Actualizado el 5 de diciembre de 2013

A guitarra limpia, con su cañón de futuro

Por: . 3|12|2013

Haré la historia de un ser de otro mundo,
de un animal de galaxia”.

A guitarra limpiaPocos espacios, quizás ninguno, han hecho tanto como A guitarra limpia por mantener viva la canción de autor en Cuba y convertirse en un puente musical entre generaciones de trovadores. Quince largos años, contra viento y marea, sin importar las condiciones adversas, han transcurrido desde que el germen de una idea se cristalizó con el empeño del Centro Pablo, tiempo en el cual cada encuentro ha servido para unir a los creadores y su público, para compartir anhelos y proyectos, para confrontar criterios, hallar soluciones y soñar con la permanencia de la canción inteligente dentro del pentagrama cubano.

Durante este período el espacio se ha ganado el respeto de quienes asisten fielmente a su convocatoria. Excelentes propuestas, reencuentros o presentaciones inolvidables, así como la promoción de los más talentosos jóvenes creadores: esa ha sido la fórmula perfecta para que A guitarra limpia reciba, activa y feliz, este, su 15 aniversario.

Aunque sus hacedores estuvieron siempre vinculados al movimiento trovadoresco en la Isla, la posibilidad de crear este proyecto surgió a partir de un concierto organizado por el Centro Pablo en enero de1997 en el Teatro Nacional titulado Una canción para Pablo, en el que 16 trovadores de diferentes generaciones ofrecieron sus temas al héroe de Majadahonda.

“Ahí descubrimos que había un montón de promociones posteriores a los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova que estaban haciendo una canción muy interesante y, por supuesto, acorde con los tiempos; por otro lado también creíamos que más allá de calidades que tenían mucho que ver con la imposibilidad de poder confrontar su música debía existir un lugar donde se tomara en serio la obra de estos jóvenes: una fuerza que venía arrollando y era importante potenciar para lograr justamente lo que se ha logrado ahora, que hay muchos nombres que hace quince años eran totalmente desconocidos y hoy están en los medios, en los teatros”, explica María Santucho, coordinadora del Centro Pablo.

No obstante, en aquel entonces solo existía la voluntad utópica de trabajar, pues las condiciones reales para emprender este proyecto no estaban dadas aún, pero “una vez que Eusebio nos trajo aquí y vimos el patio ̶ cuenta María ̶ pensamos que era el lugar apropiado para que estos jóvenes desplegaran su arte”.

“Creíamos que era posible y comenzamos a soñar pensando que podía ser un espacio mensual, lo cual era un gran reto, ya que antes habían surgido otros con mucho esplendor pero que fueron languideciendo, y ya al final de la década de los 90 prácticamente habían desaparecido”, agrega.

Ciertamente el cierre de algunos lugares como la Casa del Joven Creador, La madriguera de la Quinta de los Molinos, la peña de la Biblioteca Nacional creada por Vicente Feliú, El Fandango del Candil de Jorge García en el Patio de María y otros sitios de encuentro entre los trovadores durante muchos años, desató una gran depresión en cuanto a los espacios y dejó un panorama de vacío total para la canción de autor en la Isla.

En esas circunstancias apareció el Centro Pablo “y fue vital, porque nosotros no teníamos un lugar donde cantar, donde preparar un concierto y que quedara bien, de escuchar nuestra música grabada… así como otra serie de valores agregados que favorecieron no solo la formación artística de un grupo de creadores, sino de un público que se agrupaba allí todos los meses”, comenta el trovador Ariel Díaz.

En esencia fue, como dice María Santucho, “abrir una puerta nuevamente a muchas generaciones de trovadores, sobre todo a los más jóvenes que habían crecido cantando en los parques”. Así, sin más requisitos que un trovador y su guitarra, surgió el título del proyecto, pensando en un formato pequeño que permitiera hacer conciertos íntimos, a “guitarra limpia”, porque la idea era volver a esa esencia del trovador, tanto por las características del espacio como “por las condiciones económicas con las que nosotros estábamos arrancando en ese momento que eran, realmente, muy modestas”.

Luego el proyecto fue sumando colaboradores y desde Puerto Rico llegaron los primeros equipos de audio para los conciertos en el patio de las yagrumas; tras ello, la grabación en video, la fotografía, la existencia de un catálogo como memoria impresa de esos momentos, la grabación en casetes y más tarde de CDs, la creación temprana del sitio www.aguitarralimpia.cult.cu, lo cual revela esas “poéticas políticas” que caracterizan el trabajo de los centropablianos y que Víctor Casaus define en la idea de “hacer lo que en cada momento uno pueda hacer, porque esperar a tener todas las condiciones para comenzar a hacer las cosas casi siempre lleva al riesgo de que no las hagas”.

El Centro Pablo vino a llenar un gran vacío sobre todo para esa generación de trovadores cubanos, cuya obra comenzó a conocerse en los inicios de los 90, que no contaba, ni cuenta, con el respaldo de la industria discográfica, y es que aunque resulte paradójico, un género que ocupó siempre un espacio privilegiado entre nuestras raíces musicales ha visto resentido su protagonismo en el escenario cultural en los últimos años.

Sin dudas, la escasa presencia de los trovadores en los catálogos de las casas discográficas es un aspecto que ha limitado notablemente sus posibilidades de expresión en las últimas décadas. Y es que más allá de la función promocional que cumple el disco, existe una necesidad de que la obra de un grupo de creadores quede archivada, pues como argumenta el trovador Eric Méndez, “yo puedo garantizar darle mi música, la de mis amigos o de quienes considero que son muy buenos a un montón de gente, pero no puedo garantizar que esa música se preserve. La forma de resguardar la música tiene que ser intencionada, tiene que existir alguien, alguna institución o alguna persona que tome las medidas necesarias para eso”.

En ese sentido la labor del Centro Pablo ha sido fundamental, pues ese disco en vivo que podía ser considerado una grabación de menor calidad, se aceptó como una manera de exhibir y mostrar la obra de los cantautores, de que la gente tuviera acceso a ella y “creo que ha sido un hito para el disco en el género trovadoresco”, explica María Santucho.

Por otro lado, recuerda Santucho que la grabación de ese CD de A guitarra limpia, que la mayoría de las veces es el primer fonograma del trovador, le facilitaba posteriormente hacer sus propios discos, en la medida en que sus condiciones tecnológicas “caseramente” mejoraran, además de la posibilidad de que un mismo trovador que hizo su primer concierto, tuviera una segunda oportunidad de trabajar con músicos, lo cual hubiera sido imposible hacerlo en un estudio por los costos que implica.

Ese ha sido el caso de trovadores como Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Santiago Feliú, Heidi Igualada, con más de una presentación en ese sitio que ha dejado importantes huellas en su trayectoria como artistas: “A guitarra limpia fue para los trovadores de mi generación el espacio de confrontación más necesario e importante que tuvimos; parte de mi historia profesional y personal está en el patio de las yagrumas: mis primeras grabaciones, mi primer concierto en solitario, mis mejores años de amoríos y una foto muy hermosa”, cuenta Igualada. ´

En adición a ello la boricua María Gisela Rosado, quien protagonizó en 1999 un verdadero recital poético que recorrió la obra de autores como Ernesto Cardenal y Roque Dalton ha expresado: “Sus conciertos grabados en vivo son documentos importantes para dar a conocer la trova cubana y la de todos los latinoamericanos, especialmente aquellos que se inician o por primera vez salen a cantar fuera de su país .He conocido a muchos cantautores gracias a estas grabaciones que me han llegado poco a poco”.

Lamentablemente, en los últimos tiempos ni siquiera el Centro ha podido sostener las producciones de discos, pues la precarización de las condiciones económicas en el país es una realidad de la que nadie puede escapar: “Hay una depresión brutal en cuanto a la producción y ha provocado que desde hace prácticamente dos años no podamos tener discos a la venta; solo hacemos una pequeña tirada para el concurso Cubadisco, para que los fonogramas que tienen una calidad óptima puedan participar, pero lo cierto es que no existe como antes en las manos de la gente, cuando al concierto siguiente la gente venía y compraba el disco del trovador; eso se perdió, y espero que sea momentáneo, pero sí genera una situación de desconcierto pues la gente estaba acostumbrada a que ya era parte del trabajo del Centro Pablo”, comenta Santucho.

Mas desde aquel concierto inaugural con Santiago Feliú en 1998 hasta el más reciente encuentro con Marta Valdés, la historia ha probado que el arte puede vencer cualquier obstáculo. Durante 15 años la casa ubicada en la calle Muralla ha mantenido ese “proyecto gigante y hermoso”, ese espacio “salvador, en todos los sentidos”, como lo catalogara la trovadora Lázara Ribadavia, que en este aniversario puede contar entre sus logros 170 conciertos, 80 discos grabados, 200 emisiones del programa En el Centro que cada semana transmite Habana Radio y 15 cuadernos Memoria que han recogido las reseñas de cada concierto en estos años.

“Pero esas estadísticas solas ̶ dice Víctor Casaus ̶ no pueden expresar la alegría de encontrar a un trovador nuevo en una provincia apartada, ni la emoción de acompañar la gira interminable de la canción renovada y renovadora por los barrios humildes, ni el asombro persistente ante lo que puede hacer un hombre o una mujer con su guitarra en ristre”.

Como tampoco pueden explicar la magia que se produce allí cuando los conciertos se nos presentan entre canciones y trazos, cuando la obra de artistas como Roberto Fabelo, Choco, Servando Cabrera, Nelson Domínguez, Diana Balboa, Zaida del Río, Alicia Leal o Juan Moreira, acompaña los guitarreos de las tardes sabatinas.

Ahora soy de la memoria, ahora pertenezco al viento,
otro dirá en su momento si fui más pena que gloria

Representar a todas las tendencias y generaciones de la Nueva Trova cubana: ese ha sido el eslogan y la premisa de este espacio. Uno de los que siempre regresa es Vicente Feliú, quien en la segunda edición de A guitarra limpia ofreció un concierto titulado Cincuenta son, pero no duelen tanto, para luego, junto a Augusto Blanca y Lázaro García, festejar el cuarto aniversario del proyecto con La mano amiga; aunque ha vuelto muchas otras veces, ya sea de protagonista, invitado o espectador.

De Silvio Rodríguez y su presencia en el patio de las yagrumas quizás lo más recordado sea la ocasión en que recibió el Premio Pablo de manos de Ruth de la Torriente, o aquellos dos días de conciertos en que más de cuarenta trovadores versionaron sus canciones como homenaje por su 60 cumpleaños; aunque a decir verdad, el trovador ha estado presente, de diversas maneras, desde la creación misma de este espacio.

Junto a ellos también el canto y la poesía de Noel Nicola, Sara González, Augusto Blanca… al mismo tiempo que se fueron insertando los integrantes de la generación posterior: Gerardo Alfonso, Santiago Feliú, Carlos Varela, Frank Delgado, así como las voces jóvenes que a fines de los 90 comenzaban a escucharse: Rita del Prado, Juan Carlos Pérez, Lázara Ribadavia, Heidi Igualada, Ihosvany Bernal, Inti Santana, Dúo Karma, Erick Sánchez, Diego Cano, Samuel Águila, Ariel Díaz, Fernando Bécquer.

“Si bien eminentemente capitalino, A guitarra limpia ha logrado atraer también a novísimos juglares de otras provincias. Recordemos aquel memorable Trov@nonima, donde compartieron sus canciones los trovadores Yamira Díaz, William Vivanco, Junior Navarrete, Diego Gutiérrez, Ariel Barreiros y Pavel Poveda junto al Trío Trovarroco. Pero A guitarra limpia también se ha ganado la simpatía de poetas, artistas de la plástica, actores y actrices, músicos y, sobre todo, trovadores como Teresita Fernández, Alberto Faya, Polito Ibáñez, Pedro Luis Ferrer; de cineastas como Raúl Rodríguez, Lourdes Prieto, Lourdes de los Santos, Jorge Fuentes y hasta de Fernando Birri”, según escribiera la periodista Amaya Serra.

Hoy, A guitarra limpia ha crecido, como nos dice Heidi Igualada, “y también nosotros –que ya no somos tan jóvenes– pero siempre cantar en ese patio constituye un reto y un compromiso con lo nuevo, porque considero un pecado quedarse estancado y eso lo aprendí con el Centro Pablo”.

Pero no solo los cubanos han encontrado un espacio allí, convirtiéndose en puerto seguro para varios cantautores del continente. Del sur han llegado muchas voces al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, entre ellas Martín Rago, Raly Barrionuevo y Liliana Herrero, quienes mostraron la música argentina a puro tango, chacarera y otras expresiones del folclor de ese país.

En 2012 también visitaron la institución de la calle Muralla los argentinos Julia Zenko y Luis Gurevich en un recorrido por los clásicos de la canción latinoamericana que incluyó “Fogata de amor”, de Víctor Heredia; “Gracias a la vida”, de Violeta Parra; “Barco quieto”, de María Elena Walsh; “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara, dejando en la audiencia, como dijera la periodista Celia Medina, “la certeza de haber compartido en una inflexión de voz, en un arreglo novedoso, el sabor, los desvelos de una generación”.

Desde España han llegado a la casa de la Habana Vieja, entre otros, Javier Ruibal, Paskual Kantero y recientemente Rafa Bocero, quien agradece en este aniversario del espacio la posibilidad de haber cumplido su sueño de cantar en el Centro Pablo: “Creo que A guitarra limpia tiene en estos tiempos una importancia máxima, ya que apuesta por los tres principios básicos que han de guiar a un cantautor: el estudio, la creación y la promoción; además se encarga de favorecer el hecho de que Cuba siga siendo hoy en día el lugar de referencia mundial para cualquier trovador”.
Como parte también de esa proyección internacional del espacio, el Centro Pablo ha posibilitado que muchos jóvenes trovadores del país presenten su trabajo ante otros públicos con proyectos como Nuestra voz para vos, entre Cuba y Argentina, que además de generar un significativo intercambio cultural ha devenido puerto seguro para la obra de muchos artistas como Xóchitl Galán y Fito Hernández, integrantes del Dúo Karma.
Este año 2013 en que el espacio llega a su quince aniversario, fue testigo de muchos recitales, con algunos de los cuales se pudo revivir, por ejemplo, las Historias acústicas de Frank Delgado; o conocer los Líos de Lía que “arman” en su peña en Trinidad Liamer Llorente (Lía) y Eusebio Ruiz (Pachy), integrantes del Dúo Cofradía. También estuvo el joven matancero Rey Montalvo con su concierto Los hijos de Homero, un viaje por la literatura y la música.

Aún agitado con el último concierto de A guitarra limpia, protagonizado por Marta Valdés y sus invitados el pasado 26 de octubre y sin sobreponerse a la sorpresa de encontrar allí también a Gema Corredera, el Centro se prepara para la próxima cita con la gran cantora argentina Teresa Parodi en el recital que correrá las cortinas de su gira y rendirá tributo a Teresita Fernández.

“Este es un año de cierre, que nos va a permitir quizás, en el 2014, pensar el espacio con más tranquilidad”, comenta María Santucho, quien ha organizado y soñado cada concierto durante estos quince años, lo cual le permite también evaluar sus desafíos: “A lo mejor no podemos seguir haciendo un concierto mensual porque necesitamos armarnos de una estructura diferente, pensarlo de otra manera, o salir del patio con más frecuencia, porque fuera de la capital están pasando muchas cosas en el terreno de la canción de autor”.

“Pero sí creo que A guitarra limpia tiene que hacer un giro conceptual, de forma, buscando otras propuestas, vinculándose, incluso, con otras manifestaciones. Tenemos que alimentarnos de un sector de la trova que está haciendo propuestas nuevas. Esos son algunos de los retos que tenemos para el año próximo: buscar nuevas propuestas y nosotros motivar, incentivar a un sector de los trovadores a que hagan también proyectos diferentes”, agrega Santucho.

Ante el surgimiento de nuevos espacios de consumo musical y las transformaciones sufridas por la canción de autor al mezclarse con otras sonoridades para su inserción en el mercado, A guitarra limpia se ha mantenido como uno de los pocos oasis dentro de la Isla que sigue apostando por la estética primigenia del trovador aferrado a su instrumento.

Estos desplazamientos hacia nuevos ámbitos, así como la sucesión de diversas generaciones con características muy propias, han determinado readecuaciones dentro de la obra de los cantautores en los últimos años. En tal sentido la presentación de la trova en Cuba ha cambiado, aunque se aprecia incluso en los más jóvenes el apego a la concepción estética que les fue legada por sus predecesores. De esa manera, la imagen del hombre y su guitarra se han difuminado, recomponiéndose según las necesidades del contexto.

La trova sin tragos… ¿se traba?

“Yo siento que como nunca los trovadores y la canción de autor tienen hoy un espectro enorme de posibilidades”, comenta María Santucho: “A mí me parece que uno tiene que tener la flexibilidad –porque son tiempos de flexibilidad– de preparar un buen concierto para el Teatro de Bellas Artes, para la Casa de las Américas, para el Centro Pablo y a la vez preparar un show que te permita hacer un concierto en el espacio nocturno del Bertold Brecht o en un bar todavía menor, y en lugares donde la gente va a beber y el trovador tiene que necesariamente cantar los diez temas que se le pide y después se le paga, porque ello obedece a una razón lógica de supervivencia”.

Sobre esta particularidad impuesta por la nueva realidad, opina el trovador Gerardo Alfonso: “Creo que los artistas, para dominar ese escenario de la música de entretenimiento en esos espacios, deben asumir que la canción debe tener un condimento de estos elementos, como lo tuvo el filin, como lo hizo César Portillo magistralmente, como lo hicieron millones de cantantes y boleristas en esos espacios; y eso no significa hacer concesiones, ni traicionar el postulado, porque lo que sí es terrible es mantenerse en un estoico criterio que lo que nos hace es involucionar y ser retrógrados”.

Pero muchas veces sucede que, como cuenta Eduardo Sosa, cuando llevas mucho tiempo cantando en un lugar donde la gente “está haciendo vida social, bebiendo y contándose el último chiste, le pierdes el respeto al escenario y haces cualquier disparate allá arriba, olvidándote de que tal vez, en medio de esa algarabía, haya un par de personas que sí te están respetando, y entonces los obvias por completo y los agredes a ellos, porque el resto del público te está maltratando a ti”.

“A mí no me parece que la trova quepa en ese tipo de espacios, porque uno lo que busca siempre es tratar de generar una interacción con el público, pero una interacción que se basa muchas veces en una interacción intelectual”, agrega Sosa.

Mientras, para el trovador matancero Tony Ávila, “no existe ninguna contradicción en ir a lugares que quizás no sean los más idóneos para la trova, pero donde hay un público que uno puede captar desde el escenario, y que no es para nada subestimable”.

“El problema está cuando el mismo show del bar se lleva a un espacio donde hay un público diferente y la gente espera otra cosa –explica Santucho– porque son sitios que manejan otros códigos de puesta en escena, de dramaturgia que no tienen que ver con el bar.

“Eso lamentablemente sucede muchas veces y tal vez tenga que ver con la manera en que las cosas han ido surgiendo y no ha habido tiempo para asimilar los cambios, pero creo que un gran por ciento está en la falta de rigor profesional de los trovadores, que les ha faltado estudio, constancia, y eso se percibe en sus presentaciones –lo cual no tiene que ver con la lentejuela, las luces, ni con tener un audio mejor o peor, sino con su propia formación– y uno siente que hay una repetición ya demasiada extendida o en quedarse en lo que fácilmente provoca el aplauso, la risa, o el pequeño escandalito ideológico que parece ser el centro de su creación, cuando en realidad no hay una elaboración a la hora de componer los textos, de tocar la guitarra, de concebir el concierto”.

Quizás algún día el Centro Pablo asuma en otro proyecto esas concepciones y dinámicas que hoy caracterizan a los nuevos espacios de presentación, según refirió su director Víctor Casaus. De todas formas la guitarra limpia siempre estará ahí, para mantener viva esa intención de ofrecer un concierto al que la gente pueda asistir por el simple placer de escuchar.

Y es que “sin A guitarra limpia la trova cubana –la nueva, novísima o requetenovísima, la trova según las distintas generaciones que la han recreado– se hubiera quedado, para los que vivimos lejos de la Isla, en los rutilantes grandes nombres que un día nos la descubrieron –los imprescindibles Silvio, Pablo, Noel, Sara, Augusto, Vicente y tantos otros– y para los cubanos, en un gesto sin una tribuna potente que la impulsara y la alentara”, asegura el fotógrafo catalán Juan Miguel Morales.

Centro PabloLuego de 15 años, este proyecto está muy lejos de dar por cumplidos sus objetivos; por el contrario, su razón de ser es imprescindible hoy más que nunca. Conservar este espacio que potencia la intimidad y la introspección del creador y su obra, sin necesidad de desdoblarse ante las presiones del contexto, es el gran reto y el mayor legado de un patio que se erige punto de obligada referencia, pues –como señala Ariel Díaz– “incluso en estos tiempos, cuando ya la gente no va tanto al Centro Pablo como debiera porque hay otras alternativas, todavía conserva ese respeto, y fuera de Cuba más del 70 por ciento del vínculo que la gente tiene con el concepto de la trova cubana, tiene a A guitarra limpia en el medio”.

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