Actualizado el 25 de mayo de 2016

50 Aniversario de El Caimán Barbudo

Un trozo de aniversario en primera persona

Por: . 24|5|2016

Todo, delante de la presencia viva del Blado, sentado parsimonioso y abstemio a la espera de su turno para zarpar su acostumbrado, “extrañable” y grave. “Fidelito no hables más y canta”.Es viernes, la calle es un hervidero de gente, parecemos hormigas, algunos hasta se dan esos “besitos” que observamos en los inquietos insectos, porque claro, hablo de hormigas locas; los hay que curvan su cuerpo según la geografía del otro y continúan rumbos aleatorios.

Hago un itinerario de rutina, en mi caso voy con una velocidad particular, la del entusiasmo mismo amparado en una fiesta de cumpleaños: la revista para la que trabajo desde hace cinco años está cumpliendo cincuenta años. La cábala no se me da muy bien, pero me resisto a echarla a un lado y elucubro -mientras me acerco a mi primer destino del día- que cada uno de estos cinco míos equivaldría a haber vivido con diez veces más intensidad de haber sido uno de ellos.

Evoco los momentos en que pude entrevistar a varios de los fundadores de la revista El Caimán Barbudo y desde entonces mi relación con cada uno de los “pronunciantes” se hizo una metáfora de vida; Félix Contreras, ese fulano de tal adorable con sus imparables anécdotas; Campanioni, con su aferrado modo de amar al Caimán como si fuera todavía el pequeño melenudo que habitaba la redacción de finales del 60, siendo aún la “criatura” que crece bajo las bromas de Wichy; Félix Guerra, que desde su “propia guerra” habita defendiendo una poesía y un modo de ser con altas temperaturas vivenciales –existenciales?-, el Blado, (me perdonas gordo, pero “Ay” Blado, por qué  justo dos semanas antes?), sí el Blado que no se lamentaba un segundo de nada, o sí, de la mediocridad y la indolencia que padecemos, pero el Blado que supo dejarnos esos “olores del cuerpo” como para que lo evocáramos humanamente alborotador y que es un espejo referencial con formato de tabloide. Evocarlo ahora es de una dignidad inconmensurable: Bebiendo y siendo revolucionarios!

Así llego a la Casa de la Poesía y el Centro Pablo. Entre abrazos, espaldarazos y hasta nalgadas dejo mi cálido y agradecido saludo como un chorro de felicidad, como una estela que se pierde en el frenesí casi. Yanelis y Alejandra me reciben  también con una dosis de exaltación revestida con algunas dudas con las que me inundan; les preocupa el qué va a pasar, cómo lo vamos a comenzar, puntualmente quiénes vienen de invitados nuestros a la celebración; indagan por personalidades, trovadores, poetas, escritores, periodistas; la lista de sustantivos de ellas misma me alarma, intento tranquilizarlas con un incrédulo “no se preocupen, los caimaneros lo tiene todo controlado, incluso lo que está fuera de control”, Bromeo y continúo diciéndoles  “si lo que les preocupa es el mito de la bebedera con que nos tildan, no se preocupen tampoco, ya eso lo controla el Blado”, se miran estupefactas.

Detallamos algunos pormenores y les garantizo en tono más solemne, “de verdad, no se preocupen, ellos lo tienen todo y todo está previsto”, ahora la que bromea es Alejandra y me sube la parada, -capta rápido la muchachita, pienso-, pero igual me riposta, “Incluso lo que no está previsto”. ¡Exacto!, le respondo.

Guillermo de Jesús, primer fotógrafo de la revista El Caimán Barbudo, pasa la vista por el último trabajo de Bladimir Zamora Césperdes publicado en El Caimán...Me falta una pieza para la premiación que va a tener lugar dentro de tres horas, me voy al sitio donde quedé con el ceramista que -generosidad mediante- nos donó una de sus obras para premiar nuestro Concurso de Periodismo Cultural 50 años del Caimán, para ir soltando lastre; después de las cuatro de la tarde todo se hace nervios, “delirio y locura”.  Llego al hotel donde acordamos vernos y no aparece por ningún lado, lo primero que me viene a la mente es el compromiso contraído con los muchachos de la revista; para una pieza de cerámica no había contemplado yo bateador emergente. Me llego hasta la feria del ACAA en Obispo para asegurarme con su representante que Pedrito Cantero no se ha complicado, me da su móvil, marco, no me responde, el fuera de línea de la compañía me pone a mí fuera de mi línea, me regreso a la Casa de la Poesía y le repito por cinco veces la llamada. Fuera del área de cobertura, yo, fuera de mi propia cobertura, pero tomo una bocanada de aire, le hago entonces un sms y lo dejo al acaso cabalístico que tienen asignados estos casos.

Dice Alejandra que parezco un loco, mira tú, dice Alejandra, que-pa-rez-coun-lo-co. Tú no sabes lo que es un loco, le digo y puntualizo la hora para el programa de radio, porque a todas estas tenemos una invitación que consumar, Habana Radio me invitó para hablar de la poesía de Bladimir Zamora. Bebo un poco de agua y dispongo poemas y notas, con la poesía no es cosa de andar improvisando, despliego un alarde de paciencia y calma que no se me dan muy bien, a la verdad, pero al menos yo me lo creo. Una llamada de Pedrito me garantiza que a las cuatro de la tarde está con la pieza para el premio en “el patio de Pablo”, que no me preocupe que ya está en camino. “Quién dijo que todo está perdido”

Salimos rumbo a la emisora, es un poco tarde pero con buena suerte entramos a cabina de inmediato. Ángel Ferrera nos recibe cordial, amble y calmo como siempre, le pido a Víctor Hugo alguna música de la trova tradicional, obsequioso como es dispone algunos discos a mi favor, le comento del homenaje a Bladimir Zamora y me devuelve el comentario con un mensaje de lamento; Ferrera me hace un par de anécdotas breves de cuando rastreaban noticias por toda la ciudad para sus respectivos medios, lo evoca, claro, gruñón y peleón pero noble; me recuerda la ocasión en que lo llevé a la emisora a promover una lectura que hicimos en la propia Casa de la Poesía, momento en que pude entrevistarlo entre rones y versos para orgullo de los dos, según me dijo. El tiempo, sí, el de Pablito, el único tiempo del que se pueda hablar se nos escapó así… de la nada. Implacable. No resulta prudente entonces entrar a cabina y la cita queda para el próximo viernes, espacio completo con la poesía dolorosamente buena de Bladimir Zamora Céspedes.

Richard, Elio, Félix Contreras y Guillermo de Jesús, son los primeros caimaneros que veo en el patio de las Yagrumas, entro eufórico abrazando y brindando café, cortesía de la Casa de la Poesía; en el pantry la otra parte de la avanzada, la tropa femenina del caimán, Odalys, Yaíma, Otane, Yamilé, María Antonieta, todas ansiosas por saber noticias de Grillo embisten mi presencia con preguntas desesperadas por su estado de salud, el despojo es evidente entre las bromas, les comento sin muchos detalles, pero quedan satisfechas. Lo vamos a extrañar esta tarde.

Veo que está el audio emplazado, Albertico es un técnico puntual, ponemos música, o intentamos ponerla pero la laptop no lee mi flash memory, maldigo de la manera en que se suele maldecir “a mi manera”, pero noto que hay un número de María Teresa Vera escuchándose y lo dejo correr, porque es algo sublime para tanto disloque. Llega el Fide, Silvano, el chofer nuevo –hasta que me aprenda su nombre-, algunos invitados, la gente comienza a preguntar por el número del Caimán que se va a presentar; yo mismo no lo he visto, Fide saca unos pocos ejemplares para los dos o tres caimaneros fundadores que ya estaban en el patio, a la sazón Campanioni se había incorporado y ya está versando el mundo junto a Félix Contreras, les empiezo a hacer fotos. Elio me llama la atención para que haga también a los que están ensimismados con la revista y me pierdo entonces en medio de una tarde -calurosísima ella- de celebración, homenaje, fervor, premiación, reconocimientos, brindis, poesía, trova, encuentros, abrazos, acontecimientos pasados y por pasar, reminiscencias, tragos, tragos y más tragos… ¡Hasta abanderamientos!

El Blado supo dejarnos esos “Olores del cuerpo” como para que lo evocáramos humanamente alborotador y que es un espejo referencial con formato de tabloide. Evocarlo ahora es de una dignidad inconmensurableTodo, delante de la presencia viva del Blado, sentado parsimonioso y abstemio a la espera de su turno para zarpar su acostumbrado, “extrañable” y grave. “Fidelito no hables más y canta”. Fide canta, lee poemas del propio Bladimir para calmar su sed –la del Baldo-, invita a trovadores y poetas y la tarde, más que sus penas agolpándose, abre sus alegrías que se extienden de bardo en bardo.

Y dicen los que lo conocieron que lo vieron varias veces, dicen, sin fanatismo ni na´. Me entrego pues al obturador y a disfrutar -en primera persona- el comienzo de un clímax que se pronuncia todavía como aquel polémico, totémico y eternamente cincuentenario manifiesto de los poetas del caimán…

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