Actualizado el 28 de julio de 2017

El lenguaje en José Kozer:

A caballo entre la nostalgia y el desarraigo

Por: . 26|7|2017

Kozer representó una voz sencilla, llena de sinceridad, que puede ser ilustrada a partir de la siguiente frase: «reconozco tener opiniones: procuro que no sean excesivamente egoístas o preconcebidas, y que carezcan dentro de lo posible de obstinación.José Kozer decía no sentir angustia por la página en blanco, sino por la página llena. Esto representa un hilo conductor a lo largo de su obra: para él la literatura no era el asalto del bloqueo ni la obligación por la escritura, sino todo lo contrario: para él, la poesía era pasión, expresión constante, innovación y fidelidad por la escritura.

Nacido en Cuba, de madre checa y padre polaco, José Kozer tuvo la oportunidad de estudiar un año en la Universidad de la Habana. Sin embargo, se vio obligado a exiliarse en Estados Unidos después del triunfo de la Revolución. Al final de su carrera fue ubicado por los críticos dentro del movimiento estético neobarroco, y publicó tanto en verso como en prosa, un centenar de libros entre los cuales destacan Bajo este cien, Al traste, Los paréntesis, Y del esparto la invariabilidad, entre otros. Como exiliado, José Kozer vivió en países como España y Estados Unidos. Fue profesor de literatura hispana durante tres décadas en Nueva York y posteriormente en Vermont. Dentro de los reconocimientos recibidos, destacan el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, el premio Bienal Julio Tovar de Poesía y las becas Cintas y Gulbenkian.

Así pues, Kozer desarrolló una temprana pasión por la escritura, cuya génesis puede ubicarse desde el momento en que leyó por primera vez Robinson Crusoe. Al mismo tiempo, comenzó a experimentar un sentimiento que lo acompañaría a lo largo de su vida: la soledad. Como él mismo dijo en su momento: «quiero, por tanto, expresar una opinión que he ido configurando en este último sexenio (…) Un tedio que viene acompañado de una brutal soledad. Una soledad que el ciudadano de a pie disimula, ante sí y ante los demás. Disimulo que implica un autoengaño que tiene por justificación el estar siempre ocupado, no darse abasto de trabajo, sentirse abrumado de cosas que hacer, tareas inevitables que cumplir». En este sentido, Robinson Crusoe lo marcaría profundamente, llevándolo a identificarse con una persona que constantemente debe comenzar desde cero.

Ahora, algo interesante en la vida de Kozer es que a pesar de su condición de exiliado, nunca se reconoció como un poeta con una escritura política, sino como un poeta comprometido con el acto de la escritura por sí misma. Dicho de otro modo, alguien que desde el exilio utiliza el lenguaje de la nostalgia como un arma para reinventar el mundo. Además, Kozer fue un exiliado múltiple, cuya ascendencia judía lo llevó a reconocerse en otra patria, pero cuya patria de nacimiento se vio  al mismo tiempo obligado a abandonar.

En este sentido, como exiliado, la nostalgia y el desarraigo aparecen como un binomio muy presente en su obra. Y es que no hay que ir muy lejos para encontrar las razones de su desarraigo. Sus padres emigraron desde Polonia a Cuba, donde nació en 1940. A los 20 años se fue a Estados Unidos, donde vive hasta hoy y ha escrito 9,340 poemas y 60 libros. Sin embargo, «la ansiedad de Kozer por hacer poemas (diariamente, según afirma), de rebuscar un lenguaje y nuevas imágenes, de mover sus referentes culturales de Parra a Vallejo, de Pound a Li Po, es la búsqueda de toda poesía viva, deviniente y que viene como correlato estético el sentimiento de lo sublime».

Dentro de dicha grandeza, asimismo, Kozer representó una voz sencilla, llena de sinceridad, que puede ser ilustrada a partir de la siguiente frase: «reconozco tener opiniones: procuro que no sean excesivamente egoístas o preconcebidas, y que carezcan dentro de lo posible de obstinación. No obstante, son opiniones, y en cuanto tales expresan, dentro de límites propios, juicios, sentidos y modos de percepción imperfectos, que pese a su imperfección, comunican lo que se cree, en un momento dado: creencia u opinión que aspira a alcanzar una ecuanimidad carente de anquilosamiento mental o falseamiento de ideas».

Portada del poemario Bajo Este Cien En su poema en prosa «Exilio y Buganvilia» se hacen patentes tanto el exilio, el desarraigo y la sencillez de su prosa, afirmando que desde su perspectiva la condición de judío y técnicamente exiliado, no es algo «descorazonador», pero tampoco «ameno ni agradable». En este sentido, para él el exilio no es más que una situación histórica, una condición estructural en la que luego de asumirla viene el desarraigo, al «cobrar conciencia de la inutilidad de pasarnos una vida dando explicaciones (…) (razón por la cual el exilio) se vuelve sino confortable, al menos llevadero: no es ni devastador ni maravilloso; carece de magnificencia».

Así, en «Exilio y Buganvilia» el desarraigo se vuelve algo propio de la obra de Kozer, incorporándolo como medio de escritura y como forma de destino: si su destino es la poesía, el exilio no es más que un estado o una situación, y por ende, «una fuente, un venero rico en aguas salutíferas, una veta a explotar con sutil dedicación si se tiene la necesidad artística». Bajo esta misma lógica, el exilio como condición del desarraigo, es además una forma de hacer literatura y una herramienta para interpretar la complejidad humana:

«(…) puesto que el exiliado puede definirse como aquél que no tiene un árbol único, ni una única flor, sino que es dado a conocer, reconocer, enamorarse, utilizar, la multiplicidad de las flores y de los árboles, procedentes de su incesante deambular por todos los puntos cardinales, de modo que el hombre que nace en el trópico acaba, por así decir, cantando las nieves del norte, y junto a las casas de mampostería y techo liso de su lugar natal canta los tejados a dos aguas de las casas del norte, con sus mojinetes y altas mansardas» (Kozer, 2012, p. 14).

De ahí que, en «Exilio y Buganvilia» Kozer recurra a la figura del explorador Francés Louis Antoine de Bouganville, que si bien con sus salvedades personales, retrata alguien cuyo ejemplo es idóneo para explicar uno de los elementos centrales en su condición de exiliado.

Y es que para probar la teoría del «buen salvaje» de Rousseau, Bouganville llevó a París a un nativo de Tahití, donde por accidente este último descubriría la ópera. Luego de un tiempo en París, Bouganville caería en cuenta de que la ópera era lo único que le atraía al nativo del mundo civilizado, en concreto la tramoya inverosímil, algo esperpéntica y sobremanera afectada de la ópera, que lo engatusaba e imantaba, dándole vida y sentido al desarraigo en el cual se encontraba.

De igual forma, para Kozer, como alguien obligado a vivir como un exiliado doble, la escritura como medio artístico representa una fuente de vida para dar un sentido al marasmo en que se encuentra. Al salir de Cuba, Kozer vivió una desnaturalización forzada, primero con su idioma, después con su naturaleza física y la tierra que lo vio nacer. Es a partir de ello que la propia lengua fue un vehículo, un «artificio» que lo llevó una y otra vez a su lugar natal, desde una vida nueva, a caballo entre la nostalgia y el desarraigo. En este sentido, en una combinación de lengua y materialidad, «el exilio (…) hace que las tornas vuelvan de revés: en el exilio se vira la tortilla, creándose un mejunje donde proliferan tonos, vocablos, giros, provenientes de la gama amplia del español».

Dentro de los reconocimientos recibidos, destacan el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, el premio Bienal Julio Tovar de Poesía y las becas Cintas y Gulbenkian.  Finalmente, pese a toda dificultad, para Kozer el exilio representa una constante búsqueda espiritual, que a través de la herramienta del lenguaje los seres humanos buscan dar sentido a su realidad para buscar trascenderla. Por último, en las palabras del propio Kozer:

(…) Sintetizando, pues, he aquí dos leyes relacionadas con el proceso de pérdida, distanciamiento y recuperación del lenguaje en el exiliado: por un lado, el proceso que lleva de lo artificial a lo natural (…) y por otro lado, el proceso que va de lo natural, a su pérdida, y de ahí a su recuperación como algo extraño y artificial que ahora, enriquecido, vuelve a naturalizarse (Kozer, 2012, p. 17).

Referencias bibliográficas:

Rojas Valdés, C. (2013, 4 de julio). Premio de Poesía Pablo Neruda para José Kozer. El Mercurio. Consultado el 22 de mayo a partir de: http://diario.elmercurio.com/2013/07/04/actividad_cultural/actividad_cultural/noticias/255A8DCB-9C7F-4511-A307-1E221E88F40F.htm?id=%7B255A8DCB-9C7F-4511-A307-1E221E88F40F

Soto Vega, A. (2015). José Kozer. Lindes: Antología poética. Revista Chilena de Literatura, (89), 359-369.

Kozer, J. (2007). Good morning USA. Letras Libres. Consultado el 23 de mayo a partir de: http://www.letraslibres.com/mexico/good-morning-usa

________ (2012). Exilio y buganvilia. Telar, (10), 13-18.

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