Actualizado el 8 de julio de 2011

De cómo se filmó 20 años

Si las cosas que uno quiere se pudieran alcanzar…

Por: . 8|12|2010

La voz inconfundible de María Teresa Vera, que convirtió en clásico a la habanera por ella compuesta junto a Guillermina Aramburu, es una de las pocas compañías de La Mujer protagonista de 20 años. La Mujer baila al ritmo de la afamada pieza musical con la camisa que exquisitamente planchara a su hombre, mientras imagina que es El Marido quien la hace girar al compás de la afinada guitarra de la Vera. Momentos antes, sus dedos casi secos habían insistido en retirar el polvo que cubría el viejo retrato donde aparece recién casada, sosteniendo con sus manos, entonces gráciles, una copa que al chocar con la de su amado también prometerá amor eterno…

Así inicia 20 años, ópera prima de Bárbaro Joel Ortiz, sin dudas el animado cubano más exitoso de los últimos años. El mismo que obtuviera el Premio Especial del jurado de animación en el 32 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, además del máximo galardón, en su categoría, en el 8vo. Festival Internacional de Cine Pobre Humberto Solás y en el AVANCA, de Portugal, después de representar a la Isla en otros afamados certámenes al estilo del Anima Mundi (Brasil), el Cartoom on the Bay (Italia), el Havana Film Festival de Nueva York (Estados Unidos) y, sobre todo, en el Festival International du Film d’Animation d’Annecy (Francia), el más prestigioso de todos cuando se habla de animación en el mundo.

Inspirada en la canción, 20 años presenta la historia de una mujer que lleva dos décadas de matrimonio y hace todo por sostenerlo. Ella se ha ido desdibujando poco a poco en la rutina diaria: cocinarle al marido, tenerle la ropa lista, la casa limpia… Pero él la ignora y solo tiene atención para sus vicios: su botella de ron, la pelota y el televisor que disfruta desde su trono: el único sillón que existe en el hogar…

La obra que hoy honra al mejor cine cubano comenzó a convertirse en realidad hace tres años, cuando los Estudios de Animación del ICAIC decidieron llevar adelante el guión con el cual el matancero Bárbaro Joel se presentara a un concurso nacional convocado por esa institución. El joven Alex Cabanas Moreda, productor de la cinta, enfatiza que aunque en esa lid 20 años se alzó con el tercer lugar, su autor fue invitado para que él mismo realizara la película.

“El proyecto —dice Alex— era interesantísimo, pero representaba un enorme desafío porque la técnica que exigía era dominada en Cuba por contados especialistas. A esto se adicionaba la falta de recursos. No podemos olvidar que hablamos de una animación que requiere de un taller de atrezzo, de una escenografía, buena iluminación, una cámara especial…, mas sabíamos que teníamos entre manos un tesoro.”

De ese modo, con 20 años los Estudios inauguraron una línea tan preciada en la animación como el stop motion, gracias al fantástico plató que creara el estelar Paul Chaviano para que el futuro cineasta pudiese por fin materializar su sueño. Bueno, a decir verdad, de la inventiva inagotable de este genio también nacieron el minúsculo televisor que en la gran pantalla deja atónitos a todos, el escaparate, el Chevrolet, las lucecitas, el mecanismo “secreto” que pone a mover el sillón…

Chaviano fue el realizador de efectos especiales y el carpintero que, guiado por los diseños de Bárbaro, modeló la madera, hizo la pared, puso la poliespuma…, aunque reconoce que el maquillaje, el atrezzo de terminación capaz de provocar el «¡Ñoooo!» de la gente, fue responsabilidad total del joven director.

Cuenta Cabanas, también productor de Quietud interrumpida (otro animado ganador de un Coral), que establecer las condiciones para iniciar el rodaje les tomó casi año y medio. “Primero hubo que preparar la escenografía y resolver a ‘la cubana’ todos los implementos necesarios… Estoy convencido de que quien ve la película no puede creer que el mundo fabuloso ideado por Bárbaro ideó para sus personajes, lo armó con materiales y objetos a veces hasta sacados de la basura”.

Graduado de pintura en la ENA, Bárbaro siempre tuvo en mente hacer animación. Por eso ahora sonríe satisfecho, convencido de que hay mucho de cierto en aquello de que el que persevera, triunfa. Tanto es así que enseguida aprovechó la posibilidad de trabajar en un lugar para él increíble, como el Departamento Cinematográfico del ICRT, cuando allí todavía laboraba el equipo de Papobo (Hugo Alea, Reinaldo Alfonso y el animador Jorge Pérez Nerei), “la mejor película que en Cuba se haya realizado jamás con la técnica de stop motion. Era un departamento de marionetas espectacular, y con la experiencia que viví me quedé definitivamente ‘enganchado’, pero todo se acabó en el período especial”.

Y SURGIÓ EL MILAGRO

En los años 90, Bárbaro recibió un duro golpe, pero continuó por su cuenta. Terminó el ISA, mas todos sus proyectos siguieron encaminados a hacer cine de animación. “Mi tesis fue un proyecto de animación que nunca pude materializar”, dice, mas eso no lo detuvo.

En el tiempo en que Bárbaro se vio imposibilitado de hacer cine de animación, se dedicó al teatro para títeres, que era “lo más cercano a mi vocación. Pude trabajar en Matanzas con el excelente grupo Teatro de las Estaciones y su magnífico diseñador Zenén Calero; y después con Papalote, junto al maestro René Fernández Santana. Ambas constituyeron experiencias profesionales y humanas muy grandes, porque, sin dudas, la base del cine de marioneta de animación está en la tradición titiritera”.

Por eso le pareció que había ganado el primer lugar en el concurso de los Estudios, aunque sabía muy bien que era el tercero. “Es que se me dio el ‘milagro’ de realizar 20 años, explica. Y enseguida supe que sería posible cuando en los Estudios me pusieron en contacto con un artista extraordinario como Paul Chaviano, capaz de armar un espacio mágico”.

Admirador no solo de Papobo, sino también de El abuelo de la Sierra, este joven artista optó en 20 años por prescindir de los textos y narrar mediante recursos cinematográficos como el montaje, la fotografía… Ello explica que se haya ido por la técnica de stop motion, así como la de plastilina llamada claymation. “Pensé, sobre todo, en imágenes. De ahí que en esta película la fotografía y el uso de las luces tengan un papel protagónico.

“Esta no es una historia realizada a la manera tradicional, al estilo del maestro Juan Padrón, quien es un gran guionista que escribe excelentes textos y pone la animación en función de los mismos. En este caso ocurrió al revés: aquí lo que gana fuerza es la imagen.”

Temas tan universales como la violencia doméstica y la rutina que lastra las relaciones humanas hacen que esta película, siendo muy cubana, se conecte con el espectador de cualquier lugar del mundo. De hecho, Alex Cabanas considera que, aunque en un primer momento la gente se deslumbre por la exquisitez con que ha sido elaborada la escenografía, lo que en verdad sorprende tanto en Cuba como fuera de nuestras fronteras “es el formidable nivel que Bárbaro Joel consiguió con la actuación de los personajes, explotando las expresiones faciales, los gestos”.

PACIENCIA ASIÁTICA

Paciencia asiática se requiere para llevar a buen término una película como 20 años. Y es que para crear cada personaje primero es necesario preparar una armazón de metal, cuyos elementos se unen a través de balines, los cuales facilitan la rotación. Dicha armazón se recubre luego con una plastilina especial con la cual se le va dando forma al cuerpo, a las cejas, a los dedos, la nariz. Lo complejo es que antes y después de cada plano, hay que retocar la plastilina porque tiende a cuartearse.

“Normalmente, dice Alex, esta es una de las principales limitaciones del stop motion, a pesar de que la estructura con que están confeccionados los personajes ofrece mayor facilidad de movimiento. Bárbaro se aprovechó de eso para conseguir que sus personajes se comportaran como actores reales.”

Justamente esa fue una de las razones que hicieron mucho más arduo el rodaje, porque planos que se pudieron filmar en un día tomaron una semana. ¿La razón? Lo explica Joel: “Si quieres lograr un pestañeo, por ejemplo, tiras una primera foto, después colocas una nueva capa de plastilina y haces otra foto; luego añades otra capa y con un palito que introduces en el orificio que hay en los ojos, los vas desplazando a un lado o a otro, y ladeando la cabeza… De esa manera, con infinita calma, vas consiguiendo la expresión que buscas.

“Complican las cosas el hecho de que ese personaje no permanece solo en la escena, sino que está rodeado por otros objetos, de modo que si este cambia de posición el resto también lo hace. Si la mujer se mece en un sillón, la cortina se desplaza debido a la acción del viento, pero el ventilador gira… Si descuidas algo, si se te escapa un detalle, todo se echa a perder.”

Si bien Bárbaro Joel Ortiz fue el hombre orquesta, no estuvo para nada solo en ese ambicioso proyecto. Este artista no solo se hizo acompañar por Chaviano, sino que solicitó la colaboración de Alain García, quien se estrenó como editor en esta película. “La experiencia fue única, pues se trata de una obra increíble, sobre todo porque Joel es una persona con una sensibilidad artística fuera de lo normal”.

En un principio, Alain, quien por lo general se desempeña como compositor de imágenes, o sea, fotógrafo, se incorporó como asistente de edición, aunque deseaba probarse en su especialidad. Más tarde se le pidió que asumiera el reto de la edición, la cual, según dice, resultó una labor colectiva. “Todo el tiempo tuve a mi lado a Joel y a Alex, porque trabajando juntos había mayores probabilidades de que la película quedara de la mejor manera.

“Recuerdo que Joel tenía una idea inicial, pero no cuadraba porque la canción de María Teresa Vera se cortaba a la mitad. Le consultamos a Juan Padrón, quien nos sugirió otro camino, y como que todo se fue armando poco a poco; de cierta manera ‘improvisando’, pero hallando buenas soluciones. De ningún modo queríamos ‘matar’ para salir rápido de la película. Todos teníamos muchas ganas de que quedara bien, porque lo merecía. Era suficiente con bajar al plató y ver la escenografía que estaba montada. Entonces te decías: Esto no lo puedo echar a perder.”

A decir de Alain, uno de los principales quebraderos de cabeza de 20 años lo constituyó su polémico final, “al punto de que Juan Padrón, nuestro asesor artístico, nos decía que la película se acababa cuando la mujer bajaba la loma… Joel no sabía qué decidir, porque una opinión de Juan Padrón es prácticamente ley. No obstante, Padrón le hacía sugerencias, pero siempre con mucho respeto.

“Entonces Joel nos preguntaba y yo le decía: Amigo, a mí me gusta con el otro final, pero la película es tuya. Hicimos varias versiones con todos los posibles finales hasta que el equipo quedó convencido de que había uno que era el que más nos gustaba, y con ese nos quedamos.

“Lo sorprendente es que esta película estuvo dos años en producción, pero se filmó casi en su totalidad en diez meses. Sin embargo, el final hubo que ‘apurarlo’ en una semana. Nos ayudó mucho que hicimos una edición de maqueta, con fotos, la misma que le entregamos a Harold López Nussa para que concibiera la música y nos entregara tres obras musicales espectaculares…

“Volviendo a lo que te contaba… Debo decir que el falso final a mí me complace mucho. La gente empieza a salir del cine pensando que ya se terminó, y cuando se percata de que no es así, comienza a gritar: ‘Oye, entra, que todavía no se ha acabado’. Es formidable apreciar que todos regresan a sentarse en sus butacas, lo que significa que, como nos ha sucedido a nosotros, la película les encanta.”

Categoría: Audiovisuales | Tags: | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados