Actualizado el 6 de febrero de 2016

¡Cuidado!, el silencio asecha:

Eduardo Galeano ha muerto*

Por: . 14|4|2015

Un don “naide” llamado Eduardo Galeano
Hoy es uno de esos días cuyo decurso hace casi imposible el tráfico ciberespacial. Eduardo Galeano está navegando en estos precisos momentos por las venas del ciberespacio noticioso de este y -muy probablemente- otros mundos paralelos de los que muchas veces el propio autor de El libro de los abrazos, abrazase.
Es así, mientras unos nacen en este jodido mundo y descerebran estas noches aciagas y funestas, estos días angustiosos y vergonzosos que padecemos, otros abren su torrente linfático y nos invitan a continuar celebrando la vida por la vida o, para decirlo con sus palabras, vivir por vivir nomás.
Por eso, y porque un muerto cuando es un Galeano se multiplica x Dos, es que El Caimán Barbudo hoy reproduce este par de textos suyos, inequívocamente; breves y sísmicos, escritos para las urgencias de hoy y de mañana, y que ojalá no haya que replicar en un futuro próximo, perentorio.
De modo que El Caimán Barbudo se duele de la temprana e innecesaria muerte de ese escritor cómodamente incómodo que le dio ojos y oídos, voz y brazos a los indignados de América Latina y aunque su obra perdurará en la memoria de nuestros pueblos, un vacío se experimenta con la triste noticia de su deceso y una pregunta abre e impulsa nuestro río de dolor enardecido.
¿Quién escribirá para nosotros palabras que “vuelen” y alimenten la “memoria colectiva” de los que no tenemos memoria individual?
Ahora que la muerte ha perdido sus mágicos poderes –parafraseándolo-, cuando ser “Dos” te está permitido por izquierda propia, tu evocación deja de ser -instantáneamente- un pretexto para convertirse en patrimonio de nadie, que en el álgebra del sentido común es igual a decir de todos…
La revista El Caimán Barbudo pudiera decir entonces: “El escritor uruguayo Eduardo Galeano acaba de morir hoy lunes 13 de abril a la edad 74 años. Tras haber ingresado el pasado viernes en un hospital de Montevideo, Uruguay, víctima de un cáncer de pulmón que le afectaba desde hacía algún tiempo”, pero eso sería, además de patético, cuando menos deshonesto con nuestro propio sentir. Es por eso, con esa indignación contagiosa, que manifestamos nuestra pena por la ausencia de Galeano; porque un escritor de agudo y perspicaz sentido de nuestro contexto no se encuentra al pasar la página de una literatura como la latinoamericana.
Cuba lo lamenta, y si bien la isla estuvo siempre viva dentro de él, como declarara alguna vez el corajudo –Chávez diría cojonudo-, sagaz e insustituible intelectual, ahora nos corresponde la generosidad de permitirle existir dentro de nosotros, incluso como esa certidumbre para la sobrevivencia de estos tiempos en que el delito de estupidez del hombre casi llega a ser humana.
De un intelectual que habitó y escribió abiertamente contra los amos del mundo, como dijera en una entrevista a Rafael J. Álvarez; que puso la mirada más allá de la infamia, solo se puede esperar la inmanencia que lo aquejaba en la misma medida que lo cualificaba; alguien que nos dejara una de las más subversivas interrogantes sin otro ánimo que el de permitirnos Ser en esencia esos “encontrados” a los que hace referencia en su magnífica viñeta Derecho a Soñar: ¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar?, sobre todo a partir de mañana, cuando sea el primer día de Eduardo Galeano.
Cuba lo lamenta, y si bien la isla estuvo siempre viva dentro de él, como declarara alguna vez el corajudo –Chávez diría cojonudo-, sagaz e insustituible intelectual, ahora nos corresponde la generosidad de permitirle existir dentro de nosotros, incluso como esa certidumbre para la sobrevivencia de estos tiempos en que el delito de estupidez del hombre casi llega a ser humano. Galeano x Dos
Pobrezas
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio, ni pueden comprarlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más libertad que tienen la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres.

Derecho a Soñar
¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos humanos y de las humanas pasiones; en las calles, los automóviles serán aplastados por los perros; la gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado, ni será mirada por el televisor; el televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas; la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar; se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega; en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo; los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas; los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas; los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos; los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas; la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo; la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en virtuoso caballero; nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene; el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra; la comida no será una mercancía, ni la comunicación un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos; nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión; los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle; los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos; la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla; la policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla; la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda; una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra, será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú; en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria; la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo; la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había olvidado a Dios: «Amarás a la naturaleza, de la que formas parte»; serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del alma; los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados, porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se perdieron de tanto buscar; seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo; la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero.

El escritor alemán Günter Grass, galardonado con el Premio Nobel de Literatura y el Príncipe de Asturias, ha muerto este lunes a los 87 años en un hospital de Lübeck, en el norte de Alemania* Al momento de redactar estas líneas conocimos también de la muerte del Premio Nobel de Literatura Günter Grass, fallecido en la ciudad de Lübeck a los 87 años

autor, entre otros imprescindibles títulos de El tambor de hojalata, libro que narra momentos definitivos en la vida de Oscar Matzerath, un niño que sobrevive a los efectos de la Segunda Guerra Mundial, libro narrado con marcados matices entre lo  infantil y lo  tétrico.

Polémico, crítico y criticado, lo cierto es que ha dejado para la literatura mundial y la alamana en particular un sentido de recuperación de la lengua que ningún otro autor alcanzaría hasta entonces, de él se ha dicho que  sus compatriotas lo elogiaban porque ayudó a revivir la cultura alemana tras la Segunda Guerra y porque con su obra había dado voz al discurso democrático en el país tras los difíciles años que siguieron al conflicto.

En ese sentido algunos lo consideraron durante muchos años como la “conciencia moral” de la Alemania de la posguerra.

Categoría: Artículos | Tags: | | | | |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados