Actualizado el 21 de septiembre de 2017

Lunes 8 y 30 de la noche:

La realidad dicta el guion

Por: . 18|9|2017

Comienza el impacto visual de mayor comicidad en la propia escenografía, cuando en la sala de la Casa de Pánfilo, principal set donde se desarrolla la historia, aparece una especie de «gigantografía» de la libreta de abastecimiento. A Pánfilo no se le han escapado ni la doble moneda, ni el trabajo por cuenta propia, la morosidad en ejecutar los traslados telefónicos por parte de ETECSA, las parejas del mismo sexo, las regulaciones migratorias, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el auge del turismo en la Isla, la apertura de los hoteles al turismo nacional, la carestía de los alimentos en manos de los famosos «carretilleros», y muchos otros temas que signan la cotidianidad del país.

Y cuando digo Pánfilo me refiero por supuesto al programa Vivir del Cuento, pues entre el espacio y su protagonista ocurre una metonímica relación donde se volvería polvo el primero sin el segundo y viceversa, pues Pánfilo ha tenido en los habituales treinta minutos televisivos la  fertilización histriónica necesaria para rondar el estrellato, mientras que el producto humorístico dejaría de ser, sin el chico puntera que lo dota de sello propio cada lunes.

Y tal sincronía ocurre porque tanto Luis Silva (protagonista) como Ignacio Fernández (director del espacio), Antonio Berazaín y Jaime Fort (actuales guionistas), Andy Vázquez, Mario Sardiñas, Omar Franco (humoristas), así como los restantes miembros del elenco, saben que no existe otra fórmula para lograr la risa: hay que tomar la realidad como punto de partida y luego proyectarla en la obra (sea caricatura, sketch teatral, espectáculo de cabaret, literatura humorística).

Y con Pánfilo, como dije al principio, sucede así.

Pero desmenuzar la cotidianidad con ingenio no resulta suficiente. Llegar a la gente, arrastrarla a la pequeña pantalla cada semana, moverle la fibra y extraerle carcajadas (como las que yo misma no he podido detener ante la comicidad de algunos episodios) solo ocurre con una alta dosis de inteligencia en la elaboración del chiste.

Y con Pánfilo también sucede así.

Pero Vivir del Cuento no constituye un fenómeno aislado dentro del humorismo cubano. Deviene espacio continuador en su factura estética de los presupuestos planteados por similares productos como el simpático San Nicolás del Peladero, y de toda la tradición costumbrista presente en el humor nacional, desde el gráfico (con prestigiosos nombres como Eduardo Abela y su personaje El Bobo, o René de la Nuez y el emblemático Loquito), hasta el escénico (con orígenes en el teatro vernáculo) y también la literatura.

Este bien elaborado producto actualiza con ingenio códigos provenientes de ese legado, recreados en personajes como el viejo (Pánfilo), el pillo (Chequera y Chacón) y la mulata astuta y «salpicona» (Cachita Caché).

A Pánfilo no se le han escapado ni la doble moneda, ni el trabajo por cuenta propia, la morosidad en ejecutar los traslados telefónicos por parte de ETECSA, las parejas del mismo sexo, las regulaciones migratorias, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos...Vivir… es el programa de televisión más visto por los cubanos (junto a la ya tradicionalmente popular novela brasileña), con ratings de audiencia que oscilan entre el 80 y el 82 por ciento en los años 2016 y 2017, y un índice de gusto entre los 94 y 98 puntos porcentuales, según datos ofrecidos por el guionista del espacio Antonio Berazaín Iturralde, en la conferencia «Vivir del cuento: algo más que vivir del cuento», ofrecida en la última edición del evento teórico ¿Piensas ya en el Humor?, del Festival Nacional del Humor Aquelarre 2017.

¿Cómo lo logra? ¿Por qué sucede con ese espacio particularmente y no con otros de igual perfil?

Para responder tales interrogantes, debemos tener en cuenta que alta recepción del espacio dentro y fuera de la Isla (recordemos que el programa cuenta con un apreciable índice de visitas en la red social YouTube), no puede analizarse sino a través de la propia teoría del humor.

Esta última plantea que solo mediante el uso con maestría de sus recursos pueden materializarse funciones básicas del arte de reír, como la de opinar sobre un asunto y a la vez entretener, descritas en un amplio corpus teórico existente sobre el tema.

Por ejemplo, el periodista y caricaturista Jaime Pablo Domínguez[1], afirma sobre la caricatura (una de las más comunes manifestaciones humorísticas)[2], que esta «cumple efectivamente con la función  informativa desde el momento en el que transmite un mensaje específico y, del mismo modo, adopta la función de entretenimiento constituyendo primordialmente un motivo de amenidad y gustosa distracción humorística» (Domínguez, 2006:3-4)

De igual forma sucede con las restantes variantes del humor. A todas ellas es común el uso de recursos psicológicos (ironía, sátira, doble sentido, juego de palabras, absurdo, equívoco) y retóricos (metáforas, hipérboles, paradojas, antítesis, entre otras figuras, expresadas tanto en el plano icónico como en el verbal), que auxiliados de símbolos gráficos se conjugan para provocar la risa.

El programa Vivir del Cuento no se torna excepción. Del modo más ingenioso sus hacedores utilizan los ya referidos recursos, los sortean en función del tema tratado, los colocan aquí y allá en escena, bocadillos, guion e improvisaciones.

Comienza el impacto visual de mayor comicidad en la propia escenografía, cuando en la sala de la Casa de Pánfilo, principal set donde se desarrolla la historia, aparece una especie de «gigantografía» de la libreta de abastecimiento.

Ahí tenemos el primer gran símbolo gráfico que suscita la risa, construido a partir de una hipérbole visual de la propia libreta. Esta figura retórica contiene un importante mensaje, pues precisamente el personaje protagónico del espacio, «Pánfilo Epifanio», surgió de un monólogo sobre el pan correspondiente a la canasta básica, entregado diariamente a los cubanos mediante el mecanismo de distribución de alimentos.

O sea, el símbolo gráfico nos lleva al origen del propio programa televisivo.

Por su parte Chequera (Mario Sardiñas) viene a ser el complemento perfecto de Pánfilo, su antagonista, una especie de «mal necesario» para el anciano personaje en cada historia.Al respecto Luis Daniel Silva comentó que cuando comenzó «a hacer el personaje hace nueve años, este no tenía escrito una hoja de vida, una historia, y se la hemos ido construyendo, pues al salir de un monólogo de veinte minutos de duración, luego de ese tiempo dejaba de existir, y ha sido en el programa que se ha perfilado bien como Pánfilo, en una casa, con vecinos, etc.» (Silva, 2017)[3]

Los propios personajes son en sí mismos símbolos de diversas tendencias sociales apreciables en la Cuba actual. El ejemplo de «Ruperto», encarnado por el actor Omar Franco, representa de modo muy jocoso la nostalgia por una década de bonanza económica (los años ochenta).

Franco en reciente entrevista[4] confirmó a esta autora el presupuesto básico (manejado a inicios del presente artículo) de nutrirse de la gente para hacer humor: «yo me retroalimento mucho del público porque esas experiencias que tuvieron muchos cubanos de la época a la que alude constantemente mi personaje son las que refleja un poco Ruperto en el programa, y el personaje me marcó, pues la gente me llama por Ruperto o “apululu” y Omar Franco pasa a un segundo plano» (Franco, 2017)

Pero el simpático ex paciente del supuesto estado de coma no solo simboliza la añoranza, también el típico Don Juan mediante sus constantes alardes de conquistas (todas infructuosas) y el asedio a Cachita Caché (Irela Bravo), otra simpática integrante del staff.

Esta última encarna nuevas formas económicas y relaciones sociales surgidas a raíz del período especial en el país, a partir del fomento del turismo como sector importante de la economía, y por ende la gestión privada para el alojamiento para visitantes foráneos, en auge desde la apertura en la nación del trabajo por cuenta propia. Sus historias como arrendadora y propietaria de Hostal para extranjeros van imbricadas a la trama central de manera muy coherente, y siempre en busca de lograr el chiste.

Facundo (Andy Vázquez) simboliza la vieja mentalidad, el hombre que debe cambiar con los tiempos y, al contrario de lo que proyecta su imagen, la acción del personaje en cada episodio va en busca de esa necesaria evolución. El histrionismo magistral del humorista que lo interpreta propicia que Facundo ni siquiera se asemeje a Aguaje, otro de los personajes de Vázquez en el programa, antitético del primero en su concepción. Aguaje representa al malhechor clásico, el bajo mundo, el típico «mala cabeza» que aprovecha la ingenuidad incluso de ancianos como el Pánfilo para lucrar.

El impresionante desdoblamiento de Andy Vázquez propicia además la aparición de Bienvenido, otro jocoso visitante de la casa del protagonista. Sobre la tríada actoral Vázquez afirmó[5] que ha «trabajado muy serio en ellos, que no se parezcan ni físicamente a en la voz, los gestos (…) para interpretar bien a cada uno de los tres yo observo mucho las personas, por ejemplo, he ido recopilando de varios Facundos muchas cosas, la forma de caminar, de hablar, de vestir, y ahí he logrado diseñarlo, como lo he hecho con los otros dos» (Vázquez, 2017)

Por su parte Chequera (Mario Sardiñas) viene a ser el complemento perfecto de Pánfilo, su antagonista, una especie de «mal necesario» para el anciano personaje en cada historia. Ambos conforman un conjunto perfilado a la manera de legendarios dúos como el Gordo y el Flaco[6], donde cine y humor se entremezclaron para hacer reír.

Facundo (Andy Vázquez) simboliza la vieja mentalidad, el hombre que debe cambiar con los tiempos y, al contrario de lo que proyecta su imagen, la acción del personaje en cada episodio va en busca de esa necesaria evolución.Como dijera la especialista en temáticas audiovisuales Paquita Armas Fonseca, en su artículo «¿Vivir del cuento sin Chequera?» no puede existir Pánfilo sin el personaje que interpreta Sardiñas, no en el momento cimero en que se halla el espacio.

Las metáforas resultan abundantes en Vivir…. Un buen ejemplo, las «balas salvas y trazadoras», ingeniosa manera de representar la doble moneda y las notables diferencias entre moneda nacional (bala salva en este caso) y peso libremente convertible (la trazadora).

En este caso la debilidad del peso cubano se representa mediante metafórica alusión a la bala salva, esta última menos efectiva que la trazadora (con potente núcleo), patrón de comparación para la libremente convertible.

En esa jocosa frase de Ruperto se establece, además del conjunto de metáforas, una antítesis —salva vs trazadora: MN vs CUC— que también refuerza el chiste.

Un capítulo preñado de doble sentido —interesante y recurrente recurso psicológico del humor— fue el alusivo al tema de las parejas gay y la comunidad LGBT.

Mediante el popular juego de dominó donde Pánfilo y Bienvenido hacen dúo, estos narran sus experiencias como pareja (del dominó), y se recrea agudamente el asunto de las preferencias sexuales, a través de una bien manejada dualidad entre el plano literal (trucos de ambos personajes para jugar dominó) y un plano figurativo  que descansa en una supuesta relación gay entre ambos, y ahí reside el doble sentido, durante una larga conversación con los promotores que visitan la casa de Pánfilo.

Muy ligado al doble sentido aparece en el propio episodio el recurso del equívoco, igualmente frecuente cuando de humor se trata, pues durante todo el capítulo los promotores comprenden una idea, diametralmente opuesta a la que los «jugadores» emiten. Este recurso de modo especial resulta muy utilizado por guionistas y actores en Vivir del Cuento, y vale resaltar la sutileza y efectividad con que lo colocan en el guion.

El absurdo constituye otro de los mecanismos más empleados por Berazaín y Fort, así como por otros escritores que han participado en la rutina productiva del espacio.

El episodio donde Pánfilo pesca en la Bahía habanera un muslo de pollo resulta un buen ejemplo,  y esta escena, harto cargada de comicidad; recrea mediante el ingenioso recurso un tema de alto interés social y marcada popularidad, como la entrega ocasional de pollo en lugar de pescado en la canasta básica.

El absurdo en este caso está planteado por una paradoja, pues evidencia cabalmente el concepto de esta figura retórica que ofrece Gonzalo Martín Vivaldi, cuando dice que esta «no es más que un absurdo aparente, formado por ideas que parecen contradictorias, pero que, en realidad, no lo son. La paradoja, bajo la apariencia de un desatino, suele esconder una verdad nueva o un nuevo modo de ver esa verdad» (Martín, 1973).

Además del empleo de los anteriores recursos (y de muchos otros que por cuestiones de espacio no se alcanzan a mencionar) los temas que aborda Vivir del Cuento constituyen otra causa de la alta recepción del programa en la audiencia.

Al inicio hicimos referencia a algunos, como el trabajo por cuenta propia. Numerosos episodios han sido dedicados al cuentapropismo, en auge en el país casi desde la existencia propia del programa.

Definitivamente la originalidad en las historias, una efectiva improvisación, minuciosa pre y post producción, así como el alto calibre del elenco de Vivir del Cuento garantizan los antes mencionados saludables índices de audiencia y de gusto dentro del público. Las simpáticas escenas en la cafetería «La Guapachosa» reafirman lo anterior. A nivel individual se alude a la gestión privada mediante personajes como la propia Cachita Caché o Chacón, también antagónico de Pánfilo, dueño de una carpintería y símbolo del «negociante» experimentado, entrado en años, con ciertos atisbos de egoísmo visibles en las diferentes historias, a través de sutiles pinceladas como la compra de una pipa de agua para él solo en recientes capítulos, por ejemplo.

Y otra vez retornamos a la realidad como punto de partida, pues incidentes como el de la pipa ocurren cotidianamente en la sociedad cubana actual, y son muchísimos los Chacón que, ante la escasez, lejos de compartir aprovechan su status económico solo en beneficio propio.

El acceso de los cubanos a los hoteles, frecuentados por un buen tiempo únicamente por turismo internacional, resultó otro tema abordado con impresionante ingenio en los capítulos de Vivir del Cuento.

Pánfilo y Chequera van hasta Varadero e inimaginables travesuras protagonizan los personajes en una instalación del balneario; allí representan jocosamente el deslumbramiento del turista nacional ante las bondades de esas infraestructuras.

Pero los fines educativos del programa no distan de sus funciones de opinar y entretener sobre los asuntos de la vida nacional. El espacio dedicado al reciclaje y la clasificación de los desechos sólidos en cestos de colores creo constituye el ejemplo más icónico, y precisamente ese episodio reafirma la coherencia entre el propio programa y las características de nuestra televisión, marcadamente generalista (trata de abordar casi todos los temas y para todos los públicos) y educativa a la vez.

Al inicio de este análisis uno de los temas enumerados en cuanto a su tratamiento en el programa es la morosidad de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, ETECSA, en ejecutar los traslados telefónicos. El asunto resulta recreado en uno de los capítulos mediante la figura retórica de la hipérbole.

Los propios personajes son en sí mismos símbolos de diversas tendencias sociales apreciables en la Cuba actual. El ejemplo de «Ruperto», encarnado por el actor Omar Franco, representa de modo muy jocoso la nostalgia por una década de bonanza económica (los años ochenta).Con acertada exageración se desarrolla esta problemática, cuando Pánfilo va a la tumba de su esposa Adelaida a comunicarle que ya habían colocado el teléfono fijo, cuyo traslado la difunta solicitó en vida. El hilarante mensaje provoca la risa, y la demora de la compañía telefónica resulta criticada en desmesurada hipérbole.

De los recursos psicológicos, retóricos y los símbolos gráficos usados por Pánfilo y su equipo pudiéramos disertar a lo largo de muchas cuartillas más.

Definitivamente la originalidad en las historias, una efectiva improvisación, minuciosa pre y post producción, así como el alto calibre del elenco de Vivir del Cuento garantizan los antes mencionados saludables índices de audiencia y de gusto dentro del público.

Cuatro cómicosEl programa ha calado hondo, y mientras los televisores el primer día de la semana sintonicen al unísono y en mayoría el canal Cubavisión, no podrá decirse lo contrario.

Más allá de todo recurso, tema o truco de actores y escritores, una verdad se alza ante cualquier análisis del éxito en Vivir del Cuento: cada lunes, a las ocho y treinta de la noche, es la realidad quien dicta el guion.



[1]Jaime Pablo Domínguez es periodista. Cursó la Licenciatura en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Además de  haber tomado varios cursos sobre periodismo, industrias culturales y medios informativos, ha participado en diversos seminarios y encuentros académicos sobre comunicación y la labor del periodista.

 

[2]Domínguez  refiere estas características a la caricatura como forma específica del humor, pero en el presente artículo nos nutrimos de tal presupuesto teórico para el análisis de Vivir del Cuento pues sintetiza magistralmente las funciones del humor independientemente del formato, ya sea gráfico, teatral, televisivo u otro.

[3]Entrevista personal realizada por la autora a Luis Silva, el 5 de julio de 2017, en la Sala Villena de la UNEAC, La Habana.

[4]Entrevista personal realizada por la autora a Omar Franco en el Teatro Mella, La Habana, 4 de julio de 2017.

[5]Entrevista personal realizada por la autora a Andy Vázquez, el 5 de julio de 2017, en la Sala Villena de la UNEAC, La Habana.

[6]Famosodúo cómico Laurel and Hardy.

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