Crímenes de lesa literatura
La primera vez fue en la Facultad. Disfrutaba de los imprescindibles cinco minutos entre turno y turno de clases. Llega un amigo, graduado ya, y apurado me dice:
—Compadre, ayúdame a traer unos libros hasta el lobby de la facultad para que la gente se los lleve, porque en mi trabajo me mandaron a botarlos.
—¿A botarlos? ¿Pero cómo qué a botarlos?
—Sí, brother, tú sabes cómo es esto, dale vamos.
Sin tiempo para debatir, llamé a dos o tres socios que fumaban y fuimos para el almacén del trabajo de mi amigo que quedaba, por suerte, justo en la esquina de la calle. Allí nos encontramos a la almacenera haciendo pilas de libros.
—Bótenlos o llévenselos porque ya no tengo espacio para esto y me hace falta.
Mi amigo me miró, cómplice, y me dispuse a llevar los libros para la facultad. Entre los socios y yo llegamos como a un centenar; hice mi selección con títulos de Abel González Melo, Fernando Martínez Heredia, Máximo Gorki…
Los libros restantes se pusieron encima de la mesa de la recepcionista de la facultad; la cual, por cierto, no pareció muy contenta tampoco, pero a medida que la gente bajaba de las clases hacia el lobby, se acercaban a preguntar y cuando se enteraban que eran gratis, hacían su propia pilita para llevárselos a sus casas.
Libros como dulces en la puerta de un colegio.
II
La segunda vez iba para casa de mi abuela, caminaba por la calle Muralla, sobre las cuatro de la tarde. Iba pensando en las musarañas, casi sin querer miré hacia el costado de unos contenedores de la basura, vi a unos niños haciendo pilas de libros. Dudé un poco, pero rápidamente empecé a recoger los míos, hice una buena pila con ejemplares de Julio Le Riverend, Guy de Maupassant y Carlos Loveira, entre otros.
Justo en el momento que me iba, unos de estos graciosos niños, sin zapatos —mataperro como yo, en mis buenos tiempos—, me miró el bulto de libros y me espetó orgulloso:
—¡Yuju! ¡¡Yo tengo más que tú!!
—Sí, ¿dónde?, porque yo no los veo —contesté, curioso.
—Los estoy vendiendo, mira —levantó el dedo señalando hacia la esquina—. Viste, tengo más que tú —con la lengua afuera.
En efecto, en la esquina de Muralla y Habana tenía amontonadas varias pilas de libros. Me alegré con el niño y su descaro infantil. Fui a hasta allí pues aunque tenía una buena selección, no quería dejar nada al azar. Con mi bulto en los brazos, me puse a mirar. Los custodiaba un mulato de quizás treinta años, en short y sin camisa, que me ojeaba divertido. Nada me llamaba la atención, hasta que debajo de dos o tres libros leí un título: El ojo dindymenio.
—¡Ño, Daniel Chavarría, qué bien! Llevaba buscando esto hace rato.
Cogí el libro y le pregunté al mulato:
—Men, ¿cuánto por esto?
—Veinte pesos.
—Diez y estamos jugando porque no tengo más. De todas formas eso no vale veinte pesos —mentí.
—Bueno, voy a hacer la cruz contigo, pero me estás jamoneando, fíjate.
—Na´ asere, coge los diez cañas.
Así logré uno de los libros de Chavarría que más he disfrutado.
III
Otra vez por Muralla —calle de mis desvelos—, rumbo a casa de mi madre. Voy a doblar la esquina y veo a un hombre de edad avanzada con una carreta, descargando cajas junto a los contenedores de la basura. No me habría detenido, si no hubiera visto a uno de estos personajes que llamamos buzos, abrir una de ellas y descubrir que eran libros.
Yo, que a estas alturas me considero un predestinado en estos menesteres, me acerqué y le pregunté al anciano:
—Maestro, ¿por qué bota usted los libros?
—Porque me voy del país con mis hijos y la gente nueva de la casa no los quiere.
—Pero no es mejor llevarlos a la biblioteca, no sé… regalarlos a un vecino.
—Chama, me voy mañana y ya no tengo tiempo pa´eso. Coge los que quieras, yo terminé.
Y se marchó con paso apurado en dirección a la calle Sol. Medio estupefacto todavía, porque no podía creer que me hubiese pasado lo mismo tres veces en menos de cinco años, me dispuse como siempre a hacer mi pila de libros. Me apresuré, porque ya el buzo y unos cuantos curiosos comenzaban a amontonar los suyos. Cogí una caja y comencé a echar ejemplares de Raymond Chandler, Emilio Salgari, los rusos de la Segunda Guerra Mundial, en fin, unos cuantos.
Me iba ya cuando llegaron dos mujeres vestidas con uniforme gris: una era flaca, de piel negra y brillante, rasgos finos; la otra era blanca, con un moño para el lado y el lápiz desagradablemente oscuro alrededor de los labios:
—A ver, compañeros, por el decreto 218 inciso D, tienen ustedes una multa por “recoger la basura de la vía”.
El pequeño grupo se dispersó en tres segundos dejando a las flamantes inspectoras boquiabiertas, menos yo, que seguí recogiendo libros.
—Ciudadano, permítame su carné de identidad para ponerle la multa por “recoger desechos de la vía pública”…
Debo haber puesto cara de asombro, o de comemierda, según como se mire, porque no reaccioné:
—Ciudadano, el carné… —me dijo la inspectora de los labios pintarreajados y dio dos pasos como para apoyar a su compañera.
Todavía no salía yo de mi asombro y solo atiné a preguntar:
—¿De cuánto es la multa?
—De cincuenta pesos.
—¡¿DE CINCUENTA PESOS?! —y esto lo dije en voz tan alta que los transeúntes se detuvieron a observarnos.
—Compañero, usted ha violado el decreto 218 inciso D y le tocan cincuenta pesos.
Miré la caja de libros que tenía enfrente, encima estaba La ideología alemana de Marx y Engels, lo cogí en la mano y se lo enseñé a la inspectora:
—Compañera, fíjese bien, si usted me dice aquí, delante de todo el mundo, que esto es basura —y le puse el libro en la cara—, yo le pago la multa.
—Pero ciudadano, el decreto 218 inciso D dice…
—Ya me sé lo que dice el decreto 218, pero si usted me dice aquí, delante de todo el mundo —la gente había salido al balcón y los transeúntes se acumulaban—, que esto es basura, yo, fíjese bien, le pago la multa…
—Pero mira… ¿Cómo tú te llamas?
Le dije mi nombre completo, lo apuntó en un papelito que me extendió.
—Si no la pagas en tres meses, se multiplica el doble cada mes.
—Compañera, entonces esto es basura, La ideología alemana es basura, ok…
Estaba furioso y la amenacé:
—Lo que usted no sabe, compañera, es que yo soy periodista de Juventud Rebelde y trabajo con José Alejandro Rodríguez, el de Acuse de Recibo —le mentí—. Usted mañana saldrá en el periódico para que responda a la gente si un libro de Karl Marx es basura.
—Coge y firma aquí —me extendió la mano con un papelito y un bolígrafo.
—No voy a firmar na´..
—Se te va multiplicar… —amenazó.
—Le dije que no voy a firmar.
—Bueno, tú sabrás… —dijo y se fue con su acompañante en dirección a Teniente Rey.
Me fui con la caja de libros para la casa y me di un baño para refrescar. Todavía estoy esperando que me llegue el aviso de la multa, seguro tengo ya unos cuantos miles de pesos de deuda por recoger libros de la basura y violar el decreto 218 inciso D…
Categoría: Artículos | Tags: Daniel Chavarría | Karl Marx | La ideología alemana | Raymond Chandler












1 Juan Manuel Sanchez. 19|9|2016 a las 22:51
Articulo deficientemente escrito con palabras que no se si existan, por ejemplo “pintarreajados” Por lo demas si creo que un libro de Marx a estas alturas es casi basura.
2 Luis Raúl. 22|9|2016 a las 10:29
Y un libro de Chavarría también lo es. Hay que aprender a invertir dinero y tiempo, por ejemplo, yo acabo de perder 5 valiosos minutos.
3 Marlene. 22|9|2016 a las 14:13
A Juan Manuel Sanchez no le gustó el artículo, pero a mi me resultó divertido y además educativo. Refleja el habla popular. Pero lo q sí me preocupa es que “a estas alturas” a Juan Manuel y a esa inspectora de labios muy pintados, le parezca un libro de Marx basura.
4 Omar Almaguer Guerra. 25|9|2016 a las 0:37
Creo que, tanto el artículo como los comentarios, son muy divertidos
5 Darío. 26|9|2016 a las 11:44
Gracias por su comentarios amigos. Saludos. D
6 Kamaz. 26|9|2016 a las 15:04
Al final cual es la enseñanza de ésto, le mentimos a los que vengan a ponernos multas, no las pagamos, el propio Jose Alejandro ha advertido el uso de su nombre para todos éstos fines y para otros en los que se quiere resolver algo, no le veo gracia a el articulo de veras
7 onix. 28|9|2016 a las 13:03
bueno no. buenísimoooooooooooooo
8 Yoe Suárez. 28|9|2016 a las 18:50
Jajaja, buena crónica mi herma!
9 Gólgota. 29|9|2016 a las 13:48
Me asombra sobremanera que haya personas que puedan considerar un escrito como este algo deficiente. claro que aplaudo a Dario Alejandro y claro que si tiene de valores y de bueno. el recoger libros en la basura mas que un acto de inteligencia es un acto de oportunidad ante una soberana estupidez. Los libros, hoy muy caros o muy perdidos, siempre son una invercion y si alguien los bota??? mejor en mi casa que en la basura.
yo tambien tengo una buena dosis de titulos rescatados de la basura.
la otra soberana tonteria es eso de que se viola el tal articulo. si es cierto, pues que bien que se vila el articulo ese, es mas, hagamos una campaña para violar el articulo 218 inciso D y aprovechemos las mentes cortas y necias que se deshacen de muy buenas bibliotecas para engordar las nuestras.
se pueden imaginar que yo he encontrado asi titulos como Juegos de abalorios, 1984, La edad de oro y El ingenio del Cristianismo. viva el articulo 218 inciso D, pero que viva para poder violarlo.
10 Lore. 1|10|2016 a las 0:40
Buena publicación…
11 fusil contra fusil. 3|10|2016 a las 15:25
No creo que Juan Manuel, Luis Raúl y Kamaz sean asiduos lectores del Caimán. Es más, dan a entender que no son lectores de nada. Quizás sean de los que le encuentren sentido a las novelonas, a las “Bellezas Latinas” a “La voz kid” y otras de esas basuras como “Casos cerrados”. Qué lástima que tantos profesores hayan invertdo su tiempo y conocimientos en tratar de instruirlos. Pobrecitos.
Excelente artículo para reflexionar sobre los amigos que son los libros (nunca te abandonan).
12 Kamaz. 7|10|2016 a las 14:05
Señor fusil lamento mucho desilucionarlo en todo lo que dice soy asiduo del caiman no me gustan los novelones, ni nada por el estilo pero tampoco me gusta lo mal escrito a pesar del mensaje que lleve a trate de llevar es mi criterio y tal como respeto el suyo usted debería respetar el de los demás, recuerde a Sandinoah y no porque ofenda su criterio tiene más validez que el de otras personas, de cualquier manera gracias
13 Juan Manuel Sanchez. 7|10|2016 a las 23:01
El mensaje del articulo muy bueno, la redaccion muy mala, un periodista con preparacion deficiente. Por lo demas no me gusta “Casos cerrados”, “Bellezas Latinas” ni nada de eso. De hecho no me gusta nada que huela a “Latino” es un cliche, mas bien me gusta lo “gringo” mucho heavy metal y nada de marxismo.
14 Diego. 27|10|2016 a las 15:15
Bueno he de decir que al menos se respira un ambiente de polémica en los comentarios.. De hecho, se percatan de que se dialoga más entre los comentadores de lo escrito por ellos mismos que de lo redactado por el cronista???… mi opinión sobre este trabajo es que no está mal, a pesar de que para algunos tenga mala redacción, es fresco, ágil y tragicómico…Cada cual escribe como puede primero y después como quiere, y si este es el estilo que eligió el autor y estas son sus posibilidades, pues felicidades. Me parece mejor que si entre los comentadores hay alguno que le interese dar su visión de este u otro hecho que se embulle y escriba algo, y lo envíe al Caimán Barbudo, por las cosas que leí tienen su chispa y originalidad esos “comentadores”….