Actualizado el 25 de septiembre de 2015

¡La crítica! ¿Y eso se come?*

Por: . 16|9|2015

La crítica —vista como fuente de aprendizaje—, con esa manía suya incontrolable para argumentar la existencia de ser una manifestación a posteriori, ha de robar toda la percepción del lector que necesita entender lo que está leyendo...“¡La crítica!, ¿y eso se come?”, me espetó sin reparos un compañero de evento, con esa expresión de asombro y desconcierto que lo embarga a veces a uno, ante el hecho de creer o no creer en ese ejercicio de civilidad que es el gesto siempre estoico de manifestar nuestro criterio. “No se come pero nos traga”, le respondí entre mordaz y cínico, pero el intercambio de expresiones se me quedó haciendo de las suyas; y por momentos, perdida la mirada en el espantoso, nutricio y fructífero vacío, arbolaba algunas mínimas ideas siguiendo las pautas de esa discutible orfandad que nos asecha, y entre latencia y resonancia pude asirme a estas palabras.

La crítica —bien mirada— me recuerda dos versos de la célebre canción de Pablo Milanés El breve espacio en que no estás, me refiero a cuando el cantor dice que  “ella” “suele ser violenta y tierna”, y el otro responde justamente al propio título, porque viene acompañada de ese velo inasible que es el ser y el estar. Una feliz dicotomía que se permite uno de nuestros más controversiales géneros literarios, con permiso de quienes no consideran la crítica literaria como tal.

La crítica —náufraga de sombría sed—ha de ofrecer iniciativas para la interpretación con una artesanía sistemática, con un herramental capaz desaciar las apetencias de los lectores incrédulos por un lado, y de provocar o inducir la duda de los crédulos por el otro; desde esos dos extremos habita ella misma la in-conformidadque le permita divergir de su propia perspectiva. Autorregenerarse, como cuando el azadón del labriego cercena a la lombriz(permítaseme la imagen aparentemente escatológica) y esta es capaz de renovar su cabeza o su cola, según se trate para cada fragmento.

La crítica —según la entiendo— ha de hacer cuestionamientos cualitativos y ofertas cognitivas amparadas en una labor taxonómica ininterrumpida, desenfadada y animosa para que los lectores/espectadores puedan alcanzar una orientación que les permita hacer una selección, estéticamente hablando,  progresiva a la hora de “deslindar entre experimentación e impostura, popularidad y populismo, profundidad y disparate” para decirlo con palabras del poeta y ensayista Roberto Méndez.

La crítica —vista como fuente de aprendizaje—,con esa manía suya incontrolable para argumentar la existencia de ser una manifestación a posteriori, ha de robar toda la percepción del lectorque necesita entender lo que está leyendo, en aras de comprender lo que ha leído y metabolizarlo para luego incorporarlo a su saber; una especie de enzima que ayude a catalizar y regular justamente ese proceso de asimilación-transformación que proporcionan el consumo de literatura y arte en general.

La crítica —a modo de discrepancia subyacente en su propia naturaleza—, a diferencia de la poesía, ha de proveer al lector/espectador de un mínimo indispensable de respuestas con las cuales hacer la travesía por la obra artístico-literaria como un salvoconducto para mostrar al canon establecido. Pero en todo caso, crítica e intolerancia son como el aceite y el vinagre.

Por qué no asimilar la crítica como prácticaciudadanaimprescindible para vivificar como un rapto, un pacto y un acto para el ejercicio de la expresión autónoma del juicio para discernir ¿por qué no?, lo bueno de lo malo. A riesgo de quedar(nos) en el friso de la subjetividad y “al borde de un ataque de nervios”, con el compromiso del propio riesgo que entraña, a través de la crítica, desear discernir nuestra literatura, nuestro arte, como un adeudo y un aporte a/de otras literaturas, a/de otras artes con las que históricamente cohabitamos en muchas ocasiones, sin hacer siquiera congruencias de tipo estético.

Por qué no asimilar la crítica como práctica ciudadana imprescindible para vivificar como un rapto, un pacto y un acto para el ejercicio de la expresión autónoma del juicio para discernir ¿por qué no?, ...Creo en la crítica como evangelio para el entendimiento humano, sobre todo desde la inconformidad que ella presupuesta, para zanjar deudas proscritas con/en el pasado, pero —como nos aconsejara Víctor Fowler hace algunos años en un panel precisamente relacionado con el estado de la crítica en Cuba—“ir introduciendo pequeñas bocanadas de futuro que nos permitan sentirnos parte de un contexto que, —semánticamente hablando— se mueve, se expande sincrónica y diacrónicamente, pragmática y socialmente.

* Palabras escritas al calor del Encuentro de Revisteros en Caibarién,  Villa Clara, efectuado los días 27 y 28 de noviembre del 2014 y para el panel dedicado a la crítica literaria en nuestras respectivas revistas culturales.

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