mi comadre Blanca Rosa, nos adentramos en lo nuevo, hasta quedarnos atónitos por lo que alumbran las linternas.

Cueva VelaEnormes estalagmitas de formas irregulares se yerguen sobre pequeños promontorios y dan paso a una sala grande, donde la temperatura y la humedad hace que el flash de la cámara humee. Estamos en la famosa Cueva Vela. Cataratas petrificadas caen desde el techo relumbrando al mínimo toque de las luces de las lámparas. El clima es tan húmedo que un humillo comienza a escapar de nuestros cuerpos dando la sensación de que estamos en un mundo diferente. La sala es como una gran cazuela de donde emergen estalagmitas similares a velas imponentes. En el centro hay una, chata y brillante, con que llama la atención por su extraña semejanza a un cerebro. El espectáculo es sobrecogedor: vemos un mundo de fantasías tallado por la gran artista, el agua. Los murciélagos trazan vuelos fantasmales a nuestro alrededor.

Debemos esperar al resto del grupo para la salida. Mientras, observamos a una pareja de caracoles apareándose sobre una roca: es el secreto de la vida, que nos hace cómplice de algo mayor a lo que somos, algo a lo que pertenecemos y aun no podemos comprender del todo. Al final, salimos todos juntos por el mismo camino por donde entramos al mundo subterráneo.

Voy en silencio con mis pensamientos. Ya he visto con mis propios ojos el milagro de la roca y el agua en la Gran Caverna de Santo Tomás, ya se ha cumplido el sueño del niño que escudriñaba la boca del Boquerón, por donde salían los demonios, en Remedios; o que recorría los farallones del rio Santa Cruz en la Sierra del Rosario. Ahora se cerraba el círculo, estaba saliendo de la madre de las espeluncas cubanas.

Sendero santo TomásPero como todo es curioso en las historias de vacaciones, todavía me esperaba una sorpresa. Retratando a una dama, como caballero medieval subterráneo, me encuentro al “caimanero” Racso. El mundo es un pañuelo y ni en las entrañas recónditas de la tierra se está solo. Tras una vuelta del camino, un ángel, y el sol que anuncia la salida.

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