Actualizado el 7 de diciembre de 2014

Por una radio joven experimental, creativa e imaginativa

Por: . 3|12|2014

Breaking-news. A un realizador que se precie de producir un programa creativo e imaginativo, le corresponde orientar e interactuar con los públicos sobre lo que presenta en pantalla sonora. Es sacudir el pensamiento y conducir a la gente por caminos no trillados, sin reemplazar la toma de decisiones a la hora de cambiar de posición el dial. ¿Qué es la radio sino un acto creativo y experimental? ¿Acaso no surgió como consecuencia de otros experimentos ocurridos en los albores del siglo XX? ¿Y cómo se manifiesta este fenómeno hoy? ¿Dónde es posible crear o renovar: en la forma, en el contenido o en el diseño teórico, epistémico y económico de la misma radio?

¿Cuál es la Radio Joven a la que alude un Taller y Concurso Nacional creado hace más de veinte años en Santiago de Cuba en honor a Antonio Lloga? ¿Es lo mismo “radio joven”, que radio hecha por jóvenes?

Si tenemos en cuenta las tres primeras etapas en las cuales Oscar Luis López divide el desempeño de la radio en Cuba, en su libro homónimo, concluimos que eran tiempos de mucha creación, porque el medio comenzaba a explotar las palabras y las emociones, al tiempo que ocupaba un sitio dentro de la industria cultural. En la década del 60, la radio cubana experimentó un renacimiento a causa del proceso fundacional que comenzaba la joven Revolución. Los cambios se orientaron hacia la eliminación de los discursos comerciales y en la ampliación de espacios con mayor calidad y cultura artística. Mas, actualización de la programación radiofónica no es sinónimo de creatividad o calidad.

Todavía hoy en Cuba predomina un modelo generalista o convencional en la cuasi totalidad de estaciones: revistas informativas matutinas que dan paso a otra revista musical de la mañana, y luego una tira dramatizada; en la tarde programas juveniles y la revista cultural que antecede a los programas infantiles, los campesinos y el noticiero de la planta; en la noche son comunes las discotecas y los espacios reflexivos, hasta el otro día. No obstante, los programas más conservadores del canon de la realización radial tampoco pueden ser calificados de incorrectos, porque para renovarlos hay que conocer si funcionan o no.

La palabra griega Kanon designa una caña larga que era utilizada para medir longitudes. De ahí que se traduzca por medida, regla o norma. Antes de experimentar e invertir el ABC en un espacio, primero es imprescindible conocer el canon establecido para no descubrir el agua fría o lo que es peor, transformar un producto de calidad por supuestos experimentos de ignorantes. Reconocida como un método científico que añade observación y medición de ciertos factores, la experimentación consiste en un conjunto de pruebas a que se somete algo para comprobar su eficacia o para examinar sus características. En la actualidad, esta metodología observa una comprensión más amplia porque los investigadores en busca de información pertinente, se ajustan a un diseño experimental lo que implica “agrupar de forma más adecuada las unidades experimentales, mejorar el material o dirigir el proceso de una mejor manera.”(1)

En materia radiofónica, canon no significa radio mal hecha, porque obedece a dinámicas que satisfacen las necesidades informativas, recreativas y culturales de una comunidad de oyentes. La radio cubana comparte funciones políticas, didácticas y lúdicas, pero por muchos años se ha confundido popularidad con populismo, y se ha establecido el “culto del número de oyentes como criterio del desarrollo cultural.”(2) No pocos realizadores radiales suscriben esta premisa: “mi programa es popular porque se habla poco y se complacen los gustos de todos los oyentes”. Parafraseando a Desiderio Navarro, la radio como institución social ha financiado y distribuido la actividad de creadores kitsch y ha dado prestigio público a obras kitsch.

¿Dónde podemos encontrar algunos matices de experimentación luego de la década del 60, por ejemplo, en el contenido de los espacios y en la concepción de guiones originales para la radio? Autores como Alejo Carpentier, Onelio Jorge Cardoso, Félix Pita Rodríguez, Antonio Lloga y Dora Alonso nunca creyeron en la simpleza y linealidad del lenguaje que indica la literatura sobre la dramaturgia radial, ni rebajaron sus argumentos, dada la característica mono aural del medio.

El dramatizado en la radio ha sido testigo de un florecimiento en los parlamentos de los actores, en la musicalización, en el uso de los efectos y en el montaje de las escenas, junto con la evolución del narrador. Este personaje, que otrora era encarnado por locutores con voces graves, ha dejado de ser el Dios omnisciente para convertirse en un hombre que por fin tuvo derecho a llorar y a preguntar por el curso de los acontecimientos. En la década del 70, Antonio Lloga fue capaz de concebir un narrador tridimensional que describía, comentaba, pero también asumía la psicología de los personajes presentes y ausentes dentro de la escena. Años más tarde, su propio hijo, Carlos Francisco Lloga Domínguez escribió el cuento No quiero al narrador en mi casa, donde criticó el uso innecesario y sobrevalorado que aún recibe este enter.

Del ingenio de Joaquín Coartas, Josefina Martínez, Marcia Castellanos Parra y Jorge Ibarra Parladé, también han evolucionado narradores que se metamorfosean entre los mismos personajes y viceversa. En no pocos casos, los protagonistas hacen digresiones al discutir con él la posibilidad de decidir sobre sus acciones. El cierre del paréntesis y regreso a la trama inicial, necesita en consecuencia de un escritor radial que domine la técnica y conozca el tiempo exacto para no aburrir al radioyente con elementos secundarios.

Sin embargo, la carencia de escritores jóvenes interesados en la creación y puesta en práctica de nuevos formatos, que desaten la imaginación de los oyentes, lacera el desempeño experimental de la radio como arte. Hoy día la falta de motivaciones y de cursos para formar guionistas de espacios dramáticos, junto con el desplazamiento que recibe el medio por las nuevas tecnologías, impide que los bisoños narradores vean a la radio como una manera de probarse estéticamente. La radio sigue siendo la oveja negra porque sus escritores aprenden autodidactamente, sus cuentos o novelas no se compilan en antologías ni se estudian sus aportes.

Hasta este punto surgen otras problemáticas: ¿En qué condiciones se encuentran las parrillas de programación de las emisoras cubanas, y qué tipo de radio se está produciendo fuera de La Habana? ¿Acaso todas las estaciones están “al ritmo de la vida”, como reza un conocido slogan?

Aunque es necesaria la experimentación en un momento y programa dados, también hay que preocuparse por la renovación y la actualización urgente de la Radio Cubana; la atención a los sistemas de enseñanza de los profesionales que ocupan puestos en las radioemisoras; la creación de espacios, y estímulos en los medios de comunicación para la producción de obras experimentales; y el análisis científico de los efectos que producen los mensajes salidos de los altavoces.

¿Cómo podríamos hacer hoy una radio más creativa e imaginativa?

Quien manifieste que en la radio todo está hecho comete un gravísimo error. Hay que partir de la concepción del medio como la pantalla más grande del universo, según Orson Welles, para percatarnos que tiene como sustento a la imaginación y allí no hay límites.

Un realizador imaginativo debe festejar las ventajas de la radio, porque está presente desde cualquier dispositivo, privado o público y además, toca escucharla incluso en los momentos menos deseados. También es preciso remarcar la ética en relación con los experimentos, para que la historia de la radio no cargue con más muertes, como sucedió luego de la versión que hizo Welles de La guerra de los mundos, en 1938.

La experimentación no puede ser un hecho diario en la programación. Tampoco se trata de estar a la caza de los nuevos eventos comunicativos que pululan en el mundo para traerlos al micrófono. Un realizador creativo no puede tener como máxima la concepción de un programa neobarrococo, ni el absurdo posmodernista donde “todos los elementos serán válidos, pues ya no existe (o no interesa) la historia. No importa la calidad, no importa el oficio, es el triunfo de los mediocres, del mal gusto, de lo kitsch.”(3) Una muestra imaginativa y enriquecedora en radio es una obra nacida de la experiencia humana, asumiendo al oyente no como un receptor pasivo, sino como la persona que terminará de cerrar el círculo con el formato radiofónico escogido. Se trata de escuchar y de hacer audibles los actos y los hechos de la vida cotidiana que no están pensados ni diseñados para los oídos: el pas de deux de una bailarina en la escena, el trazo del pincel sobre el óleo, la puesta del Sol…

La creatividad comienza y termina en el diseño lógico y estructural de la radioemisora: su programación, su territorio geográfico y en el éter; su slogan, la imagen corporativa, su promesa de beneficio, las rutinas productivas, las relaciones entre los trabajadores y la inclusión que hace de las personas que constituyen su público potencial. Un programa imaginativo puede ser el resultado de una sola persona o de una tormenta de ideas entre realizadores, pero el contexto incluye además la investigación de lo que se está haciendo en otras estaciones, la apreciación de la vida actual, el reconocimiento de los códigos culturales y el imaginario que tengan las personas para consumir una obra sonora enriquecedora.

La dinámica de la radio joven persigue una realización próxima a la perfección y la adaptación de ésta a los públicos, a los contextos en que tiene lugar y a la vida que se respira alrededor. Interviene, no sólo en los programa juveniles —que por su naturaleza deben hablarles a los jóvenes desde sus mismos lenguajes—, también en la creación de noticieros y revistas con cualquier apellido; espacios musicales e infantiles; en la propaganda y hasta en el programa “del recuerdo”, porque al hacer un programa de memorias con filosofía joven, el pasado ya no parece tan viejo.

En este sentido, el Taller y Concurso Nacional de la Radio Joven Antonio Lloga In memoriam ha erigido su base fundacional durante más de 25 años, en torno a la experimentación en la radio, asumiendo también el requerimiento de que los jóvenes participantes generen programas cada vez más imaginativos, creativos y enriquecedores, que a la postre se traducirán en calidad para la programación de las emisoras y preferencia por parte de los oyentes.

La creatividad, la experimentación, la imaginación y la necesidad de hacer una radio joven, deben ser las premisas que tengan los realizadores de corta edad o contemporáneos. La filosofía de tal radio joven requiere salirse todos los días del espacio reducido de las cabinas para colmar el espacio y no defraudar a las personas que sueñan y viven con los sonidos. A un realizador que se precie de producir un programa creativo e imaginativo, le corresponde orientar e interactuar con los públicos sobre lo que presenta en pantalla sonora. Es sacudir el pensamiento y conducir a la gente por caminos no trillados, sin reemplazar la toma de decisiones a la hora de cambiar de posición el dial. Es lograr que una vez terminada la emisión radiofónica, comience a escucharse y a reclamarse una vez más este producto, aún cuando el radiorreceptor esté apagado.

 

Notas:

 

  1. ÁLVAREZ ÁLVAREZ, Luis y Gaspar Barreto Argilagos: “Método experimental”, El arte de investigar el arte, Editorial Oriente, 2010, página 287.
  2. NAVARRO, Desiderio: “El Kitsch nuestro de cada día: Por una crítica sociológica de la cultura cinematográfica, radial y televisiva”, Las causas de las cosas, Editorial Letras Cubanas, 2006, página 65.
  3. MATEO, Margarita: Ella escribía poscrítica, Editorial Abril, La Habana, 1995, página 53.

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