Actualizado el 19 de diciembre de 2014

Los últimos posmodernos

Por: . 18|12|2014

Analisis de la Belleza (1999) Yoan Capote. Yoan Capote es uno de los posnoventianos que ha tenido una evolución orgánica a la hora de relacionar extremos irreconciliables.La postura antimercado es una de las utopías enterradas del arte hecho en Cuba, que alcanzó su clímax polémico en los míticos y remotos ochenta. Durante este fugaz “ataque de rebeldía”, sucedieron cosas tan fantásticas como irrepetibles: Segundo Planes aplazaba un viaje a México porque tenía una exposición personal en una institución habanera, o el anárquico Pedro Vizcaíno era castigado por los miembros de Artecalle (si quería continuar en el grupo) por la concesión de vender una obra. Pero la década siguiente produjo otros acontecimientos: el éxodo de las   “oscuras cabezas negadoras”, el retorno al oficio del arte y una preocupación de los nuevos hacedores por la economía, nunca vista hasta la fecha.

En un controvertido ensayo-pistola, titulado Los últimos modernos (1995), Osvaldo Sánchez estigmatizó a los cautelosos noventianos como “La Generación Jineta”. Según el poeta jubilado y crítico de arte, acceder al mainstream requería que una pieza fuera “un poco experimental pero no demasiado sucia, un poco política pero permitida por las instituciones, un poco conceptual pero no demasiado densa, un poco avant garde pero no demasiado posmoderna, un poco exótica pero no demasiado nacional.” Recuerdo a estudiantes aventajados del Instituto Superior de Arte (ISA) aplicando la receta como un tajante contenido del McEvilley. Para comprobar su eficacia, bastaba detenerse en el ascenso de Los Carpinteros, Fernando Rodríguez, Abel Barroso, Sandra Ramos o Esterio Segura.

Un caso peculiar en los noventa es el de Alexis Leyva Machado (Kcho). A pesar de suspender las pruebas de ingreso al ISA, Kcho se mantuvo fiel a su génesis povera, donde factura exquisita y soporte teórico brillan por su ausencia. Sin embargo, en la V Bienal de La Habana (1994), el chocolatero Peter Ludwig compró La regata a una cifra respetable en la ínsula. Moraleja: fundir arte y mercado no era un mero asunto de culinaria generacional.

Con el paso del tiempo, los artistas que surgen y eligen permanecer en Cuba tratan de hallar un equilibrio entre medios y fines, frialdad y calidez, obra y carrera, autonomía creativa y dependencia al engranaje hegemónico. Yoan Capote es uno de los posnoventianos que ha tenido una evolución orgánica a la hora de relacionar extremos irreconciliables. Adepto a la precisión matemática de las bellas artes, Capote explota el vínculo idea-imagen sin que el espectador alcance detectar las costuras de una subordinación preconcebida en términos de masaje visual o producción cognoscitiva.

En una muestra colectiva ignorada por los apologistas del   “momento adecuado”, Capote enseñó sus habilidades para explorar la crudeza sensorial del binomio arte-vida. Versión en pequeña escala del espectacular Christo Javachev, Análisis de la Belleza (1999) era un tanque de basura perfumado y revestido con tela de satín, coartada kitsch que le daba la bienvenida a quienes visitaron Con un pensar abstraído (2000) en Galería Habana. Dorar la píldora del caos mediante una envoltura glamorosa, propició un simbolismo de “pasiva violencia”, guiño frecuente en el conceptualismo light de Yoan, quien puede insertarse en una curaduría de arte público junto al experimental Cildo Meireles, que ser noticia en Sothebys o Christies, secundando a los retinianos Fernando Botero o Claudio Bravo.

La obsesión por vender-impactar se ha convertido en el desafío crucial del arte cubano contemporáneo. Ello ha provocado que la mayoría de los actores de la escena plástica prioricen esta  “impostergable urgencia” por disímiles caminos y métodos. Una de las situaciones absurdas consiste en el diseño de proyectos basados en una mezcla de soberbia prematura y pragmatismo pedagógico, que se pierden en la carencia de gancho dialógico, conexión estratégica y plataformas de legitimación internacional a corto, mediano o largo plazo, pero encaminadas a conciliar precio y valor.

El trayecto progresivo de Yoan Capote sirve para ilustrar un ejemplo de obra y carrera que cruza la línea hacia el éxito comercial por una senda que demandó estudio, malicia y paciencia. No es posible que un creador maquine primero cómo vender una pieza antes de procesarla. Siguiendo este rumbo, Wilfredo Prieto no hubiera conseguido que una prestigiosa fundación decidiera adquirir su instalación Apolítico (2001). Vale aclarar que La regata de Kcho y las banderas de Prieto necesitaron un mínimo costo de producción. En el contexto insular es más factible concretar una pieza emblemática que pueda seducir a coleccionistas de olfato, antes que aspirar al estatus de Big Factory primermundista.

Ese anhelo de comercialización individual provocó que el Fondo Cubano de Bienes Culturales concibiera la alternativa de Post-it, intento de generar un mercado cubano y hasta un coleccionismo institucional para artistas menores de treinta y cinco años (académicos o autodidactas) excluidos del circuito local o global. La iniciativa es positiva y, de cierta manera, evita un repliegue masivo a la futuridad de integrar el “selecto” e inamovible staff de Galería Habana y su competitivo sistema de rentabilidad.

Los últimos posmodernos que animaron el Post-it 2014 derrocharon falta de audacia visual. Tal parece que el huracán Hirst nunca pasó por La Habana ni causó estragos morbosos. Se impone rediseñar un cóctel Molotov capaz de abarcar la diversidad socioartística que impera en la ruidosa contemporaneidad. Como si Joseph Beuys y Andy Warhol resucitaran, debatiéndose entre perfeccionar La opción analítica en el siglo XX (Filiberto Mena) o El tiburón de los doce millones de dólares (Don Thompson). Los espacios habilitados en Post-it 2 se llenaron con un gran vacío de contenido y disciplina gestual ingenuamente formal. El cinismo pop de Ranfis Suárez o la tentativa objetual-procesual de otro Adonis Ferro revelan una parte de tantos demonios ocultos en novísimos imaginarios, pujando en el incipiente campo financiero, sin nada que perder y mucho que ganar.

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