Actualizado el 12 de enero de 2015

La radio comunitaria en Cuba:

¿Utopía o necesidad?

Por: . 10|1|2015

Un medio comunitario como la radio, según estudiosos, abogaría por priorizar varios elementos, entre ellos el acceso y participación, pertinencia cultural y la lengua, poseer la tecnología apropiada y lograr la apropiación local del medio, la generación de contenidos propios, la convergencia con/entre otros medios y la conformación de redes comunitarias.Un medio comunitario, según manifiesta Alfonso Gumucio Dagrón en su ensayo La televisión comunitaria. Ni pulpo, ni púlpito: pálpito, es un instrumento de la identidad cultural, de la organización comunitaria y del desarrollo. Estos son los preceptos que en teoría mueven a la radio cubana, hecha para el pueblo, a su imagen/sonido y semejanza.

Los medios de comunicación comerciales están al servicio de los intereses del sector privado y los medios públicos son herramientas para la realización de los objetivos estatales o nacionales. Por su parte, los medios de comunicación comunitarios tienen como fin el servicio de los intereses sociales, asumen la comunicación como un derecho humano, entendiendo con ello que todas las personas deberían gozar de tal derecho.

Partiendo de estos conceptos, y luego de un breve análisis, podríamos ver que la intención de la Radio Cubana se debate entre dos aguas. Entre la Radio Estatal o Pública, desde las cadenas nacionales hasta la Radio Comunitaria, epíteto aplicado a las provincias y municipios.

Frances J. Berrigan  en su libro La comunicación comunitaria. Cometido de los medios de comunicación comunitaria en el desarrollo, expresa que “los medios de comunicación comunitaria son una adaptación de los medios de comunicación en general, para su uso por la comunidad y para cualquiera de los objetivos que decida ésta”.

Pero ¿es esta nuestra realidad? ¿Existe esta “adaptación” en la Isla? ¿Qué tipo de radio se hace en Cuba? ¿Se satisfacen los intereses en cada estrato? ¿Existe una verdadera radio comunitaria en nuestro país?

Estas son las interrogantes resultan punto de partida para al auto-análisis, el auto-cuestionamiento de nuestra labor como radialistas en una sociedad donde lo peculiar parece ser la norma.

Vayamos por partes.

En el caso de la radio estatal, esta responde directamente a los intereses de la clase o partido dominante. Esto es un absoluto en cualquier latitud. Los ejes de poder reconocen en los medios, el medio para su permanencia, y eso está bien. Los estatales son el reflejo de las políticas, estrategias de desarrollo, vías de legitimación y la manera más efectiva y directa que poseen los gobernantes de comunicarse con su pueblo, y eso igual está bien.

En el contexto comunitario, la realidad no es muy diferente; aunque la caracteriza la particularidad, el entorno más limitado de la región donde se enclava.

Un medio comunitario como la radio, según estudiosos, abogaría por priorizar varios elementos, entre ellos el acceso y participación, pertinencia cultural y la lengua, poseer la tecnología apropiada y lograr la apropiación local del medio, la generación de contenidos propios, la convergencia con/entre otros medios y la conformación de redes comunitarias.

Resulta evidente que ninguna radio comunitaria puede ser impuesta sobre la comunidad, sino que debe ser el resultado de una necesidad de la comunidad, la cual debe ser partícipe en todo el proceso de gestación, instalación y gestión de esa emisora.

Sólo un proceso genuino de participación, a través del cual la comunidad se apropia del instrumento de comunicación, puede garantizar la sostenibilidad y permanencia en el tiempo. Esta debe integrar a la comunidad, convertirse en portavoz de sus expresiones democráticas, buscar cambios sociales y el mejoramiento de las condiciones de vida. Sin esta condición, no puede hablarse de un medio comunitario, radio o televisión. Todo ello con el objetivo de generar, según manifestara Valerio Fuenzalida, “una cultura del protagonismo social para el desarrollo y para la superación de la pobreza”.

Por otra parte, la función de la radio comunitaria es la de ocuparse de los aspectos de salud, educación, medio ambiente, producción y organización social. También al rescate de la música local, las fiestas y tradiciones, la producción artística y cultural, la memoria, los juegos infantiles. No se trata de negar la vida más allá del entorno comunitario, sino de poner lo nuestro por encima y antes de todo.

Respecto a la tecnología, en su correcta selección está el triunfo o el fracaso del proyecto. Si la proyección tecnológica se sub-dimensiona, tendríamos una nueva radio comunitaria, funcionando con equipos mínimos, insuficientes y frágiles. Por otro lado, la sobredimensión nos dotaría de equipos muy sofisticados, con altos costos de reparación y que requerirían de un personal altamente especializado, con mucho tiempo para invertir en su capacitación. Lo apropiado para un medio comunitario es la tecnología cuya relación costo-beneficio sea razonable, con un manejo y gestión que pueda ser asumida por miembros de la comunidad.

La radio comunitaria planta sus raíces en la cultura local.  Esto no significa la negación de otras culturas, pero sí la afirmación de una identidad propia, que con frecuencia es negada u obviada, incluso por los medios de alcance nacional. Su principal reto es el desarrollo de una propuesta estética y cultural, que se convierta en uno de los sustentos principales de su legitimidad en el seno de la comunidad, que satisfaga los deseos y expectativas de una audiencia crítica y comprometida con su medio de comunicación. El principal rasgo distintivo de esa pertenencia a la cultura local, es el uso de la lengua o de las lenguas más importantes en el radio de influencia comunitaria; en nuestro país, los regionalismos lingüísticos. Los formatos y diseños sonoros de los programas y el lenguaje de los locutores deben ser coherentes con la cultura local. No hablo de recrear una imagen folcklorista, sino de reflejar la cultura con sus contradicciones y valores.

Hay que tener en cuenta que el mundo de hoy, donde la tecnología ha reducido las distancias, y donde los medios de comunicación alcanzan los rincones más apartados del planeta, la radio comunitaria no debe verse en soledad, aislada de otras influencias y otros medios. Su misma sobrevivencia y permanencia en el tiempo depende de la capacidad de negociar con otras experiencias similares, y converger hacia nuevas tecnologías que pueden mejorar su alcance y posibilidad de diálogo.

En este sentido, es vital la conformación de redes con organizaciones que poseen objetivos similares, alianzas con organismos no gubernamentales, cooperativas, proyectos de desarrollo, escuelas y bibliotecas, con grupos de jóvenes y de mujeres, y con todos los demás actores locales. Esto contribuye a romper el aislamiento. Aquí el papel de Internet es medular, pero ese sería tema para otro momento.

Enfocándonos ahora en un análisis práctico, la radio comunitaria no puede surgir por generación espontánea, requiere de cierta estructura e infraestructura:

– Equipos de producción y trasmisión, capaces de soportar el uso diario e intenso.

– Personal técnico especializado, incluyendo el personal administrativo.

– Vinculación orgánica con las organizaciones comunitarias, con los dirigentes locales, y con otros factores del poder local.

– Planes anuales, metas de producción y difusión…

Conocidas la importancia y responsabilidades de una radio comunitaria ¿a quién le corresponde fundarla?  ¿Cómo se debe financiar su creación y su funcionamiento?

Lo ideal, sin dudas, es que la comunidad sea propietaria del medio de comunicación y atienda los costos de instalación y funcionamiento. Ello garantiza independencia y autonomía, y evita que otros intereses desvirtúen la programación. La experiencia de la radio comunitaria en el mundo enseña que una emisora de radio, debido al bajo costo de la inversión inicial y el reducido costo de mantenimiento, puede ser creada por instituciones pequeñas, sindicatos, organizaciones no gubernamentales, o grupos de jóvenes o mujeres.

En el contexto cubano, esta responsabilidad sería exclusiva del estado. Pero, ante el nuevo escenario que se abre para nuestro país ¿acaso sería muy descabellado pensar en la posibilidad de permitir el empleo de frecuencias a comunidades, aplicando los mecanismos existentes de control y supervisión, amparados en las nuevas disposiciones legales para la creación de cooperativas no agropecuarias, en nuestro caso de realización radial? ¿Acaso no sería pertinente comenzar a dar los primeros pasos en la descentralización de los medios en nuestro país, sin que esto se vea como una amenaza para nuestro proceso, sino todo lo contrario, como un paso más de reafirmación democrática y libertad de expresión?

Con esto no hablo de la apertura de radios independientes, ese es otro concepto. Hablo de medios sustentados por la comunidad, hechos en la comunidad, desde la comunidad y para la comunidad, regidos por las normas y preceptos que hoy guían metodológicamente a la radio cubana con las adecuaciones pertinentes.

La realidad de nuestro país reconoce hoy el cine y la televisión que se producen al margen de la industria. ¿Por qué no reconocer a una radio que podría producirse al lado del camino, si tuviera una plataforma de difusión? Esa plataforma bien pudieran ser las radios comunitarias.

Ante la llevada y traída crisis de valores éticos, cívicos, morales y de identidad que evidenciamos día a día; ante el desapego cada vez más palpable de un amplio sector de la juventud de nuestras raíces y cultura; ante la radiodifusión y trasmisión televisiva de productos nacionales enlatados, tontos y de muy baja calidad, entre otros factores que colocan a la sociedad cubana sobre una delicada hebra floja de hilo de araña, la conformación de una red de radios comunitarias podría actuar como válvula de escape a tanta presión, con la cual, a partir de un lenguaje plural, tal vez podríamos todos hablar nuevamente el mismo idioma.

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