Actualizado el 11 de diciembre de 2017

Hágase la luz en El Salvador

Por: . 8|12|2017

José Luis Sanz, director del periódico El Faro, en conversatorio con periodistas cubanos en la revista El Caimán Barbudo (4)

Fotos Alba León

LUZ DEL FARO ENTRA EN LA ISLA

“Yo me incorporo a El Faro en septiembre de 2001, después de haber pasado por otros medios en El Salvador; y de haber renunciado, de hecho, a otros medios”. Así comienza el relato de José Luis Sanz, un natural de Valencia, España, que se dejó aguijonear por su instinto de periodista y partió al país centroamericano que vivía una convulsa situación de postguerra, por las fechas en que El Faro (E.F) daba sus primeros pasos.

Actualmente su director, nombrado desde agosto de 2014, ha acompañado a este medio en la mayor parte de su recorrido y puede brindar testimonio de lo que es un camino sorprendente, iniciado en 1998, cuando E.F surgió como el primer diario desarrollado exclusivamente para el formato online en toda Latinoamérica. Aparecido en El Salvador, nada menos, país inimaginable para una empresa como esta por sus estándares de pobreza, desigualdad y atraso tecnológico, y por los traumas acumulados tras una larga y cruenta guerra civil y la violencia impuesta hoy por las pandillas.

Durante sus dieciséis años de vida, E. F ha ido acumulando méritos: Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación y Premio Ortega y Gasset, el María Moors Cabot de la Universidad de Columbia y el World Press Photo, entre otros; mientras se empeña en desenmascarar la corrupción política, revelar crímenes del ejército, de los ultras y la policía, y sacar a la luz el trasfondo del fenómeno de los maras o de la emigración a través de Centroamérica. Quizás debería reinventarse la famosa Cruz de Hierro para justipreciar el valor del grupo de periodistas que conforman su redacción.

Descubierto en Cuba recientemente, en medio de una visita turística, El Caimán Barbudo atrajo a José Luis Sanz hacia su sede, para que ofreciera una charla a un grupo de estudiantes y de jóvenes egresados de la carrera de Periodismo. A continuación, ofrecemos extractos de lo que fue una extensa lección sobre cómo hacer verdadero periodismo en las coyunturas contemporáneas.

RAZONES PARA ERGUIR EL FARO

E.F nace por razones vinculadas a la posguerra, al nuevo escenario social y político de El Salvador después de los acuerdos de paz de 1992. Jorge Simán y Carlos Dada, los dos fundadores, primos lejanos, uno periodista (Carlos), el otro (Jorge), mediano empresario, se dieron cuenta de que los medios tradicionales eran, por un lado, medios privados cercanos a intereses económicos y al poder político de país; pero más allá de que no había prensa crítica, existía una falta de conexión generacional, porque estos medios eran dirigidos por gente de bastante edad y había una generación de periodistas, la primera que había recibido formación universitaria en el país, con una mirada más abierta del mundo, en algunos casos porque eran exiliados que regresaban; otros criados en el país pero que por su edad concebían un nuevo escenario de democracia de posguerra —ya había democracia electoral desde antes— con la inclusión del pluralismo político. Una generación a la que el nuevo escenario les resulta natural y buscan un periodismo coherente con eso.

Entonces, ellos pensaron en cómo hacer un periódico para El Salvador actual, teniendo como referencia medios que en otros países y momentos han sido representativos de una etapa histórica. Sueñan primero con un periódico de papel, pues el periodismo de calidad era el de papel; estamos hablando de las tradiciones periodísticas de aquel momento… Pero había una barrera económica clarísima, no podía esperarse inversión privada para una iniciativa como esa, en un país todavía de bloques, de trincheras políticas, económicas, y además, la voluntad era ser independiente y no que te condicionaran hacia el mismo periodismo que se estaba haciendo. Desde el sentido común, dijeron: pues empecemos en internet, porque, de hecho, la empresa de Jorge era una de las pequeñas que daba servicios de internet, aunque no existía todavía una internet centralizada en el país, ni en lo privado ni en lo público.

El primer editorial de E.F hizo una promesa que no hemos cumplido, que es hacer el camino inverso al de los medios en esa época, que priorizaban el papel y estaban lanzando sus versiones online, cosas feísimas, donde cada mañana vertían los contenidos del impreso, sin noción alguna de las herramientas de internet y la utilización diferente del tiempo, como una pared donde simplemente se colgaba el periódico. Como todavía nadie dimensionaba qué iba a significar internet para nuestras vidas, E.F se dijo: empezamos en internet, pero llegaremos al papel, con la noción de que ahí es donde se incidía más en la gente y donde se consolida el periodismo de calidad. Evidentemente, estábamos equivocados…

CUANDO TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL FARO

José Luis Sanz, director del periódico El Faro, en conversatorio con periodistas cubanos en la revista El Caimán Barbudo (10)Hicimos planes de negocios, análisis de costos, imaginando cómo construir ese medio impreso, hasta que en 2005 un estudio de mercado hizo evidente lo que habríamos visto de no estar obsesionados con nuestro sueño de papel. El mercado iba en otra dirección, no sólo el financiero sino el de consumo; los lectores salvadoreños no querían otro periódico; tenían los que tenían, no había espacio para un tercero; y ahí fue cuando entendimos que nuestro camino debía ser otro.

En ese momento, hablo de 2006, E.F era todavía un periódico pequeño y durante los primeros ocho años —hasta inicios de 2004—, ahí nadie cobraba. Al proyecto se incorporaron algunas firmas de respeto en el país, columnistas, políticos, historiadores, que escribían en E.F con la idea de sostener un debate periodístico de calidad y de altura y de apoyarnos, pero con cierto escepticismo en cuanto al alcance de lectura porque la penetración de internet, que ahora se estima como del 30%, era entonces del 5%, absolutamente marginal. Carlos y yo éramos los únicos que ya trabajamos profesionalmente como periodistas en esa fecha, y el resto estaba conformado por un grupo de estudiantes de Periodismo y de Comunicación. Con una visión clara de misión y autosuficiencia, sin embargo; y recuerdo a Carlos decir, simple y tajante, que “ustedes son estudiantes pero este no es un periódico estudiantil” y los estándares son los más altos que nos podamos fijar. Era muy importante asentar esa noción de que no todo vale, de que tienes una responsabilidad sobre tu firma desde el minuto uno, que si tú no la cuidas nadie lo va a hacer y en cualquier caso tu editor debe exigirte que cuides tu firma o debe protegerte de ti mismo incluso para marcarte un estándar.

Con esa lógica se fue construyendo una mística de trabajo y una redacción que ha crecido. Ahora mismo en E.F somos treinta personas, de las cuales habrá unos quince reporteros en la calle, hay dos fotoperiodistas, una periodista que hace audiovisual y una que lleva redes, dos editores, un desarrollador web, una diseñadora. En fin, un equipo más diversificado y grande que el anterior, del cual todavía hay algunas personas, cinco o seis de aquella primera época, y eso también nos da un valor y una fuerza especial, que tengamos periodistas con quince o veinte años de carrera. Tengo la suerte de coincidir en la redacción con periodistas a los que admiro mucho, aunque también conozco las partes que menos me gustan y me enfadan a veces y supongo que ellos se enfadan conmigo, pero tienen un talento extraordinario.

DE CÓMO SE PRENDIÓ LA LUZ DEL FARO

Desde el principio reconocimos que la figura clave del periodismo es el reportero. En nuestros países se considera que llegar a un cargo de dirección es la meta. Pero si a tus mejores reporteros los conviertes en editores o directores demasiado pronto. (Si es necesario se hace, yo soy un caso de eso, no por convertirme en director a los 43 sino porque fui editor a los 26, pero fue debido a ese vacío generacional, y a la gente que tenía más responsabilidad o más talento o más pulcritud, tenías que ponerla al frente). Nosotros tuvimos claro que si haces eso, nunca terminas de tener reporteros serios. La experiencia, evidentemente, hay que construirla. Si la gente ha podido evolucionar en el trabajo de calle, en el reporteo, en la escritura, en discusiones feroces sobre la edición de un texto; si tiene que superar dilemas, que pasar miedo, tener una duda, que acertar y equivocarse, eso los hace mejores. Si lo que buscas es un trabajo de nueve a cinco, no entres a E.F, porque ahí todo se construye a base de argumentación y de anteponer la discusión periodística a cualquier otra consideración. Es un entrenamiento constante, un proceso de exigencia y autoexigencia. Cuando en esa conversación tienes a gente como Oscar y Carlos Martínez, como Valencia, casi siempre, es muy enriquecedora. El proceso de edición se vuelve muy horizontal porque compartimos textos unos con otros y pedimos opinión unos a otros, tratando de que todo el mundo pueda hacer mejor el texto del otro, eso también hace que haya un proceso en el que todo el mundo crece al mismo tiempo.

Esto es algo importante en la mayoría de los nuevos medios e incluso en medios con una trayectoria más larga, porque el diálogo entre la cabecera y los públicos funciona de manera diferente en internet a cómo funcionaba en etapas anteriores con el papel… Nosotros tratamos de alimentar dinámicas en el equipo para que a cada uno le interese hacer su mejor trabajo porque redunda en todos positivamente, y también que todos tengamos derecho a exigir a los demás porque cuando alguien comete un error lo estamos cometiendo todos. La gente no va a distinguir, no va a salvar a la cabecera de los errores de los individuos y en ese sentido los estándares tienen que ser colectivos y tienen que alcanzarnos a todos. Alrededor de estas ideas hemos construido nuestro periódico.

SOBRE COSTOS PARA MANTENER UN FARO

http://www.caimanbarbudo.cu/articulos/2017/12/hagase-la-luz-en-el-salvador/En los primeros años trabajábamos en otros medios y en el tiempo libre hacíamos nuestro periódico. Eso dejó de tener sentido cuando en nuestro periódico empezamos a sacar noticias que lograban más impacto que las que publicábamos en el periódico donde nos pagaban… De hecho, hay un momento clave, en 2003, cuando Carlos Martínez y Sergio Arauz entrevistan a un periodista de televisión muy conocido en El Salvador llamado Mauricio Funes, que todos sabíamos que tenía intereses políticos y quería ser candidato por el FMLN a la presidencia y estaba maniobrando junto a gente del partido para incorporarse. Una figura muy popular, muy crítica con los gobiernos de derecha y un hombre joven… Nosotros habíamos inaugurado una sección que era como de conversaciones relajadas, la llamamos “Pláticas en punto”: quedábamos en un restaurante para comer, en una dinámica muy distendida, no una entrevista de rendición de cuentas, era mucho más abierta… Aquella de Funes fue divertida porque en el fondo siempre estuvo, como un elefante sobre la mesa, la pregunta de qué iba a pasar con su futuro político, pero la conversación se regodeaba y nunca se acababa de llegar a ese punto. Pero hacia el final de la entrevista, después que Sotomayor, el fotoperiodista, había tomado todas las fotos necesarias para ilustrar; él se sienta a la mesa mientras los demás hablaban y. en un instante de silencio, le dice al entrevistado: “Bueno, entonces qué, ¿vas a ser candidato o no vas a ser candidato?” Todos esperábamos que el hombre se fuera con alguna evasiva, pero no, respondió: “Aceptaría ser candidato del FMLN con algunas condiciones…” “¿Cuáles son esas condiciones?” Las dijo… Y el lunes publicamos la entrevista con el titular: “Funes aceptaría ser candidato del FMLN con tres condiciones”. Claro, ¡un bombazo! El país se sacudió absolutamente; fue como si bajara el mesías. Había mucha gente esperando un candidato de izquierda que no hubiera luchado en la guerra y que en ese sentido rompiera también con el esquema de si la única izquierda en el país era la de los ochenta o si había otra izquierda, si había renovación. Otros no confiaban en él… Al final, Mauricio Funes no fue candidato en esa elección ni en 2004, hasta la de 2009. Y cuando llegó al gobierno, fue un gobierno desastroso, plagado de corrupción. En estos momentos está asilado en Nicaragua porque dice que es un perseguido político en El Salvador, a pesar de que sigue gobernando su partido. Digamos que ha terminado siendo una figura un poco manchada, pero en cualquier caso fue un bombazo informativo… Pero por lo que puse el ejemplo, es que entonces tanto Carlos como Sergio trabajaban en un periódico impreso, y al día siguiente llamó la jefa y les dijo: “¿Por qué eso está en E.F y no en el periódico que les paga?” “Porque ustedes no me pidieron que entrevistara a Mauricio Funes”. “Ya, que no vuelva a suceder. Elijan”.

A partir de ahí nos vimos en la necesidad de conseguir dinero… El primero que recibimos fue de una fundación holandesa, luego hemos recibido de fundaciones alemanas y de otros lugares; nunca hemos recibido fondos del gobierno de los Estados Unidos o de sus programas, solo de fundaciones privadas. Un 60 o 65 por ciento de nuestro presupuesto todavía depende de proyectos de financiamiento; siempre desde un principio de independencia: presentamos el proyecto de lo que queremos hacer y una vez aprobado, nadie tiene nada que decirnos lo que escribimos o no, sin admitir injerencias ni llamadas de que no me gusta esto, ni enseñar textos, solo trabajamos con los que respetan nuestra labor periodística.

También vendemos publicidad. Entra poco, pero de ahí sale como un 15% de nuestro presupuesto. Vendemos materiales a otros medios; de ahí sale otro 5%. Desde hace dos años estamos creando una comunidad de apoyo para recabar fondos proporcionados por nuestros lectores; o sea, tenemos el microfinanciamento, del cual sale otro 5%. Organizamos el Foro Centroamericano de Periodismo, talleres, conferencias, exposiciones de fotos o de arte basado en periodismo; y eso también genera algún recurso, entre un 3% o un 4%. Así vamos haciendo las cuentas, llevamos haciendo malabares veinte años y seguimos.

UNA COMUNIDAD ALREDEDOR DEL FARO

José Luis Sanz, director del periódico El Faro, en conversatorio con periodistas cubanos en la revista El Caimán Barbudo (11)Hace poco creamos un movimiento que llamamos “La excavación ciudadana”. La idea es que si los lectores creen que nuestro periodismo es valioso y aporta a la sociedad, entiendan que los viejos modelos de sostenibilidad de los medios privados están en decadencia y que nuestro periodismo no es sostenible por la vía comercial. Entonces, si quieren que sigamos haciendo ese periodismo, pues que nos ayuden; ya el pasado año llegamos a tener más de 500 personas que hicieron pequeños aportes; este año hemos empezado de cero con un nuevo modelo de aportes más pequeños pero más regulares (mensuales o una vez al año de manera permanente). Estamos reconstruyendo esa comunidad ahora mismo y tratamos de seguir creciendo para que los lectores sean cada vez más importantes en esa sostenibilidad.

Además, creemos que forma parte de nuevos paradigmas de relación del periodismo con la sociedad, no solo en el aspecto del financiamiento sino también por el aspecto del diálogo. Es decir, resulta cada vez más difícil para los medios saber quiénes son sus lectores porque antes tenías este sistema cerrado, donde solo podía comentarte la noticia quien había comprado tu periódico y la había leído; ahora mismo te comenta cualquiera que pasa por Facebook o por otras redes sociales, te hayan leído o no, y es muy sencillo generar un ruido que distorsione el debate sobre el resultado de un trabajo periodístico. ¿Cómo identificas el feedback real y siempre necesario de tus lectores y de la sociedad que valora lo que haces, aunque sea críticamente, y con la que quieres dialogar? Para eso, construir una comunidad es muy importante; y tenemos actividades mensuales, donde invitamos a este grupo de lectores para discutir nuestros enfoques, para que nos pregunten lo que quieran, para que conozcan a nuestros periodistas, para establecer a partir de ahí un diálogo sobre cómo mejorarnos, cómo se nos está leyendo, si se nos está entendiendo y si nos estamos centrando en los temas relevantes o si hacemos omisiones.

No es que los tengamos que satisfacer: la conversación entre el periodista y la sociedad debe ser de igual a igual, no es que tú cantas por encargo, porque el periodista tiene que hacer propuestas más allá de lo que le piden, ha de ser activo y responsable en la medida de ser una voz en la conversación, con criterio propio. Además, tiene que incomodar al lector en el sentido de un diálogo intelectual; como harías con un amigo, establecer una interacción articulada donde no le dices lo que quiere oír sino aquello que tú piensas que debe saber.

DEL ALCANCE DE LA LUZ DEL FARO

Es probable que nuestra manera de escribir, la extensión de los textos y en algunos casos los temas que tratamos, limiten nuestro alcance, que exista gente que nos lea menos; que haya una barrera… Hay una especie de dilema ahí porque ¿cuál es el otro escenario? Una cosa es que haya que enfrentarse a eso y otra es huir de eso. Si el otro escenario es dar a los públicos el tipo de producto que resulta fácil que consuman y ese producto no construye nada intelectualmente, pues estás haciendo una torta con un pan, no estás haciendo nada nuevo.

Puede que sea elitista escribir textos que requieren bastante tiempo de lectura, si se piensa en los hábitos de lectura de la gente o su disponibilidad de tiempo… pero lo cierto es que si yo no tengo una fórmula para hacer un periodismo de brevedad de alta calidad, no le encuentro sentido a hacer periodismo breve. Hacer buen periodismo de brevedad sería el gran desafío del momento. Lo malo es que muchos están enfocados en ofrecer periodismo breve para un máximo alcance, pero muy pocos preocupados en encontrar fórmulas interesantes para que ese periodismo, aunque breve, sea de alta calidad y genere retratos de la complejidad. Creo que el periodismo está perdiendo la batalla en la brevedad.

No me lavo las manos. Lo que quiero decir es que no le encuentro sentido a escribir más corto si no sé exactamente para qué, si puede que lo que haga es estupidizar a la gente, o subvalorarla, o simplificar lo complejo de la realidad, llanamente porque funciona desde un punto de vista de métricas. Si es sencillamente para que me lean más, no me sirve.

EL PRISMA MULTICOLOR DEL FARO

De hecho, no nos presentamos como un periódico digital, aunque a veces sí, por economía y juego del lenguaje. Nos definimos como un proyecto periodístico multiplataforma, cuyo principal producto ahora mismo es un periódico online, pero hemos hecho documentales, audiovisuales para web, libros, organizamos actividades offline, encuentros y discusiones, que vemos como acciones periodísticas, como diferentes formas de hacer periodismo que es lo que nos interesa, siempre con altos estándares de calidad y ojalá para la mayor cantidad de gente posible. Hasta tenemos un programa de radio desde hace unos tres años, para llegar a otro círculo de gente, porque pensamos que a través de la radio se pueden transmitir los resultados de nuestras investigaciones de otra manera.

Organizamos el Foro Centroamericano de Periodismo, que nace de una doble intención. Por un lado, poner el debate sobre periodismo y la formación de periodistas en Centroamérica como una prioridad; y por otro, crear una plataforma que nos permitiera también a nosotros formarnos y nutrirnos de otros. Conseguir talleres con los mejores era muy complicado, normalmente los dan en países lejanos y no teníamos presupuesto para enviar a nuestros periodistas. Entonces nos pareció que tenía más sentido hacer una fiesta del periodismo en El Salvador, conseguir fondos para invitar a los periodistas que admirábamos y de los que queríamos aprender.

Tuvimos una discusión sobre cómo llamarlo, si sería el Foro de Periodismo Centroamericano o Foro Centroamericano de Periodismo, y nos clarificamos que mejor el segundo porque no nos interesaba solo una reunión de los centroamericanos sino una reunión del periodismo en Centroamérica. Con esos matices hemos invitado gente desde Argentina hasta Estados Unidos, Francia, Reino Unido, España y, pues, toda Centroamérica y buena parte de América Latina.

Lo que nos interesa es que los mejores nos cuenten cómo hacen periodismo y luego, los que estamos en procesos similares, que tengamos un espacio de discusión y de exigencia mutua; que podamos conocernos, aprender unos de otros, generar lazos, procesos de acompañamiento, reducir el aislamiento y la falta de perspectiva…

Nosotros, en ese sentido, siempre hemos tenido vocación centroamericana. No siempre podemos hacer toda la cobertura en la Centroamérica que nos gustaría, pero hemos invertido mucho en hacer coberturas por toda la zona, o en México y en Estados Unidos para tocar temas centroamericanos, y también teníamos muy claro que los estándares de calidad no podían ser los salvadoreños, porque no eran los más altos. Teníamos que mirarnos en la mejor gente y en los mejores estándares posibles, de los cuales estás siempre muy lejos pero son con los que te mides y quieres competir.

UNA SALA NEGRA EN EL FARO

“Sala Negra” nace en 2011 porque nosotros no habíamos cubierto bien y de manera sistemática los temas de la violencia en el país… Hay un principio que E.F se autoaplicó siempre; y es que si tenemos muy pocos recursos, lo peor que podemos hacer es invertirlos en algo que no marque una diferencia. Creo que en los ecosistemas actuales de medios es más importante saber con quién no compites, que con quién compites; saber qué no quieres ser, que saber qué quieres ser. Puedes ser tantas cosas, que en realidad decidir qué, puede ser demasiado reductivo y volverse un corsé. Lo que importa es limpiar la mesa o tener una mesa manejable.

No es que nos negáramos temas, pero teníamos claro que había temas demasiado complejos, demasiado exigentes, demasiado importantes. Uno era la economía, un tema muy complicado para el periodismo, no sólo por las luchas de poder o porque te llame alguien por teléfono y trate de influir, sino simplemente porque es muy compleja y lo determina todo. Entonces, hacer buen periodismo económico es muy difícil… Otro de esos temas era la violencia: demasiado importante, demasiado frenética, demasiado feroz, de una dimensión enorme en El Salvador y en Centroamérica.

Teníamos claro lo que no íbamos a hacer: no íbamos a correr detrás de cada suceso. Porque puedes pasarte una vida dando noticias de hechos de violencia, sin que en realidad estés haciendo periodismo, en el sentido más amplio, pues si no explicas nada es como estar contando la misma noticia todos los días y llega el momento en que la sucesión de nombres vuelve todo anónimo. No estás explicando el fenómeno, no lo estás retratando; y uno mismo pierde la capacidad para detectar cómo evolucionan las cosas porque te conviertes en un galgo corriendo detrás de la liebre y ya no sabes luego por qué das vueltas… Pero había que encarar que ese era el gran tema. Bien, hagámoslo, pero ¿cómo?

Partíamos de un par de experiencias previas que nos hacían sentir capaces. Habíamos hecho una cobertura sobre la emigración a través de México que se llamó “En el camino”. Un proyecto de año y medio que terminó dando como resultado, aparte de crónicas y fotoensayos, también un par de libros y un documental. Quedó el libro de Oscar Martínez, Los migrantes que no importan, que se los recomiendo como una de las grandes obras de no ficción; y uno de fotografías titulado En el camino; y el documental María en tierra de nadie, de Marcela Zamora.

Ese proyecto nos sirvió para reafirmar dos cosas. Una, la importancia de la permanencia, de las coberturas largas, para que a lo largo del reporteo se fuera construyendo un dibujo de puntos de la historia total. Dieciocho crónicas, más fotoensayos y más textos cortos, más un documental, retrataron de la manera más completa que se ha hecho hasta el momento, la crisis humanitaria y la brutal realidad de los migrantes centroamericanos a través de México. Esto cambió la narrativa y el curso de la discusión sobre ese tema, aunque suene grandilocuente; y eso no fue algo planeado así, sino solo algo a lo que aspirábamos, que sólo se sueña sin estar seguros de poder hacerlo… Pero ocurrió, lo creo así; y de ese proyecto extrajimos las claves para tratar de replicarlo.

Luego emprendimos un trabajo coordinado por Cristian Alarcón. Él fue el editor de una serie de crónicas que escribimos algunos de los que luego terminamos formando “Sala Negra”. Eran cinco temas relacionados con pandillas en cinco países. Se había hecho una planificación, una especie de matriz en la que cada uno escribía una crónica en un país pero las cinco crónicas tenían que retratar aspectos complementarios del fenómeno; por ejemplo, la paternidad y la relación de los pandilleros con sus hijos, la vida en la cárcel, el impacto en la vida de las comunidades, la posibilidad o no de reinserción. Eso terminó en el librito titulado Jonathan no tiene tatuajes.

Ahí Cristian generó una dinámica de trabajo de “edición cruzada”. Todos llegábamos con los textos y empezábamos a leerlos y el resto de los miembros del equipo, los otros cronistas, te despedazaban el texto. Te preguntaban cualquier cosa que pensaran que tuviera valor y te cuestionaban cualquier cosa, sea de forma, de contenido, de todo. Ese sistema de edición cruzada entre cinco periodistas que nos respetábamos, que habíamos trabajado juntos algunos, nos fascinó. Aprendimos mucho de las preguntas y las respuestas de los demás. Y decidimos aplicarlo en E.F.

Armamos un equipo que cubriera la violencia con mirada regional, porque pensamos que si los otros países sienten que tienen el mismo problema, no tiene sentido enfocarlo de manera nacional, por algo el problema es común. Incluimos a Nicaragua como grupo de control, que tenía muchos rasgos históricos comunes pero allí el fenómeno no se desarrollaba igual.

Entonces: regional, permanencia, trabajo en equipo y edición cruzada. Añadimos en el camino a una documentalista y dos fotoperiodistas. Quedamos ocho personas en total. Lo diseñamos y nos pusimos a buscar dinero. El fenómeno era tan importante —y como nuestra propuesta heredaba los buenos resultados de proyectos anteriores— que conseguimos dinero como para ser la inversión más cara que se ha hecho en el tema de violencia en Centroamérica.

Históricamente ha habido una incoherencia tremenda en muchas sociedades entre lo que consideras que es lo más importante y aquello en lo que te centras. El periodismo legitima tratamientos de algunos temas que no se corresponden con el discurso. Si Centroamérica tiene problemas de violencia y desigualdad, ese debería ser el centro del trabajo periodístico. Pero no. Tienes cobertura política, tienes secciones de Economía que no tocan el tema de la desigualdad porque eso toca en la sección de Social y el tema de la violencia se toca en Judicial, sin una noción de especialización, sin una mirada amplia, comprensiva, que vaya desde la sociología hasta la psiquiatría si hace falta y, desde luego, la antropología, o que se la relacione con desigualdad y con la historia.

Si la migración era uno de los grandes temas, requería una cobertura como la que habíamos hecho. Si la violencia era un gran tema, requería crear un equipo con las condiciones de trabajo necesarias. Así surgió la sección “Sala Negra”, que ha logrado en el camino lo que quería, que es modificar la manera en que el periodismo centroamericano trataba ese el fenómeno de la violencia. Y lo hizo basado en muchísimas ganas, con periodistas de talento; pero también con condiciones de trabajo diseñadas para ello en términos de seguridad y tiempo.

DINÁMICAS DE TRABAJO EN EL FARO

Cuando diseñamos “Sala Negra”, incorporamos desde el principio el asunto de la seguridad, de atenerse a ciertos procedimientos básicos, lo cual es muy importante porque hay situaciones en las que no hay garantías y si tienes que esperar a que haya condiciones para hacerlo, pues no lo harás nunca. Había que hacerlo, ver hasta dónde podíamos llegar y qué necesitábamos para poder hacerlo, pero había que tener en cuenta nuestra seguridad y a la seguridad de nuestras fuentes.

Siempre hay muchísima discusión, constante, sobre dónde podemos ir, dónde no podemos ir y en qué momento. Siempre hemos dicho también que el tiempo es la principal garantía de seguridad; disponer del tiempo para decir “no lo veo claro” o “no estoy seguro todavía”, tener ese tiempo hasta que una fuente más confiable nos diga que eso se puede manejar o hasta que yo confíe en mi fuente y ella en mí. Eso lleva tiempo y el tiempo, en ese sentido, se convierte en una herramienta de seguridad. Supongo que un alpinista coincidiría conmigo…

Hay una figura que usamos, al principio solo para “Sala Negra”, pero ya se ha generalizado en toda la redacción de E.F: la figura del monitor. Ahora, cuando vas a tratar un tema, se te asigna un colega que es tu monitor y tu pre-editor. Hay un proceso de discusión y de acompañamiento constante, por alguien que además conoce el tema o temas similares y te va fiscalizando. Ya no es solo que te convenzas a ti, que a veces nos hacemos trampa, sino que tienes que convencer a alguien más. Dos personas, dos miradas, cuatro ojos.

Eso lo aplicamos al tema editorial y al tema de seguridad. Al tema editorial te puede hacer aportes, aunque tú decidas porque eres el autor. Pero en temas de seguridad, tú no decides porque seas el autor; decide la otra persona. Te puede decir que no le convencen las condiciones de seguridad para ti o para la fuente, porque si llegas como periodista puedes estar señalando demasiado a esa persona y la dejas en evidencia. Si en un texto no citas a la fuente, pues no se sostiene, pero piensa que si lo haces, tal vez la puedes estar matando, y quien dice matando, dice cualquier tipo de consecuencia indeseable que no tiene por qué merecer. Puede perder el trabajo y si está dispuesta, pues bien, pero hay gente que no quiere y no se merece que tú les hagas perder el trabajo.

Los monitores son gente del mismo equipo de la redacción. Y es un proceso de aprendizaje constante porque ves de primera mano el proceso de reporteo del otro. Tú le exiges, pero también tienes el lujo de poder asistir al proceso de arquitectura de tu colega. Es un proceso muy pedagógico.

CUESTIONES DE ESTILO en el Faro

José Luis Sanz, director del periódico El Faro, en conversatorio con periodistas cubanos en la revista El Caimán Barbudo (11)Nosotros nunca nos sentimos cómodos con este juego de clanes que parece que existía entre el periodismo de investigación y el narrativo, con foros y categorías diferentes, como si fuera una cuestión de sangre, como dos grandes familias.

Yo soy de la escuela donde el periodismo se consideraba una rama de la literatura. El periodismo narrativo fue como apareciendo en el escenario. Siempre tuvimos mucho cuidado con las formas, pero no necesariamente nacimos con una vocación de hacer periodismo narrativo. Además, la dedicación de tiempo que requería, parecía fuera de nuestro alcance; pero cuando empezamos a pensar en proyectos mayores sí lo vimos como una herramienta poderosa, y nos hemos ido reafirmando.

Por un lado, creemos que la excelencia narrativa no está reñida con el rigor investigativo. ¡No puede estar reñida con el rigor! No hay por qué escribir una investigación con mucha base documental como si fueras un notario. La realidad sigue pudiendo narrarse.

Por otro lado, el trabajo necesario para hacer una gran crónica sobre temas claves, es periodismo de investigación. Ir a un lugar donde no haya ido nadie, recoger testimonios que nadie tenga, darle coherencia y denunciar algo que nadie ha contado, es periodismo de investigación, sí o sí.

Aparte, la crónica nos ha dado cosas. De la crónica, como género en concreto, yo reivindico varias cosas. Una: te permite romper con la idea del periodista ausente y esa falsa idea de objetividad. Dos: la crónica permite que el lector acompañe a ese periodista que está buscando las respuestas en el camino… y que no es elperiodista que tiene ya todas las respuestas.

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