Actualizado el 8 de diciembre de 2011

Chamaco: una predicción fallida

Por: . 8|12|2011

Tengo el privilegio de estar entre los asistentes a la proyección de Chamaco en el cine Charles Chaplin, en el contexto de la IX Muestra de Jóvenes Realizadores. El filme de Juan Carlos Cremata arrancó un fuerte aplauso y comenzaron las apuestas de si se exhibiría o no en los cines cubanos.

Existen motivos para las dudas: es la primera vez que en Cuba se filman escenas de caricias y sexo entre gays. Estos hechos para los machistas de cualquier lugar del mundo serían escandalosos como lo fueron en EE.UU. las relaciones sexuales en Brokeback Mountain, la excelente cinta de Ang Lee, en 2005.

Chamaco tiene más: un ambiente sórdido, cercano al realismo sucio que muy bien manejan algunos autores. Cuando se realizó aquel preestreno escribí: “Si bien Juan Carlos respetó la pieza dramatúrgica de Abel González Melo, logró hacer cine con esa historia sórdida sobre el ‘mercado de la carne’ y otras miserias humanas. La muerte de un joven en un oscuro parque —que pudiera ser el de cualquier ciudad del mundo— desencadena una tragedia en la que se ven implicados el asesino, el padre y la hermana del muchacho desangrado casi delante de una barrendera nocturna. A este cuadro se le une un policía corrupto que tiene relaciones de proxeneta con un travesti y otros gays a los que intimida desde su uniforme”. Contado así, cualquiera piensa en una pésima película de violencia, sexo y lenguaje de adultos.

“Pero no, Chamaco es una cinta que se inserta en lo trágico, y a pesar de sus escenas sexuales y hasta crueles, se la asimila como lo que es: un muestrario de actitudes humanas en las que pobreza, marginalidad, corrupción y doble moral se dan la mano para enseñar las zonas menos visibles y más oscuras de las familias y la sociedad”.

Entonces, Cremata me reveló: “aunque teníamos una muy buena imagen, la degradamos y ensuciamos a tal punto que ahora parece filmada con un celular. Eso tiene su filosofía: en ella se habla de cosas bastante sucias, secretos que la gente oculta celosamente, y nos interesaba reflejarlo a través de una realización contestataria, alternativa, contraria a la belleza estética que suele exigírsele al cine”.

El filme ha sido calificado por su director como una posible obra maldita: “Lo digo, porque no creo que el público quede muy complacido, la gente va a salir del cine con dolor en el pecho, con sentimientos encontrados, malestar en el alma, porque su historia y la forma en que se cuenta, saca cosas muy duras de los seres humanos.

“No estamos haciendo una crítica específica a nada en Cuba —aclaró Cremata—. Estamos utilizando esos personajes cubanos, tan bien creados por Abel, para mostrar ese lado oscuro que pueden llegar a tener ciertas personas en cualquier parte del mundo.”

Un año después, en la edición treinta y dos del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en el Sector Industria, la cinta compitió por el acápite “Nuestra América primera copia”, que tiene como fin dotar de recursos a filmes que necesitan ser terminados, así Chamaco pudo hincharse con los dineros del Premio del ALBA Cultural.

No pocas críticas ha recibido el largometraje por quienes la vieron en su preestreno o quienes la han visionado en DVD, como parte del mercado —ahora aprobado— de cintas de todo tipo, incluso sin acabar.

Cremata, graduado de Dirección en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), con Oscuros rinocerontes enjaulados (muy a la moda) (1990), su primer ejercicio de ficción como estudiante, marcó el inicio de su estilo. La búsqueda y la innovación signan su hacer cinematográfico, y el filme Chamaco no está ajeno a esa intención.

A pocas horas del estreno en el Chaplin, en el contexto de este festival, Juan Carlos me dijo: “Cuando transmiten una de mis películas no gusto de repetir su visionaje; pero en este caso se produjo el mismo silencio de aquella vez con los Nuevos Realizadores. Es una película dura, pero necesaria y ya me han dado la buena noticia que se exhibirá en diferentes cines después del festival. Tal hecho está abriendo un camino hacia otras maneras de enfocar la realidad en Cuba. Creo que su mérito está en el excelente texto del que partí”.

El director de las premiadas cintas como Nada, Viva Cuba y El premio flaco realizó este filme en una manera alternativa como otros tres (Marina, de Enrique Álvarez; Fábula, de Léster Hamlet y Juan de los Muertos, de Alejandro Brugués) que representan a Cuba en la cita fílmica.

En opinión de Cremata “Chamaco abre un camino de hacer cine con pocos recursos y que esas piezas lleguen a competir, aunque no hayan tenido el respaldo de las instituciones”.

La obra de González Melo (quien participó en el guion fílmico) fue dirigida por Carlos Celdrán para Argos Teatro, tuvo una nutrida y polémica asistencia de público mientras estuvo en las tablas. Ojalá suceda lo mismo con esta cinta con temas eludidos por el cine, pero que forman parte de nuestra realidad.

En la cinta actúan Aramís Delgado (Alejandro), Luis Alberto García (Saúl, el policía), Alina Rodríguez (la guardaparques), Alfredo Chang (La Chupi), Fidel Betancourt (Karen Darín, el protagonista), Caleb Casas (Miguel Depás), Laura Ramos (Silvia) y Pancho García (Felipe, el tío).

Lily Suárez Rodes se encargó de la fotografía de las escenas que suceden en 24 horas de un día en La Habana, que pudo ser en Londres, París, Buenos Aires o México. Y sí, cómo no, la cinta se verá en los cines cubanos.

 

Tomado de La Jiribilla

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