Actualizado el 7 de noviembre de 2016

Aventura bayamesa en homenaje al Caimanero Mayor

Por: . 27|10|2016

El Caimanero Mayor

Fotografías de Lenia Oro

Pasé la noche tratando de despertarme en hora y no pude dormir plácidamente. Cuando me levanté eran las seis y cuarto. Maldije. Fidel Díaz Castro había dicho que estuviera en la esquina de la editorial a las seis y media o, a más tardar, siete menos cuarto. A las siete de la mañana salí por la puerta de mi casa. Justo en ese momento sonó el móvil. ¿Oye dónde tú estás? Silvano te está esperando hace media hora. La voz de Paquita Armas Fonseca me regañaba. Estoy ahí en cinco minutos. El chofer me aguardaba con los brazos en jarra. Nos montamos en el carro y recogimos al Fide que ya estaba en la puerta de su edificio. Guitarra en ristre. ¿Qué hora es? Las siete y veinte, respondió Silvano, el hombre es de-morón, me señaló y se empezó a reír. Fuimos a recoger a Paquita. Nos trajo café ¿Por fin dónde es la cosa? Dayron me dijo que en Tercera entre diez y doce. Llegamos allí y no había nadie ¿Será aquí? Qué raro que no haya nadie. Preguntamos en la EGREM. No sabían nada. Vamos a Primera entre 10 y 12, creo que ahí hay una empresa musical. Llegamos y preguntamos: La guagua se fue hace quince minutos. Yo quería que me tragara la tierra. En eso Paquita se iluminó: ¿Fide, tú no tienes el teléfono de alguien que vaya en la guagua para decirle que la pare? Sí, creo que tengo el de Ray aquí. ¿Ray Fernández? Dale, llámalo. Hablaron con Ray y este les dijo que estaban en la casa de Tony Ávila recogiendo instrumentos, que se apuraran. Después de mil vueltas, por fin llegamos y subimos al ómnibus. Nos fuimos hacia la parte de atrás, mi sitio preferido, junto a Ray y su esposa Lenia. Tony se sentó en un asiento delante de nosotros. Después pasamos a recoger a Pancho Amat y partimos a Bayamo.

LA FIESTA DE LA CUBANÍA

Todos los años, durante la semana que precede al 20 de octubre, se celebra la Fiesta de la Cubanía en la capital granmense. Se trata de un evento donde confluyen escritores, académicos y artistas de todas las manifestaciones para celebrar el día que se cantó por primera vez el Himno Nacional de Cuba, un poema musicalizado que invita a la guerra por la independencia, conocido como Himno de Bayamo.

En esta edición del 2016 también se realizaron varias actividades para recordar la vida y obra del periodista, crítico, investigador y promotor cultural Bladimir Zamora Céspedes. “El Blado”, como se le conocía popularmente, nació en esta provincia, en Cauto del Paso, y falleció el pasado 5 de mayo en la ciudad de Bayamo.

Bladimir Zamora colaboraba con la revista El Caimán Barbudo desde su época de estudiante universitario, en la década de los años setenta; e ingresó en su plantilla como redactor fijo a finales de los ochenta. Mantuvo su plaza hasta su muerte. Por su trabajo en defensa de los géneros tradicionales de la música cubana, y también por el descubrimiento y promoción de jóvenes valores de la canción de autor, fue conocido en vida como El Caimanero Mayor.

LA DEMOCRACIA MUSICAL

Después de casi ocho horas de viaje no aguantábamos una canción de reggaetón más. Ray me pidió un bolígrafo, arrancó una hoja de su agenda y empezó a escribir.

Estimados choferes: Los pasajeros de la guagua les ruegan que cambien la música o la dejen descansar un poco.

Atentamente:

Ray Fernández

Firmó y pasó la hoja para que los demás firmaran. La primera reacción de los músicos era de extrañamiento, pero en cuanto empezaban a leer lo mismo esbozaban una sonrisa tímida que una carcajada. Así el mensaje fue avanzando de atrás hacia delante. Todos o casi todos firmaron. En el primer asiento, junto a su esposa, y detrás del chófer estaba Pancho Amat. La hoja llegó hasta allí y muchos estábamos expectantes. Pancho no parece un amante de las bromas, siempre anda serio. Leyó el texto, miró para atrás y casi sonrió. Después se giró en dirección al chofer y le pasó la hoja. El chofer se demoró unos segundos en recogerla, leyó el mensaje y después…. quitó el reggaetón. Al momento sonó una tormenta de aplausos. Habíamos alcanzado una victoria fulminante y, aunque no sabíamos que era parcial, en ese momento lo disfrutamos mucho.

DONDE EMPEZÓ TODO

Todos los años, durante la semana que precede al 20 de octubre, se celebra la Fiesta de la Cubanía en la capital granmense. Se trata de un evento donde confluyen escritores, académicos y artistas de todas las manifestaciones para celebrar el día que se cantó por primera vez el Himno Nacional de CubaEs casi mediodía. Un grupo de muchachos de preuniversitario, alegres y despreocupados, bailan casino. Algunos ancianos observan a los transeúntes que van y vienen en todas las direcciones. El clima es perfecto, hace un calor leve, ni tan húmedo ni tan seco, y llega una brisa de vez en cuando. Suenan varias músicas en el espacio social pero sin interrumpirse demasiado. Unos toman helado, otros cerveza, la mayoría entra o sale del Boulevard.

El Parque Carlos Manuel de Céspedes puede ser un punto de llegada o de partida, según se prefiera. Es el típico parque de provincias excepto porque se respira una atmósfera de nobleza que no he encontrado en otros similares. Hay un cine, un café literario, un hotel, museos, y otros edificios alternativos pero nada desencaja. Se siente en Bayamo una corrección que roza lo incómodo. No es la primera vez que vengo, pero siempre me pasa que desconfío de estos lugares aparentemente inmaculados. No obstante, hay que rendirse. En este lugar seduce desde una tranquilidad que querría cualquier artista para su creación, o una familia para vivir sin sobresaltos. Y eso es ahora en este siglo, ¿se imaginan cómo era en 1868?

Es sorprendente que en un ambiente así, entre tanta calma, haya prendido la chispa independentista. El bayamés no parece el tipo de persona que se salga de sus cabales, que vaya a romper las reglas, pero el hecho es que aquí empezó todo. ¡Y de qué manera! ¡Le dieron candela a su ciudad! Lo que sí he descubierto, por mi familia y mis estancias anteriores, es que la energía de estos paisanos no está a flor de piel, más cuando estalla es casi imposible de detener. Las personas de este lugar intentan cultivar una armonía que a veces no es menos que pasmosa, pero si se les incentiva o provoca demasiado pueden llegar a niveles radicales de actuación o destrucción. Y no van hacia atrás.

Se respira demasiada Historia en las paredes de estos edificios. Eso es bueno en un sentido, porque inspira respeto a la tradición, no se pierde la memoria, tan necesaria para la soberanía de una nación. Aunque también tiene un lado negativo, y es el exceso de respeto que puede llevar al conservadurismo. No parece una ciudad del tipo vanguardista. Y eso no está mal. En un sistema cultural todo el mundo debe cumplir su rol; más no debieran los habitantes de Bayamo acomodarse en la lejanía y placidez del status quo pues corren el peligro de convertirse en un fósil. Es preciso entrar en la modernidad con sabiduría, pero también con innovación.

En este parque me presentaron personalmente a Bladimir Zamora hace un año atrás. Yo estaba sentado en uno de esos bancos largos donde cabe tanta gente y miraba a una trigueña que ostentaba con orgullo, y sin fanfarria, su cruce de piernas torneadas. Fidel había ido a buscarlo. Yo andaba embelesado con aquella preciosidad de cubana, tanto que casi salté con el manotazo. Oye, mira Blado, este es el muchacho que queremos que sea el nuevo caimanero, dice Fidel. Miré a Bladimir y traté de esconder mi inquietud. Él me escudriñó con su mirada y el ceño fruncido. En algún momento me paré y le extendí la mano. Él me saludó lentamente, y con su característico tono de voz ronca me soltó: ¿De dónde tú eres muchacho? Guantanamero, respondí. Hum, eso está muy bien, eso está muy bien. Fidelito, que se había quedado callado presenciando la escena, intervino: ¿Bueno qué, Blado? y este lo interrumpió: Ya está bueno, Fidelito, deja que el muchacho hable; y empezó a hacerme miles de preguntas. Preguntas que duraron tres días porque me escogió como su ayudante y me permitió conocerlo en su ciudad natural.

BLADIMIR ZAMORA IN MEMORIAM

Llegó el ron y empezó la trova. Le derramaron media botella encima a la tumba, cantaron los más jóvenes, incluso algunos llegados de Manzanillo; después, media botella más, y le siguió Ray y después DavidEl Paseo o boulevard de Bayamo no está lejos del parque Carlos Manuel de Céspedes. Casi en medio de esta calle, en un lugar reconocible por la entrada y salida constante de jóvenes, está la Casa del Joven Creador, sede de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de la provincia. La última casa del Blado.

Llegamos los caimaneros: Fide, Paquita y yo. Debía venir Joaquín Borges Triana pero no pudo asistir por asuntos de fuerza mayor. Nos recibieron como los mejores invitados. Cuando Bladimir falleció, fue en este lugar donde velaron su cuerpo. Incluso una guagua con jóvenes artistas vino desde las Romerías de Mayo, en Holguín, para asistir al velorio. Un gesto hermoso.

Hasta aquí llegó la papelería de Bladimir Zamora, la que tenía acumulada en La Gaveta —nombre que le dio al minúsculo apartamento donde vivía en La Habana—. Se trajo para completar la biblioteca inaugurada con su nombre en la AHS de aquí. Han puesto en la entrada una foto inmensa de él hablando al público, con una gran bandera cubana detrás y, aunque no se ve, un vaso de ron en la otra mano. Se nota que está emocionado porque tiene los ojos aguados.

Entre las cosas que se pueden encontrar están las Obras Completas de José Martí, libros de poesía, de música tradicional cubana, revistas, y muchos, muchos caimanes viejos. Los acumulaba con celo de bibliotecario.

Las actividades fueron sencillas pero muy sentidas. Los caimaneros entregamos una caricatura suya, realizada por el artista gráfico LAZ, a la madre de Bladimir. Algunos de sus amigos poetas de la ciudad, entre ellos Juan Salvador y Lucía Muñoz, leyeron poemas. Hablaron de cómo lo conocieron y lo recuerdan. Ray prefirió no cantar pero recitó su epitafio al Blado; Orman Cala y David Torrens sí cantaron. Después Paquita dijo que estaba muy contenta de que en Bayamo lo hubieran atendido tan bien en sus últimos meses, al contrario de en La Habana donde nunca tuvo lo que merecía. En la noche Ismael Perdomo presentó dos audiovisuales en los que el Blado tuvo participación como guionista o asesor y habló sobre las tertulias en La Gaveta. La noche terminó en descarga trovadoresca donde corrió el elixir embriagador a mares.

Al otro día presentamos, en el café literario La Ventana, la edición 394 de la revista El Caimán Barbudo, dedicado a él, por supuesto. Vino mucha gente y, para deleite del público asistente, Paquita y Fidelito se enzarzaron en una de sus habituales polémicas. Los dos contaron varias de sus innumerables anécdotas junto a Bladimir, y a mí me correspondió presentar el número en cuestión. Se vendió la revista como nunca yo había visto.

En la tarde nos fuimos todos al cementerio en peregrinación hasta su tumba. Tití, artista visual y todo un personaje santiaguero, llevó su Angelote Negro. “Lo traigo polque el Blado una vez me dijo que le gutaba ¿Y si no e´ ahora cuando e´?” El último lecho de Bladimir Zamora queda casi al lado del de Sindo Garay. Está nuevecito el nicho, enchapado en azulejos de un color claro, con el caimán barbudo reflejado. Fue una decisión generosa e inteligente ponerlo al lado de Sindo. Según cuentan, difícilmente otro cubano venerara más al bardo que Bladimir en vida. Llegó el ron y empezó la trova. Le derramaron media botella encima a la tumba, cantaron los más jóvenes, incluso algunos llegados de Manzanillo; después, media botella más, y le siguió Ray y después David. Justo cuando no quedaba casi bebida, Tití intervino santiagueramente: Caballero dejen un poquito pal Sindo que se va a ponel celoso. Todos rieron, por supuesto hubo ron para Sindo Garay. Dayron Fonseca, nuestro anfitrión, agradeció al director provincial de Cultura por su gestión en todo lo concerniente al Blado y lo invitó a leer unas palabras. Cuando acabó, como una bendición, empezó a llover. Salimos corriendo para la guagua.

Nos volvimos a encontrar al final de la noche. A esa hora el grupo musical Nubes, dirigido por Dayron, ofreció un concierto también de homenaje. David Blanco cantó “La Bayamesa” a capella, después cantó Ray Fernández, y por último David Torrens de nuevo. Casi al final llegó Javier Guerra. Presentó allí mismo una de sus obras de arte e hizo un pequeño performance.

La fiesta siguió en la Casa del Joven Creador con una gran descarga, de esas que le gustaban al Blado, que duró hasta tarde en la madrugada. También celebramos el treinta aniversario de la Asociación Hermanos Saíz. En el escenario coincidían Axel Milanés, Ormán Cala, Ray, David Torrens, y hasta Tony Ávila que llegó sobre la una. Ismael Perdomo y Javier Guerra no faltaron tampoco; compraron una banda de “macho asa´o” y empezaron a repartirla entra la gente. En algún punto de la noche, y en un arranque de lucidez, el Fide y yo decidimos irnos porque debíamos regresar temprano en la mañana a La Habana.

EL IMPERIO DE LOS CHOFERES

Nos vinieron a buscar sobre las ocho y media de la mañana ¿Ustedes son los que se van con nosotros? Sí, respondimos al unísono Fidelito y yo. Bueno, vamos. Ahí lo reconocí. Era uno de los dos choferes con los que habíamos venido. Usted verá, pensé. Subimos y ya estaban todos. Éramos los últimos en recoger. La guagua estaba casi vacía y el grupo, como siempre, estaba en lo último del ómnibus. Casi todos en los mismos asientos, excepto porque se nos había unido Ismael.

Las primeras horas fueron de sueño. Parecíamos contorsionistas tratando de acomodarnos a lo largo y ancho de los asientos para intentar descansar algo. Teníamos todo el estropeo acumulado de casi tres días durmiendo muy poco. En un momento que me levanté, vi a Ray a tirado en el piso. Salté y fui a ver qué le pasaba hasta que sentí sus ronquidos. Estaba fundido.

Sobre el mediodía me desperté de nuevo porque sentí música. Pero no es reggaetón. No. ¿Quién es ese? Marco Antonio Solís. Sobre mi cabeza, en el techo de la guagua, estaba desplegado un pequeño televisor con un video clip del cantante mejicano. Sonaba “Dónde estará mi primavera”. Usted verá.., pensé. Intenté seguir durmiendo pero no pude. Atrás ya se había despertado Fidelito ¿Oye, tú viste esto? Asentí. Esta es la venganza por el viaje hacia Bayamo.

El último lecho de Bladimir Zamora queda casi al lado del de Sindo Garay. Está nuevecito el nicho, enchapado en azulejos de un color claro, con el caimán barbudo reflejado. Fue una decisión generosa e inteligente ponerlo al lado de Sindo.En las horas siguientes todos fueron despertando. Lenia y Paquita le hicieron fotos a Ray y a Ismael dormidos. Después Ray se levantó con todo el cuerpo adolorido y nos desternillamos de la risa. Paramos para almorzar sobre las cuatro de la tarde en el Paladar de María. Estuvimos ahí casi una hora y regresamos al transporte. A los quince minutos de viaje se desplegó automáticamente el televisorcito de nuevo y sonaron los musicales acordes de…. ta tan tan El Chacal y Yakarta. ¿Y esos quienes son?, preguntó Ismael ¿Pero esto es una discoteca o qué carajo es esto?, siguió preguntando. Yo respondí: Yo creo que ni eso, porque lo último que supe es que estaba prohibido poner reggaetón en algunos clubes nocturnos de la Habana. Eso nos dio pie a la discusión de la necesidad de una Ley de Medios, y después seguimos sobre la Ley de Cine. Nos preguntamos sobre si existe o no una política cultural trazada. Cómo regular contenidos como el reggaetón, que no gozan de la venia estatal pero sí de la amplia mayoría de los públicos. El debate se calentó en varias ocasiones con las opiniones de todos. Mientras tanto se sucedían los videos clips de reggaetón. La conversación se amplió hasta casi las ocho de la noche. Más o menos sobre esa hora sonó una llamada telefónica en el móvil de Ismael: ¿Qué cuánto me falta? Creo que dentro de cinco o seis Chacales y Yakarta llegamos al Barrio Obrero. Todos nos reímos. Finalmente llegamos al Parque de la Fraternidad y Fidelito estaba que trinaba. Yo seguía con Ray y Lenia para el Saratoga; Paquita, Ismael y el Fide iban para el Vedado. Sonó el teléfono móvil de éste último: ¿Qué cómo llegué? Imagínate que me tuve que espantar las Obras Completas de… ¿cómo se llaman? Ahh ya: Chacal y Yakarta. Estallaron las carcajadas de nuevo. Fue la venganza de los choferes. ¿Qué Revolución es esta?, habría dicho Bladimir.

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