Actualizado el 2 de diciembre de 2014

La condición humana a flor de piel

Por: . 19|11|2014

Un paseo por Eros y Thanatos, expo del fotógrafo Jaime Prendes

Como un adaptado a estos nuevos tiempos de centralidad del audiovisual, Jaime acompaña a sus fotos en galería con la presentación de un making off que da fe del trabajo empleado para los extraordinarios efectos a la postre conseguidos en las fotografía. Mientras la televisión cubana amputa de coitos y desnudos la serie fantástico-medieval Juego de Tronos a pesar de su exhibición en un horario señaladamente adulto (los domingos después de las 11:00 pm), en una esquina de La Habana —concretamente, aquella de la Plaza Vieja en que se encuentra el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales— se abre al público en horas diurnas (de 10 a.m a 5 p.m) una muestra con más de 15 fotografías donde todos los modelos implicados se presentan ligerísimos de ropa.

Pero no es a reflexionar sobre estas paradojas de la vida cotidiana de la isla, ni de la gazmoñería que vuelve insípidos y anticuados nuestros medios, que se dedicarán las siguientes líneas, sino a hacer comentario de la mentada exposición, obra del artista del lente Jaime Prendes y cuyo título es Eros y Thanatos.

A Prendes, “pinero”1 natural, se le recuerda por haber removido ya los cimientos de La Habana en 2012, cuando expuso en el marco de la 11 Muestra de Cine Joven una serie de fotografías intitulada El hombre nuevo. De esa ocasión, Leopoldo Luis escribió en las páginas de El Caimán Barbudo 2 que Jaime es “uno de esos fotógrafos anónimos en cuyas piezas subyace una mirada tan particular como colectiva, tan propia como de cualquier cubano”.  Y agregó: “La realidad bajo el lente de Jaime Prendes —como él, anónima— se agencia una identidad y posa ante nuestros narices para lucir auténtica. ¿Fotografías de la realidad o realidad fotografiada?”

Hoy, en 2014, y luego de las elogiosas críticas y las polémicas3 desatadas por aquella, un ya no desconocido Prendes se despoja del traje de “cronista” de lo cotidiano para apuntar hacia inflexiones más universales en la actual Eros y Thanatos. Por ello en el texto del catálogo, Rafael Acosta de Arriba, escritor y crítico (también fotógrafo) describe su tema así: “…el cuerpo como metáfora del universo, el cuerpo como surtidor de signos, y utiliza las pulsiones del amor y la vida en contrapunteo con las de la muerte y la destrucción”.

Con un nuevo horizonte y plataforma: la totalidad de la condición humana y la fotografía del desnudo, Prendes la emprende (y disculpen la cacofonía) con el cuerpo, y desde una franqueza absoluta —por la crudeza, o más bien frontalidad, de la imagen— y un fárrago de pieles (masculinas y femeninas, blancas y negras), hace de este no sólo “surtidor”, sino también “vertedero”, para el arraigo de un verdadero inventario de lo simbólico y el imaginario humano.

Luego, nada hay de “pornógrafo” provocador en Jaime Prendes, ni de incitación libidinosa en los desnudos y poses explícitas de piezas como “Leche”, “Comiendo papaya” o el resto. Y valga esta aclaración para prevenir cualquier ridícula malinterpretación en tiempos de mojigatería.De tal modo que, con la piel al aire de su modelos, Prendes traduce en imágenes fotográficas lo mismo una patología psicológica (“Narcisa”), la hipocresía de los monosabios (“Trío”), el cenit erótico (“Orgasmo”), que “La conquista” máxima dentro de la escindida conciencia racial (el hombre negro que posee a la mujer blanca), el criterio de éxito en los terrenos de la existencia social (la captura de “La yuma”) o la subversión de un arquetipo religioso (en “Tentación”, los blancos Eva y Adán y la manzana son sustituidos por una soberbia pareja de “africanos” y un plátano). Tampoco “Lo cubano” y sus significados quedan fuera del muestrario; y en piezas como “Timba”, “Guajira” y “Danzón”, aflora el consabido e identitario ajiaco cultural, desde sus componentes étnicos y musicales.

En El hombre nuevo se hacía patente ya que Prendes era más “artista” que “fotorreportero”. Que no era un amante de lo espontáneo y la “instantánea” (la fotografía como captura de un instante real), y en su lugar prefería manejar la cámara como una suerte de sucedánea del pincel, con un encuadre y una composición prefabricados desde afuera del lente, en las determinaciones de una muy elaborada puesta en escena.

Algo similar se repite en Eros y Thanatos, con la diferencia de que el concepto de la anterior era más teatral, concentrado en extraer una mayor cinética de la imagen y una comunicación de los personajes cercana al monólogo o al gesto y la expresión no verbal. Mientras que en la actual, sus composiciones son más estáticas y a sus modelos se les pide un hieratismo rayano con lo escultórico. No en balde en una pieza como “La piedad” se apropia de la escultura  célebre de Miguel Ángel o hace mímesis de las madonas renacentistas en “Mamá Inés”.

Postal: En esta muestra, el cuerpo humano, despojado por completo de vestimenta, queda expuesto como objeto de “mirabilia”, para la contemplación extasiada y admirativa, como depósito especular de una mirada rigurosamente estética.   El espléndido manejo que hace de las fuentes de luz no sólo busca extraer un máximo de texturas y de juego de contrastes entre las pieles negras y blancas; antes bien pretende crear en la foto una ilusión volumétrica, esa tridimensionalidad de la escultura que persiguieron trasladar a la pintura los Caravaggio y otros representantes del Barroco, con esos juegos de claroscuros que renovarían la noción de la perspectiva.

Como un adaptado a estos nuevos tiempos de centralidad del audiovisual, Jaime acompaña a sus fotos en galería con la presentación de un making off que da fe del trabajo empleado para los extraordinarios efectos a la postre conseguidos en las fotografía. Este material es modélico sobre las potencialidades hasta del esfuerzo “doméstico”, a lo “povera” (con el uso, apenas, de unos bombillos ahorradores, máquina de humo, un rollo de nylon y telón negro de fondo) siempre que lo acompañe la planeación concienzuda y la profesionalidad en el manejo con los modelos.

En esta muestra, el cuerpo humano, despojado por completo de vestimenta, queda expuesto como objeto de “mirabilia”, para la contemplación extasiada y admirativa, como depósito especular de una mirada rigurosamente estética.   Y no como reservorio icónico de una incitación al “consumptibilis”, al cuerpo para ser poseído y consumido, cual se persigue en el impulso libidinoso.

Luego, nada hay de “pornógrafo” provocador en Jaime Prendes, ni de incitación libidinosa en los desnudos y poses explícitas de piezas como “Leche”, “Comiendo papaya” o el resto. Y valga esta aclaración para prevenir cualquier ridícula malinterpretación en tiempos de mojigatería.

NOTAS

1. Gentilicio con el que se denomina a los habitantes de la otrora nombrada Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, adyacente a la isla grande y considerada un  municipio especial en la organización territorial y administrativa de Cuba.

2. Además del texto de Leopoldo Luis, que se titulaba “Apología del hombre nuevo”, la edición 370, de mayo-junio de 2012 fue ilustrada profusamente, en portada y páginas interiores, con fotografías de la serie de Jaime Prendes.

3. Encima del ya de por sí provocador contrapunteo entre el título de la expo y el emblemático ensayo del Che Guevara, piezas como “Conquistando el futuro” (una sensual Marilyn Monroe recontextualizada en uniforme de pionera) levantaron controversias.

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