Actualizado el 2 de agosto de 2010

Chamaco, la IX Muestra y El ojo del canario:

Tres momentos del cine cubano actual

Por: . 25|4|2010

El ojo del CanarioDurante las últimas semanas los cinéfilos en Cuba han debatido con más o menos pasión acerca de tres momentos importantes: la exhibición del filme Chamaco, de Juan Carlos Cremata; la IX Muestra de Jóvenes Realizadores y el estreno del filme Martí: El ojo del canario, de Fernando Pérez.

Por sus singularidades cada uno de estos hechos ha atizado el diálogo acerca del séptimo arte, sus bondades, funciones y alcances en un destinatario participativo como es el cubano y que disfruta el cine de una manera especial.

EL CUARTO LARGO DE FICCIÓN DE CREMATA

Con un presupuesto financiero mínimo, acudiendo a sus amigas y amigos de la actuación, Juan Carlos filmó en diez días Chamaco, una cinta basada en la obra de teatro homónima de Abel González Melo y que en su puesta en las tablas fue todo un suceso en La Habana.

El filme que según su director, tuvo “un ensayo general” en la inauguración de la IX Muestra de Jóvenes Realizadores, en el cine Chaplin, aún necesita un proceso de acabado para que pueda estrenarse comercialmente. Por lo pronto, ya fue presentado en el Festival Internacional de Cine de Miami y tiene otros compromisos hasta que atraviese por todo el capítulo de hinchado a 35 mm y una mezcla a 5.1.

Si bien Juan Carlos respetó la pieza dramatúrgica de González Melo, logró hacer cine con esa historia sórdida sobre el “mercado de la carne” y otras miserias humanas. La muerte de un joven en un oscuro parque —que pudiera ser el de cualquier ciudad del mundo— desencadena una tragedia en la que se ven implicados el asesino, el padre y la hermana del muchacho desangrado casi delante de una barrendera nocturna. A este cuadro se le une un policía corrupto que tiene relaciones de proxeneta con un travesti y otros gays a los que intimida desde su uniforme. Nada, que contado así cualquiera piensa en una pésima película de violencia, sexo y lenguaje de adultos, de las que se trasmiten por televisión los sábados por la noche.

Pero no, Chamaco es una cinta que se inserta en lo trágico, y a pesar de sus escenas sexuales y hasta crueles, se la asimila como lo que es: un muestrario de actitudes humanas en las que pobreza, marginalidad, corrupción y doble moral se dan la mano para enseñar las zonas menos visibles y más oscuras de las familias y la sociedad.

A su buena factura, la película une un aporte importante: es el primero realizado en Cuba que, con respeto y arte, haya filmado explícitamente relaciones homosexuales, donde dos hombres se besan o se acarician. Tal hecho está avalado por las convincentes actuaciones, especialmente las de Aramís Delgado, Luis Alberto García y Fidel Betancourt; este último un joven actor que demuestra tener madera para grandes empeños.

Filmado, por necesidad e intención, de noche, es una cinta en la que sobresale la fotografía de Lily Suárez, que voluntariamente se recrea en sombras y grises. Y entre de todas las escenas despunta aquella en que el policía corrupto obliga al jinetero a una felación, para luego darle bofetadas. En tal sentido, Cremata reveló: “Aunque teníamos una muy buena imagen, la degradamos y ensuciamos a tal punto que ahora parece filmada con un celular. Eso tiene su filosofía: en ella se habla de cosas bastante sucias, secretos que la gente oculta celosamente, y nos interesaba reflejarlo a través de una realización contestataria, alternativa, contraria a la belleza estética que suele exigírsele al cine”.

El filme ha sido calificado por su director como una posible obra maldita: “Lo digo, porque no creo que el público quede muy complacido: la gente va a salir del cine con dolor en el pecho, con sentimientos encontrados, malestar en el alma, porque su historia y la forma en que se cuenta, saca cosas muy duras de los seres humanos.

“No estamos haciendo una crítica específica a nada en Cuba —aclaró Cremata—. Estamos utilizando esos personajes cubanos, tan bien creados por Abel, para mostrar ese lado oscuro que pueden llegar a tener ciertas personas en cualquier parte del mundo.”

No faltan quienes aseguran que Chamaco no circulará en los cines porque se adentra en temas tabúes de nuestra sociedad. Quienes piensan así continúan viendo el arte o cualquier producción del intelecto humano en blanco o negro. ¿Es tan insólito que existan un policía corrupto, un juez bisexual y una doctora que vende las pastillas que roba de su hospital? ¿Hasta cuando se pensará que el cine, la televisión o la literatura deben ofrecer una imagen edulcorada de la realidad? La cintano habla de que todos los policías son corruptos, todos los jueces tienen doble moral y todos los médicos venden medicinas robadas: pone tres ejemplos para montar una historia trágica que, al final, con el suicidio, redime un tanto la condición humana, especialmente cuando el asesino que se arrepiente de su acto.

Pero más allá de este análisis desde la perspectiva de nuestra realidad, Chamaco enseña una historia que puede suceder en cualquier lugar y momento. Esa es una de sus virtudes.

LA MUESTRA EN SU NOVENA EDICION

Desde su primera edición la Muestra de Jóvenes Realizadores ha sido polémica. Esta última ha levantado un montón de opiniones acerca de algunas piezas y premios. No han faltado quienes claman por desacreditar a los jueces que reconocieron un trabajo determinado; o los que en la otra punta, exigen que todo sea trasmitido por la Televisión cubana. Los extremos siempre se tocan.

El festival de cine de los jóvenes es mucho más que el significado de una de las obras presentadas; está hecho por muchachos y muchachas (que bueno verlas dirigiendo) que se parecen a su tiempo, no a sus padres.

Danae Diéguez, coordinadora de los eventos teóricos, al preguntarle que si la muestra ha cambiado de sus orígenes dice: “Creo, que sin dudas ha cambiado, sin haber traicionado su esencia: la de ser el espacio que aúna la producción audiovisual realizada por los más jóvenes, en su mayoría aquellos que no pertenecen a la industria y que realizan sus obras de formas alternativas a ella, o de modo independiente, como quiera llamárseles. Los cambios fundamentales, repito, no son de esencias, sino de maneras de articular el propio evento. Si pensamos que ya hoy la cantidad de películas que se presentan pasan anualmente de cien, entonces, cómo puedes imaginarte, la selección o proceso curatorial debe ser más rigurosa. A ello súmale que la Muestra es hoy un ámbito legitimado por los jóvenes realizadores como su espacio de encuentro y como posibilidad de ver proyectada su obra dentro de la magia de la sala oscura. Es un proyecto que se ha convertido en imprescindible, en tanto refiere los temas que con más asiduidad ellos y ellas representan. Es ya hoy, un espacio culturalmente ganado que confirma la imagen de un país, de los sujetos que la habitamos, de las angustias, sueños, compromisos y alegrías que a los jóvenes les preocupan”.

Le pido a la también profesora de la Facultad de Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (ISA) que me hable de lo que diferencia a la IX de sus predecesoras y dice: “Esta ha sido una Muestra en la que notamos una mayor diversidad temática y estética en las obras presentadas. Se puede ver no solo el referente cotidiano, social y político como representación, sino, y con mucha más presencia, obras que discursan sobre tópicos más universales, mucho más empeñados en los conflictos de los sujetos individuales, además de lo simbólico como proceso enunciador de obras con búsquedas formales interesantes y provocadoras dentro del panorama audiovisual cubano. Con esto no te digo que antes esto no se hubiera dado, solo que en esta edición fue más notoria la inquietud de algunos por desmarcarse de un lenguaje tradicional, e intentar provocar, además, desde esas búsquedas del lenguaje.

“Pero la Muestra sigue siendo el espacio en el que leemos y vemos en imagen a Cuba, pero a esa Cuba que los medios habitualmente escamotean; y que los jóvenes han decidido, creo que con mucha honestidad, mostrar. En esta edición también se intensificaron los debates y se hizo hincapié en la discusión acerca de lo artístico por sobre lo propiamente temático. Ese lugar de intercambio convierte a la Muestra en una plaza para el pensamiento, el diálogo y en el que también he visto cuánto se ha ganado en cultura del debate; algo de lo que aún carecemos como ejercicio de ciudadanía en muchos otros espacios pensados para el intercambio en nuestro país.”

Finalmente, Danae me habla de lo que han logrado los jóvenes con este encuentro: “Pienso que ganan todo el tiempo, porque cada año es su posibilidad de confrontación con otros contemporáneos, de crecer, porque la propia posibilidad de dialogar, de intercambiar también con otras generaciones de cineastas, los hace ser más exigentes. Los hace interactuar con el audiovisual de jóvenes de otros países y allí se produce otro ejercicio de confrontación. Creo que Cuba, que las instituciones del país, ganan con los jóvenes y esta Muestra del audiovisual que ellos hacen, pues allí esta la imagen de una nación que es la confirmación de un espíritu y es, a su vez, la memoria del pasado que seremos.”
A Ernesto Daranas le pregunté como se veía presidiendo un jurado de una muestra de la que casi forma parte aún y su respuesta no se hizo esperar: “Te confieso que no me gusta ser jurado de nada, pero la Muestra es algo particular. Además, el que nos convocaba era Fernando Pérez, así que no había excusas. Junto a X Alfonso, Nanette García, Angélica Salvador y Ernesto Piña, hemos visto unas setenta obras, y para cada uno de nosotros ha sido una muy interesante experiencia.”

Sobre la función que le concede a la muestra, el director de Los dioses rotos me dijo: “Siempre reincidimos en la perogrullada de que es el espacio por excelencia de nuestros nuevos talentos; y es cierto, pero tal vez colocamos en un segundo plano que también es una ocasión excepcional para que el público de toda Cuba confronte con las inquietudes artísticas y generacionales de nuestros más jóvenes realizadores. Por eso la Muestra se abre luego a otras
provincias, en un periplo con valor muy especial tanto para el joven cineasta como para el espectador nacional. Como ya sabemos, los materiales más destacados y comentados los vamos a encontrar dentro de poco en los bancos de video, en los catálogos de los vendedores callejeros y en las computadoras de muchas partes; de ahí la importancia de difundirlos nacionalmente por todos los medios posibles. Son obras en las que sobresale el compromiso con nuestra realidad, así como la percepción que de la vida, el arte y la sociedad tienen nuestros jóvenes. Lamentablemente no siempre podemos confrontar con eso, así que posibilitarlo es otra de las grandes funciones de la Muestra.”

En una reciente entrevista concedida a la revista digital La Jiribilla, Omar González, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos ICAIC, expresó:“A lo largo de sus nueve ediciones, la organización de la Muestra se ha asumido con valentía, y hasta con estoicismo, a veces incomprendidos, pero convencidos de que lo que estaba en juego era mucho más que la novelería de un espectáculo pasajero. Ya hoy la Muestra es un hecho consolidado, inocultable, aunque tenga que crecer y fortalecerse en muchísimos aspectos, porque es un cuerpo vivo. No es una Muestra para jóvenes hecha desde la vetustez; tiene a los jóvenes como protagonistas, y habría que ver cómo el edificio del ICAIC se transforma en una colmena de muchachos durante los días en que transcurre el momento más concurrido del evento, la muestra propiamente (…) Siendo la Muestra un proyecto de tal envergadura y con tales resultados, no es de extrañar que los enemigos de la Revolución traten de manipularla e, incluso, de desvirtuarla en sus esencias. De ahí que todos, principalmente los jóvenes, estemos en la obligación de defenderla y preservarla, para que siga siendo un espacio ineludible de nuestra resistencia cultural.”

Y el alma de la muestra, líder indiscutible de los más bisoños realizadores, el director Fernando Pérez, me confesó: “Lo que me ha dejado la muestra es la imagen de unos jóvenes serios, alegres, profundos, disfrutando de un cine hecho por ellos y para ellos. Aplaudieron cuando tenían que hacerlo, rieron cuando fue oportuno, y respetaron cuando lo que se presentaba no les era de su agrado. Ese agradecimiento e identificación de los jóvenes con la muestra es lo mejor que ha sucedido durante esos días de cine joven.”

EL MARTÍ DE FERNANDO

Cada vez que a Fernando Pérez le han hablado de su película Martí: El ojo del canario, ha dicho que ese es su Martí y que hay tantos como cubanas y cubanos: “Por eso escogí la infancia y adolescencia, porque es la etapa de formación de su carácter. Es una película muy mía. Por eso yo digo que no es una biografía, aunque sí se basa en la historia y la respeta mucho. Es una visión subjetiva, mi interpretación de esa historia y ese hombre. De lo contrario hubiera hecho un documental.”

¡Qué bien esa decisión! Porque perteneciente a la serie Libertadores, de Wanda Visión y Televisión española, la obra pudo transitar por otros derroteros. Los productores le dieron libertad al director para que escogiera la etapa de la vida de Martí y la forma en la que la trabajaría.

Se trata, al decir de su máximo hacedor, de una película “clásica en el sentido de construcción dramatúrgica”, pero eso no quiere indicar sencilla. Para llegar a esta bella historia de unas dos horas de duración, se requirió investigar de forma minuciosa en medios de prensa de la época, libros y vetustas construcciones del siglo XIX.

En esta búsqueda, trabajaron junto al realizador Gloria María Cossío y Alejandro Gutiérrez. Con esa cantidad de información Fernando asumió el guión: “Decidí escribir el guión solo, por primera vez, porque me di cuenta de que lo que quería expresar era una visión muy personal e intimista del héroe”.

Otra tarea descomunal fue la de buscar los protagonistas. Tenían que encontrar al niño y el joven que se pareciera a Martí. Después de un trabajoso casting fueron elegidos Damián Rodríguez y Daniel Romero, que en ambos casos podían hablar solamente con la mirada.

Erick Grass, de nuevo como director de arte en una película de Fernando, tuvo la difícil misión de lograr que en cada escena se respirara el ambiente familiar de nuestro héroe nacional. “La película es mas tonal que cromática; en ella predominan los grises, los azules, los pardos y los colores pasteles típicos de la época”, ha dicho este creador que logra una puesta evocadora, a pesar de contar con muy pocos recursos.

La excelente fotografía corre a cargo de Raúl Pérez Ureta, merecedor con creces del Premio Nacional de Cine 2010. La edición es de Julia Yip y la música de Edesio Alejandro: todos integrantes del grupo que trabaja con Fernando desde hace años.

El equipo logró lo que puede parecer imposible: dar un Martí vivo. Es un niño que juega, sueña, o se asombra con los senos de una mujer, hecho que lo lleva a masturbarse sobre las sábanas dentro de la soledad de la noche. Un muchacho que teme a los ladridos de un perro y lucha por vencer el miedo; o se ve derrotado por un compañerito más fuerte que él. Es el adolescente que casi obligan a gritar “viva España”. Pero también es el estudiante aplicado, el precoz escritor, el hermano complaciente, el patriota en ciernes, todo eso que conocemos por las biografías o los acercamientos a la figura del Héroe Nacional cubano.

Con esa sensibilidad especial que lo caracteriza, en el guión y la dirección de actores Fernando logró mostrar a un Don Mariano (Rolando Brito) recio, por momentos hasta cruel, pero justo; mientras Doña Leonor (Broselianda Hernández) es la madre comprensiva y dulce dentro de la exigencia natural de una progenitora que ve peligrar a su hijo.
El Mendive de Julio César Ramírez es tan convincente como el Salustián de Manuel Porto; ambos en el papel de formadores del niño-adolescente, que los seduce por su inteligencia, habilidades literarias y cubanía.

Fernando se propuso, según ha comentado, mostrar cómo se forjó la personalidad de ese niño que luego fue un ser excepcional; y puntualizó: “No es una biografía del Apóstol ni nada por el estilo, sino un itinerario espiritual”.
Y lo logró. Cada frase dicha en la película, sea sobre la libertad o sobre el amor, tiene el valor de mantener su actualidad. Es un filme que puede apreciarse en cualquier latitud, pero para cubanos y cubanas es una obra que nos acerca al más universal de nosotros y que nos dice cuánto aún falta por hacer para cumplir su ideario.

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