Actualizado el 14 de abril de 2017

Yevgueni Yevtushenko o Cómo no ser uno mismo

Por: . 12|4|2017

Yevtushenko durante el Festival Internacional de Poesía de La Habana 2016.Acaso por las pocas veces en que el destino se empecina y te obliga a vivir momentos irrepetibles, conocí al filo de sus 83 años al poeta ruso Yevgueni Yevtushenko. Dos veces por azar ─o por destino, ya lo he dicho─ formé parte del grupo de oyentes que, tal y como aquellos que repletaron plazas en la Siberia de los sesenta, escuchaban magnetizados su poesía.

El primero de nuestros encuentros fue en la Casa del Alba Cultural, cuando luego de llevar aproximadamente 15 minutos escuchando unas lecturas en otro idioma, sin traducción y preguntándome si solo yo no sabía ruso allí, de súbito me vino a la cabeza la idea de que ese podía ser él.

Alto, blanquecino, vestido con una boina y una camisa tradicional rusa, de esas donde el rojo y los patrones de plantas predominan. Leía como si se escuchara por primera vez y levantaba el índice y la mirada en ciertas ocasiones en las que quería ver el impacto de sus palabras en el público: una pequeña carcajada por un verso de inocente picardía o la mirada agradecida de un buen lirismo.

Yo aprovechaba entretanto esos momentos para imaginarlo unos cuantos años atrás, cuando junto a Andréi Voznesenski, Róbert Rozhdéstvenski y Bela Ajmadúlina protagonizaron aquello que en los años sesenta se llamó poesía de los estadios, esa iniciativa de abarrotar espacios deportivos con igual masividad solo por escuchar una poesía que clamaba por un cambio social al interior de la Unión Soviética en la época del famoso “deshielo de Jrushchov”.

Lo imaginé junto a Enrique Pineda Barnet compartiendo a puño y letra el guion de la película Soy Cuba en 1964, la primera coproducción cubano soviética que resultó famosa por partida doble: por hermosa y por obviada. Sus poemas rozaban mis oídos y recordaba qué amiga me contó la famosa anécdota de cuando, inspirado por la falta de solidaridad entre los pueblos de las orillas del Amazonas, escribió “No hay lado colombiano,/ No hay lado peruano./ Solamente hay lado humano.”

Él terminó de leer sus poemas y yo volví a recibir otra invitación por parte del Festival Internacional de Poesía de La Habana para ir a unas lecturas en Matanzas. Al final de la semana estábamos un pequeño grupo de escritores viajando a la sede provincial. Esta vez en el trayecto supe que volvería a escucharlo leer, ahora en primera fila.

Llegamos y ya estaba ahí, junto a su inseparable Masha, una mujer adorable y según uno de sus poemas, su “último intento de ser feliz”. Percibí que Yevtushenko estaba particularmente feliz de visitar Cuba, hacía quizás un par de años que había venido por las mismas razones del festival. Allí, en la intimidad de un pequeño salón, leyó uno de los poemas más hermosos que escuché alguna vez:

“(…)

Quisiera amar
a todas las mujeres del mundo,
y ser también una mujer
sólo una vez…
La madre naturaleza ha menospreciado al hombre.
¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre?
Si se agitara un niño
bajo su corazón,
acaso el hombre
sería menos cruel.

(…)

Para mí, ser yo mismo no es bastante,
¡dejadme ser todo el mundo!
Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día
para que la tierra vibre conmigo
y las computadoras enloquezcan
procesando mi censo universal.”[1]

(…)

Ahora descansa en una villa de escritores en las afueras de Moscú, junto a la tumba de Borís Pasternak...A Yevtushenko lo inundaba un deseo inmenso de libertad, la noticia de su fallecimiento este pasado primero de abril ha conmovido al movimiento poético mundial que reconoce en él el ideal de comprometimiento. “En Rusia el poeta es más que un poeta” dijo alguna vez; vocación que a veces por injusta hizo que muchos dijeran que era el disidente permitido del gobierno ruso.

Mañana, cuando en la distancia solo queden sus poemas, sus novelas, sus guiones cinematográficos o sus fotografías, aún me quedará el recuerdo del postrer año de un poeta que a pesar de su edad y padecimientos llegó a Cuba con el éxtasis de un niño a regalar la última de sus reverencias a esta tierra.

Ahora descansa en una villa de escritores en las afueras de Moscú, junto a la tumba de Borís Pasternak, otro de los grandes poetas rusos que compartía junto a Yevtushenko la misma ternura en su poesía.



[1] Poema Me gustaría, escrito originalmente en español.

Categoría: Artículos | Tags: | | | | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados