Marx, Martí, Engels, Fidel, Gramsci… y las “cosas de intelectuales”*
Con cierto asombro leí el texto «Gramsci y las “cosas de intelectuales” » de la colega Mayra García Cardentey, en Juventud Rebelde. Me lo mandó ayer un filósofo, estudioso del INTELECTUAL italiano; por ello escribo estas líneas unos días después de la fecha de esa publicación: 9 de agosto del 2014.
Quienes me conocen saben que soy una lectora de filosofía por placer. En 1990 se publicó Moro, el gran aguafiestas, mi modesto homenaje a Carlos Marx. Tengo en mi computadora, avanzando de “a poquito”, El general sí tiene quien le escriba, un acercamiento biográfico a Federico Engels. Por tanto, “alguito” he leído de filosofía y filósofos.
Quizás siga con un texto sobre Antonio Gramsci, un marxista consecuente en una época en la que tanto la izquierda como la derecha, por razones distintas, trataron de acabar con el marxismo. Digo esto no por vanidad intelectual… y, a propósito, sí soy una INTELECTUAL, como deben considerarse todos los periodistas, porque ¿acaso no ganamos nuestro pan trabajando con las ideas, divulgándolas, defendiéndolas?
Pero a lo que iba: Gramsci saltaría del pedestal en el que está colocado si leyera cómo se utiliza su pensamiento para contraponer a intelectuales y obreros.
Esa intención ya ha merecido numerosos estudios, ensayos y libros de prestigiosas figuras que se han pre(ocupado) por el ser humano al margen de la profesión que ejerza o su nivel cultural.
¿Quién va a poner en duda el razonamiento de Gramsci: “Cada hombre, considerado fuera de su profesión, despliega cierta actividad intelectual: es un ‛filósofo’, un artista, un hombre de buen gusto, participa en una concepción del mundo, tiene una consciente línea de conducta moral, y por eso contribuye a sostener o a modificar una concepción de su entorno, a suscitar nuevos modos de pensar”?
Habría que ser muy inculto o ingenuo (me niego a pensar en mala intención) para a partir de este texto juzgar a los intelectuales. Mi colega Mayra dice:
“Mi primo, muchos como él, quedan degradados por estos «seudointelectos», más preocupados por la proyección, por el estatus, que por la propia creación.
“Algunos integran esa ralea de demagogia letrada, que se legitima por encima de aquellos ¿«ignorantes»? que no distinguen entre música clásica y de cámara, que se quedan dormidos en una función de ballet, que no saben quién es Borges, Ernesto Sábato, o pronuncian mal Michael Foucault.
“Personas como mi primo son subvaloradas por algunos aliados en subgrupos, que lejos de fundar, como la verdadera intelectualidad, deslindan pequeños feudos de falsa cultura, de aparentes particularidades y con ínfulas de superioridad, que niegan lo multiplicador, lo que indique «plebe y masa», como si no hubieran sido los plebeyos los que tomaron La Bastilla.”
¿Por qué Mayra no nombra a esas personas que integran “esa ralea de demagogia letrada, que se legitima por encima de aquellos ¿«ignorantes»?”.
Leyendo este texto y los comentarios que generó en Juventud Rebelde, me pregunto dónde quedan parados Marx, Martí, Engels, Mella, Villena, Fidel y todos los que, siendo INTELECTUALES, echaron rodilla en tierra con los desposeídos? ¿Alguien osa decir que estos grandes hombres no son INTELECTUALES? No creo que se puedan escribir estas líneas si se ha conocido a Cintio Vitier, Teresita Fernandez, Humberto Arenal, Fernando Perez, Senel Paz, Ernesto Daranas y tantos y tantos hombres y mujeres de letras, vestidos con la sencillez de lo inmenso.
Me preocupa sobremanera un texto como Gramcsi… y las “cosas de intelectuales” en un momento que Cuba exige unidad de todas y todos, no importa credo, oficio, opción sexual, color de la piel… porque si queremos salir de la situación actual todos tenemos que halar juntos. Nada que separe a los nacidos en esta isla contribuye a mejorar su situación, al contrario.
*Estas palabras fueron escritas por nuestra redactora Paquita Armas Fonseca el pasado jueves 14 de agosto, a propósito del trabajo de la periodista Mayra García Cardentey aparecido en Juventud Rebelde, con fecha anterior también a la publicación de la intervención de la profesora e intelectual Graciela Pogolotti en las propias páginas del periódico de la juventud cubana.
Categoría: Artículos | Tags: Antonio Gramsci. | Graciela Pogolotti | Intelectuales Cubanos











1 Racso Morejón. 25|8|2014 a las 3:00
Querida Paquita, enterado de esta controversia por diferentes vías, dispuse unas líneas en respuesta a la versión que me enviara Fidelito, sin riesgo alguno de mi parte copio y pego las palabras que le enviara nuestro director y que serían, en resumen, mis latencias, mis inquietudes al respecto: Fide he estado al corriente de todo el debate, creo en primer lugar
que ha sido una polémica desafortunada porque no conduce a nada, salvo
a lamentar el hecho de que Juventud Rebelde haya publicado tal sandez
periodística. Se fueron con la de trapo al publicarle esta cosa a la
periodista? Por lo demás estoy muy de acuerdo con lo escrito por Tabío
y por el profesor Rodríguz Rivera. !!!La pobre!!! Pero no deja de ser
impresionante la reflexión de Graciela.
Sin embargo, si me tuviera que preocupar de algo sería, justamente,
por el hecho de sentir que pierden su tiempo estos queridos,
estimados y útiles “mecánicos” de nuestras ideas, consagrados -desde
la cultura nacional- a fomentar la unidad de la isla y que de seguro
cobran sus honorarios en cup con un valor simbólico y risible si los
comparamos con los que devengan esos “primos” graduados en las
universidades de la calle. Eso me preocupa más incluso que el infausto
desacierto del artículo de marras.
Ojo con el “divide y vencerás”, se puede tornasolar y camuflar en aras
de esos enemigos de Cuba aunque aparenten tener en su estandarte una
sola estrella.
Por cierto, acabo de publicar también en nuestro Caimán… las
palabras que Paquita escribiera al respecto.
Abrazos desde mi carpintería intelectual, Racso.
2 Juan Manuel Sanchez. 26|8|2014 a las 23:02
Con todo respeto, desde mi punto de vista tanto la respuesta de Paquita como la de Graziella Pogolotti en Juventud Rebelde son ejemplos de panfletos, muy disonantes con los tiempos que corren. Y si, nos guste o no hay pseudo-intelectuales (o intelectuales de sobaco) más de los que debieran existir, y la autora Mayra García Cardentey solo se refirió a algunos y no a todos los intelectuales. No entiendo por que tanto agravio.
3 Armando Camacho. 27|8|2014 a las 10:18
Juan Manuel
Tampoco comprendo el porqué de tanto agravio. De tanto panfleto. Imagino que algo tenga que ver con los recuerdos, la historia, los agravios y hasta los honorarios dispersos y disparejos entre mecánicos e intelectuales; bueno iba a escribir entre seudomecánicos y seudointelectuales pero resulta una redundancia a estas “alturas del debate” ¿no?
Pero -siempre hay uno- el artículo de Mayra García es igual de panfletario. Peor…
Imagino que cuando algo nace de un “panfleto” resulta imposible pedir que termine con un análisis del tipo “gramcsiano”.
Por mi parte si no sé el significado de multidisciplinario, empoderamiento, deconstrucción, panóptico o hipertexto…voy a un diccionario o a la Wiki-Taxi (que la INTERNET aún está muy cara para mecánicos e intelectuales por igual). Esa elemental curiosidad es lo que nos define como: “sapiens”. Ese es mi consejo para los mecánicos. Por experiencia, estudiaba en la CUJAE periodo especial, y por las noches trabajaba como mecánico de la calle, de la vida; y buscaba los libros de Foucault que “alguien” había decidido que no era importante incluirlo en los planes de estudios pre-universitarios.
Querer apologizar como virtud no saber, no leer, no conocer es un tremendo disparate periodístico e intelectual. Querer hacer creer que “unos” pueden excluir a los “otros” es otro disparate. O como dice Rafael Grillo -en otro excelente artículo por esta página será la n+1 “… pelea cubana contra los demonios”.
Si queremos suscitar nuevos modos de pensar no creo que sea argumentando la tesis de que “alguien” le hace creer a “otro” al nivel filológico que por el simple hecho de ser mecánico, o fontanero, o electricista doctor o intelectual; no puede disfrutar de la lectura de Borges, la música de Tchaikovski o la filosofía de Michael Foucault. O peor que está excluido de la participación activa en su sociedad.
4 Racso Morejón. 29|8|2014 a las 11:26
Perfecto, genial y contundente y, aunque nadie tiene la vedad absoluta, solo se me antoja esta pregunta: Quién da más???
5 carlosvaradero. 30|8|2014 a las 11:16
Yo tampoco entiendo por què tanta algarabia y alboroto por el articulo de Mayra Garcia en Juventud Rebelde.
Da la impresiòn que estos “intelectuales” se sienten aludidos y por eso estàn molestos.
Ella diò sus puntos de vistas, què esperaban los otros??, que ella expresara lo que otros quieren oir o leer??
Sigo sin entender el por què de la algarabìa!!
6 Frank Glez. 3|9|2014 a las 8:53
En verdad demasiada algarabia y alboroto como dice carlosvaradero, hablamos de respetar cada opinión y pocos aceptamos, nada es abosoluto pero Mayra habla sus verdades, que son la de muchos, todos tenemos que dar nuestras opiniones y respetar reitero por el bien de este país. Tenemos que hacer más por Cuba todos, es el llamado de la Dirección de esta Revolución, todos, como Manolo un mecanico que conozco y que trabaja en su casa de sol a sol para que cada moto o auto salga rodando enseguida de su patio para el bien de todos. Mayra es parte de la nueva generación que viene señalando con sus trabajos aspectos que a veces no vemos, no queremos ver, o simplemente no nos damos cuenta. La opinión de todos vale, pero sin agresividad.
7 Armando Camacho. 4|9|2014 a las 15:51
Frank, demasiada Algarabía, me recuerda hasta la canción de Habana Abierta ” …fui ruso, ignorante, mecánico y hasta chofer…” (cito de memoria pero el orden de los factores no altera el producto) creo entender que parte de los agravios provienen de heridas que al parecer no han sanado del todo. Lástima. Estoy en desacuerdo contigo a lo “platónico”. Un tema es respetar cada opinión, por descabellada que sea y obtusa que sea; y la otra es “aceptarla”. Puedes ¿podemos? respetar sin aceptar. Es bueno que Mayara -o el que sea- hable sus verdades y de sus opiniones. Para el bien, primero de ti como individuo, como ser social y después para la sociedad en la que te desenvuelves que aprendamos a respetar sin estar de acuerdo. Menos la agresividad, verbal o física. Algunos de los que han criticado el artículo de maras han usado igual un lenguaje bien enrarecido.
No comparto que se haga apología de la ignorancia; mientras más conoces y sabes mejor persona eres, más libre para discernir de entra las muchas verdades, pues como escribe Racso, la verdad absoluta es otra forma de la mentira relativa.