Actualizado el 28 de diciembre de 2017

La ciberparranda innombrable

Por: . 25|12|2017

Las parrandas de Remedios se han transformado, como dijera Lezama Lima acerca de la poesía cubana, en esa fiesta innombrable, en un suceso de masas, en una sola alma. Cuatro y media de la tarde del día 23 de diciembre de cualquier año en la era digital, un remediano que vive en Madrid consulta su reloj y lo ajusta de acuerdo a la hora cubana. Sabe que en su villa, dentro de apenas media hora, comenzará un torneo brutal entre dos contrarios, dos colosos que desde 1820 protagonizan lo que se conoce mundialmente como las Parrandas de San Juan de los Remedios. El hombre abre el computador portátil, está sentado en una acera madrileña, lo rodea un ambiente ajeno a lo que él desea ver. De repente, la pantalla de su laptop estalla, los petardos y sus ruidos ensordecen la tranquilidad de este momento al otro lado del globo. Los paseantes miran azorados, el remediano retrocede en el tiempo, revive el mito de sus ancestros, abandona el tiempo y el lugar, su viaje se hace posible gracias a la tecnología, es una traslación casi mágica.

En la villa más de cinco veces centenaria se desarrolla la festividad parrandera, la más aglutinadora, inmensa en su desborde de luces, colores, sonidos y hasta olores. Gracias a una Wi-Fi colocada en medio del parque José Martí de Remedios, antigua plaza Isabel II, millones de seres, remedianos y foráneos, pueden asistir al espectáculo. En varios sitios del mundo, la gente se sienta en torno al computador, apuestan por los barrios El Carmen y San Salvador, interactúan vía Facebook con los remedianos que hacen la fiesta, llueven los comentarios, los GIF, los videos intercambiados, las llamadas a través de diversos chats. Es como si el Aleph de Borges se pusiera a la disposición del espíritu más cubano, más choteador, de la manifestación cultural de masas por excelencia.

La era analógica

Cuando no existían los teléfonos móviles, ni las laptops, mucho menos la hiperconectividad que cada día devora más nuestras pasiones, en aquel tiempo que parece lejano, los remedianos que se ausentaban de la villa le perdían el rastro al gallo de sus sueños, al gavilán que asumieron como baluarte parrandero. La distancia los obligaba a ver, con atraso, alguna que otra fotografía, apenas la luz, y aun así muchos intentaban, a través del correo postal, establecer una especie de narrativa sobre “qué pasó en las parrandas”.

Uno de los corresponsales más fervientes que tuvo la fiesta en la prensa nacional fue el periodista Pedro Capdevila, amigo de Pablo de la Torriente Brau y de Fernando Ortiz, a quienes les contaba de las hazañas de los barrios remedianos. Gracias a la intensa correspondencia entre aquellos intelectuales, así como la creación de una especie de “Consulado Remediano” en el Parque Central de La Habana, muchos de los parranderos que estaban lejos sabían si el gallo lanzó ramilletes de colores o si el gavilán incendió la plaza vieja con sus tableros atronadores. El propio Capdevila fue presidente del barrio de El Carmen e invitó a las parrandas a intelectuales como Enrique Serpa y Emilio Roig de Leuchsenring. Este último, en un artículo publicado en la revista Carteles, ya avizoraría la trascendencia del fenómeno para la cultura y la economía de Cuba, sobre todo en vistas al turismo.

Aquellas fiestas de provincia, fastuosas por cierto, casi inverosímiles, parecían llamadas a transformarse en el fenómeno universal de hoy. En 1959, año de grandes esperanzas, San Salvador construyó el trabajo de plaza más famoso hasta los días vigentes, “El Arbolito”, una maravilla que fue expuesta luego durante el intercambio entre Cuba y los países del campo socialista, famoso momento en el que nuestro país se situaba de parte de uno de los dos grandes bloques políticos mundiales.

Allí estaban las parrandas, como testimonio de una riqueza destinada a encandilar las conciencias de quienes se interesaban por lo cubano. En medio del periodo especial, casi la única noticia buena que salía de Remedios era la realización de las fiestas, con total fasto, sin escatimar alegría. El mundo se enteraba, aunque con atraso e ignorancia, de aquello que un pueblo pequeño se encargaba de engrandecer.

El aleph y las parrandas

El genial escritor argentino Jorge Luis Borges habla de un principio filosófico que nos permite descubrir las cortinas de todo lo existente. Quizás se anticipaba a internet. Ese Aleph vino a Remedios para robarnos la imagen de las parrandas y traducirla a miles de idiomas. En el año 2012, yo trabajaba en la planta radial CMHS Radio Caibarién, donde cumplía mi servicio social como periodista. Pasé horas enteras delante del computador y di con un sitio web donde los parranderos de toda Cuba colgaban videos, mensajes, conversaciones, anuncios, toda una pasión paralela. Aquello se llamaba Cubaparrandas y tenía la virtud de lo artesanal, cualquiera podía rehacerlo, reescribirlo, de ahí las ardientes discusiones entre partidarios de los diferentes barrios.

Recuerdo que colgué varios reportajes radiales sobre la narrativa de las parrandas en la web, muchos con entrevistas directas a presidentes de barrios o artistas populares; así se vivió en todas las latitudes el nombramiento de las fiestas como Patrimonio Cultural de la Nación. Suceso que apoyaron personas de todas partes. Las parrandas además se realizan en Camajuaní, Vueltas, Zulueta, Caibarién y muchos poblados más. Las pasiones crecieron, desbordaron la razón, las discusiones se tornaron voraces, el uso de nicknames protegía a quién insultaba. Así que el sitio decidió cerrar, pero lo más importante es que una página hecha desde Nueva Jersey alcanzó a todos; unió a muchos en una sola voluntad y, por esa misma adhesión, todos fuimos consumidos en el ardor de la parranda digital.

Los lazos entre los parranderos del mundo, remedianos o no, cubanos o no, quedaban establecidos, la pasión saltó a las redes sociales, a la trasmisión en tiempo real, a la interacción inmediata, incluso a la intervención a distancia en el desenvolvimiento de las parrandas. La misma batalla que dan El Carmen y San Salvador, la dan carmelitas y sansarices en las redes.

Social Network y pasión barriotera

El canal de televisión local Octava Visión dejó de salir en su señal analógica hace años, con lo cual Remedios perdió la única voz periodística que le quedaba a una comarca promotora de la prensa desde el año 1852. No obstante, sus hacedores, entre ellos el camarógrafo Roberto del Portal, han buscado alternativas y desde una precaria corresponsalía establecen cada año el puente con el mundo: trasmiten las parrandas vía Facebook.

En los días anteriores al 23 y el 24 de diciembre, cuando los colosales trabajos de plaza y las carrozas se levantan, los reporteros artesanales, con cámaras propias, se trepan encima de las carretas arrastradas por tractores, donde se llevan las diferentes piezas de colores y luces. Las filmaciones se suben hacia los grupos de remedianos y parranderos que se nuclean en la red social, se establece una interacción; la gente comienza a pedir una entrevista con este o aquel artesano, que se sabe está en la nave de trabajo al frente de la decoración o el atrezo.

Estos materiales se comparten y se debaten duramente en los foros, la gente comienza a generar memes parranderos con las imágenes que les llegan. El fenómeno se torna viral, las discusiones pasan al plano personal; hay hasta quienes se bloquean mutuamente, pues defienden a un bando u otro.

Para Roberto del Portal y todos los que han estado imbuidos en esa tarea, el clima de trabajo y su ritmo son estresantes, ya que nadie les paga por realizar dicha labor. Sin embargo, cada grabación que suben es la semilla de la que germinará el hervidero del día 24 de diciembre, cuando las apuestas por uno y otro barrio suben de color y las redes sociales se polarizan: “este camarógrafo se ve que es de San Salvador”, protestan los carmelitas en la web; “que va, es de El Carmen”, ripostan los contrarios; pues cada quien quiere ver lo suyo, que triunfe su carroza, que luzca su fuego. A Roberto se le hace duro lograr un punto neutro, una tranquilidad, un remanso.

El día 23 a las cinco en punto comienza la trasmisión, miles de computadores en el mundo se abren, varios lugares del globo son invadidos por la música tradicional de las fiestas. Los parciales más fanáticos, además, revisan a Remedios a través de Google Earth, para cerciorarse de la cantidad de voladores que lanza su barrio. Durante toda la tarde, la noche y hasta la madrugada del 25 de diciembre, nadie dormirá, la tensión es asfixiante, más que unas fiestas parecen una guerra. Quienes no nacieron en Remedios no entienden tanta parcialidad de un lado y otro, solo ven la universalidad de un fenómeno que ha decidido ser mayor, mucho mayor que aquellas fiestas que narraban Serpa y Emilio Roig.

En la mañana del 25 de diciembre, Roberto del Portal y su equipo deberán perseguir a las dos congas barrioteras que se declaran vencedoras y corren el triunfo por las calles. El hombre-cámara casi se divide en dos, internet ya está expectante, se crean encuestas sobre quién ganó la competición, la gente guarda la trasmisión grabada como un suvenir para quienes no conocen la alegría de Remedios. Miles de comentarios inundan Facebook, los bombillos verdes del chat permanecen encendidos durante semanas, el tema es el mismo. Nadie llega a un acuerdo, habrá que esperar al próximo 23 de diciembre, a las 4 y media de la tarde; pero la espera se torna circular y mitológica y las parrandas se adueñan de un espacio que jamás se pensó que fuese diseñado para nuestra cultura.

Las parrandas de Remedios se han transformado, como dijera Lezama Lima acerca de la poesía cubana, en esa fiesta innombrable, en un suceso de masas, en una sola alma.

Categoría: Artículos | Tags: | | | |

Director: Fidel Díaz Castro

Diseño web: Héctor Otero

Relaciones públicas: Racso Morejón

Redacción digital: Editor: Racso Morejón

webmaster: Racso Morejón

Desarrollador web: Escael Marrero

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados