Actualizado el 24 de febrero de 2016

Editores de Cuba y Estados Unidos:

Las buenas intenciones…

Por: . 22|2|2016

Durante dos días (lunes 15 y martes 16 de febrero) estuvieron confinadas en el Hotel Memories Miramar las delegaciones compuestas por alrededor de 40 personas en cada bando, quienes expondrían sus intereses particulares con este encuentro. —Nos anima el espíritu de Imagine —introdujo así su intervención John Malinowski, presidente de la organizadora de ferias y exposiciones de libros  Combined Book Exhibit, mientras señalaba el título de la célebre canción de John Lennon que aparecía encabezando el cartel promocional de la “US Publishing Mission Havana Book Fair”.

—Estamos colocando hoy el primer ladrillito de lo que podría llegar a ser un gran edificio —fueron las palabras inaugurales que pronunció Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, en una cita inédita por los más de 50 años que se prolonga el diferendo entre la pequeña isla caribeña y su gigantesco vecino del Norte.

Durante dos días (lunes 15 y martes 16 de febrero) estuvieron confinadas en el Hotel Memories Miramar las delegaciones compuestas por alrededor de 40 personas en cada bando, quienes expondrían sus intereses particulares con este encuentro.

Estados Unidos desembarcaba con una legión de líderes de sus más importantes empresas del sector editorial: Cevin Bryerman y Calvin Reid, de Publisher Weekly, “la biblia del negocio de los libros”; Larry Downs, por Harper Collins, la segunda editorial más grande del mundo; Jon Quatrocchi, de la editorial de libros infantiles Albert Whitman; Mark Coker, fundador de Smashwords, la plataforma on line que capitanea el universo de la auto-edición y la distribución de libros electrónicos; Joe Mathews y Diana Calice de Independent Publisher Group, junto a miembros de otros grandes distribuidores como Baker and Taylor y Hummingbird; además, agencias de representación como la Asociación de Editores Americanos y Cranbury Internacional LLC (para el libro científico); PromoLatino, entidad del marketing y las relaciones públicas; y hasta la revista de farándula People en Español.

Del lado del país anfitrión concurrieron dirigentes de una muestra variopinta de actividades, instituida en representación de un sector editorial que involucra a cerca de 170 instituciones cubanas. Participaban Ediciones Unión y Letras Cubanas (principales a nivel nacional para escritores del patio), Arte y Literatura (de las letras universales), Gente Nueva (por los libros infanto-juveniles); las editoriales Universidad de la Habana y Félix Varela (en la producción académica y del ámbito educativo); Ediciones Matanzas, La Luz, Oriente y otros sellos de las llamadas publicaciones territoriales; Editorial Caminos (a nombre de la comunidad religiosa); la Agencia Literaria Latinoamericana (como única agencia local de representación); el Centro Dulce María Loynaz (para las acciones de promoción); mientras que por el emergente espectro del libro digital acudieron Cubaliteraria y los proyectos alternativos Isliada y Claustrofobias.

Protagonizada por las instituciones de Cuba, la primera jornada se sirvió en bandeja para que los visitantes recibieran un bosquejo del funcionamiento del entorno editorial cubano, de sus debilidades y fortalezas, y de sus intereses mayores a propósito del encuentro: “internacionalizar la literatura cubana”, hallar una puerta de acceso para que el libro producido en la isla se adentre en el mercado norteamericano; y también propiciar un flujo en el sentido inverso, que facilite el contacto del lector de la isla con esa literatura estadounidense del último medio siglo y la actualidad, que le resulta casi desconocida.

Los paneles del segundo día reciprocaron el gesto y entonces los invitados prodigaron hacia los nativos una visión general del mercado de libros en Estados Unidos. Bajo el auspicio de que hay una pasión por la cultura cubana y un interés por el conocimiento de la isla entre los estadounidenses y la enorme masa de inmigrantes de origen hispano, los exponentes norteños aseguraron que habría oportunidades de intercambio y negocios.

Fuera de las sesiones, en los ratos de descanso, hubo chance para el contacto cara a cara. Entre los buches de café y conversaciones informales se dio el reconocimiento mutuo, que daba fe de lo expuesto sobre las mesas.

Para certificar el final feliz quedó un memorandum of understanding o carta de intención entre las partes, donde “conscientes de que los públicos lectores tienen derecho a disfrutar de las obras literarias, artísticas y los productos del conocimiento de los dos países”, porque estos son “instrumentos básicos para apoyar los procesos de desarrollo humano y las buenas relaciones entre las naciones” y “con el objetivo de impulsar las relaciones de acercamiento y cooperación entre Cuba y EE.UU. en el campo editorial” se establecieron una serie de acuerdos congratulados por “el espíritu de cordialidad y respeto mutuo” mantenido durante el encuentro.

Entre los términos del pacto se estableció la presencia de libros cubanos en la BEA (Book Expo America), a realizarse en Chicago en mayo próximo, así como la consolidación de las exposiciones de libros norteamericanos en las venideras Ferias Internacionales del Libro de La Habana. Igualmente se abogó por el establecimiento de un intercambio anual entre editores, distribuidores y agentes literarios de Cuba y Estados Unidos sobre temas específicos del sector.

Pero buenas intenciones aparte, para imaginar ese puente de libros entre ambos países, tendría que retirarse ese escollo que el ángulo de Cuba llama Bloqueo y desde USA se le dice “embargo”. Porque más allá del diferendo terminológico, hay cláusulas legales y verdaderas que frustran un desempeño financiero normal y el necesario flujo de las importaciones y exportaciones.

En tal sentido, se manifestaron los visitantes dispuestos a colaborar. Mark Coker, el Smashwords CEO, alegó haber iniciado una recogida de firmas para elevar a instancias gubernamentales una petición a nombre del universo editorial estadounidense, que aligere las impedimentas “al menos para la posibilidad del intercambio de libros y productos culturales”.

La concreción parecería promisoria dado el contexto actual de acercamiento y búsqueda de entendimiento entre los dos países. Más por ahora la bola, como suele decirse, todavía queda en el aire.

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