Actualizado el 8 de diciembre de 2011

XXXIII Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

Cine, mucho cine y también incongruencias inexplicables

Por: . 8|12|2011

No recuerdo si en 1979, cuando se organizó el primer Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, frentes fríos matizaron su desarrollo. Sí sé que en muchos otros, los vientos frescos han prevalecido.

En el que se celebra, el treinta y tres, la temperatura se puso de acuerdo para hacer agradables las caminatas entre uno y otro cine, buscando su cinta preferida. Para muchos ha sido una desilusión no poder ver Melancolía de Lars Von Trier, que sería una suerte de plato fuerte en el festival.

Pero bueno, existen otras ofertas: compiten por los Corales ciento veinte películas de diez países, más las diversas muestras y retrospectivas. Entre tanto filme alguno tiene que gustar

Son diez días de banquetes de cortos, largos, ópera primas, guiones inéditos, carteles, documentales, animación, experimental, seminarios, homenajes y mucho más.

Siento que en esta cita el público no es avasallador como en otros años. Las colas en el cine Yara comenzaban a las nueve de la mañana y seguían hasta doce horas después. Hoy no es así. Pienso que la causa de este cambio está en la transformación del audiovisual. Hace unas horas me quejaba de que no podría disfrutar de mi polémico y querido Lars Von Trier, y una amiga me ofreció prestarme una cinta en óptimas condiciones. Un conocido me decía que ya había visto, comprando los discos en las calles, casi todas las cintas argentinas que están en la lid.

Es que el DVD ha posibilitado que muchas de las películas que se estrenan en el festival ya hayan sido vistas en miles de hogares. El audiovisual está cambiando, habrá que ver hasta donde llega y cómo un festival de la historia del habanero logra rescatar el público de cine.

De las transformaciones habla mucho la muestra cubana en cine de ficción: Chamaco, de Juan Carlos Cremata Malberti; Marina, de Enrique Álvarez Martínez; Fábula, de Léster Hamlet; y Juan de los Muertos, de Alejandro Brugués Seleme fueron hechas con recursos alternativos a la industria nacional es decir al ICAIC, mientras Habanastation que compite por ópera prima, fue una producción en la que decidieron los aportes de La Colmenita.

Esto hace sólo una década parecía un cuento de ciencia ficción, pero es que los medios tecnológicos de hoy posibilitan hacer cine sin la industria, claro que para el kinescopiado a 35 mm hay que disponer de un buen presupuesto en divisa.

Una cosa que nunca he entendido es por qué se acepta o no una película en el festival. En el 2008 El viajero inmóvil de Tomás Piard no fue admitida en la competencia aunque fue exhibida en los cines. Este año Enrique Colina retiró del acápite “Hecho en Cuba” su documental Los bolos en Cuba y una eterna amistad porque el realizador quería competir y aspirar ¿por qué no? a un Coral. Cuenta en un correo que circuló: “Cuando solicité me informaran por qué el documental no podía competir, la respuesta fue ‘porque a la comisión le pareció demasiado largo y había tantos documentales…’ Indagué si podía existir alguna razón política y la respuesta fue negativa”.

Algo similar sucedió con Eduardo del Llano y su filme Vinci. No fue aceptado según le dijeron porque trataba un tema ajeno a nuestro continente. El polémico guionista y ahora director dice: “Lo irónico de todo este asunto es que si Vinci fuese una película norteamericana o europea, no concursaría pero probablemente hubiera sido exhibida dentro de la sección “Panorama Internacional del festival” sin mayores titubeos, como lo fueron tantas otras en estos años, desde Pulp fiction a Dancer in the dark; en cambio, siendo latinoamericana, el Festival que lucha por la identidad latinoamericana y caribeña sugiere como un favor excepcional agraciarla con una presentación”.

Si algo positivo debe emerger de este incidente para los años que vienen, tendría que ser un replanteamiento de lo que se entiende por cine latinoamericano. No he visto nunca que una película norteamericana acerca de Espartaco o Los tres mosqueteros sea vetada para los Óscares porque no aborda un tema local. Uno se pregunta si la posición del festival busca de veras la identidad latinoamericana y caribeña o, como diría Martínez Villena, engrosa la costra tenaz del coloniaje”.

En este hilo de incongruencias a Rudy Mora no le permitieron inscribir su cinta Y sin embargo en el acápite de cine en construcción.

Yo estoy consciente que el comité de selección del festival tiene derecho a aceptar o no una película, así sucede en la mayoría de las citas fílmicas, pero en estos casos creo que se trata de un excesivo intento de no beneficiar al cine nacional. Además porque se han visto otras cintas cubanas que no son mejores que Vinci, según algunos críticos.

En el otro extremo de estas preguntas sin respuestas está que Juan de los muertos se exhibirá durante el festival, pero según me comentó su productor Inti Herrera, no le han dicho de ninguna fecha para proyectarla en los cines luego de la competencia.

Haber creado un festival de cine como el de La Habana, aplaudido por todos los que participan en él desde otras naciones, defender el séptimo arte de esta parte del mundo y lograr que artistas de vanguardia hayan sido visitas cotidianas en las citas de diciembre, es un mérito descomunal que no se le discute a sus fundadores y actuales organizadores.

Pero a la vez, precisamente por esa obra lograda hay que cuidar de ella en todos los detalles, situando al cine cubano por encima de consideraciones que pueden no ser válidas y sólo perjudican uno de los logros culturales más importantes en los últimos cincuenta años.

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