Actualizado el 16 de febrero de 2018

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Por: . 14|2|2018

Luis Enrique Fajardo: Su lema se resume en autogestión y bienestar comunitario. Quiere que Colombia “tenga unos niños, jóvenes y adultos con algo en la mente que va a servir para el futuro, y así, entregar buenos ciudadanos”.

Fotografía de Oscar Pérez

Debe ser raro que un día, de pronto, gente de todos lados se interese en lo que ha sido tu rutina por años. Que una fila de periodistas quiera preguntarte algo, llevarse una declaración para imprimirla por miles. Ha de ser extraño, todo eso, para Luis Enrique Fajardo.

Sonríe tímidamente ante cada obturación, mientras un fotógrafo y luego otro, lo pasean por los bajos de la Biblioteca Nacional de Colombia. Dentro del traje, su mínima figura obedece órdenes divescas: ladea el rostro aindiado, mueve un brazo, se sienta a una mesa con libros de tecnología al fondo.

Luis Enrique, guardián de La Casa del Pueblo, una remota biblioteca en Inzá, Cauca, vive con pasión proselitista su oficio. Su lema se resume en autogestión y bienestar comunitario. Quiere que Colombia “tenga unos niños, jóvenes y adultos con algo en la mente que va a servir para el futuro, y así, entregar buenos ciudadanos”.

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Biblioteca La Casa del Pueblo: Es notable de esta biblioteca la capacidad de convocar los esfuerzos de todas las familias de la vereda, también la belleza estética, la concepción y uso del espacio, y sobre todo el amor y seriedad con el que lideran este proyecto de vida de la comunidad”.El territorio en que nace esta historia es un territorio marginado, olvidado por el gobierno. Los recursos casi no llegan acá, de modo que la autogestión de la comunidad fue la única variante para construir la biblioteca.

“El apoyo de los habitantes es fundamental para que La Casa del Pueblo salga adelante, y que se puedan llevar los procesos a todos los habitantes”, asegura Luis Enrique, refiriéndose a las 50 familias que habitan el lugar.

La biblioteca, hecha en guadua1 invita a fantasear. La mesa ovaloide al centro, a reunirse. Ese juego de curvas amarillas que es La Casa del Pueblo identifica a Guanacas, una vereda2 que lleva letras en las raíces.

En los años 40 la violencia convirtió en desplazados a un grupo de paisas. Como hoja que toca el suelo, el peregrinar acabo en las verdes lomas de Guanacas. Y en sus maletas, tanto el apuro y el susto, solo cargaron libros. Mientras levantaban la comunidad, los colonos mataban el tiempo leyendo.

De esta historia, con tintes macondianos, dice Luis Enrique, llega el hábito por la lectura a Inzá. Aquellos patricios colonos enseñaron a sus hijos y sus nietos. Ahora, a los biznietos los enseña él y su equipo de la biblioteca. Lo que era antes quizá, una tarde de sillones, ahora son programas con finas metodologías para inculcar el amor hacia los libros.

Los abuelos de Luis Enrique llevaron en las maletas libros policiales, y un ejemplar de Tom Sawyer que con cuidado hojeaba en su infancia. “A veces, entre vecinos nos prestábamos los libros, buscábamos a un familiar para ver cuál tenían”. Tal vez de ahí la obsesión por crear un lugar como este. Para no buscar más en muchos sitios dispersos, para tener una bóveda abierta con los tesoros de Inzá y los que estén por llegar.

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Guanacas es, de lo rural y pequeño, una especie de villa ilustrada. Aparte de su historia genesiaca, ahí se fundó el primer colegio rural del municipio, lugar con un perfil marcado en la formación de líderes comunitarios. Ahí estudió Luis Enrique.

Graduado, él y unos amigos, supieron que algo faltaba en su su espacio. Ese algo era el sitio dónde conectarse con el pensamiento y la cultura global. Una biblioteca. En 1998, cuando Luis Enrique y otros soñadores se unieron, el mundo miraba a Andrés Pastrana y al ELN hablar de paz, la tv se obnubilaba con la coronación de Marianella Maal como Miss Colombia, el 26 de febrero hubo un eclipse solar, y ellos, los de Inzá, querían su biblioteca.

“Se soñó con la biblioteca porque Inzá pedía un espacio comunitario para instruirse”, afirma.

El proyecto primigenio era muy básico. “Un salón con cuatro paredes, estantes y ya”. Pero la misma comunidad fue participando en el crecimiento de esa apuesta inicial, que se convirtió en un ambicioso centro cultural.

Hacia el año 2000 había jóvenes de la vereda estudiando en Bogotá. Ellos gestionaron desde la capital el abastecimiento de libros, los materiales, etc. Un poco temerosos se asomaron a la embajada de Japón. Aplicaron a unos fondos, y los fondos les fueron otorgados. Con el dinero llegaron aún más retos. El grande, el de levantar de cero un centro cultural, abrumaba.

Niños y adultos hicieron grupos de domingo a domingo cargando estantes, clavos, barriendo, llevando tinto al vecino.

No quiso la comunidad que el alcalde de turno manejara los recursos destinados a La casa del pueblo, el político aceptó. Para alzar el lugar pidieron la colaboración de un joven arquitecto que aún no se graduaba. En su último semestre compartió con un ingeniero, un especialista en guadua, y todo Inzá el nacimiento de ese espacio que a diario se erguía entre tupidas arboladas.

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Biblioteca La Casa del Pueblo: Una torre de libros alimenta a un pueblo.En este punto de la historia, Luis Enrique presidía la Junta comunal de Inzá.

“En 2004 abrimos la biblioteca, y me tocó ir de la mano con la primera bibliotecaria que tuvimos”. Posiblemente Luis Enrique conoce tan bien los libros que hay en La casa del pueblo, porque los cargó, acomodó y registró a medida que llegaban.

Hace tres años fue elegido bibliotecario, y recibe grupos de todos sitios a los que narra la vida del lugar, delegaciones de universidades como la del Cauca, reporteros a quienes da entrevistas. “La comunidad me eligió por mi perfil de líder, de ser dado a la gente”.

Se ha cuestionado las posibilidades de iniciativas culturales como esta para sanar las heridas de una sociedad como la colombiana, o al menos ofrecer un futuro mejor…

“Con la biblioteca nacieron también las escuelas de danza, música, deporte y pintura –cuenta Luis Enrique-. ¿Para qué lo hacemos? Para evitar que muchos jóvenes  adultos se vean  inmersos en vicios, que se sumen a grupos armados ilegales, que, cuando inicio el proyecto, estaban en auge cerca de nosotros.”

Jóvenes que empezaron en 2004 en las escuelas de música ahora son vocalistas e instrumentistas que se presentan a concursos locales y regionales. Un grupo de danza recién se presentó en Bogotá. “Es meritorio que los jóvenes puedan salir de acá y llevar la cultura a otros sitios”, apunta.

El radio de acción de la biblioteca en el municipio es grande. Las comunidades aledañas se acercan a La casa del pueblo, o el bibliotecario salva el escarpado terreno y se llega a algunas con programas como La cámara de los sentidos.

“Fuimos a cuatro veredas lejanas de Inzá haciendo promoción de la lectura, pero con las TICS incorporadas -relata-. Llevamos cámaras, dispositivos móviles, laptops. A los niños se les enseñó a usar estos equipos, a tomar fotografías, a hacer producciones”. Algunos nunca habían tocado un tablet, y la gente se acercaba a Luis Enrique confesando que veían las bibliotecas como un sitio aburrido, una muralla de libros. “Pero ahora van a la biblioteca, piden un portátil y tienen audiolibros, canciones, videos”.

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Hay libros que salen y no vuelven. “La gente se enamora de ellos y uno ya no los puede rescatar —dice Luis Enrique—. Pero es un libro que vive, porque quien les da la vida son los lectores”.

Para evitar eso, crearon el servicio de Libros Libres. Ubicaron un stand a la entrada de la biblioteca, y quien quiera llevarse un ejemplar lo hace, y lo intercambia por alguno que tenga en la casa. “No tiene que estar registrándolo en la biblioteca: es libre. Lo toma por uno, dos meses, lo lee y lo devuelve”. O no.

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PREMIO NACIONAL DE BIBLIOTECA 2017: Luis Enrique, guardián de La Casa del Pueblo, una remota biblioteca en Inzá, Cauca, vive con pasión proselitista su oficio.Los fotógrafos buscan el rostro complacido de Luis Enrique, los periodistas preguntan. 2017 es un año de gloria para La Casa del Pueblo. Luego de valorar más de 100 iniciativas similares por toda Colombia, un jurado le otorgó de forma unánime el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas.

Los decisores, luego de visitarla, coincidieron en que es un proyecto de desarrollo integral que facilita la formación y educación de los habitantes del municipio a través de escuelas de formación artística, servicios de extensión veredal, una emisora radial comunitaria que informa sobre la programación y actividades que desarrollan.

“Es notable de esta biblioteca —destaca el acta final— la capacidad de convocar los esfuerzos de todas las familias de la vereda, también la belleza estética, la concepción y uso del espacio, y sobre todo el amor y seriedad con el que lideran este proyecto de vida de la comunidad”.

Nótese que han escrito “proyecto de vida”. Una torre de libros alimenta a un pueblo.

 

Este texto fue publicado originalmente por el diario colombiano El Espectador.

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