Actualizado el 19 de junio de 2015

Cruzando la línea de fuego

Por: . 15|6|2015

 Luis Suárez. Nada mejor que ayudar a necesitados para aliviar los impuestos que deben sortear jugosas ganancias. Gracias al palmarés futbolístico, Luisito y su recompensa humana tienen asegurado un bálsamo espiritual en solitarias montañas.

Pitazo inicial

Tiene cara de conejo asustado. Nada indica que sus piernas y cabeza valgan millones de euros. Neutraliza las provocaciones de reporteros sensacionalistas mediante pausas y murmullos triunfalistas. A la hora del recuento, simboliza al luchador sobreviviente de encarnizados combates en plazas hostiles. Fuera de la jauría competitiva, representa la ternura hija del vigor indomable: instinto animal tratando de recuperar la razón. Quien ignore su pasado, diría que es incapaz de frecuentar el canibalismo deportivo.

Luis Suárez se mueve junto a los rancheadores del Barca como perro de caza-casa. La caza-casa es el tridente que forma junto al dueto Messi-Neymar Jr. También es la mano dura de su tocayo director técnico Luis Enrique, quien puede sustituirlo cuando lo estime conveniente. Luisito aprende a mirar las grúas que sobrevuelan el Camp Nou: abandona el campo de batalla y saluda a Pedro sin tirarle muecas a la cámara, que lo sigue hasta llegar al banquillo. Allí Lucho se muerde la lengua y se echa un pomo de agua en el cogote.

 Tarjeta roja

A punto de cruzar el mediocampo, Luisito mordió a Giorgio Chiellini en la Copa de Brasil 2014. Ya lo había hecho antes, y la FIFA lo sancionó en condiciones de reincidente. Como saldo mundialista, el hombro cortado del italiano apenas sirvió de nada. Escandalillo y sanciones para reivindicar el carácter de los tribunales deportivos. Sin embargo, fue investido por el presidente José (Pepe) Mujica como un héroe popular: el David charrúa desafiando al Goliat transnacional merecía el apoyo de sus hinchas. Moraleja: detrás de cada vuelta al nacionalismo periférico se agazapan resbalones de audaces alpinistas.

 Fuera de lugar

Sofía, Luis, Delfina y Benjamín juguetean en el hielo. La familia Suárez-Balbi retoza en la nieve, olvidando el trayecto que les permite fugarse sanamente de la realidad. Los cuatro sonríen y se dejan caer en la pulcra superficie. El ruido de los estadios cede ante el clic de una cámara en manos confiables. Luis Suárez y Sofía Balbi podrían tener una numerosa prole carnal o adoptiva. Nada mejor que ayudar a necesitados para aliviar los impuestos que deben sortear jugosas ganancias. Gracias al palmarés futbolístico, Luisito y su recompensa humana tienen asegurado un bálsamo espiritual en solitarias montañas.

 Tiro libre

El 11 de julio de 2014, el Barcelona FC y el Liverpool FC acordaron el traspaso del delantero uruguayo, tras firmar un contrato por cinco temporadas. Las cifras del canje no trascendieron, aunque entendidos en la materia calculan que la operación rondó los 80 millones de euros. El trasfondo económico del fútbol es un enigma para conocedores y fanáticos, quienes terminan por ignorar el silencio como trampa de un negocio falsamente público. Pero el engaño es tan vital como respirar. Luis Suárez personifica un hálito esperanzador para millones de seres planeando a ras de tierra.

Luisito no aparenta ser tan arrogante como Zlatan Ibrahimovic´, Cristiano Ronaldo o Gareth Bale. Tampoco es un fibroso y veloz pavo real robando flashazos, despreciando a sus rivales o posando semidesnudo para Vogue. Es un milagro que Lucho deteste las “individualidades de marquesina”. Parece imposible conservar la humildad rodeado por una aureola de éxito semejante.

 Saque de banda

La guerra como entretenimiento. El deporte universal como banalidad morbosa. Prolongación moderna del Coliseo Romano. Sangre, sudor y lágrimas flotando en el ciberespacio. La verdad de las mentiras futbolísticas tiene a Luis Alberto Suárez Díaz entre sus gladiadores de marca.

Forcejea, pega, le grita “negro” al defensor franco-senegalés Patrice Évra. Lo culpan de abuso racial. Después, el polémico atacante aseguró que fue una mala interpretación. En su autobiografía Cruzando la línea, Suárez recuerda: “Todo vino porque me llamó sudamericano”. En el entretiempo de otro duelo Manchester United vs. Liverpool, Évra intentó agredirlo por la espalda. Al final, cuesta distinguir al verdugo y su víctima.

Aquel muchacho que trabajó como barrendero municipal en Montevideo hoy es otro fulgor rodante del laboratorio atlético, concebido para la seducción masiva: un corazón fundido en hierro capaz de la piedad. “Si atiendes a los doctores, yo te llevaré una camiseta”. Así le prometió Suárez a un niño con cáncer que disfrutó una “sorpresiva” videollamada.

La familia de Mateo solicitaba los consejos de un médico autorizado a través de la Fundación Pérez Scremini y sucedió el “equívoco”. El terapeuta elegido era el puntero del Barca. Las palabras de leyendas vivientes alcanzan el milagro de cimentar quimeras. Ya Mateo puede soñar con pararse frente al espejo, vistiendo una camiseta obsequiada por el número 9 azulgrana. Si hay ilusiones que matan, ésta podría atenuar la tragedia del fin.   

 Prórroga 

Chiellini se lesionó un tobillo días antes del partido decisivo. Évra no pudo quejarse de nuevos insultos. La Juventus perdió la quinta final de Champions en los últimos años frente a un Barca que tuvo a Luis Suárez entre sus goleadores oportunos. A Lucho se le dobló la rodilla y le pidió a Luis Enrique que lo dejara seguir. En los minutos agregados, otro encontronazo facilitó la entrada de Pedrito o Torpedro, como prefiere que le llamen.  

Adolorido y feliz, Luisito goza la victoria exhibiendo sus “colmillos inocentes” mientras soslaya la presencia de sus abatidos contrarios. No hay intercambio de camisetas. A nadie le interesa saber perder. Eso denota los semblantes de guerreros líderes de la Juve como Andrea Pirlo y Gigi Buffon. De nada valen sus longevas y respetables historias. Ellos se niegan a cumplir la Edad de la Conformidad. La revancha se anuncia. Solo que esta vez no hubo mordidas ni agravios a cambio de expulsiones o sanciones como honras mediáticas.

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