Actualizado el 18 de septiembre de 2017

El Santi

Por: . 8|9|2017

Santi en concierto

Fotografía Iván Soca

Salgo de casa, me detengo a ver. La misma calle que me vio crecer y hoy me ve envejecer. Con esta canción de Eduardo Ramos, el bajista de Sonorama 6  y del mítico Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, y del  que hoy se habla tan poco. Me pongo en busca de las malangas de mi madre, después de darle bien temprano el parte meteorológico de mis pretensiones para este día a mi novia Yordanka.

Pasa aleatoria la música en mis audífonos, que me acompañan diariamente, y después de  oír un hit de los 40 de la Billboard de este año, destinado a desaparecer, me sorprende «San Cantor», de Polaroid, del disco Ágora La Habana, que produje y que Juan Carlos compuso para el Gago Zurdo, y como la «vida es otra cosa»,  que Fidelito Díaz, trovador de raza, lo alumbra  en su programa todos los sábados, se prende «Llueve en Agosto de 1982», que parece compuesta por Noel para el Santiago. Me sonrío, pero esas causalidades me arropan. Hoy hay sorpresa.

Después sigue lo último de Tesis de Menta, que el Roberto Perdomo me regaló, y me pongo a tomar un maligno jugo de guayabas, hecho con frutas viejas. Le doy un sorbo y lo despacho con cara de ¡ni eso sabemos hacer!

Me injerto los audífonos otra vez, es mi defensa contra la estupidez sonora, y de regreso a casita por la calle Ocujes, frente a la acera donde Feliú me vino a buscar después de perderse como era su costumbre, para llevarme en su carro por última vez a recorrer de madrugada el Malecón y sus cayos adyacentes, tres días antes de salirse del planeta Cuba. En El tronco  de un árbol, esperando por mí,  recostado a la sombra,  impecable, me detiene el vinilo Vida, del Feliú. ¡Qué cosas, cojones! Está cuidado y en su nylon original.

Alrededor, más de 20 personas, pero no lo ven, me espera a mí. Lo cojo como brujería del alma, protagonista de esta mañana. Esa Coincidencia Absoluta de complicidad que, me regala una vez más, la certeza de que la conexión entre el Santiago y yo es más grande que aquellos  Andes que cruzamos juntos para conocer en Chile a uno de los principales ejecutantes del fallido atentado al hijo de puta de Pinochet y que tantísimas tristezas le hubiera ahorrado a los chilenos.

Santiago, recibo la señal. Hay que «laburar» duro para que tu obra siga tan hermosa como esta mañana, donde salto de la cama con ese amparo tibio, aroma y bostezo de café.

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