Actualizado el 26 de junio de 2014

Vivir del cuento:

El dedo en la llaga de la representación social en los medios cubanos

Por: . 8|6|2014

A propósito de la Carta abierta a Pánfilo Epifanio, publicada por Dazra Novak en Cuba Contemporánea.

Panfilo EpifanioVivir del cuento es la realidad: de eso no tienen duda los cubanos que disfrutan del programa de TV que cada lunes transmite Cubavisión. Sin embargo, Vivir del cuento descubre otra realidad quizás más compleja: la de la TV cubana y de los medios de comunicación de la Isla.

Además de habernos salvado del chiste mediocre que parece haber contagiado a gran parte de nuestros humoristas, programas televisivos y, por desgracia, hasta a actores de reconocido prestigio, como afirma Dazra Novak en su “Carta Abierta a Panfilo Epifanio”, Vivir del cuento pone al descubierto la necesidad de diseñar y colocar en la Radio y la TV propuestas que permitan a los ciudadanos comunes comprender, orientarse, verse representados y luego actuar en su contexto.

Mi viejo, ¡qué sería del cubano sin el efecto purificador de esa catarsis a la que contribuye su programa lunes tras lunes! No obstante, su trabajo es mucho más que eso, sin dudas es usted hoy —orgulloso debería sentirse— nuestro cronista más ingenioso y divertido.

Esta verdad, quizás no la única, nos hace dudar de tantos programas dedicados a la mujer, a los jóvenes, a la familia y a cuanto sector exista, e incluso de los informativos nacionales. Cierto es que con las más pintorescas escenas cotidianas donde la sátira y el doble sentido —históricamente látigo y bálsamo de nuestra idiosincrasia—, recuperan su valor crítico y social.

Por una parte la TV cubana segmenta cada vez su programación tanto en breves espacios, secciones, entre otras fórmulas y por otra complace al cúmulo de instituciones que pretenden ver sus contenidos reflejados en la pantalla y, lo que es peor, sus logotipos acompañando los créditos o agradecimientos como entidades productoras.

Merecido es el reconocimiento a Vivir del Cuento y sobre todo al actor Luis Silva que da vida a Pánfilo, un personaje que hasta el momento de llegar al programa de TV no tenía toda la legitimación que ahora posee, aunque existía hace bastante tiempo. Solo habría que recordar el Monólogo del Pan, que transitó desde la tablas, primero por computadoras, dvds o memorias flash a lo largo del país.

Pero en casa del ciego el tuerto es rey. En principio, ¿cuántos programas humorísticos de calidad transmite la TV cubana? Los últimos proyectos no han sido ejemplos a tomar en cuenta. Más mujeres, Sala O, o el revivido A otro con ese cuento confirman la necesidad de un humor inteligente en nuestras pantallas, de un humor otro, que apele al espectáculo pero trascienda el chiste repetido, la competencia trivial o la sátira sin argumentos.

En este panorama, Pánfilo Epifanio aparece para ironizar con la deprimida libreta de abastecimiento o los salarios, criticar la venta de papas “por la izquierda”, los precios en general, los pesos cubanos convertibles (CUC), los nuevos sectores sociales que emergen y que “el viejo” agrupa en un lugar privilegiado de la superestructura social y donde sobresalen el gerente, el trabajador del turismo y quienes tienen familiares o conyugues en el extranjero.

El programa coloca el dedo en la llaga sobre la representación social, pública, en los medios de comunicación y visibiliza la contradicción que significa exponer determinados temas solo en un espacio humorístico y no en los informativos y otros programas.

El hecho de que Pánfilo pueda ser reconocido como “nuestro cronista más ingenioso y divertido” pone en tela de juicio a periodistas, directores y a todos los que diseñan y elaboran fundamentalmente los Noticieros de televisión.

PANFILO EPIFANIO LLAMADO AL NTV

“Ultima hora: Pánfilo Epifanio al Noticiero de televisión como cronista nacional”. La noticia no asombraría al público; por el contrario, para este sería una decisión acertada. Tendrían espacio y sistematicidad las historias cotidianas, pensarían algunos. Lamentablemente, el personaje es solo parte de una construcción simbólica que la TV ha erigido en el imaginario colectivo. Un tiempo atrás el periodista Yuris Nórido, a propósito de las transmisiones continuas de Telesur, enfatizaba que para competir con el canal multinacional, desde lo informativo, solo habría que contar esencialmente las historias nacionales.

Los informativos de televisión carecen hoy de veracidad y de representatividad social. Y no es que publiquen mentiras. Mientras se concentran en visibilizar el cumplimiento de planes, el término de cosechas, los foros que posiblemente se repetirán al año siguiente, o en notas enviadas por instituciones, en un acto completamente de facilitación social; luego llega cada lunes “el viejo cronista” para exponer un rosario de situaciones y problemáticas de primerísima atención.

Y no es que Pánfilo o Luis Silva, los guionistas del espacio humorístico, el director y su equipo de realización deban asumir las riendas de algún noticiero. Sería un error pensar de ese modo pues son dos géneros bien diferentes, con funciones, digamos, distantes. Pero es lamentable esta contradicción de la política mediática en Cuba, sobre todo de las concepciones de su diseño.

Creo que la mayor contribución de Vivir del Cuento —más allá de “sacar presión a la caldera”— es que logra recuperar una teleaudiencia al borde del abismo, es reconquistar por igual —porque todos viven en este país— a adolescentes, a jóvenes, a intelectuales, a obreros, a científicos y médicos, en fin a todos.

Es justo acordarnos de que fuimos de los primeros países de la región en tener sistema de televisión, que las telenovelas de O-Globo le deben mucho más que su fama y prestigio a un santiaguero nombrado Felix B. Caignet, que el Teatro Bufo cubano, con su mulata, su negrito y su gallego, marcaron pautas en la manera de abordar desde el doble sentido y la sátira procesos y problemáticas sociales, que hemos tenido paradigmáticos programas humorísticos.

Es preciso preguntarnos qué tenemos hoy en el panorama televisivo.

Muy pocos programas de producción nacional bien concebidos, que conjuguen el espectáculo que significa la TV con unos contenidos atractivos. Múltiples espacios con más de CINCO, DIEZ, QUINCE y hasta VEINTE años, que mantienen intacta su estructura, forma, discurso y en muchos casos sus presentadores; series extranjeras mal ubicadas, películas repetidas, musicales que trasladan fórmulas radiales a la TV, presentadores y locutores llenos de fama y vacíos de información; conciertos en horarios de alta audiencia que debieron quedarse en el escenario del teatro y que forman parte de eventos, festivales, conmemoraciones. Disimiles e incoherentes maneras de personalizar canales; informativos que no muestran ni abordan la complejidad de la vida cotidiana, con sus matices, colores y sombras.

Por supuesto, que no se trata de calcar la realidad sino de reconstruir simbólicamente las experiencias de la gente y llevarlas a la pantalla, en un reflejo de sus prácticas, de su idiosincrasia, de sus problemas. “Necesitamos una televisión donde quepa más Cuba, donde quepa más país”, afirmab

Pánfilo EpifanioNo es sino esa la razón del éxito del programa que protagonizan Pánfilo y Chequera. Vivir del cuento es ese programa inteligente que no solo nos hace reír sino que nos representa y nos reivindica como pueblo. Este lunes Pánfilo y Chequera volvieron a sus andadas en una suerte de “Turismo de Barrio”; otra vez la sátira y el doble sentido llenan los vacíos críticos que sobre algunas prácticas sociales se han acumulado en los últimos años. Pero eso es otra historia, otra historia…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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