Actualizado el 15 de febrero de 2017

Homenaje póstumo al Príncipe de Montreal

Por: . 13|2|2017

Cohen, sin embargo, respaldó el Nobel a Dylan y dijo: “Es como ponerle una medalla al Everest, a la montaña más alta". OTRO CANDIDATO PARA EL NOBEL DE DYLAN

Ocurrió mientras dormía, dicen los medios, después de una caída en mitad de la noche. Ocurrió el 7 de noviembre de 2016, a los 82 cumplidos, en la ciudad estadounidense de Los Ángeles. La muerte fue repentina —dicen—, inesperada y tranquila. Informan que lo enterraron en una caja de pino sin adornos, junto a sus padres, en la natal ciudad de Montreal. La noticia impactó al primer ministro Justin Trudeau, quien escribiera en su cuenta de Twitter: “No hay música de ningún otro artista que sonara e hiciera sentir como la de Leonard Cohen. Su trabajo alcanzó a generaciones. Canadá y el mundo le echarán de menos”. Cuando el 13 de octubre se anunciaba que el Premio Nobel de Literatura 2016 recaía en Bob Dylan, igualmente mítico cantautor del folk en los 60, hubo un tropel discrepante porque Cohen, decían, lo merece más. Ocurre que al canadiense la Academia de los Grammy le otorgó en 2010 un galardón por la obra musical de toda la vida; al tiempo que le fuera entregado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011, en reconocimiento a una carrera literaria indiscutible. Para su aval contaban unos diez libros de poesía publicados (entre ellos: The Spice-Box of Earth, que sembró su reputación en 1961; y el polémico Flowers for Hitler, de 1964), y tres de prosa: las novelas The Favourite Game (1963) y Beautiful Losers (1966) y el volumen de salmos Books of Mercy (1984). Cohen, sin embargo, respaldó el Nobel a Dylan y dijo: “Es como ponerle una medalla al Everest, a la montaña más alta”. Ya el día de la recogida del lauro en España, la patria de Federico García Lorca, su bardo favorito, había exhibido modestia: “La poesía viene de un lugar que nadie controla y nadie conquista. Así que me siento un poco como un charlatán al aceptar un premio por una actividad que no domino”. Y dijo esto, seguramente, porque aceptaba deberle su condición de celebridad a la faceta del autor de canciones, con casi treinta discos en su haber (entre álbumes de estudio, en directo, de homenaje y recopilatorios, desde el Songs of Leonard Cohen de 1967 hasta el You Want it Darker, presentado en el propio 2016) y temas tan divulgados como “Bird on the Wire”, “I’m Your Man” y “Hallelujah”. La potencia lírica de sus canciones había asomado tempranamente en “Suzanne” (1966), donde Cohen pronuncia: Suzanne takes you down to her place near the river/ You can hear the boats go by/ You can spend the night beside her/ And you know that she’s half crazy/ But that’s why you want to be there1 Un auge tardío del quebequense en el ámbito hispano-hablante se propició en 2012, a partir de que la edición en español de Old Ideas fuera intervenida por Joaquín Sabina con una traducción libre de las letras del álbum. Ocurre que el juglar de Me sobran los motivos ha confesado su admiración por quien “no tiene club de fans ni feligreses/ cómplices sí, qué orgullo/ comprobar que después de los despueses/ consuela un verso suyo” en el soneto “Príncipe de Montreal”; y a la hora de la muerte de Cohen lo despidió diciéndole “Hasta siempre”.

LEONARD COHEN ESCRITOR

Capítulo de Los hermosos perdidos (Beautiful Losers)

10

Siempre quise ser amado por el Partido Comunista y la Madre Iglesia. Quise vivir en una canción folk como Joe Hill. Quise llorar por el pueblo inocente al que mi bomba tendría que mutilar. Quise dar las gracias al padre campesino que nos alimentó en la accidentada fuga. Quise llevar la manga prendida con alfileres por la mitad, y que la gente sonriera mientras yo saludaba con la mano contraria. Quise estar en contra de los ricos, aun cuando alguno de ellos conociera a Dante: inmediatamente antes de su destrucción, uno de ellos se enteraría de que yo conocía a Dante también. Quise que mi cara circulara por Pekín, con un poema escrito espaldas abajo. Quise sonreír al dogma, pero destruir mi ego contra él. Quise enfrentarme a las máquinas de Broadway: Quise que la Quinta Avenida recordara sus senderos indios. Quise salir de una ciudad minera con los ademanes groseros y las convicciones que me dio un tío ateo, borrachín, oveja negra de la familia. Quise lanzarme a través de América en un tren precintado, el único hombre blanco a quien los negros aceptarían en la negociación del convenio. Quise asistir a cócteles llevando una ametralladora. Quise decirle a una vieja amiga, a quien le espantan mis métodos, que las revoluciones no estallan sobre las mesas de un buffet, uno no puede picar y escoger, y contemplar su traje de noche plateado, humedecido en la ingle. Quise luchar contra el poder de la Policía Secreta, pero desde dentro del Partido. Quise que una anciana que había perdido a sus hijos me recordara en sus oraciones en una iglesia de barro, pidiendo la intercesión de sus hijos. Quise santiguarme al oír palabras sucias. Quise tolerar vestigios paganos en el ritual de los poblados, protestando contra la Curia. Quise comerciar en secreto con bienes raíces, como agente de un billonario anónimo sin edad. Quise escribir bien acerca de los judíos. Quise ser fusilado entre los vascos por llevar la Sagrada Forma al campo de batalla contra las tropas franquistas. Quise predicar sobre el matrimonio desde el púlpito inexpugnable de la virginidad, contemplando los pelillos negros de las piernas de las novias. Quise escribir un tratado contra el control de natalidad en un inglés muy sencillo, panfleto que habría de venderse en el vestíbulo de un teatro, ilustrado con dibujos a dos colores de estrellas fugaces y de la eternidad. Quise suprimir el baile durante algún tiempo. Quise ser un cura drogadicto que hiciera un disco para Folkways. Quise que me trasladaran por razones políticas. Acabo de descubrir que el Cardenal… ha aceptado un ingente soborno de una revista femenina, he sufrido un asalto amariconado de mi confesor, he visto a los campesinos traicionados por una razón de necesidad, pero las campanas están repicando esta tarde, es otro anochecer en el mundo de Dios, y hay muchos a quienes alimentar, y muchas rodillas que están deseando ser flexionadas. Subo los gastados escalones envuelto en mi armiño harapiento.

LEONARD COHEN CANTAUTOR

Different sides”, del disco Old Ideas (Letra Original):

 

We find ourselves on different sides

Of a line nobody drew.

Though it all may be one in the higher eye,

Down here where we live it is two.

I to my side call the meek and the mild,

You to your side call the Word.

By virtue of suffering I claim to have won,

You claim to have never been Heard.

Both of us say there are laws to obey

But frankly I don’t like your tone.

You want to change the way I make love

I want to leave it alone.

The pull of the moon, the thrust of the sun,

And thus the ocean is crossed.

The waters are blessed while a shadowy guest

Kindles a light for the lost.

Both of us say there are laws to obey

But frankly I don’t like your tone.

You want to change the way I make love

I want to leave it alone.

Down in the valley the famine goes on,

The famine up on the hill.

I say that you shouldn’t, you couldn’t, you can’t.

You say that you must and you will.

Both of us say there are laws to obey,

Yeah, but frankly I don’t like your tone

You want to change the way I make love

I want to leave it alone.

You want to live where the suffering is.

I want to get out of town.

C’mon baby give me a kiss,

Stop writing everything down.

Both of us say there are laws to obey…

 

Lados distintos” (Versión Adaptada de Joaquín Sabina)

 

Nos hallamos en lados distintos

de una línea que nadie trazó,

aunque para el alto ojo todo pueda ser uno,

donde vivimos, aquí abajo, es dos.

El dócil y el suave llamo yo a mi lado,

tú al tuyo la Palabra,

yo, contando mis lágrimas, reclamo haber ganado,

tú reclamas no haber sido nunca escuchada.

Ambos decimos que hay leyes que obedecer

pero francamente no me va tu tono,

quieres cambiar mi manera de hacer el amor,

yo prefiero dejarlo como está.

El tirón de la luna, el empujón del sol

y se cruza el océano,

el agua es bendecida mientras un sombrío huésped

prende la luz del perdido.

Ambos decimos que hay leyes que obedecer…

Valle abajo no cesa la hambruna,

hambre colina arriba,

yo digo que no deberías, no podrías, no puedes,

tú dices que tienes que hacerlo y lo harás.

Ambos decimos que hay leyes que obedecer…

Tú quieres vivir donde el sufrimiento,

yo prefiero dejar la ciudad,

vamos nena dame un beso,

y cierra el maldito cuaderno.

Ambos decimos que hay leyes que obedecer

pero francamente no me va tu tono,

quieres cambiar mi manera de hacer el amor,

yo prefiero dejarlo como está.

Ambos decimos que hay leyes que obedecer…3

 

NOTAS

1. Suzanne te hace bajar a su lecho junto al río/ Puedes oír cómo pasan los barcos/ Puedes pasar la noche a su lado/ Tú sabes que ella está medio loca/ Y justo por eso quieres estar allí… (Versión del Redactor).

2. Tomado de: http://translyricsexpress.blogspot.com/2012/09/leonard-cohen-leonard-cohen-old-ideas.html

3. Tomado de http://www.joaquinsabina.net

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