Actualizado el 8 de julio de 2011

Los 60 de “la Gran Pantalla”

Por: . 18|10|2010

Los 60 de la Gran PantallaEl 24 de octubre de 1950, desde Mazón y San Miguel, en la ciudad de La Habana, salió al aire Unión Radio Televisión, canal 4, obra de Gaspar Pumarejo. Esa fue la primera señal televisiva transmitida en Cuba y la tercera en América Latina. Pumarejo, con su tenacidad, le ganó la carrera contra el tiempo a Goar Mestre, el zar de la radiodifusión en Cuba, que no pudo ser el fundador de la TV. Claro, solo unos meses después nacía CMQ, y poco a poco surgieron canales hasta llegar a siete en 1959, cuando triunfó la Revolución.

Con Fidel, los estudios televisivos devinieron centros proveedores de orientaciones e ideas, en un período de cambios trascendentes donde se estaba destruyendo una forma gubernamental para dar pie a otra. En ese enero de victorias dibujado con barbas, trajes verde olivos y brazaletes rojinegros, junto a transformaciones que se acometían, también se iba modificando la televisión.

A pesar de que sus señales y las radiofónicas estaban en manos privadas, se desplegó una gran cobertura informativa, por más de sesenta horas ininterrumpidas, desde el primero de enero de 1959. El día 8, fecha de la entrada de los Rebeldes a La Habana, también hubo una amplia difusión.

Un hecho que marca aquellos años es que el 26 de septiembre de 1960 se trasmitió en tiempo real el discurso de Fidel durante la Asamblea General de las Naciones Unidas. Tamaña hazaña, en aquel tiempo fue posible porque se empleó el Sistema “A través del Horizonte” —OTH, según las siglas en inglés— que ya se había usado para la transmisión de espectáculos deportivos y programación de entretenimiento, de Estados Unidos a Cuba y viceversa.

Para la difusión desde la ONU, la señal se trasladó entre las ciudades de New York-Estado de la Florida-Guanabo; de aquí al edificio de la Gran Logia Masónica en La Habana, y de ahí a Radiocentro, en donde estaba el Canal 6, CMQ-TV, última estación antes de llegar a todo el país.

Y es que, cuando en 1998 la Asociación Profesional Española de Informadores de Prensa, Radio y TV concedió a Fidel el Micrófono de Oro, no realizaba un acto formal. Estaba reconociendo al hombre que fue uno de los primeros en usar la televisión como vehículo propagandístico y con resultados admirables.

EL CAMBIO

Los 60 de la Gran PantallaNacionalizar la TV fue un proceso singular, en el que intervinieron no pocos de los renombrados especialistas que allí trabajaban en distintas áreas. Lo cierto es que comenzó una etapa —que aún no termina— en la que empezó a construirse una televisión distinta a todas las existentes. La señal ya no era propiedad privada y, por tanto, impulsora de la publicidad; ni tampoco tenía que ver con las televisoras de los entonces países socialistas.

En ese afán de destruir lo obsoleto e inservible para construir lo nuevo y perdurable, como en todo proceso de ese tipo, hubo grandes aciertos y también errores.

Pronto, y siguiendo la pauta de algunos programas trasmitidos en los años 50, hubo espacios para el Teatro, el Cuento, que llegaban a una buena cantidad de personas; aunque todavía no como ahora, en que ya se cubre el 95 por ciento del territorio nacional.

Si la primera difusión en vivo de un acontecimiento ocurrió casi por casualidad, con el béisbol como protagonista, paulatinamente la televisión se especializó en captar y hacer llegar a los hogares cada lance y decisión del juego que apasiona a los cubanos. Hoy son tan buenos nuestros técnicos y locutores de la pelota, que resultan contratados para cubrir eventos importantes como las Olimpiadas de Beijing y llevar ese deporte a millones de televisores del planeta.

Junto a asuntos comunes a los ciudadanos de todas partes, como los espacios artísticos, deportivos y culinarios, fueron apareciendo nuevas temáticas, muchas de ellas relacionadas con los quehaceres nacidos con la Revolución.

Así, la importancia de la defensa por cada ciudadano y no por el ejército, la igualdad entre hombres y mujeres, los planes de becas, carreras agropecuarias y oficios imprescindibles, tenían sus mensajes en dependencia de las necesidades del país. Por supuesto, los actos patrióticos, desfiles y discursos también ocupaban las frecuencias.

En ninguna nación, la televisión fue usada antes de manera tan sistemática como soporte de estrategias políticas masivas, que iban desde el enfrentamiento al imperialismo hasta la necesidad de preservar los bienes de las escuelas y centros de trabajo.

NACE EL ICRT

Para aunar una política de programación adecuada y realizar las funciones de una televisión pública, se creó el 24 de mayo de 1962 el Instituto Cubano de Radiodifusión, que en su concepto incluía a la televisión aunque en sus siglas —ICR— aparecía excluida. Este organismo, con rango de Ministerio, en 1976 pasó a conocerse como Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

En Cuba la televisión es un sistema, que hoy cuenta en total con cinco canales nacionales, uno internacional, y ciento un puntos en el país entre los telecentros provinciales, municipales y corresponsalías.

La teleaudiencia de abonados a Cubavisión Internacional es de más de dieciocho millones, de varias partes del mundo. Desde el 2003 ese canal comenzó a transmitir veinticuatro horas diarias con una programación variada. Cien televisoras de todo el mundo usan su señal de forma ocasional o permanentemente. Veinte países de nuestro continente reciben la frecuencia, mediante doscientos noventa y nueve sistemas de cable; y son empleados tres sistemas de distribución satelital, que abarcan toda Europa y Latinoamérica.

En épocas recientes, la implementación de teleclases, especialmente el espacio de Universidad para Todos, con un alto nivel en contenido y forma, han potenciado el valor de la pequeña pantalla como emisor de cultura.

Las personas que tienen la oportunidad de viajar por un tiempo a otros países, o aquellas europeas o latinoamericanas que nos visitan y comparan las televisiones de sus naciones con la nuestra, casi siempre dicen que la cubana es superior. Sobran las razones: no tiene publicidad, es variada, no está cubierta de enlatados y su factura es digna.

PERO…

¿Alguien piensa que sin cámaras suficientes, transporte, y avituallamiento diverso se puede hacer televisión? Los equipos prometidos desde hace años brillan, desgraciadamente, por su ausencia. A ello se añade que si en los años sesenta hubo que cambiar toda la tecnología norteamericana, ahora por inevitables implicaciones técnicas —como el anuncio del apagón analógico— se impone otro canje.

Es cierto que no vivimos en tiempos de bonanzas pero ¿aguantarán el edificio central del ICRT, sus viejas instalaciones, los equipos súper explotados, mucho más tiempo sin colapsar? Si a eso se añade que no se aprovecha lo poco existente, y que la disciplina no es lo que más abunda —dicho por los propios trabajadores del ICRT—, la esperanza no puede florecer.

LA FICCION. ¡AY! LA FICCION

Los 60 de la Gran PantallaEl 15 de agosto del 2010, en el espacio Punto de Encuentro del Canal Educativo 2, se transmitió el filme Cambio de vida. En una trama muy bien contada aparece una ejecución en la silla eléctrica, un suicido y sexo oral, este ultimo interpretado por Halle Berry, que por ese filme ganó un Oscar en el 2002, así que se trata de una actuación para tener en cuenta. Aunque no se le ve ni la entrada de los senos, solo el rostro y los brazos, habría que ser ciego para no saber qué estaba sucediendo en esa escena completa.

¿Cómo se entiende la difusión de tal película a esa hora cuando por algunos desnudos y escenas eróticas no se transmitieron ¡a las 11 de la noche! los teleplays Dos toques para Roberto, Eclipse y Los heraldos negros? Y digo que esas fueron las razones porque son piezas anunciadas como estrenos en el verano, con promoción televisiva incluida, que luego no salieron al aire. Si existen otros motivos resultan absurdos, luego de que los guiones fueron aprobados en el grupo de creación y los espacios cuentan con asesores.

En el caso de la telenovela Aquí estamos —la cual no se distingue por su factura— son perceptibles las tijeras de última hora. Lo abrupto de los cortes hace evidentes la eliminación de escenas eróticas o de parlamentos.

Para tales hechos no existe justificación: ni las llamadas del público (¿acaso son millones?), ni la de otros televidentes con cierto valor de prominencia pueden decidir en que una pieza pensada y realizada dentro de los cánones éticos y estéticos aceptables no sea exhibida luego de anunciada.

No vale la queja de que niños y niñas ven la televisión en ese horario. ¿Para qué se transmite “La Calabacita”? ¿Qué hace un menor viendo la telenovela cuando tiene que estar durmiendo para levantarse descansado al otro día? La televisión no puede asumir en ese sentido la responsabilidad de la familia, encargada en primera instancia de velar porque sus niños y niñas vean los audiovisuales apropiados. A veces esas mismas personas que gritan por un desnudo en la TV, son las que ven en su casa en video o DVD culebrones llenos de banalidad y sexo, películas en las que cabezas y brazos vuelan chorreando sangre, o recitales de la música más banal y comercial, por citar algunos ejemplos.

Los teleplays, además de transmitirlos casi al finalizar el horario nocturno, tenían carteles a toda pantalla anunciadores de que lo que se vería estaba prohibido para menores de dieciséis años. Entonces, ¿por qué tanta algarabía por Del lado del velo? ¿Qué tiene de malo que una mujer busque su placer por medio de la masturbación, un acto tan viejo como la propia especie? ¿Acaso nuestras abuelas no lo hacían con o sin la presencia de sus esposos, aunque nunca hablaban de ello por prejuicios? ¿Y nunca se ha trasmitido un hecho así por la TV? Digo que sí, no cito ejemplos pero los he visto en películas extranjeras.

Llama la atención los remilgos por la teleserie cuando todos los temas de Aquí estamos, desde la droga hasta la diferencia en los niveles de vida, son asuntos recurrentes para bien en la programación habitual de la televisión, esa que se dedica a la orientación. Sobre el consumo de estupefacientes hay numerosos spots, algunos muy bien resueltos.

¿Por qué no tratarlos entonces en la ficción? En el espacio Cuando una mujer se ha abordado el lesbianismo y en Día y noche todo tipo de delito. ¿Por qué para unos espacios sí y para otros no?

Se dice que Aquí estamos sólo refleja una parte de la sociedad… ¿Y qué obra puede hacer un retrato completo del entramado social? Es cierto que el guión pudo ser más abarcador y su realización no es lo que aspiramos, pero entre un reflejo edulcorado de la realidad y este intento de mostrarnos zonas de ella, para que pensemos un poco más, siempre preferiré lo último.

Hace unos días un buen amigo decía que hoy la televisión por su alcance es “la Gran Pantalla”. En Cuba se lucha por elevar la calidad de los espacios. Los telefilmes, teatros y cuentos transmitidos en los veranos y fines de año, han dado muestra en una factura superior, alabada por la crítica y numerosos premios en diversas oportunidades. En esos casos, como en las teleseries Doble juego y Diana de Rudy Mora, se trata de lo más cercano que se puede concebir una televisión de autor.

Y para hacer ese tipo de televisión el artista necesita emprender el vuelo, con la seguridad de que su pieza será exhibida. Lo justo es que se adopten todas las medidas sin coartar la creación, antes de filmar la primera escena. No hay dinero ni recursos para estar dejando de exhibir propuestas con una buena cantidad de valores.

Los directivos de la televisión tienen no sólo el derecho, sino el deber de censurar cuando un espacio es malo, pero no deben mutilar una obra. Tampoco creo que se deba adoptar el criterio de una persona. Creo que si esas piezas polémicas se someten al análisis de varios autores, se ganará en claridad y justeza a la hora de decidir o no su exhibición.

Y no más. Hubiera querido dedicar estas líneas sólo a comentar acerca de los sesenta años de la TV, pero siento el deber de escribir sobre estas asuntos que hoy reclaman ser aireados en la prensa. Como creo que nuestra televisión, a pesar de todo, es buena y compite con cualquiera del mundo, desde esta línea final digo ¡BUEN ANIVERSARIO!

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