Actualizado el 24 de marzo de 2018

La presencia de la décima en la obra de Amaury Pérez Vidal

Por: . 21|3|2018

Revisando el corpus de textos de canciones de Amaury Pérez Vidal para la elaboración de un trabajo anterior en el que me referí a los sonetos escritos por el cantautor, noté, rápidamente, la presencia en él de décimas, no exactamente de espinelas, pero sí de estrofas de diez versos que no son ni coplas reales ni ovillejos sino décimas remodeladas, irregulares.

Obviamente, dicha existencia (concentrada más bien al principio de su carrera) no me extrañó, teniendo en cuenta que, como afirmo en mi texto ya mencionado, Amaury es un “artífice de calculadas y simétricas estructuras poéticas”, un trovador y poeta amante de las formas estróficas cerradas. Además es un cubano, que, independientemente de haber nacido en El Vedado y de ser uno de nuestros más altos exponentes de la música pop, posee ascendencia paterna tunera, lo cual lo acercó tempranamente a la décima popular. Por si esto fuera poco, es un lector voraz de la obra culta de Jesús Orta Ruíz, de quien fue amigo personal.

Por ello no debe resultar raro que en su primer disco: Acuérdate de abril (1976), nada más y nada menos que la pieza inicial constituya justamente una canción conformada por cuatro décimas, asonantes, imperfectas si se quiere, pero décimas al fin. Me refiero a “Carta de presentación” (1975), el track inaugural de la discografía amauriana.

Sin embargo, el que al poco tiempo comenzó a parecerles raro a algunos extremistas fue el propio Amaury, acusado de extravagante y extranjerizante. Queda claro, pues, que esas personas no quisieron valorar el sello de cubanía que el cantautor apostaba en su presentación, ubicaba en la puerta de su disco. Veamos la primera estrofa:

Tengo una casa tranquila 

al centro en la capital,

situada en un buen lugar,

lejos del mar y su orilla.

Vengo de buena familia

de artistas y jornaleros

y tengo además el pelo

como azabache encendido; 

tengo si acaso un camino,

una voz y un buen empleo.

Además de la canción citada, en este LP se incluye otra pieza formada también por cuatro décimas asonantadas: “El pecador” (1975). La que cierra condensa los contenidos puestos en juego anteriormente, relativos a una irónica reflexión sobre la vida:

Vivir para mí es pecado, 

soy rey entre la amargura

y como es cosa segura

lo tengo por descontado.

Amar para mí es arado

que la tierra no merece;

la risa es un don que ofrece

el olvido a tus pecados,

pero vivir sin pecados

en pecador me convierte.

Su tercer LP, Aguas (1979), “constituye un abrazo definitivo del cantautor al pop-rock y a las tendencias contemporáneas”. Pero, incluso, en el contexto de esas sonoridades de origen no autóctono, Amaury coloca, con armonía total, la obra “Adonde el agua” (1978), que rezuma su original criollismo a través de las tres décimas asonantadas que la integran junto al estribillo. Obsérvense los versos de una de las estrofas:

Lo digo porque he vivido

de la humedad y el rocío

y aprende el que tiene un río

a dominar su barquillo.

Lo digo porque he sentido

la falsedad de unos besos,

apurados, pasajeros,

como que quieren volar, 

y amores que me hacen mal

se me confunden por eso.

Algo similar ocurre en Abecedario (1982), fonograma de corte pop en el que también hallamos una pieza en décimas: “Si yo tuviera talento” (1978). Aquí estamos en presencia de tres décimas, a cada una de las cuales el autor le agrega una cola de dos versos, donde el primero es siempre el endecasílabo: Si yo tuviera talento, mi vida. El texto constituye una irónica declaración de principios estéticos y éticos, lo que desmiente un criterio algo generalizado de que Amaury Pérez solo aborda temas amorosos:

Si yo tuviera talento

hubiera echado raíces

haciéndome sementeros,

cantando lo que me dicen

que es bueno para el cerebro

 y acaparar la confianza 

para tener en la danza 

un sitio entre los primeros

y no temerle al invierno

teniendo a mano la lana.

Lamentablemente ya en los discos sucesivos nuestro autor abandona la práctica de incluir sus personalísimas décimas en ellos. Hasta ahora la dicotomía (una de las tantas) trovador-popero que define a Amaury había tenido en la estrofa abordada un instrumento efectivo. Pero el hecho es que a partir de Mitades (1985) —LP que incluye varias de sus más valiosas y populares baladas ligeras— se aparta de la décima.

Aunque la obra de Amaury Pérez siempre ha sido raigalmente (no de manera epidérmica) cubana, no es hasta ese gesto de homenaje a sus orígenes y esencia trovadoresca que constituye el CD Trovador (2003) que volvemos a encontrar nuestra estrofa.

Y aquí sí resulta completamente propio hablar de la estrofa nacional, pues, por primera vez, como una prueba de madurez métrica del autor, hallamos espinelas. Es el caso de “Tu nombre” (2002), de tema amoroso y delicado lirismo en su tropología. Leamos la segunda décima de las cuatro que conforman la canción:

Se desdibuja tu cara

perdida por los rincones

en sutiles callejones

que el sueño desenmascara;

la luna se descascara

cuajada y arrepentida

de iluminar tu partida

cuando la noche se alfombra

que ya no sé si te nombra

mi voz por sana o raída.

Finalmente, ampliando aún más el repertorio decimístico, cierra “Cosas del ego” (2002), donde el cantautor nos propone tres espinelas (en puridad cuasi espinelas, pues no existe rima d y su lugar es ocupado por la propia rima a; son canciones de “imperfecta sabiduría”). A estas décimas les agrega una cola de versos que riman con el último verso c, creando una suerte de eco y de estribillo. Obsérvese la última estrofa:

Yo quiero ser lo que soy,

y compartirlo contigo,

que si merezco castigo

lo encontraré donde estoy;

da igual si vengo o si voy

da igual si intento y no llego;

a tu cintura me pego,

en tu cintura me doy;  

yo quiero ser lo que soy,

con vanidad, desde luego;  

(cosas del ego, cosas del ego, cosas del ego, 

mi amor, cosas del ego.)

Como afirma el escritor y realizador audiovisual Ernesto Fundora en las notas al disco Trovador: “Amaury más que nunca ha vuelto a su sí mismo. (…) He aquí el mejor y más íntimo retrato del alma de un artista que vuelve a ser adolescente”.

Una vez revisado todo el cancionero de la discografía de Amaury Pérez hasta el momento actual, puedo decir que este posee seis canciones en décimas, integradas en total por veintiuna estrofas de diez versos. Cuatro de las piezas fueron concebidas a finales de los setenta y las otras dos en el 2002, lo que indica un retorno en la madurez al espíritu decimista que desde joven acompañaba al trovador.

Huelga decir que se trata de canciones en disímiles formatos musicales y no de poemas o versos facturados para una canturía, hecho que condiciona la confección final de las décimas, que no pueden ser medidas con el mismo rasero que a los poemarios o versos improvisados. Constituyen, de por sí, interesantes canciones en décimas, que aportan al amplio universo de la estrofa peculiaridades muy personales y enriquecedoras.

Cuantitativamente podrían resultar pocas las décimas de Amaury Pérez, cantautor capitalino y cultor de la trova y el pop-rock, pero, en el contexto de una obra signada por su riqueza musical y poética, que sedimenta lo mejor de la tradición foránea y nacional, relucen con un brillo particular de cubanía.

 

Notas:

  1. Véase: Hernández Alén, Yosvel: Apolo, Dionisos y los sonetos de Amaury Pérez. En: http://www.caimanbarbudo.cu/literatura/resena-de-libros/2017/05/apolo-dionisos-y-los-sonetos-de-amaury-perez/
  2. Amaury nos cuenta que cuando era muy joven “escribía sonetos y décimas sólo para mí como una suerte de exorcismo (…) Algunos (pocos) se volvieron canciones”: Pérez Vidal, Amaury: Destinatarios. Ediciones Matanzas, Matanzas, 2016, p. 11.
  3. Pérez Vidal, Amaury: Las canciones. Ediciones Boloña, La Habana, 2003, p.45.
  4. Ibídem: p./54.
  5. Ibídem: p. 74.
  6. Ibídem: p. 82-83.
  7. Ibídem: p. 303.
  8. Ibídem: p. 307-308.

9. Fundora, Ernesto: Notas al disco Trovador de Amaury Pérez. Unicornio, Producciones Abdala, La Habana, 2003.

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