Actualizado el 15 de octubre de 2016

Matthew y Arnaldo

Por: . 15|10|2016

A veces no basta con que uno tenga. A veces hace falta que todos tengan.Arnaldo tendría teléfono esta semana en su casa en Sancti Spiritus. De los 40 mil vecinos que con él pueblan el barrio Kilo 12, fue el elegido. Pero las ráfagas de Matthew, a casi 700 kilómetros de distancia, mandaron a volar su sueño.

Pasa que los linieros, los choferes de ETECSA, los técnicos de te—le—co—mu—ni—ca—cio—nes, se fueron al Oriente.

Una charla con Arnaldo y un grupo que lo acompaña, café de por medio, puede derivar en detalles que pululan en la mitología reciente de Matthew, el huracán:

—El edificio de mi hermana, que lo había impermeabilizado recientemente con papel de techo, quedó como una vieja despeinada.

—Periodista, ¿tú ves estos cinco sacos de ropa, y esta jaba de zapatos? —Sí. —Aquí está el aporte de unos cien vecinos.La hermana de Arnaldo vive en Moa, una ciudad industrial a 70 kilómetros de Baracoa, la zona con que Matthew se ensañó. Los vientos del ciclón llegaron hasta allá y convocaron al Toa, el río más caudaloso de Cuba para destrozar el puente que unía a Moa y Baracoa.

Arnaldo y su gente se acaba el café y camina rumbo a la camioneta que los llevará al extremo oriental. Él lideró una iniciativa barrial que recogería fondos y recursos para los afectados.

—Periodista, ¿tú ves estos cinco sacos de ropa, y esta jaba de zapatos?

—Sí.

—Aquí está el aporte de unos cien vecinos.

—¿Y cuánto demoraron en reunirlo todo?

—Avisé el miércoles por la noche con unos sms y ya hoy nos vamos a Guantánamo.

El auto en que va Arnaldo desacelera y se coloca en una fila. A lo lejos se oyen sirenas. Pasan varios carros dejando un ruido de moscardón enojado, entrando a la ciudad de Sancti Spiritus.

—Esos vienen de Oriente, de ayudar.

Imagen cortesía de Yoe SuárezArnaldo es pausado, no pierde la compostura ni recordando los cuentos de horror que le han hecho los amigos por el teléfono móvil. “Creímos que íbamos a perder la vida”, le dijo uno casi antes de que acabara el saldo.

—Se me acabó y recargué el celular.

—Si hubieras tenido teléfono en casa hubiera sido más barato.

—No te creas, periodista: allá quedaron incomunicados… Yo sí, pero ellos no hubieran podido.

A veces no basta con que uno tenga. A veces hace falta que todos tengan.

—No te creas, periodista: allá quedaron incomunicados… Yo sí, pero ellos no hubieran podido.A pesar de los grandes daños materiales no hubo que lamentar una sola pérdida de vida humana

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