Actualizado el 2 de abril de 2014

B-boys cubanos en la pista

Por: . 31|3|2014

Breakdance en malecónCorrían los ochenta cuando el breakdance desembarcó en Cuba, al tiempo que se escuchaban por primera vez aquí los temas pioneros del hip hop estadounidense. Entonces era poco más que un baile complejo, para “echar un pasillo” en las fiestas de barrio, como aquellas en Harlem y el Bronx. De allá venían los movimientos, era la forma para demostrar superioridad y enfrentarse las pandillas, sin sangre de por medio.

Hoy son muchos los breakboys cubanos, si bien —por razones que valdría la pena investigar— el movimiento de rap los aventaja en experiencia y reconocimiento social. Yamel, Joanne, Cristian, Souleyman y Yoan entrenan dos o tres veces por semana, según les permitan el trabajo o la escuela. Por todo escenario tienen los espacios libres de un viejo Consejo Voluntario Deportivo (CVD) del Canal, en el Cerro habanero.

Empezaron por puro magnetismo, la seducción de aquel estilo espectacular y callejero. Más de un vecino detiene el paso al verlos parados de mano, moviendo los pies sobre la cabeza, ingrávidos. Otros no lo piensan para decirles que están “limpiando el piso”. Pero ellos vienen de tarde en tarde, porque esto es lo que les gusta hacer.

Si te caes, te levantas

“Un b-boy lo último que puede tener es miedo, porque si no, no va a lograr su objetivo”. “Se supone que cuando te gusta un movimiento tratas de hacer lo posible por sacarlo. También depende del interés que le ponga cada cual. Tiene su riesgo, como todo”.

“Estuve en una escuela de baile y grabé videos clip. Si yo me hubiera arrepentido desde la primera vez que me di en un dedo, no hubiera hecho nada de eso”. “Creo que es una experiencia también para la vida. Es lo mismo que cuando quieres un trabajo: hay que luchar hasta que lo tienes”.

“Para aprenderme una malla tuve que pasarme por lo menos tres meses dándome golpes en los talones y caminando cojo. Es duro”. “Si a eso le sumas que entrenas solo, no tienes quien te corrija los errores, rectificas por los ‘trancazos’ que te vas dando”.

Juan me tiene sin cuida´o

 “Siempre me criticaron porque venía aquí a entrenar, me decían que era perder el tiempo. He tratado de cambiar eso: vestir bien, crear buena apariencia, hacer los movimientos con limpieza”. “La gente piensa que entrenar significa que puedes lograr algo en cuestión de segundos, y no saben que detrás de cada movimiento hay miles de horas de trabajo”.

“Mi mamá medecía: no bailes más eso, te vas a partir la cabeza… y yo no hacía caso porque es algo que me gusta. A ver si algún día puedo ser bueno, esa una de mis metas”. “Algunas personas te quitan la motivación y las ganas, porque dicen que uno está ‘limpiando el piso’, que al final esto no da nada. Hay otros que no, pero son pocos. Entonces entre nosotros mismos nos damos ánimo para seguir, porque si te guías por la gente dejas de bailar hoy mismo”.

Todos para uno

 “Lo mejor que hay es tener alguien que entrene contigo, que aunque no sepa lo que estás haciendo, te puede corregir”. “Eso es a veces, porque hay momentos en que el b-boy, cuando conoce mucho, se crea un ego, como si fuera el mejor, porque este baile es muy competitivo, tanto en lo profesional como en la calle. Puede haber problemas dentro del grupo. A nosotros nos ha sucedido, pero al final todos terminamos en el mismo lugar, y nos ayudamos para tratar de mejorar”.

“Casi siempre nos comunicamos con bailadores de otras partes porque nos encontramos por ahí, y si quieren ‘darte la luz’ te dicen que hay un evento, si no, no te dicen nada y te enteras después que pasó”.  “A veces hay mucha rivalidad, demasiada, creo yo”.

“Quisiera que todos los b-boys se reunieran en un lugar, aunque no se haga una competencia, para compartir movimientos, conversar, pasar un buen rato. Por ejemplo, todos los fines de semana, y así saber lo que está sucediendo, qué se está haciendo”. “Unidos podemos pulir un poco los pasos, perfeccionar un estilo, ya tendríamos una motivación más”.

“Antes se hacía mucho en los bajos del Capitolio. Pero no solamente era para retarse, también compartíamos, nos dábamos consejos. Iban b-boys de San Miguel del Padrón, del Cotorro, de Isla de la Juventud”. “Después eso se prohibió porque decían que había asedio al turismo”.

A mi moda

 “Hay que tener buena presencia, porque en los mismos videos se ve cómo todos se visten bien, con estilo. Creo que la ropa sí influye, pero no tanto, más bien el baile como tal”. “La forma de vestir es importante, porque intimida al contrario. Si luces muy bien es porque eres un b-boy de clase, que está en los eventos y lugares principales. En mi caso no es así, porque he pasado hasta tres, cuatro meses, trabajando durísimo para poder comprarme un pantalón y un pulóver”.

“También tiene que ver con la protección, uno a veces no puede darse el lujo de ensayar con un casco para dar vueltas de cabeza”. “Depende de la música que escuche cada cual. Yo no tengo estilo fijo, me visto como puedo, no como quisiera, porque tengo un hijo que mantener”.

“Hay que tirarse en el piso así mismo, porque no vamos a esperar que nos regalen una codera para hacer un electro. No hay un colchón, un tabloncillo, tenemos que practicar en la hierba sin pensarlo, porque si no, no hacemos nada”.

Cuando yo sea grande…

“Los raperos tuvieron una agencia que los ayudó, les fue dando promoción. Los b-boys no tienen quien los guíe. Pienso que el breakdance pudiera ser mejor si hubiera una academia, donde uno pudiera ir, interesarse,tal vez no quieres bailarlo pero adquieres conocimiento sobre esta cultura. Para que esto se dé a respetar tiene que haber una escuela, como mismo está el Ballet, el Conjunto Folclórico”.

“La Agencia te llama, pero solo cuando tiene que ocupar algún vacío, más bien hacemos de relleno, no existe nuestro propio espacio”. “Para mí es como un estilo de vida, quiero dedicarme a fondo al breakdance”. “Me encantaría ser profesional y vivir de esto, pero son muchos años de trabajo”.

¿Marca registrada?

“Las películas sí han tenido influencia, pero las viejas. Ya después empezaron a salir los videos de b-boys únicamente. Entonces uno deja la película porque tiene una trama, tiene otras cosas, y busca los videos que son  más específicos”. “Se ‘roban’ muchos movimientos, y eso va dando vista para tener un poco más de originalidad”. “El cine te motiva, claro, te da ganas de bailar”.

“Uno empieza con la base, porque cada danza tiene pasos elementales. Cuando logras dominar eso, a partir de ese momento, lo que puedas crear es tuyo”. “Hay b-boys cubanos que todo lo inventan ellos mismos, pero esos ya llevan muchos años. Es muy difícil hacer un movimiento que no lo haya hecho nadie”.

“Siempre los latinos tratan de poner su propio estilo, con más salsa, más ritmo”. “El cubano toma lo mejor, no ve los videos mediocres, ve los de los campeones del mundo, y trata de imitar eso. Ahí se nota que hay nivel, porque sí logran hacer esas cosas”.

Juego de niños

Xavier tiene once años y baila desde los seis, siguiendo a su hermano mayor, que también practica el breakdance. A cada rato anda por el barrio con unos audífonos gigantes, oyendo a Los Aldeanos, Yimi Konclaze y Chris Brown. Otras veces va a toda velocidad en su carriola improvisada, directo a buscar el pan. “Siempre tiene que ser difícil, eso te da fortaleza para después hacer los movimientos. Al principio sí tenía miedo, pero ya después me fui acostumbrando al piso”.

Este es el “chama” del piquete. Si hay que cargar a alguien para que salga volando, sin dudas será él. “Ellos me prestan mucha atención, porque no es lo mismo ser un niño, que compararme con un adulto. Me preparan para que en el futuro sea una gran estrella”. De momento, Xavier ya tiene dos premios en el festival Primeros pasos: uno como b-boy y otro en la modalidad de graffiti.

“Cuando bailé en el Karl Marx había tanta gente que no podía soportar los nervios. Al final lo hice bien, pero por ‘tenerlo guardado’, cuando me confundo ‘saco algo’ para disimular”.

Por primera vez

Si la vida fuera un cuento de hadas, la noche del 9 de junio de 2013 sería algo así como cuando Cenicienta llegó al palacio convertida en princesa. La primera competencia Red Bull BC One en Cuba era eso mismo: un sueño que de pronto se hizo realidad.

“En el país se han hecho eventos de breakdance colaterales con peñas de rap, con simposios de hip hop. El único encuentro que había netamente de breakdance, en Bayamo, ya no se hace. Ahora tenemos esta oportunidad, y además el ganador representará a Cuba en Colombia. Es lo más grande”. El avileño Leandro Nicado (B-boy Leo) ocupa su puesto como jurado, y está que no cabe de la emoción.

Cuenta que muchos bailadores ya se habían “retirado” por falta de motivación. Con las expectativas que generó esta lid volvieron a practicar, y están preguntando si este año se repetirá. Entonces muchos más querrían participar. De hecho, los 16 finalistas de La Habana, Camagüey, Holguín, Ciego de Ávila y Granma, triunfadores de las eliminatorias regionales en Oriente, Centro y Occidente, demuestran que hay potencial.

Alejandro Delgado (B-boy Ale) lo explica con sus palabras. “Esto representa para nosotros que la gente nos apoye, que no vean el breakdance como marginal, sino como algo bueno para los jóvenes. Al requerir tanta disciplina en las prácticas, les crea ese hábito, y como se baila casi siempre en grupo, contribuye a que trabajemos unidos. Así el b-boy mejora su vida personal y lo toma como una cultura”.

Cosas de mujeres

Para los varones resulta difícil, y al parecer ellas no corren con mejor suerte. Tanto así que apenas se encuentran muchachas que practiquen este baile. Karla y Rosario son b-girls imaginarias, me gustaría que fueran de verdad para enterarme de sus historias, saber cómo empezaron, cuáles son sus sueños en este mundo de toprocks y powermoves.

¿Será que necesitan imitarlos para probar que son “fuertes” como ellos? ¿Acaso existirá un breakdance “más femenino”? ¿Es que no hay grupos mixtos donde bailen juntos “las chicas y los chicos”? Aunque tal vez con otros nombres, Karla y Rosario seguramente son b-girls reales, en espera de que alguien dé con ellas para responder montones de preguntas. Y mientras tanto siguen bailando.

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