Actualizado el 23 de septiembre de 2011

Homenaje a Humberto Solás:

Nuevas luces y nuevo siglo

Por: . 21|9|2011

Siempre habrá alguien para llorar cada muerte. Sucede hasta cuando el fallecido fue villano. Todas las muertes parecen pérdidas irreparables.

Eso lo sienten, en primer lugar, los familiares, amigos y allegados del caído. Pero hay casos que trascienden la órbita de los íntimos porque la “pérdida irreparable” afecta a una nación entera, a la cultura toda de un país.

Hay muertes, incluso, que apreciamos ostensiblemente injustas, por prematuras.

Así de injusta y prematura, y como pérdida irreparable, se sintió la muerte de Humberto Solás cuando ocurrió hace ahora tres años. Porque la lucidez del hombre y el artista estaba intacta. Los tempranos destellos de talento que demostró al dirigir Lucía no se habían apagado al concebir Barrio Cuba, su última película.

Encima, había parido una idea revolucionaria: el Cine Pobre. Y bajo ese nombre condujo durante ocho ediciones un Festival que removió el ámbito cinematográfico nacional, al abrir espacios para un cine generado desde otra cosmovisión sobre la producción cinematográfica, basada menos en el presupuesto y más en el aprovechamiento de las nuevas tecnologías y el verdadero afán artístico.

Un Festival que llegó a ser conocido como “el de Gibara” porque, además, transformó a un pueblo entero, que de villa recóndita del Oriente cubano pasó a ser la alucinante locación de un evento de cine internacional.

Mas ante la pérdida de seres humanos como Humberto Solás, no puede haber conformidad. Una muerte de ese calibre no puede ser “irreparable”. Hay que devolverlo a la vida una y otra vez. Hay que no dejarle fenecer en esa otra defunción peor: la del olvido.

De eso hablarán las líneas siguientes. De cómo las luces de Solás siguen encendidas en este siglo XXI que traspasó ya su primera década.

De cómo sus películas —en esta oportunidad, y no casualmente, El Siglo de las Luces, su versión cinematográfica de la novela homónima de Alejo Carpentier—, todavía brillan como obras de arte y todavía nos iluminan senderos para entender las realidades nuestras.

El hecho en cuestión ocurrió en la Casa Víctor Hugo, sita en la calle O’Reilly entre Habana y Aguiar.

Esa institución ubicada en uno de los inmuebles restaurados por el proyecto de la Oficina del Historiador de la Ciudad tuvo como aliados a Elia Solás, hermana de Humberto, y a los sobrinos del cineasta, Sergio y Aldo Benvenuto, para ofrecer entre los días 2 y 17 de septiembre una valiosa programación en homenaje al autor de filmes como Cecilia y Un hombre de éxito.

Para el arranque del día 2 se contó con el francés Emmanuel Vincenot, de la Universidad François Rabelais, que ofreció la disertación titulada “El Siglo de las Luces: De la novela a los filmes”. Otra conferencia, esta conducida por la investigadora y crítica Mayra Pastrana, abordó el tema de la “Arquitectura en el cine de Humberto Solás”.

La mentada película, una coproducción de Cuba y Francia, que tuvo en el elenco a François Dunoyer, Rustam Urazaev, Jacqueline Arenal y Frédéric Pierrot, pudo ser apreciada por los espectadores asistentes a la Casa Víctor Hugo en dos de sus versiones: la que fuera estrenada en las salas de Cuba en 1992, de dos horas de duración; y otra dividida en tres capítulos, la exhibida en Francia como serie de televisión, con una extensión total de 240 minutos.

El miércoles 14, a las 2pm, tuvo lugar uno de los momentos más significativos del homenaje, con la inauguración de la exposición Luces de Solás. El buen oficio de la curadora Alicia García y el diseñador Nelson Ponce permitió remontarse en el tiempo y entrar en el plató donde se filmó El Siglo de las Luces a partir de fotos tomadas durante el rodaje.

Igual de escalofriante que cuando se le ve en la pantalla, lució la guillotina en la lámina del instante en que el macabro instrumento de muerte pasó a convertirse por el hechizo de la puesta en escena en un personaje de la película.

Otra ocasión emotiva fue el recorrido al que se le llamó “La Habana Vieja de Humberto”, donde la mirada de los caminantes pudo reconocer desde la vivienda humildísima en que transcurrió la niñez de Solás hasta la Casa de la Obrapía, una de las principales locaciones de El Siglo…, porque fue ahí donde la cámara se emplazó para captar los años iniciáticos en la vida de sus protagonistas, los hermanos Sofía y Esteban.

Para cierre del homenaje se reservó el sábado 17, justo el día que se cumplían los tres años desde la fecha aciaga. Se comenzó a las dos de la tarde con la proyección de los documentales El hombre del siglo, dirigido por Carlos Barba, y Memorias de fin de siglo, de Kike Álvarez.

Estos audiovisuales ayudaron a medir, desde la visión de dos realizadores cubanos, la importancia que el traslado al cine del clásico de Carpentier ocupa dentro de la obra total de Humberto Solás, y también el aporte distintivo de esa película al panorama del cine cubano de la década del 90.

Al final de esa jornada hubo un concierto en el Oratorio San Felipe Neri en el que Aldo López Gavilán, pianista joven pero magistral, interpretó varias piezas suyas junto a algunas de Debussy y Maurice Ravel.

Pero antes se desarrolló el panel teórico El Siglo de las Luces, la mirada de Humberto, en donde participaron como panelistas: Luciano Castillo, Livio Delgado, Kike Álvarez y Tomás Piard.

Luciano Castillo ha dedicado tiempo a estudiar las veces que el cine ha incorporado la obra del novelista y Premio Cervantes de 1977. Este crítico de cine piensa que ya de por sí, constituyó un atrevimiento colosal de Solás el acometer la traslación a la pantalla de una de las piezas literarias más complejas de Carpentier y de la literatura cubana en todos los tiempos.

“Ante los avatares de una producción tan difícil, con tantos actores y lugares de filmación, sin embargo, Humberto se mostró siempre muy sereno —contó Livio Delgado, director de fotografía en El Siglo…

“Esa seguridad en sí mismo que lo hacía tan especial, fue capaz de trasmitírsela al resto del enorme equipo que laboró para la película”.

Kike Álvarez, director de cine, reflexionó en voz alta: “Esa película de época, ambientada en el siglo XVIII y la Revolución Francesa, fue un shock en medio de los noventa, con su crisis económica y ese cine del período caracterizado por el repaso ensimismado hacia la realidad nacional de aquellos años”

“Para mi Lucía es no sólo la mejor película de Humberto sino de todo el cine cubano —confesaría el realizador Tomás Piard—; y cuando yo vi El Siglo por primera vez, en la versión recortada a dos horas, me sentí decepcionado.

“Pero con el paso del tiempo y por la actualidad enorme que tiene lo que cuenta la película, hoy yo creo que El Siglo de las Luces es, realmente, la película de este siglo en Cuba.”

Al concluir las intervenciones de los especialistas se produjo una charla con el público, muy animada y, sobre todo, provechosa por las informaciones que se trasmitieron.

Elia Solás rememoró la angustia que provocó en su hermano Humberto el saber que, por razones comerciales, para la exhibición en cine se haría el recorte del metraje a solo dos horas, lo cual eliminaba momentos sustanciales y hacía resentir la dramaturgia del filme.

Por suerte, tal como se supo a través de Sergio Benvenuto, antes de morir dejó Humberto instrucciones muy precisas para que se pueda hacer la versión añorada del director, que alcanzaría las 3 horas. Para ello todavía se puede contar con la ayuda profesional de Nelson Rodríguez, quien fuera el editor de El Siglo…

Manuel Herrera, director de la Cinemateca de Cuba, adelantó que para el año próximo se planea una muestra homenaje sui generis, pues recogería las películas favoritas de Humberto Solás.

Y se corrió la nueva de que el próximo Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en el ya cercano diciembre, quiere exhibir El Siglo de las Luces.

“Para esa oportunidad tenemos una buena copia de la versión en formato miniserie —explicó Sergio Benvenuto—, pero existe la dificultad de que está doblada al francés y sin subtítulos”.

La solución, sin embargo, parece estar a la mano, en la propia Casa Víctor Hugo y con el auxilio de su directora, Ana María Reyes, quien se comprometió a facilitar el subtitulaje con la traducción del francés al español.

Sobre estos días de evocación sólo bastaría decir que la pérdida del gran cineasta ya no parece tan irreparable ahora. Que se ha traído a Humberto Solás de vuelta al sitio indiscutido que sus méritos artísticos le reservan dentro de la cultura cubana.

Y que su personal Siglo de las Luces va a continuar dialogando con nosotros, los cubanos… No sobre tiempos pretéritos, sino acerca de (y en) los años del porvenir.

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