Actualizado el 19 de octubre de 2016

Un Nobel para Bob o el colmo de Estocolmo

Por: . 15|10|2016

¡Esto es el colmo de Estocolmo! “Un Premio Nobel de Literatura que hará a la gente correr hacia las tiendas de discos en lugar de a las librerías”And the winner is… Bob Dylan. ¡Esto es el colmo de Estocolmo! “Un Premio Nobel de Literatura que hará a la gente correr hacia las tiendas de discos en lugar de a las librerías”, escribió certeramente un columnista. Flaco favor que le hacen a la pobrecita literatura, de capa caída, cuando la gente se acerca cada vez menos a los libros. Con algunas excepciones, como el 2010 y el lauro para Vargas Llosa, un candidato de siempre; pero casi año tras año la Academia sueca insiste en “hacerse la sueca” y sacarse de la manga un as extraño. A veces, digamos, en su momento la Szymborska, Coetzee, Alice Munro… extraen del anonimato y colocan en la mirilla mundial a escritores de gran valía. Sería el caso, también, de la más reciente, Svetlana Aleksiévich, autora del extraordinario Voces de Chernóbil; un reconocimiento que sirvió, de paso, para zanjar la vieja disputa entre literatura y periodismo a favor de darle sus créditos al segundo (si bien ese Nobel 2015 dejaba en el aire un olor sospechoso a política y conjura anti-rusa). Encuestado, a priori, Gonzalo Torné sobre decepciones del Nobel, dijo:Para decepcionarme se lo tendrían que dar a Bob Dylan o a Paulo Coelho, algo así”. Vaya si fue visionario este novelista, que el almibarado brasileño de El alquimista obtuvo la gloria en un bulo colosal que días atrás inundó las redes sociales; y a la hora de la verdad, el mismísimo jurado del Nobel premió al cantautor de “Blowin’ in the Wind”. Que conste: yo también fui “Like a rolling stone”, y no olvido que cuando abandoné a los 18 años mi Regla natal, dejé colgada en la pared una hoja de papel con estos versos del nacido en la Duluth, de Minnesota: How does it feel?/ To be on your own/ With no direction home” y me las di de trotamundos, silbando When you ain’t got nothing, you got nothing to lose. Ahora mismo, mientras intento todavía digerir la noticia, recuerdo haber leído que en el entierro del gonzo Hunter Thompson tañeron los acordes de “Mr. Tambourine Man”; o me viene a la mente “It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)”, aportando a la banda sonora de Easy Rider, la película emblemática de la contracultura, o “The Times They Are Changing” en la versión fílmica de Watchmen, mi cómic favorito. Ok, muy bien todo eso. Pero si era el turno, digamos, de premiar a un rebelde de la lírica, ¿acaso no está respirando aún el “antipoeta” chileno Nicanor Parra, con más de 100 años, quién sabe si solo esperando la extremaunción sueca antes de irse al más allá? Y si además de poeta, tenía que ser un anglosajón, anoto que todavía en Nueva York y frisando los 90, vive el autor del fascinante Autorretrato en espejo convexo. No cuesta imaginarse a John Ashbery melancólico y recitando: “Y en alguna habitación alguien estudia su juventud,/ la encuentra seca y vacía, porosa al tacto”, mientras transcurre otro año eludido por las campanas del Nobel. Y si de escritores de lengua inglesa, en general, registro a un puñado de novelistas: Philip Roth (Pastoral americana), E.L.Doctorow (Ragtime), Cormac Mc Carthy (Meridiano de sangre), John Banville (El mar), Paul Auster (Trilogía de Nueva York), Joyce Carol Oates (La hija del sepulturero)… todos con suficiente mérito para recibir de una vez la venia de Estocolmo. En cuanto a la escala universal, saltan muchos nombres, de los ya manejados por los augures: el holandés Ces Noteboom de El día de todas las almas, el alemán Peter Handke de El miedo del portero ante el penalti, el japonés Haruki Murakami de Kafka en la orilla. No cabe pensar, supongo, que existiendo un Nobel de la Paz hayan recompensado a Bob por un tema como “Masters of war”. Ni que se trate, a estas alturas y tiempos tan políticamente correctos, de una reivindicación del espíritu de protesta de los 60. ¿Será, tal vez, por lo opuesto, y esa conversión religiosa en los 80, que no sólo enterró al iconoclasta sino que, encima, volvió soporífera y casi intrascendente la carrera musical posterior de Dylan? Para consuelo mío y echarle tierra este asunto, me basta argüir que el Nobel lo obtuvieron antes Churchill, Benavente, Pearl S. Buck, y nunca Proust, Virginia Woolf, Joyce, o Borges, el autor en lengua española más influyente desde Miguel de Cervantes. Luego, pues dejo discurrir en la memoria algunos versos del recién encumbrado, aunque, vaya paradoja, no me emerjan cantados por el propio Dylan; y en cambio, se haga “Knocking on Heaven’s Door” en la voz rasposa de Axl Rose, “Forever Young” por un ronquísimo Rod Stewart; o “It’s All Over Now, Baby Blue”, en una performance en vivo de Grateful Dead, la banda de “los muertos agradecidos”.

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