Actualizado el 10 de abril de 2018

El Chava, uruguayo de nacimiento, cubano de corazón

Por: . 8|4|2018

Imagen tomada de www.theclinic

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No fui amiga de Daniel Edmundo Chavarría Bastélica, fui su voraz lectora y más fiel oyente, cuando como un actor, un sacerdote o un cantante, entonaba sus discursos con una pasión desbordada y una erudición comedida.
El Chava que dominaba con fluidez cinco idiomas, afirmó una vez “No soy un culterano; trato de hacer una literatura que esté al alcance de amplios sectores de la población. Pero con dignidad, sin caer en la estúpida lógica mercantilista”. El profesor de latín, griego y literatura clásica en la Universidad de La Habana, fue traductor de alemán para el Instituto Cubano del Libro durante mucho tiempo.
Sólo con una cultura descomunal como la suya se pudo escribir la novela El ojo de Cibeles o El ojo Dyndimenio, un viaje al mundo greco latino que, hasta el poco conocedor de esas culturas navegaba con placer en medio de una trama policial.
Yo me rendí ante él con Joy su primera novela. Alguna vez dijo que la escribió porque se enamoró de Diecisiete instantes de una primavera de Yulián Semiónov, pero el alumno para mi gusto, en ese caso superó al profesor. Joy tiene la sensualidad del trópico, si mal no recuerdo uno de sus párrafos empieza con algo así como que la calle es una mujer, que se entrega o no.
Luego de esa historia cada libro de Chava lo discutía. En La jiribilla hace un tiempo escribí:  “Han pasado casi tres décadas desde que los lectores cubanos sucumbiéramos ante el encanto de Joy. Era la primera novela del fenómeno Chava, sí porque ese uruguayo aplatanado en Cuba, que responde al nombre de Daniel Chavarría deviene fenómeno editorial cada vez que presenta un título.

Este lunes a la una de la tarde (no sábado, ni domingo, a las cuatro o las seis) centenares de personas se agolparon para comprar Viudas de sangre y Una pica en Flandes, sus dos últimas novelas inéditas en Cuba y que ya, en el caso de la primera, tuvo una multitudinaria presentación con “lenguaje de adultos, sexo y violencia” en un Sábado del libro, al decir jacarandoso de su autor.

Muchas de las personas que fueron a la Cabaña comentaban que no pudieron alcanzar el libro en su presentación anterior. Esas mismas personas, en una sala Nicolás Guillén abarrotada, irrumpieron en aplausos cuando el escritor entró, tan dueño y señor del espectáculo como un roquero o un sonero de fama. Porque si uno se divierte horrores, a la vez que aprende leyendo a Chava, sucede otro tanto ante su charla. El profesor, EL BUEN PROFESOR, de griego y latín que engatusó a centenares de estudiantes de la Universidad de La Habana, emerge cuando dialoga con un público heterogéneo.”

Con su primera obra ganó el Premio Capitán San Luis, el Dashiell Hammett otorgado por la AIEP en Gijón, por Allá ellos, Asturias, 1992; el Planeta, por El ojo de Cibeles, México, 1993; el Casa de las Américas, por El rojo en la pluma del oro, en el 2000; el Edgar Allan Poe, por Adiós muchachos, Nueva York, 2002, el Alejo Carpentier, por Viudas de Sangre en el 2004 y el Ciutat de Palma de Novela Camilo José Cela para Príapos.

Estuve en la presentación de Príapos y reí a mares por ver al Chava seguir gozando con su historia de una yerba que propiciaba la erección del pene, algo así como una viagra. Pero esta novela que puede ser pornográfica es sencillamente cómica, mientras en Adiós muchachos donde el sexo es un personaje más, el mensaje político queda claro, porque este hombre fue un revolucionario las 24 horas del día.
Desde que en 1969 secuestró una avioneta y vino a dar a Cuba, huyendo del Departamento Administrativo de Seguridad, fue un cubano más con su caneca de ron siempre cerca, un chiste o una anécdota a flor de labios.
A Chava me unía la complicidad de ser lectores de los manuscritos de nuestro amigo Alexis Diaz Pimienta. Precisamente, en su casa lo conocí un día a la que fue a dar luego de participar en una movilización en la Plaza de la Revolución. Otra vez fui con Alex a su departamento en El Vedado, allí hablamos de una entrevista que nunca le hice.

Imagen tomada de Cubadebate

Imagen tomada de Cubadebate

Hoy, como sus miles y miles de lectores siento mucho que ya no haya de nuevo un empuje especial en una sala de presentación de La Cabaña, cuando llegara ese hombre rosado, de voz bronca, risa fácil, un poco gordo, una cabellera blanca, algo larga y unos ojos castaños (hubiera escrito azules sino fuera porque acabo de ver la foto) que reían siempre. Pero bueno me quedan sus libros, algunos están prestados. Los recuperaré. Hasta luego Chava, guárdame aguardiente en tu caneca para que me des un sorbo cuando nos volvamos a encontrar.

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