Actualizado el 25 de mayo de 2015

Amar la semejanza de su yo:

Itinerario lésbico-neotrovadoresco

Por: . 21|5|2015

Teresita Fernández. Antes de penetrar en los predios del tema que recorreré, quiero detenerme en un punto elevado de sus proximidades, para recoger algunas claves que me permitirán explorar mejor el campo de trabajo. Dicho sitio es la figura de Teresita Fernández...

Antes de penetrar en los predios del tema que recorreré, quiero detenerme en un punto elevado de sus proximidades, para recoger algunas claves que me permitirán explorarlo. Dicho sitio es la figura de Teresita Fernández, cuya obra resulta precursora de la Nueva Trova y que se ha percibido como lésbica, aunque ella siempre negó el fundamento de esa lectura por su falsedad, y por considerar la homosexualidad como pecado.

En sus Memorias, Teresita, quien a finales de 1967 compartía en ocasiones su programa musical en el centro nocturno El Coctel con el veinteañero Silvio Rodríguez, declara que: “También he dado lugar a ese tipo de comentarios [sobre su presunto safismo] porque he tenido más afinidades con mujeres que con hombres. La necesidad de la ternura siempre la he buscado más en la figura femenina.”[1]

Sin embargo, luego deja claro, desde su convicción católica, que la homosexualidad resulta un “vicio” “tremendo” e “inicuo”. Es decir, Teresita Fernández encarna, a la vez, la ética cristiana, una estética inquietante para los futuros neotrovadores y sobre todo, un paradigma de la expresión trovadoresca del amor de una mujer a otra.

En tal sentido, resulta emblemática su canción “No puede haber soledad”. Esta obra, que integró el programa del recital Teresita y nosotros, ofrecido en 1967 por los jóvenes poetas de El Caimán Barbudo junto a Silvio Rodríguez y la propia homenajeada, resulta un puente entre todas las canciones amorosas anteriores de mujer a mujer, y las de las compositoras de la Nueva Trova.

Así pues, Sara González discutiría feministamente sobre el status de la mujer en ¿Qué dice usted?...

Según su autora, fue inspirada por el amor hacia su amiga Margot, por quien asegura no haber tenido ningún sentimiento carnal. Ello ubicaría a la pieza en el terreno de la creación surgida de la amistad romántica o sentimental, de larga tradición en el arte hecho por mujeres, lesbianas o no: Es que te debo la risa, / es que te quiero tanto; / pétalo suave, delirio, que supo secar todo mi llanto. / ¡Cómo estás triste si fue tu encanto / quien puso brillo de amor en mi soledad. [2]

Al atravesar el puente que me construí con No puede haber soledad, observo que en la zona de la Nueva Trova continúan muchos caminos expresivos, muy recorridos históricamente por las mujeres para manifestar su amor o su deseo por otras féminas.

Me refiero, entre otros recursos, al empleo de una metáfora para “encubrir” a la destinataria real (tarde, paloma, estrella…); el uso de expresiones genéricas para nombrar al objeto lírico (del tipo mi bien, mi querer, amor mío, no te vayas…), lo cual hace de los textos de naturaleza epicénica; la utilización del pronombre “tú” y no del nombre de la mujer a quien se canta (Esta casa tú la habitas, / esta luz te reconoce… [3]); el desuso de la descripción física femenina, para ir más al sentimiento (aunque ahora recuerdo el regodeo del sujeto lírico en el cabello – atributo más bien femenino – en Amor de millones, de Sara: Tu pelo con mil olores / y con su brillo de estrellas, / fue la cosa más bella, / fue un amor de millones.) [4]

Todas estas estrategias discursivas propician una atmósfera de ocultamiento (… en un beso que te esconde…), de ambigüedad, de discreción, que, junto a un imaginario de vocación neorromántica e intimista, colmado de elementos de la naturaleza, ángeles, duendes y ternuras, caracterizan, sin menoscabarla estéticamente y de manera muy orgánica, una región de la obra de buena parte de nuestras neotrovadoras.

Por esos senderos ha transitado (también) el deseo lésbico en la Nueva Trova, y en ellos encuentro la mayor parte de su huella, perturbadora y defensiva, aunque no militante. Coincido con el investigador Antonio López Sánchez cuando escribe que “es posible que la ambigüedad que presentan algunos temas de amor de la producción femenina de canciones troveras, sea una defensa implícita a la elección homosexual, o al menos la aceptación tácita de esta”. [5]

Pueden parecer caminos trillados, estereotipados, pero significan vías para ser auténticas e imponerse en un ámbito que, aún hoy, se concibe de la forma en que la heteronormatividad dominante ha dictado, sobre todo tratándose del mundo de la música, mucho más público que otros, como el literario, por ejemplo. Además, habría que preguntarse cuál de las modalidades (la explícita o la solapada) resulta más eficaz estéticamente en cada caso a la hora de componer y cantar una canción homoerótica, y cuál de las dos es más efectiva ante un auditorio probablemente prejuicioso.    

Erik Sánchez. El hecho de que los varones hayan explicitado antes y más copiosamente el erotismo sáfico (y el gay), posee múltiples y complejas explicaciones...

Por otra parte, también hay que tener en cuenta que, como afirma el trovador Frank Delgado que en “la Nueva Trova existe una homosexualidad latente, en el caso femenino, y no veo que hay una defensa de ese estado (…), una manifestación clara sobre eso, es muy ambigua. (…) Yo digo que soy heterosexual (…), pero que si me viera en el caso de tener otra tendencia sexual, la reivindicaría, sería una lucha constante.[6]

Si de luchar por los derechos vinculados con la sexualidad y el género se trata, la Nueva Trova —y cantautores recientes que han bebido de ella— ha sido un estandarte estético y ético. Así pues, Sara González discutiría feministamente sobre el status de la mujer en “¿Qué dice usted?”: Ves, y así siguió la tradición / siempre que luchar se necesita. [7] Y Silvio Rodríguez defendería a un sujeto masculino acusado de actitudes “femeninas” y juzgado por su “filiación sexual” en “Acerca de los padres”.

Pero los tópicos de estas dos piezas: mujer y homosexualidad, no se entrecruzan en ninguna canción explícitamente hasta los años Noventa. En lo referido a la “lucha” por la legitimación del deseo lésbico, la Nueva Trova quedó a la zaga en el cancionero iberoamericano, con obras tan puntuales como hermosas cual “Mar y luna”, de Chico Buarque y “Mujer contra mujer”, de José María Cano.

Ciertamente, dichos tópicos no se entrecruzaron en la trova de la Cuba anterior a la caída del campo socialista; las que sí se mezclaron fueron las corrientes de la homofobia con algunos afluentes del sexismo, y ahogaron la voz que sin disimulos discursaría sobre el amor lésbico. Como islas quedaron flotando dos o tres temas referidos a los gays, islas habitadas solo por hombres.

Históricamente ha sido costumbre reiterada que el silencio inunde los contornos de la homosexualidad femenina. En la etapa republicana, la visibilidad de los “sodomitas” fue mayor y más temprana. Sin embargo, el tratamiento público de la identidad lésbica se inicia prácticamente con los artículos de la periodista feminista y comunista Mariblanca Sabas Alomá.

En 1928 escribía sobre el “garzonismo”: “En esta sociedad capitalista y burguesa, ya se sabe que no: pero en la otra, en la que ha de sustituirla, será posible exterminar estos tipos de decadencia.” [8] Aunque despojándolo de su cariz religioso, la autora no puede evitar el empleo del término “pecado”, ahora cargado de un matiz “cientificista”, más acorde con su ideología política: “Si el garzonismo es un pecado de lesa naturaleza, será preciso que todas las energías y todas las voluntades SANAS se concierten para destruirlo, para aniquilarlo.” [9]

Para la comunista —quien se integró a la Revolución Cubana hasta su muerte en 1983—, “El garzonismo tiene, como todos los problemas sociales, íntima conexión con el sistema económico deplorable e injusto que a esta organización sirve de base”.[10] A su juicio, esas circunstancias exteriores “no podrán ser modificadas sino por una acción social esencialmente revolucionaria (…) que proporcione nuevos cimientos a la economía…”[11] Por último, insiste en afirmar que “nuestras garzonas tropicales son el producto de pésimos sistemas educativos y de instrucción…” [12]

 

Evidentemente, presupuestos como estos, o cercanos, desembocarían, cuatro décadas después, en los planteamientos homofóbicos del 1er. Congreso Nacional de Educación y Cultura, efectuado en 1971. De tal forma, la educación y la instrucción se erigen como baluartes de la Revolución y la Nueva Trova —su banda sonora— les cantará. Así, por esa época, Sara González, la primera mujer en incorporarse profesionalmente al trabajo del Movimiento, compone su canción “De padres a hijos y junto a la Revolución”, con temática educativa: Vamos a estudiar, tenemos la idea clara. / Debemos entre los dos edificar el mañana (…) y hay que estudiar y trabajar…[13]

Solo que la vida y la historia no le dieron la razón ni a Mariblanca ni a otros muchos que como ella pensaban, y los gayos y lesbianas continuaron creciendo en esta tierra tropical y socialista. Aunque aún con muchos avatares, traspasaron el umbral del 2000, el idílico paraíso del hombre y la mujer nuevos.

Entonces, la propia Sara, en la primavera de 2011, sirve de anfitriona en su espacio El jardín de la gorda, de un memorable concierto trovadoresco contra la homofobia. Ella misma lo iniciaría interpretando —esto es: expresando de un modo personalísimo— dos canciones de Silvio: “Querer tener riendas” y (obviamente) “Acerca de los padres”, con lo que llevó a la Nueva Trova a sus esencias más sensuales, auténticas y humanistas.

En el invierno siguiente muere la neotrovadora por antonomasia. La cantautora se había dado a conocer al gran público en el “quinquenio gris” con una voz travestida que entonaba vehementemente “Un hombre se levanta” (tema del seriado televisivo Los comandos del silencio), de Silvio. Recientemente, con ese concierto, dedicaba sus últimos cantos a legitimar la opción homosexual a partir del prestigio y la admiración ganados, que hicieron posible que el periódico Granma la llamara “la voz de la patria” y que Fidel Castro abrazara públicamente a su compañera Diana Balboa.

Pero, como se sabe, este ambiente de mayor tolerancia se conformó a inicios de los Noventa, con los cambios socioeconómicos y políticos provocados por el derrumbe del campo socialista. Es en ese momento que, como advierte Yorisel Andino: “La trova aborda diversas problemáticas sociales: la prostitución, la emigración (…), el apagón, la marginalidad, la delincuencia, las desigualdades sociales. A modo, casi de disciplina sociológica, es entonces cuando también emerge el tema de la homosexualidad.”[14]    

A diferencia de la literatura, donde rápidamente algunas mujeres discursan sobre —y, a veces, también desde— lo lésbico (Ena Lucía Portela, Mercedes Santos Moray…), en la canción de autor las primeras obras —y, en general, la mayor cantidad— se deben a hombres.

Según mi investigación, los punteros en la temática bojeada son: Erick Sánchez, con “Niurka y Salima” (tema de 1993, que, a veces, cantaba en sus presentaciones) y Gerardo Alfonso, con: “Pero los días son veloces” (hasta donde tengo información, la primera de su temática en ser grabada, en el disco Sábanas blancas, de 1995), “Coincidencias” (publicada bajo el sello del Centro Pablo de la Torriente Brau, en 1999) y “Puestos inversos”, canción que no conozco, pues el propio autor, al preguntarle, la da como extraviada.

El hecho de que los varones hayan explicitado antes y más copiosamente el erotismo sáfico (y el gay), posee múltiples y complejas explicaciones, que van desde las propias particularidades del género trovadoresco —en el cual es preciso “desnudar el alma” ante el público frente al escenario, y ahí podrían aflorar el temor o el pudor de las “presuntas implicadas”—, hasta los ancestrales tabúes relacionados con el erotismo femenino.

Yamira Díaz: El hecho de que la mujer haya estado discriminada, haya sido relegada a un papel puramente doméstico de criadora de hijos (...), quizá hizo que los hombres dieran el primer paso

En torno a esto, la cantautora Yamira Díaz ha expresado: “Un poco tiene que ver con que los hombres durante mucho tiempo estuvieron a la delantera, tuvieron la oportunidad, era bien visto, era el sexo fuerte y dominante y se sentía en la libertad de decir cosas. El hecho de que la mujer haya estado discriminada, haya sido relegada a un papel puramente doméstico de criadora de hijos (…), quizá hizo que los hombres dieran el primer paso.”[15] Pero no se trató de cualquier hombre, ni de cualquier corriente musical de la Isla; fueron los “cantores de textos” los que se alistarían en esta vanguardia humanista a favor del lesbianismo.

 

Por ejemplo, en “Pero los días…”, Gerardo Alfonso poetiza sobre una imaginaria boda por la Iglesia de las protagonistas del tema. Las nupcias, no por quiméricas —sin “bendición de los pastores”—, dejan de resultar genuinas para las “cónyuges” y “mágicas” (sublimes) para el sujeto lírico del texto. En esta obra, como en su contemporánea “El pecado original” (1994), de Pablo Milanés, el amor más allá del deseo carnal, es esgrimido para ennoblecer el compromiso homosexual. Como Pablo (No somos Dios. No nos equivoquemos otra vez.), Gerardo censura la homofobia en el plano terrenal, humano: La cruz es fe, amor y muerte; pero los hombres son feroces.[16] Aquí también aparece el leitmotiv del pecado, pero la divinidad se muestra indulgente: El eco de un beso escondido / parece profanar la casa del Señor / Pero de los pecados humanos / solo los dioses perdonan el amor.

En oposición a este, más lírico y espiritual, el tono de “Coincidencias” es coloquial, “profano”, en la exposición de la relación sexual entre las mujeres: Yo tengo una amiga que vive / metida con otra en algo serio. / Amores que solo separa el cementerio.[17] Esa tonalidad se aviene perfectamente con el propósito de mostrar la vivencia lésbica como algo cotidiano, que no desentona, sino que “coincide” —como anuncia el título—con otras prácticas amatorias en el contexto epocal: Esplendor de los cuerpos desnudos. / Una vorágine de amantes en la cama, / derrumbando tradiciones. / Poesía de estos años duros, / símbolo de amor y de liberaciones.

Por su parte, en “Niurka y Salima, Erick Sánchez se aproxima a la cuestión desde una historia donde el sujeto poemático, hombre heterosexual conquistador con visos machistas, cuenta su frustración al no poder “penetrar” la pareja femenina. Pero esa frustración no deriva en violencia sino en creación: la propia composición de la canción a las lesbianas, deviene conjuro contra los deseos fracasados y canto al amor de estas. Aunque ellas no le dan ninguna brecha a sus intenciones, el hablante deseante no pierde las esperanzas, acaso, de un ménage a trois: Y siempre quise más que hacer una canción (…) Nunca se fue de mi mente / su aeropuerto con las luces apagadas. [18]

Quien sí logra consumar (y disfrutar y sufrir) un amor a trois es el alter ego de Frank Delgado en “Utopías, obra de inicios de los 90: y aunque ni pueda ser tu novio quiero tu amor a trois…[19] Aquí el objeto lírico es una activista de extrema izquierda, que lo mismo sostiene relaciones eróticas con varios hombres alternativamente, que gusta de las féminas, aunque no quiere que yo / sea el único hombre / que duerma en su cama. (…) Aunque seas feminista y te gusten las chicas / nada va a impedirme que te pueda amar.  Atendiendo a la visión más ortodoxa, esta mujer clasificaría como bisexual y no como homosexual. Por eso no incluí a Frank Delgado entre los primeros en encarar el tema; quizás debí haberlo hecho: las clasificaciones del deseo resultan engañosas.

Siguiendo con el propio Frank, él retoma el elemento del sujeto que pretende equívocamente “participar” —aunque solo tuviera que ser como observador o comentarista lenguaraz— en una convivencia sáfica plena, en “Angustias y Sagrario”, track del disco Mi mapa (2005). Existe un aspecto interesante en esta canción que no quiero dejar de mencionar: la aparición de un personaje cercano al tipo butch: Sagrario vuelve del trabajo /
enfundada en el mismo overol
(…) y Sagrario el militar (…) [20]  De tal forma, el mapa de Frank Delgado, aporta marcas notables a la cartografía de la diversidad sexual.[21]

 

Otro hito insoslayable en mi exploración por esta geografía lo constituye “Delicadeza”, de Carlos Varela (Siete, de 2003); por su belleza, nuestro equivalente cubano y tardío, pero igualmente hermoso, de “Mar y luna” o “Mujer contra mujer”. Si en la canción de Frank anteriormente comentada aparece la lesbiana viril, en esta la delicadeza define el encuentro sensual entre las amantes. Hipotéticamente, ellas podrían ser más o menos “femeninas”, pero el suceso amatorio en sí resulta valorado como delicado, bello y natural: Cuando una mujer besa a otra mujer, / tanta belleza, delicadeza, / se nos confunde con naturaleza / de mujer a mujer.[22]   

Me parece interesante que esta obra, de manera oblicua, se inserte en la larga tradición trovadoresca de cantarle a la belleza de la mujer, aun siendo ella lesbiana en este caso. Pareciera como si la unión lésbica duplicara la hermosura y sublimidad femeninas (tanta belleza, delicadeza). En consonancia con ese tono amplificado, se encuentran las hiperbólicas y sugerentes imágenes que conforman el texto: Se puede oír un alfiler caer / y a Dios toser (…) El cielo se puede romper / y el mar arder. Obsérvese cómo hasta Dios, con ese gesto de toser, se muestra delicado en su llamado de atención.

Y andando por estos caminos encuentro a Alguien en la esquina, disco de Niuska Miniet, editado por EGREM en 2008. El CD toma su título del primer verso de su primera obra, nombrada “Semejanzas”. Se trata de una canción manifiestamente homosexual, que al encabezar el fonograma, y aportarle su título, le impregna a todo este una perspectiva homoerótica. Perspectiva ya no solo observada desde lo ajeno, sino vivenciada sin solapas por “alguien” que es la propia autora: Hay alguien en la esquina que bien podría ser yo /
buscando en el espejo de alguien su reflejo
…[23]  

La metáfora especular, el cuestionamiento del conocido axioma físico: “No siempre en lo opuesto se encuentra razón”, la palabra “semejanza”: la misma incertidumbre/ de amar la semejanza de su yo, constituyen tópicos de la imaginería homoerótica, que la compositora reaprovecha para, en nombre del amor, como es típico en la Nueva Trova, incitar a la desarmarización: Y yo voy le digo que suelte su vuelo, / que no importa dónde se pone el amor. Pero esta incitación no es tanto social como psicológica, íntima, personal, lo cual otorga a la canción una mayor autenticidad, que la coloca como una de las más audaces legitimaciones del deseo homoerótico en la música cubana. El conflicto interno de una mujer lesbiana, que obviamente tiene tras de sí el conflicto de la sociedad con el sujeto homosexual, se expresa aquí de modo visceral: metido entre rejas, ahogado en el miedo.

Desde el punto de vista comunicativo intratextual, la autora construye un texto egotivo, con la primera persona del singular presentada como propia, que es cuando el yo explícito puede ser identificado con el autor real.[24] Niuska crea un sistema de espejos para observar su yo: el yo que incita, el alguien en la esquina, el alguien parado en su sombra, no son más que reflejos de ella misma, con sus dolores, deseos y razones.

Tanto un poco antes como después de la publicación de “Alguien en la esquina”, en la música cubana se han creado obras de tema abiertamente lésbico, lo mismo compuestas por hombres que por mujeres. Estoy pensando en Yusa, Jade, Roly Berrío, Adrián Berazaín…, por solo mencionar los más cercanos a la trova. Sin embargo, en la historia de la Nueva Trova y su visión humanista de la homosexualidad, este disco viene como a cerrar un círculo natural de evolución. Niuska Miniet, ex-miembro del MNT, representante de la generación de los Ochenta, asesta un duro golpe a la homofobia, cuestionada por la Nueva Trova desde su surgimiento. Comprobarlo ha sido el objetivo de mi recorrido, del itinerario; aprovecho esta hermosa esquina trovadoresca para salir. 

 

Notas:  

1.- Elizundia, Alicia: Yo soy una maestra que canta. Ediciones Unión, La Habana, 2001, p.137.

2.- Ibídem, p. 140.

3.- Estos son los primeros versos de una de las elegías más hermosas de la trova cubana: Si me falta tu sonrisa, de Liuba María Hevia, compuesta a la muerte de su amiga Ada Elba Pérez; más adelante canta: … en un beso que te esconde. / Sin tu amor la vida se demora…

4.- Soca Pascual, Iván: Trovadores, instantáneas de Iván Soca Pascual. Editorial José Martí, La Habana, 2009, p. 79.

5.- López Sánchez, Antonio: Amores semejantes detrás de las guitarras. http://www.lajiribilla.co.cu/2008/n368_05/368_08.html

6.- Rodríguez, Yaiset: Del amor y sus trabas en tiempos de trova. Trabajo de Diploma, Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana, 2005.

7.- Gómez, Jorge (Comp.): Canciones de la Nueva Trova. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1981, p. 96.

8.- Sabas Alomá, Mariblanca: Feminismo. Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2003, p. 107.

9.- Ibídem, p. 111.

10.- Ibídem, p. 116.

11.- Ibídem, p. 120.

12.- Ibídem, p. 119.

13.- González, Sara: De padres a hijos y junto a la Revolución. Del archivo sonoro digital personal del autor de estas líneas. 

14.- Andino, Yorisel: Cuidadito, compay gallo. Homosexualidad y polémica a través del texto de la música popular cubana. http://www.esquife.cult.cu/primeraepoca/revista/66/08.htm

15.- López Sánchez, Antonio: Op. Cit.

16.- Alfonso, Gerardo: Pero los días son veloces. Texto enviado en un correo electrónico por el autor.

17.- Alfonso, Gerardo: Coincidencias. Texto enviado en un correo electrónico por el autor.

18.- Sánchez, Erick: Niurka y Salima. Texto enviado en un correo electrónico por el autor.

19.- Delgado, Frank: Utopías. Del archivo sonoro digital personal del autor de estas líneas.

20.- Delgado, Frank: Angustias y Sagrario.    

http://www.cancioneros.com/nc/4472/0/angustias-y-sagrario-frank-delgado. 

21.- En este disco aparece también una canción titulada Travestis.

22.- Varela, Carlos: Delicadeza. Del archivo sonoro digital personal del autor de estas líneas.

23.- Miniet, Niuska: Semejanzas. Del archivo sonoro digital personal del autor de estas líneas.

24.- Para clasificar la primera persona como propia se hace necesario recurrir también a consideraciones extratextuales, que extraigo de conversaciones con la compositora.

 

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