Actualizado el 8 de julio de 2011

Sobre la TV de autor en Cuba

Agitar antes de usarse

Por: . 8|12|2010

Una problemática recurrente y material de discusiones en foros sobre los medios masivos en Cuba, ha sido el comportamiento del modelo-tipo por el que funciona hoy la Televisión Nacional, no visto desde sus presupuestos políticos y humanistas que, evidentemente, la condicionan (como también a cualquier otra TV) sino de la repercusión social y cultural.

Hace tiempo la Televisión Cubana empezó a ser mucho más que una televisión, y cuando se intenta analizar cualquier tópico sin esa dimensión inevitablemente nos alejamos de la realidad. A aquella TV que nació hace medio siglo, con los mismos propósitos que otras, se le han ido otorgando nuevas y diferentes funciones, transformándose hasta ser hoy un legitimador y un medio de confluencias, sin poder dejar de ser un trasmisor en sí mismo. La aspiración a que fuese, y sea, más que una vitrina y un fabricante en términos espirituales de lo que se desea se necesita y se espera, marca el rumbo y condiciona todos sus procesos. La sobrevaloración por parte de instituciones, organizaciones, espectadores y sectores sociales la hace en muchos casos absolutamente culpable de todo lo habido, y a su vez responsable de lo por haber,alimentando por día el conflicto mayordesu esencia como medio. Su morfología ha sido capaz una y otra vez de resurgir y recomponerse después de estremecimientos circunstanciales, cambios radicales, decisiones erradas y condiciones adversas en breves espacios de tiempo, llenándose de contrastes y mostrándolos en cada minuto de trasmisión durante años, permaneciendo en ella la tradición (ojalá que fuese siempre de la mejor) pero también ocasionalmente la modernidad (hasta donde es posible entenderla) debiéndose a las mayorías sin dejar de ocuparse de las minorías, procurando ser muy nacional (no siempre comprendido esto de la manera mas amplia) pero dimensionándose al mostrar algo de lo mejor producido fuera de fronteras (y de paso pretendiendo contrarrestar el mercadeo clandestino de imágenes), cuidando estratégicamente los balances sin que le sea posible producir lo necesario para ello, con escasez de recursos pero sin evidenciarlo, y tratando de mostrar buen talante; debiendo ser verosímil pero no siempre sabiendo como conseguirlo; contando con instruidos, empíricos e ignorantes en casi todos sus sistemas; siendo éstas y otras incongruencias los que hacen que su marcha sea pesada, de altísima complejidad y con resultados sorpresivos, pues por la sumatoria de pretensiones es imposible imaginar cuál es el final de tan particularmezcla.

Los artistas, técnicos y profesionales que llegaron y llegan con diferentes procedencias y expectativas se esfuerzan en entender dicho laberinto, y de este factor se desprenden otros por no ser colocada esta peculiaridad en el centro de la problemática. Muchos asumen el medio-TV envolviéndose en su dinámica sin fantasías creativas; otros, fundamentalmente de generaciones más cercanas, encuentran el espacio que no hallaron en otro lugar, y que les sigue siendo distante para la obra soñada o al menos para los ensayos sobre ella aún con el acceso que ofrecen las nuevas tecnologías a ciertas facilidades de producción, no acatando integralmente el concepto TV si no sirviéndose solo de una parte. La llegada de estos creadores al lugar donde tuvieron y tienen la oportunidad, a partir de las que ofrece el medio desde sus cimientos, fue por una razón que podría denominarse “las circunstancias”, acuñándose poéticas no por una táctica institucional sino como resultado de una puerta abierta para el bien, donde se fue aceptando al azar, y sigue siendo todo lo supuestamente beneficioso que responda a las demandas, a la inevitable necesidad de renovación, a las coyunturas específicas y por las preferencias en la directiva, sin el balance periódico y el diseño de un sistema productivo definido que garantice ciclos de producciones ¿atípicas? y sin la integración orgánica dentro de la programación.

Sobre este resultado descansa la tendencia a la “autoría” o al “autor” en la TV manejada recientemente por especialistas. Su estudio se basa en programas y productos concretos de los últimos años; sin embargo, es posible hablar de antecedentes en décadas pasadas, que al ser vistos sin profundidad pueden parecer resultado de un antiguo propósito institucional y no fue así. Programas, estilos y obras representativas de épocas anteriores también surgieron por razones diversas, parecidas o similares a las actuales, teniendo en cuenta esas “circunstancias” antes mencionadas. La huella de Erick Kaupp en el género Aventuras; Manolo Rifat, E. Pedraza Ginoris y Eduardo Cáceres Manso en eventos y programas musicales; así como Loly Buján, Silvano Suárez, y Eduardo Moya en la ficción o dramatizados, entre los más notables y en etapas diferentes, dieron fe de una identidad artística dentro de la misma TV. Cabría preguntarse si teniendo en cuenta la naturaleza del medio, las particularidades en Cuba y el público de la TV, dichas huellas artísticas clasificarían como verdaderas “autorías” según el significado de “autor”, y de qué manera pudieran verse.

A primera instancia todo indica que sí, y podrían existir otras maneras de mostrarla, pues en los productos creados específicamente para TV existen especialidades con identidad propia que siendo aceptadas por el Director (en Cuba) se desarrollan como individualidades. Una muestra evidente es la animación y conducción, si recordamos que Eva Rodríguez, Consuelo Vidal, Mireya de la Torre, Germán Pinelli, Manolo Ortega, J. A Cepero Brito, Héctor Fraga y de alguna manera Hilda Rabilero hicieron, desde sus estilos particulares, trayectorias de identidad en espacios con formatos tradicionales dentro de los géneros intrínsecos de la TV, pero que no han sido olvidados por la impronta de sus personalidades. Este enfoque está presente en todas las televisiones, y un punto de partida suelen ser los denominados “Líderes de opinión”. La permanencia de espacios durante largos períodos y en todas las etapas, ha facilitado seguir la trayectoria de un creador, y en esos casos sí se coloca al artista como eje del debate, pues tiene mayor fuerza la voluntad cultural personal que la verdadera resonancia en el público, sobre todo si el proyecto sintoniza con propósitos institucionales, o es apoyado por algún sector social o constituye una alternativa de cualquier tipo, siendo esto otra opción, no muy común en las televisoras aunque posible, de acercarse a la exploración.

La “autoría” en la TV nunca formó parte de los planteamientos teóricos sobre el medio. Su origen y antecedentes están en el Cine donde predomina la mirada personal, íntima y de búsqueda estética, teniendo como público potencial a los interesados en los retos artísticos. Cine verdaderamente independiente, hoy en extinción, y que siempre tomó distancia del que se prefabrica comercialmente, con estándares determinados, aunque se realice con altos niveles de artisticidad. Pero la nueva relación Cine–Televisión o Televisión–Cine, con fronteras ya desenfocadas por razones técnicas y comerciales, está alimentando el estudio de conductas, complejizándose el entendimiento y teorizando sobre viejos y nuevos comportamientos.

La “autoría” no solo es manejada en la Televisión Cubana; las reformulaciones sobre el tipo y forma de producto a emitir en canales trasnacionales buscando ser más competitivo, también han hecho mirar hacia el “autor” como mejor receta para la novedad y calidad luchando por la supremacía en la teleaudiencia. La búsqueda de autores, por ejemplo, para la invasión mundial de los nuevos seriados, donde la factura, los temas, la elaboración argumental y el sello artístico son cartas de presentación, la creación de algunos programas con formatos más o menos renovadores y la presencia de artistas consagrados de todas las manifestaciones en nuevos proyectos o incorporándolos en los existentes, son algunas de las estrategias; pero en cualquiera de las opciones y casi como regla general, son atraídos al medio por el interesado. Sin embargo, en Cuba y durante años, no se ha procurado de una presencia asidua aunque se conoce de la utilidad para una mejor proyección conceptual; pero también es cierto que los históricamente considerados autores, sean consagrados o de promociones recientes, generalmente no se acercan voluntariamente pues la consideran un medio inferior, y por eso los llamados “autores” en la TV son nacidos en ella misma, ratificándose el motivo de su existencia.

La llamada “autoría” no es una definición asumida por los creadores de la TV, incluyendo a los que clasifican para el término según teóricos y especialistas. La mayoría, inconscientemente, lo sustituye por la defensa a ultranza de “mi manera de hacer”, al tener el amparo de un eslogan envolvente: “Una TV culta e inteligente”, y el derecho a trabajar sin límites estrechos ni pautas estéticas concretas y prefijadas (y es una suerte que sea así). No abundan los creadores que pueden fundamentar y proyectar su estrategia artística; notándose poca conciencia sobre esta posición ante la creación, y por ende no se aprecia, mayoritariamente, el valor de poder aspirar al arte aunque llegar no sea posible del todo. Resulta más frecuente encontrar defensores con reflejos involuntarios, que reaccionan cuando sienten miradas alrededor de lo que hace. La idea de lo utilitario como premisa fundamental para el trabajo, neutraliza una mayor proyección pero no evita que en determinados proyectos se aprecie un estilo y porqué no un tipo de “autoría”.

Espacios establecidos y de géneros diversos que han descansando en una idea personal, al abandonarse cambian sustancialmente su esencia o en muchos comienza a morir hasta que desaparece.

De manera que resulta interesante el debate sobre las “autorías”, sean de un tipo u otro, pues constituyen en el mundo una alternativa a la hegemonía de la TV chatarra; y en Cuba es una importante posibilidad o virtud dentro de la gama de contrastes antes mencionadas, y lo seguirá siendo por la inevitable evolución del medio, la influencia internacional y la consolidación de un estilo de trabajo aún por reformar, pero que ofrece oportunidades únicas en el terreno de la creación.

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