Actualizado el 23 de marzo de 2016

112 Escalones

Por: . 20|3|2016

Santiago de Cuba está muy cerca del sistema de falla transformante Bartlett-Caimán, en el límite de las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe. Que me dé tiempo… Que me dé tiempo… Las palabras la recorren, la tuercen… Que me dé tiempo… La palabra es su amuleto. La pronuncia sin despegar los labios, la evoca. Es su asidero… Que me dé tiempo, repite. La palabra la acompaña. Se envuelve en ella.

El primer temblor podrá sorprender, pero la réplica no la toma sentada. Lupe no va sola en su descenso. Van su esposo y sus dos hijos. Va su tía de 89 años. La anciana baja con sus propios pies, baja cargada, baja como puede. Desde el séptimo piso a la salida, son 112 escalones. Los ha contado. En semejantes circunstancias, a nadie se le ocurre acudir al elevador.

Lupe vive en el edificio El Jigüe de 18 plantas, Avenida Victoriano Garzón. En Santiago de Cuba.

Edificaciones como esta responden al sistema constructivo conocido por IMS, diseñado para resistir sismos severos. Hay pruebas de ello en otras geografías; pero solo quien ha pasado un terremoto a semejante altura, puede describir esa impresión:

“Cuando tiembla, siento como si me estuvieran halando por los pies, siento escalofríos en el estómago. Me entra una desesperación inmensa. Es una sensación extraña: como si sacaran una persona de mi cuerpo y pusieran a otra en su lugar”.

...rumbo al polígono del Centro Escolar 26 de julio, el otrora Cuartel Moncada.No es una escena literaria. No es un cuento. La realidad acaba poniéndole cola a la ficción. Lupe duerme vestida, siempre alerta. Apenas se afloja un poco por aquí y por allá. Los zapatos, cerca. Son muchos los temblores que ha pasado entre estas cuatro paredes, desde que vive aquí, en 1986.

“Desde el 17 de enero, no he podido dormir a pierna suelta. Con esa actividad sísmica tan anormal, con este enjambre de temblores, el miedo se me ha triplicado. Sé que aumenta la posibilidad de un terremoto fuerte. Desde entonces, he dado muchos cabezazos en el balance de la sala, o duermo en un cantico de la cama. Siempre pienso que si me coge dormida profundamente, no me va a dar tiempo a salir del edificio”.1

Me enseña el bolso en la puerta, el bolso de los temblores. Le echa mano en un santiamén. Va edificio abajo. Sábanas, toallas, pastillas, agua. También un silbato. Hubo risas, cuando lo probó muchos se rieron; pero ella ha visto por televisión cuanta gente ha podido ser rescatada de las ruinas de esa manera. Cumple las orientaciones que se repiten, por los especialistas, por la radio y la televisión.

Ha leído mucho en esta vida, mucho sobre sismos. Hace tres décadas se graduó como filóloga en la Universidad de Oriente y forma parte del equipo de corrección del periódico Sierra Maestra. Ha tenido que revisar, recomendar y autorizar reportes, crónicas, reportajes sobre los terremotos en su natal Santiago. A estas alturas puede hablarte como experta en términos de magnitud, de intensidad, de epicentro…

Y los cristales queriendo saltar de sus molduras, los cables eléctricos danzantes, las paredes estoicas.Puede hacerte la historia de grandes terremotos de Santiago de Cuba, los de 1766, 1852 y 1932. Incluso ha tenido acceso a una verdadera rareza: un poema en octavas reales, conocido bajo el extenso nombre: Trágica descripción que bosqueja la momentánea lamentable desolación de la muy noble, y muy leal ciudad de Santiago de Cuba, causada por el horrendo terremoto. Acaecido a las once, y cincuenta y mas minutos de la noche del Miércoles once de Junio de mil setecientos sesenta y seis, del presbítero Miguel Joseph Serrano.2

Parece una antigualla. Lo es. Sin embargo, la tierra indómita siempre refresca la memoria. Por eso también se ha leído de arriba abajo el libro ¡Misericordia! (Editorial Oriente, 2014) de la Historiadora de la Ciudad, la doctora Olga Portuondo Zúñiga, que aborda los cataclismos de la región desde los tiempos fundacionales. Escudriña sus páginas buscando respuestas.

Santiago de Cuba está muy cerca del sistema de falla transformante Bartlett-Caimán, en el límite de las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe. De ahí que el Oriente sur sea la zona más sísmica del archipiélago cubano. A veces se olvida que las aledañas provincias también sienten los efectos. Guantánamo se transforma en la “otra ciudad de los temblores”, de la que casi nadie habla.

Los santiagueros tenemos un “doctorado en terremotos”. Eso nos parece a los que trabajamos, sufrimos, soñamos en esta ciudad. A los que tenazmente seguimos pidiéndole a Cachita (la Virgen de la Caridad del Cobre), subiendo y bajando las calles empinadas, aferrados a su sol y a su música, a pasados heroísmos y a heroísmos cotidianos. Un “doctorado en terremotos”, eso parece, pero siempre hay capítulos por escribir, páginas en blanco…

Bien, pero no dilatemos más, que hemos dejado a Lupe en la escalera del edificio. Sigámosla. Los 112 escalones no se recorren en un abrir y cerrar de ojos. Eso tiene su estrategia. Con apremio, pero con calma. Y cuando accede por fin a la calle, ¡por fin!, ha dejado la mitad de sus nervios en cada escaño.

Se impone entonces tomar un descanso. Un breve, pero imprescindible descanso. Todos respiran. Toca ahora alejarse de las grandes estructuras, paredes y tendido eléctrico Y de ahí, poner rumbo al polígono del Centro Escolar 26 de julio, el otrora Cuartel Moncada. Entran por la Posta Tres, por la mismísima puerta de la historia.

”Solo una vez que llego allí, a este espacio libre que nos queda cerca, me siento segura. Allí permanecemos unas horas o hasta el otro día, hasta que todo pasa. Volvemos cuantas veces sea necesario. En la mente, el temblor no se apaga fácil. Uno siente que sigue temblando hasta muchos días después.”

En otras partes, los parques y las plazas de la ciudad se llenan de gente de todas las edades, de familias enteras, de bultos. El parque Céspedes, el parque Abel Santamaría, Plaza de Marte. La gente busca descampados y plazuelas en las urbanizaciones, en los distritos, en los poblados, en las “ciudades-dormitorios” que rodean al centro del municipio más poblado del país.

Impresiona semejante paisaje, pero no es la primera vez. El sábado 20 de marzo de 2010, la ciudad vivía el Festival de la Trova Pepe Sánchez, a poesía y guitarrazo limpio; mas la naturaleza tenía su propia música…

Los santiagueros tenemos un “doctorado en terremotos”. Eso nos parece a los que trabajamos, sufrimos, soñamos en esta ciudad. Un movimiento de 5, 5 grados en la escala de Richter sacudió el lugar, a las 2.08 minutos de la tarde. El más fuerte de los años recientes. Y los cristales queriendo saltar de sus molduras, los cables eléctricos danzantes, las paredes estoicas. Algunos creyeron que era “El Terremoto”, el grande, el que dice la memoria popular que vendrá. Vaya el número a las estadísticos sismológicas; para quien está dentro, cada segundo es un siglo.

Recuerdo el rostro de Lupe aquel sábado telúrico. Recuerdo su mirada. Le ayudé. Pretendí darle ánimo, darme ánimo en el descampado de la Ciudad Escolar 26 de julio. Incluso ensayé un chiste; pero ese día yo también bajé los 112 escalones, yo pedí como ella… Que me dé tiempo… Que me dé tiempo…

NOTAS

1. El 17 de enero de 2016, a las 1:37 AM, se registró en Santiago de Cuba un sismo de 4,8 grados de intensidad. Y ese mismo día sobrevinieron otros nueve movimientos telúricos, el más fuerte de 5,0 grados a las 3:30 de la madrugada. Durante varias jornadas siguieron los movimientos (perceptibles e imperceptibles), lo que especialistas del Centro Nacional de Investigación Sismológica (CNAIS), con sede en el propio Santiago de Cuba, calificaron como “situación sismológica anómala”.

2. Se ha modernizado la ortografía de la época. El volumen, una joya bibliográfica, fue devuelto a la luz en 2009 en edición facsimilar por el mexicano Frente de Afirmación Hispanista, bajo el nombre El terremoto de Santiago de Cuba en 1766. Impreso inicialmente ese propio año en México, según el investigador León Estrada (autor del prólogo), pudiera constituir este el primer poema publicado de tema y autor santiaguero.

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