Actualizado el 17 de mayo de 2016

Subcomandantes

Por: . 16|5|2016

De izquiera a derecha, Milena Recio (Periodista), Omar Olazábal (Vicepresidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión), Elio "el Transportador del Paquete", Robin Pedraja (Editor principal de Vistar Magazine) y Fidel Díaz Castro (Director de la publicación El Caimán Barbudo).I. EL SUBCOMANDANTE STATHAM

Una extraña combinación entre el Subcomandante Marcos y Jason Statham en Transporter. Así es el tipo que voy a ver.

Abro el portón oxidado de una entrecalle cercana a Infanta. Camino por un corto y angosto pasillo techado. En las paredes hay tuberías, cables, enredaderas, medidores del consumo eléctrico. Silencio. Humedad. Menos de una decena de pasos y llego a una explanada. Fuente sin agua al centro. Alrededor, dos pisos de recodos y escalones inventados enlazan cuartos dentro de los cuartos. Parecen clonados en Photoshop.

Temo ser la única sobreviviente de un apocalipsis zombi. Ni moros en la costa ni cristianos en el desierto a las diez de la mañana. Sostengo el papelito con la dirección. Es inútil. Necesito llamar al Subcomandante Statham. Respiro profundo y abro mi bolso de Mary Poppins. “Un día sacaré una claria de aquí”, susurro. Encuentro el móvil y, cuando estoy a punto de marcar, rechina el portón oxidado. Miro hacia atrás. Alguien entra.

***

Cuando empecé a buscarlo en serio ya había gente escribiendo sobre él. Elio el Transportador formaba parte de una mitología creada en torno a “los paqueteros”. Una infografía publicada en la web de OnCuba en julio del 2014, calculaba que movían una cantidad exorbitante de dinero cada semana. La especulación era habitual. Se habló de millones. ¿Eran capos? ¿Capos de la información?

Iba a ser el tema del año hasta que el 17/D (dicho sea a la moda) puso a rebotar las pupilas entre La Habana y Washington. Pero a inicios del 2014, la resonancia del Paquete era creciente.

Seis años atrás, la idea había sido facilitar música a los DJs de provincias. Colaboraban menos de diez personas, no todas de La Habana. Gradualmente, fueron incluyendo audiovisuales y cada uno empezó a elaborar compilaciones propias.

Elio se dedicaba a transportar los contenidos, de ahí el sobrenombre. Ahora es una de las matrices dedicadas a la gestión del Paquete Semanal. Un Jason Statham dentro de su película, inmerso en una red informal de experiencias con audiovisuales, música, información, software, aplicaciones… donde todos pueden ser subcomandantes, según condiciones y capacidades específicas.

Tal vez por eso decrecía mi interés en los supuestos genios creadores. La pregunta insistente, la búsqueda obsesiva y el aliento místico-amarillista en torno al “autor” del Paquete, se me transfiguró en el rumor de una indiferencia, siguiendo a Foucault. Era, otra vez, la indagación famosa: ¿Quién mató al Comendador?

El tema generó artículos y opiniones de personalidades. A uno de los paneles convocados para debatir al respecto, Elio asistió y fue presentado como “el hombre del Paquete”. Vestía un pulóver con la imagen de La Gioconda, acaso un guiño para recordar que nada debe tomarse demasiado en serio.

Aquel flaco ansioso, de unos veintitantos, no me parecía “Él”. Yo esperaba dos versiones posibles. Una con tatuaje, diente de oro y resultados palpables de constancia en el gimnasio. La otra era un nerd con acné permanente y espejuelos grandes como lupas viejas. Los estereotipos se burlaron de mí. El Subcomandante Statham —mi denominación secreta de Elio— gustaba de caminar entre la fama y el anonimato. Tal vez su juego con lo oculto haya sido –sea— un medio para alcanzar notoriedad. El secreto y lo prohibido conquistan. El reconocimiento público genera, al mismo tiempo, un vértigo incontrolable.

Cuando terminó el panel perdí de vista al Subcomandante. Entonces imaginé su escape (yo lo hubiera hecho en su lugar). Sacrificaría mi posibilidad de negociarle un tiempo a solas, por un momento tan cinematográfico como una fuga.

Apareció por una esquina. Había ido al baño simplemente. Un enjambre lo abordó de nuevo. Conseguí sus teléfonos y una aspiración de entrevista. Lo contacté un par de meses más tarde. La explicación de cómo llegar a su casa me sirvió hasta el portón oxidado.

***

El angosto pasillo techado es una eternidad para la señora bajita y de canas. Parece no saber mucho. De todos modos me arriesgo.

—Buenas, estoy buscando a Elio. ¿Sabe dónde vive?

—¿Elio?

—El muchacho del Paquete —le dije, con dudas.

—Ahh, ya… —Y con una soltura impensable para quien la viera caminar por el pasillo, me indicó seguir recto, luego tomar izquierda hasta una escalera y volver a doblar. Tercera puerta a la derecha. Estaba a punto de emprender un viaje al interior del Guernica.

Es increíble cómo la gente se distribuye el espacio, cómo existen y se multiplican habitaciones. La arquitectura habanera tiene más elasticidad que un chicle y más posibilidades de expansión que el universo.

Finalmente descubro la puerta de madera tras una reja. No hay timbre, por suerte. Les tengo fobia, para mí son una vía directa a la electrocución. Un simple toque a la antigua. Menos mal.

Entro a un lugar pequeño. Puntal alto. Recibe la cocina con tendederas, ropa colgando y una abuela que lava. Después sala, televisor enorme y partido de fútbol. Dos muchachos, también enormes, capaces de generar toda la algarabía del Bernabéu en plena Liga de las Estrellas. Son los hermanos del Sub Statham. Escalera de caracol. Mesa de madera. Laptop y varios discos duros externos.

Uno de los muchachos lo llama. Aparece buscando algo para el estómago, “eso que hace globitos en el agua”. “¿Alka Seltzer?”, le ayudo y la abuela que lava finalmente comprende.

El Subcomandante Statham me transporta a otro lugar. Es una habitación silenciosa, mucho más organizada que la anterior: PC de escritorio, sofá y dos butacas.

Me invita a acomodarme. Abre una ventanita de una sola hoja, casi pegada al techo. Entra la luz. Ya sentado frente a mí, está dispuesto a hablar.

—Para convertirse en distribuidor lo primero es tener una buena computadora y al menos cinco o seis discos duros.

Cualquiera con estas condiciones puede convertirse en distribuidor, pero no necesariamente en “matriz”. En este momento (febrero del 2015) él conoce la existencia de dos. Según explica, las matrices se relacionan directamente con los proveedores de contenidos; clasifican y organizan en las carpetas y secciones. El Subcomandante Statham habla bajo. Tiene piernas intranquilas, de movimientos cortos, rápidos, incesantes, como si precisara acción todo el rato.

—No nos metemos en política. En primer lugar, defendemos el país y nuestra intención no es hacer daño. Sí ponemos informaciones puntuales de lo que a la gente directamente le pueda interesar.

En ese afán de separación de lo político, es relevante el carácter informal de las redes, además del rango de permisibilidad por parte de las autoridades. Al identificar el Paquete Semanal con el entretenimiento, en el escenario público se ha debatido desde la apreciación de la cultura y su incidencia en la formación de valores, patrones de consumo y reproducción social.

—Tampoco ponemos nada de pornografía. Queremos que la gente lo vea como un Internet —que no lo es, y tampoco pretendemos que lo sea—, en el sentido de que tú estés buscando algo, o quieras ver algo, y lo encuentres —explica el Sub—. El Paquete está funcionando como agencia publicitaria, como una vía para promocionar a los cuentapropistas que no saben cómo ni dónde darse a conocer. En dependencia del pago, lo ponemos en las carpetas más vistas y lo repetimos.

2-	Anuncios publicitarios de negocios insertados  en uno de los cortos “Hola Soy Germán”.Al ampliarse en el país las opciones para establecer pequeños negocios privados, los conocidos como “trabajos por cuenta propia”, la necesidad de promoción se fortalecía. Las Páginas Amarillas de ETECSA ofrecieron espacio. Sin embargo no era suficiente y aún no parece serlo, incluso luego del lanzamiento en mayo del 2015 del número 0 de Ofertas, “el camino seguro de los clasificados en Cuba”, una publicación mensual de la Agencia Cubana de Noticias.

No dejo de asombrarme. Por ejemplo, diez años atrás era prácticamente inconcebible la existencia en Cuba de una agencia de publicidad. Ahora ETRES encabeza la lista. Igualmente, sorprende la manera de hablar de El Transportador.

—Es importante la calidad, la inmediatez (tener listo en la semana lo que los clientes te pidan), productos actualizados, y sobre todo, el interés del público. La fidelidad de los clientes se garantiza prestando atención a lo que la gente quiera, con un producto lo más organizado y completo posible. Las personas pueden familiarizarse con el nombre y el tipo de contenido incluido en las secciones propuestas, además es más fácil luego que esas personas encuentren lo que buscan, pues saben dónde buscar.

El Sub Statham es cara pública del Paquete Semanal. Todos lo buscan, y a él pareciera gustarle. Otros, al estilo de Abdel La Esencia, se cuidan más en el trato con la prensa, aun cuando sus contactos (teléfono y dirección) aparecen por todo el Paquete y en los contenidos más insospechados.

—La mayoría de las secciones son fijas. Y eso se relaciona con la confianza que uno establece con sus clientes. Si se crea una carpeta nueva, por ejemplo, de nada vale ponerla una sola vez, probablemente las personas no la vean pues están habituados a las otras que ya llevan tiempo. Poner una sección es algo que se piensa. Una vez decidido, hay que mantenerla —diserta el Sub sobre su producto—. Uno de los criterios fundamentales para la selección de contenidos, además del criterio del público, es el nuestro propio, pensando como ellos. A mí, por ejemplo, se me ocurrió incluir los videos musicales y ponerlos en distintos formatos, para que las personas puedan verlos en las condiciones y dispositivos que tengan.

Cuando uno observa la complejidad del panorama que rodea a este fenómeno, llega un punto donde, en apariencia, es obvia la interconexión entre las diferentes formas de gestión informal de contenidos. Le pregunto al Subcomandante Statham. Si alguien puede contestar al respecto, es él. Y lo confirma: el Paquete constituye una fuente de alimentación importante tanto para los vendedores de discos, como para las redes alámbricas y wifi que interconectan barrios y municipios de La Habana, Artemisa y otras localidades.

—No hay jerarquías marcadas. No nos interesa establecer jerarquías. Cada cual sí tiene su responsabilidad.

Yo precisaba saber más sobre esto último. ¿Qué funciones concebían y cómo se dividían el trabajo? ¿Qué roles asumían y por qué? Mi mapa estaba incompleto.

 

II. EL SUBCOMANDANTE NEMO

Antes de ver al Sub Statham por primera vez, otra persona había aparecido en esta historia. Nos vimos cerca de la Casa de las Américas. Lo conocía de antes. Intercambiamos saludos y obsesiones inmediatas.

En aquel momento mi neura era la investigación sobre la gestión informal de contenidos, enfocada en el dichoso Paquete Semanal. De hecho, fue mi idea fija durante nueve meses. Jamás creí que una tesis de Licenciatura fuera tan similar a un embarazo: vómitos, hipersensibilidades, antojos, abstinencias sexuales en las postrimerías, dolores de parto a la hora de la exposición. (“Parir la tesis”… solo al tener la experiencia uno entiende tal frase).

Solté todo aquello de golpe. Además le comenté lo difícil de encontrar a alguien dispuesto a darme información suficiente. Si iba a indagar sobre la gestión, era imprescindible contactar a personas que asumieran conscientemente su rol de gestores, es decir, “paqueteros” y aún más, compiladores o hacedores del Paquete. No era una aspiración, era una necesidad con contras bastante fuertes.

Fotograma del audiovisual publicitario de Enlahabana, dedicado al restaurante “La Fontana”. Lo que ellos hacen clasifica dentro de la economía informal. Mueven dinero que no pagan en impuestos. La obtención de los contenidos (especialmente el dónde los adquieren) tiene las llaves de discreción máxima, por no decir el cuño de secreto. Producen y colocan contenidos publicitarios —vía de ingreso fundamental—, en un país que ha cuidado especialmente de la regulación y el control de la publicidad en los medios de comunicación masiva. Eran cuestiones difíciles, medulares para mí, que muchos se negaron a comentar incluso con garantía de anonimato.

—Yo puedo ayudarte. Estoy en eso y he estado bastante cerca de quienes hacen el Paquete. De hecho yo mismo he participado en su conformación.

Mi expresión de asombro parecía dibujada por Miyazaki.

—Estos son mis números. Llámame y nos ponemos de acuerdo.

Me pidió fuera discreta. Así lo hice. Era mejor no contrariarlo. Bienvenido a bordo, Subcomandante Nemo.

Tuvimos conversaciones interesantísimas por teléfono. Se convertiría en una de mis fuentes más valiosas. Le mencioné varios entrevistados posibles y, básicamente, me caracterizó a los personajes. En algún que otro caso, me aconsejó llevara compañía.

—Es el dinero lo que más importa, y te vas a meter con su negocio.

Quedamos para la entrevista formal el día antes de mi visita al Sub Statham. La historia de Nemo comenzó cuatro años atrás.

—El trabajo es en equipo. Más que jerarquías, cada uno tiene una responsabilidad determinada. Para mí, una de las cosas más relevantes es el comercio con la información, el Paquete es para gente que comercia con la información.

La propia red, no solo como infraestructura tecnológica sino también como modo de configuración social, hace que el término “jerarquía”, asociado siempre a configuraciones verticalistas, no parezca el apropiado.

Decir además que todos son “Subcomandantes”, apunta a esa capacidad de las personas para socializar y rehacer, a la medida de sus posibilidades, el Paquete Semanal. Incluso, solamente con un reproductor de DVDs, una persona puede ver audiovisuales incluidos en el terabyte, y formar parte de estas redes.

No obstante, las confluencias entre la producción y el uso, responsabilidades y desempeños, desmarcados de los modelos institucionales de gestión formal, no implican una eliminación radical de roles y jerarquías.

—Hay proveedores a los que se les paga para que descarguen el contenido. Los shows y las novelas se graban de la antena. A esto se le llama “captura”. Es un trabajo muy sectorializado. Es decir, una persona se encarga de bajar muñequitos, otros se dedican a los mangas, otros a descargar HD. Es muy difícil saber con exactitud quiénes son estos proveedores. De hecho, no todos radican en La Habana… —expone este otro Sub—. Existen intermediarios que organizan ligeramente las capturas y las descargas, para venderlas a las matrices o compiladores. Otras personas guardan contenidos e información vieja y también la venden.

En un banco del Parque G, el Sub Nemo me armaba y desarmaba el Paquete, y revelaba llamativas clasificaciones de subcomandantes…

—Después de los proveedores iniciales, nosotros identificamos tres roles: “tiburones”, “focas” y “pececitos”. Los tiburones invierten mínimo de 200 a 300 CUC a la semana. Ellos unen el contenido que compraron al intermediario, agregan más información, y tratan de concebir un producto único, que venden a un precio promedio de 20 CUC. En cada provincia hay alrededor de cuatro que lo importan desde La Habana (a estos se les llama “tiburones medios”).

Las “focas” y los “pececitos” adquirían el Paquete de tercera o cuarta mano, casi siempre son esos que caminan de casa en casa con un disco duro a cuestas. Paqueteros de a pie.

—El proceso está estructurado, no centralizado. No depende de una persona, sino de un grupo de personas —tampoco muy grande— que se reúnen, negocian para llegar a consensos y fijar pautas. El mercado es fundamental. La competencia ha influido en una mayor organización y variedad de los contenidos.

Los intermediarios son clientes de los proveedores. Las matrices son clientes de los intermediarios. Los distribuidores son clientes de las matrices. Nadie quita que un proveedor sea, a la vez, cliente de un distribuidor. Cualquiera de estas personas puede compartir el Paquete con un círculo determinado de amigos o familia. No es una simple relación económica o de pago lo que influye en la extensión de las redes informales de gestión y distribución de contenidos.

Mi mapa, lógicamente enredado, ya lucía más completo.

III. EPÍLOGO

Con su mochila negra a cuestas, llegó a mi casa una mulata gorda y de estatura baja. Aparentaba treinta y pico, casi cuarenta. Yo tendría nueve o diez años pero recuerdo cuando, de un modo discreto, abrió el zíper.

Era siempre igual en cada una de sus visitas semanales. Traía muchos casetes VHS que alquilaba por cinco pesos. En aquella época, el ya extinto Sábado Gigante reunía a los mayores en la sala.

Por mi parte, había establecido un monopolio sobre los únicos dos casetes fijos de la videoteca hogareña. Los utilizaba para grabar videos clip transmitidos los sábados en la tarde. Podía verlos cuando quisiera, pausarlos, e incluso, reciclar el soporte y volverlos a rellenar con “lo último”.

Los VHS, que convivieron con las “antenas” (artilugios cubanos para acceder ilegalmente a la programación foránea), habían llegado bastante tarde a Cuba. Nos tocó vivirlos aproximadamente en el último quinquenio del siglo XX y durante el primer lustro de los 2000. En realidad, las transformaciones planetarias en las maneras de experimentar lo audiovisual, ya se hacían notar a inicios de los ‘90. Con aquel soporte-puente entre la tecnología analógica y la digital, el streaming venía en camino.

Ante un contexto mundial donde predominan y crecen las redes, es imposible regular, e incluso prever a la vieja usanza, los accesos y usos de los contenidos y bienes digitales. Las leyes que regularon en el siglo XX, quedan obsoletas y no pueden decodificar las prácticas sociales del XXI. Siguen buscando, con histeria terminal, al asesino del Comendador.

En el 2005, los VHS estaban a punto de morir en Cuba. Paulatinamente, CDs y DVDs fueron apareciendo en las vidrieras, en los bancos de los parques sin pintar, en la soledad de una gasolinera y en los portales de toda esta ciudad… como si Carlos Varela hubiese compuesto la canción pensando en ellos.

Un respaldo legal llegaría en septiembre del 2011. La Resolución 33 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social incluyó la venta de discos entre las opciones de “trabajo por cuenta propia”. ¿Una patente de corso?

Los vendedores de discos firman un “documento en el que reconocen su obligación de indemnizar a un autor o empresa si esta reclama por la venta de sus obras sin permiso”, reseñó en noviembre del 2015 el semanario Trabajadores una declaración de Abel Prieto, asesor del Presidente del país.

El Código Penal cubano no contempla ni la piratería ni las infracciones contra el Derecho de Autor, pues no representan peligrosidad social. Lo supe una tarde en el Centro Nacional de Derecho de Autor (CENDA). El especialista Amadeo Cid me explicó que, en estos casos, el Derecho Penal se aplica en última instancia, cuando relucen delitos como “apropiación indebida” o “actividad económica ilícita”.

Al indagar sobre las causas del fenómeno Paquete, destacan entre otras, las insatisfacciones respecto a la televisión y las particularidades para el acceso a Internet en Cuba. Ambos, son elementos importantes, más no definitorios, al tener en cuenta las transformaciones en las maneras de hacer, inventarnos, representarnos, evadir, asumir, el día a día.

5-	A las puertas del Multicine Infanta, se muestran las opciones de la Videoteca del ICAIC (Instituto Cubano de Radio y  Televisión), para la distribución de audiovisuales.Con la extensión del USB se visibilizan y potencian las posibilidades de almacenamiento, modificación e intercambio de contenidos. Coexisten prácticas emergentes fortalecidas en el marco de la economía informal. A la vez, dialogan con dinámicas y procesos concebidos desde las instituciones tradicionales y formales.

No extraña, por tanto, la presencia en el Paquete de “Vivir del Cuento”, el programa con mayor audiencia en la Televisión Cubana, ni asombra notar en alguna Película del Sábado las marcas de copia pirateada. La relación del Paquete con la televisión no es de opuestos. Es mucho más complicada. De hecho, las interacciones entre lo formal tradicional y lo informal es una característica que resalta en estudios internacionales sobre piratería y gestión informal de audiovisuales.

***

Tiempo después, una publicación de un amigo en Facebook resumía horas de conversación con los subcomandantes, y casi doscientas páginas de cavilaciones teóricas en seis líneas:

...casi doscientas páginas de cavilaciones teóricas en seis líneas:

En el pasado, fue una mulata con mochila negra. Quien va a mi casa ahora es un flaco sin más carga que un disco duro externo. Mañana…mañana otro subcomandante aparecerá por ahí.

Categoría: Artículos | Tags: | | | | |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón y Darío Alejandro Escobar

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados