Actualizado el 29 de enero de 2012

Da Vinci según del Llano

Por: . 26|1|2012

Parte del staff del filmeLa quietud de una lúgubre y añeja mazmorra queda totalmente interrumpida. Alguien que protesta y trata de hacerse oír es introducido, sin violencia pero con firmeza, por un carcelero y dos miembros de la guardia nocturna, en una celda con un pequeño tragaluz. Allí ya hay dos rufianes harapientos, de unos cuarenta años: Piero y Luigi. Se puede leer un cartel: FLORENCIA, 1476. El recién llegado se llama Leonardo da Vinci, en esta época un joven aprendiz del taller florentino de Verrocchio. Es bello, de largo cabello rizado, vestido con buen gusto, y con cierta afectación de modales cercana al amaneramiento (a lo Mick Jagger). Apenas se cierra la puerta, Leonardo se aferra a los barrotes.

La mazmorra es en la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y el da Vinci a lo Jagger es el que imaginó Eduardo del Llano para darle vida en su primer mediometraje de ficción, que así comienza. Bajo el título de Vinci, el padre de Nicanor, luego de más de veinte años de su primera incursión cinematográfica, como guionista en la cinta de Daniel Díaz Torres, Alicia en el pueblo de Maravillas, filmó por primera vez con el apoyo del ICAIC. Conocido por su vasta trayectoria, esta vez se inspiró en el Renacimiento Italiano y uno de los más extraordinarios hombres de la historia de la humanidad, e imaginó un pasaje de la existencia de este, una vivencia del joven Leonardo que bien pudo haber ocurrido.

Todo comienza cuando con serios cargos pesando en su contra, el aun aprendiz da Vinci es encarcelado junto a unos delincuentes comunes. En un medio tan hostil, el genio, aun con veinticuatro años, sólo cuenta con su talento para sobrevivir.

Fueron tres semanas de rodaje en la mazmorra hasta la que llegó El Caimán Barbudo para conversar con los cómplices de del Llano en este encarcelamiento del autor de La Gioconda.

Todo comenzó en 2007, según cuenta del Llano: “Me encontraba en España y me encargaron un posible guión biográfico sobre da Vinci. Por determinadas razones el proyecto terminó abortándose pero la fascinación por el personaje me quedó; aunque de alguna manera siempre la tuve, se me incrementó por toda la investigación que desarrollé sobre el genial renacentista. Había una etapa en su vida que me parecía fascinante y ya que no se puede hacer la película entera, al menos abordar este período y trascender más allá de una metáfora de su vida me pareció interesante. Entonces presenté este proyecto al ICAIC en 2008 y navegó relativamente rápido, de modo que ya está concluido”.

—¿Cómo se siente al filmar con el ICAIC luego de realizar independientemente todos sus trabajos anteriores?

—Hice mis primeros materiales de forma independiente porque eran relativamente fáciles de hacer y además porque tampoco a la industria le interesaron en lo más mínimo. En este proyecto era necesario un apoyo, debido a sus especificidades. Me siento muy bien respaldado porque el equipo con el que estoy rodando está integrado por profesionales excepcionales y con mucha experiencia en sus respectivos desempeños.

“Como sabes, el filme no excede los cincuenta minutos, son pocos actores y una sola locación y a pesar de que es un proyecto de época, la que hemos tratado de reproducir casi en su totalidad, considero que es perfectamente asumible con el ICAIC. Pronto presentaré otro material que espero navegue con igual suerte. No será un largometraje, porque para largos prefiero hacer guiones y que los dirijan Daniel Díaz Torres, Fernando Pérez y Gerardo Chijona, como en otras ocasiones. Prefiero las historias cortas unidades pequeñas y cerradas”.

—¿Hasta qué punto su imaginario irrumpe en la vida real de da Vinci para recrear este pasaje?

—Es cierto que el joven Leonardo estuvo preso por determinadas razones. No hay nadie vivo para narrar lo que allí sucedió, por eso lo imaginé y lo recreo en este filme.

Escena de Vinci—¿Cuáles son los conceptos fundamentales que aborda en esta historia? ¿Para qué sirven la belleza y el arte y cuánto pueden ambos influir en un sujeto común?

—En ocasiones nos ponemos a pensar en la verdadera utilidad del arte y miramos un cuadro que tenemos en casa, que cumple funciones decorativas, pero no constituye paredes ni nos protege del frío. Es algo que está ahí sin una determinada utilidad aparente ni inmediata. Sin embargo, el arte ha despertado pasiones, ha creado grandes fortunas y también grandes desastres. De cuánto puede hacerles cambiar la vida a personas ordinarias el conocimiento y el contacto con lo artístico, o con lo aparentemente bello, se trata este cuento.

—Su obra ha estado muy marcada por lo contemporáneo. ¿Cómo asume el reto de abordar a un renacentista italiano?

—Escribo desde hace muchos años y lo contemporáneo me interesa en tanto vivo en este tiempo y por tanto discurso sobre la cotidianidad y más aun la cubana, porque es aquí donde me desenvuelvo. Tengo escrito cuentos que se desarrollan en otros siglos, aunque son los que hablan de la Cuba de hoy los más conocidos.

“El ICAIC no puede competir con otras cinematografías del mundo en términos de recursos, pero soy de los que piensan que las biografías y las cintas inspiradas en personajes universales no tienes que ser exclusivamente objeto del cine norteamericano y europeo. Creo que todo está en la historia, el tratamiento y el esqueleto dramático que se estructure; si encuentras un buen filón en la vida de cualquier celebridad es válido su abordaje. Es lo que he tratado de hacer y pienso que debemos abrirnos un poco más a este tipo de temáticas”.

—¿Considera que Vinci alude a la contemporaneidad?

—Es posible que en este trabajo se pueda encontrar alguna lectura alegórica a la Cuba actual, pero no es el objetivo que me tracé. No es para nada una manera hiperbólica de hablar de la isla, aunque quizá sea una forma de referirme un tanto a nuestros tiempos de manera global. Para hablar de la situación actual del país tengo otros medios y escenarios. La historia se le puede aplicar no solo a Cuba, sino a cualquier otro país del mundo. Entre las películas que vimos cuando estábamos en la etapa de pre filmación estaban Los Borgia, El príncipe de los zorros, El Decamerón de Passolini y Amadeus; esta última sin ser precisamente de esta época que tratamos, es una película que dentro de su ambientación antigua exhibía elementos que recordaban la cotidianidad, como unas pelucas estilo punk que se utilizaban. En Vinci también empleamos una serie de guiños visuales que recuerdan nuestros días, aunque tratamos de ser muy cuidadosos con la dirección de arte.

—¿Cuáles cree que sean los mayores desafíos de la película?

—Como toda película de época, son muchas las complejidades de la realización. En este caso la fotografía, realizada por Raúl Pérez Ureta, fue todo un reto. Al ser una sola locación tuvimos que hacer maravillas para hacerla lo menos monótona posible y poder materializar lo que se necesitaba expresar desde el guión. Siempre supe que si alguien podía asumir el desafío es era Raúl.

—¿Qué destacaría del filme?

—Una de las ventajas con las que cuenta la película es que todos sabemos qué pasó años más tarde con el personaje, por lo que funciona como la génesis de lo que fue el gran Leonardo. Vinci es un poco la formación de ese carácter e ingenio que dotaron al personaje de su magnitud. Pienso que es notable el desempeño actoral de cada uno de los intérpretes. En el caso de Héctor Medina, quien ha hecho una caracterización impresionante, tiene casi la misma edad del personaje y lo ha sabido asumir con gran profesionalismo y capacidad como el resto del elenco, con el que me siento completamente complacido y satisfecho. Este Leonardo era un tanto amanerado, pero no el amaneramiento cotidiano, sino el de 1476 que tuvo que incorporar el joven actor. Algunos de los gestos de Mick Jagger, que pudo estudiar a partir de videos de entrevistas que observó, servían para este empeño. También vale destacar el logro de hablar en español con tendencia al dialecto florentino, con cierto refinamiento, no de clase alta precisamente, pero sí de alguien con cierta cultura y buenos modales, a diferencia de estos presos marginales con los que le tocó compartir celda en esta historia, en esta suerte de recreación libre de un pasaje real de la vida de este gran hombre. Los otros dos protagonistas, Carlos Gonzalvo y Manuel Romero, estuvieron formidables. Romero me dio el personaje desde un inicio, él es más bien un actor de teatro y de televisión, pero su físico y cualidades expresivas me transmitían lo que necesitaba, al igual que Gonzalvo y Fernando Hechavarría, que interpreta al carcelero.

Luego de conversar con el principal responsable proseguimos a hurgar en los personajes. Aunque los actores tenían prohibido terminantemente adelantar mucho, algo nos comentaron.

Héctor Medina: Llegué muy rápido a esta película, me llaman un día y a la semana ya estaba construyendo el personaje. Como mismo le dije a del Llano, es todo un reto, porque como es un personaje renacentista, nada similar a lo que hasta ahora he hecho. Tuve que trazarme determinadas tácticas y estrategias para poder interpretarlo correctamente debido a sus especificidades. Leonardo es bastante diferente a mí en cuanto a personalidad y temperamento, por lo que el esfuerzo tuvo que ser doble. Si no fuera por el resto de los actores creo que no me hubiera salido como ha resultado. Todos me han ayudado mucho y me han servido de escuela. Del Llano es ese tipo de realizador por el que uno se puede dejar llevar sin miedo. De verdad que me impresionó como director, ya que lo admiraba mayoritariamente como guionista.

Manuel Romero: Luigi es uno de los personajes más interesantes que he realizado en mi carrera. Es un delincuente común que hasta cierto punto se queda impresionado con el nuevo acompañante de celda. Considero que el guión es excelente y creo que lo hemos sabido interpretar. Pienso que el verdadero éxito de cualquier filme, más allá del guión, que debe de ser bueno, es el trabajo en equipo, y esta vez hemos trabajado todos armónicamente, lo que se apreciará en los resultados.

Carlos Gonzalvo: Mi personaje para nada tiene que ver con el humor o la comicidad, por lo que es bien diferente a lo que muchos esperan de mí. Es posible que en algún momento le saque más de una sonrisa al público pero es producto de las situaciones que se van creando en el transcurso de la cinta. Piero es quizá, de los dos rufianes, el de menos coeficiente intelectual, y es el que más marcado se encuentra con las tesis de la película sobre la utilidad e influencia de la belleza y el arte en personas que nada tienen que ver con todo esto.

Eduardo del LlanoAl decir del realizador, entre los mayores atractivos de la cinta se encuentran su música, a cargo del experimentado compositor argentino Osvaldo Montes, y la especial colaboración del artista plástico Roberto Fabelo, quien realizó un total de diez dibujos para complementar la historia desde el punto de vista visual. Osvaldo Montes volvió a Cuba. Esta vez no regresó para participar como jurado en el gibareño Festival de Cine Pobre ni para formar parte de nuestro Festival de Jazz sino para realizar, en tan solo quince días, la banda sonora de Vinci. Conocido mundialmente por sus múltiples aciertos con disímiles realizadores como Eliseo Subiela y Gabriel Retes, por solo citar ejemplos, es el responsable de las melodías de emblemáticas películas, series y novelas como El Lado oscuro del corazón, Nueve Lunas y De poeta y de loco, que han sido transmitidas por la Televisión Cubana. Es la primera vez que colabora directamente con un filme cubano, aunque es bien fuerte la relación con esta Isla a la que lo unen estrechos lazos culturales y afectivos.

“Llegué a este proyecto a través de un amigo común: Carlos Urdanivia, director de arte de Vinci, a quien conozco desde 1994; hemos estado constantemente en contacto y unos meses atrás, a través de él, del Llano me envió el guion antes de que comenzaran a filmar”, señaló el laureado compositor.

—¿Cómo será la música de Vinci?

—Esta vez traté de conservar algunas texturas y pinceladas del Renacimiento aunque plegándose a la situación dramática del filme. La instrumentación está relacionada con una época, pero no necesariamente la utilización de los instrumentos tiene que ver con la parte dramática, hay texturas que no son instrumentos reales, sino inventados, para crear un universo sonoro diferente, porque es siempre lo que intento hacer cuando trabajo en un nuevo material. Para la ejecución de las partituras, convocamos al conjunto de música antigua Ars Longa, y utilizamos el laúd, la guitarra barroca, la flauta dulce, el clavecín, el violín, la viola da gamba, mezclados con instrumentos y texturas más actuales.

A pesar del poco tiempo con que contó para concluir su labor, Montes valora de placentera la interacción con el director. Fiel a su meta de realizar trabajos bien diversos entre sí mostrando universos diferentes con sonidos poco explorados se adentró en un da Vinci primitivo y oscuro como mismo lo describe del Llano en el guión para lograr una sonoridad específica y distintiva, al igual que para el resto de los personajes, quienes cuentan también con un tema bastante definido.

En el primer artista en que pensó del Llano para que encarnara a golpe de carboncillos al joven da Vinci fue en Roberto Fabelo, uno de los más prominentes nombres de la plástica cubana contemporánea. Galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas, este creador fue el encargado de plasmar en la cinta mediante sus ágiles trazos el talento aun en formación del genio renacentista.

Roberto Fabelo: Ha sido una buena oportunidad para admirar la genialidad y maestría de Leonardo da Vinci. He tenido la posibilidad de ver sus obras originales y siempre me asalta el asombro y el deslumbramiento. Los dibujos que he realizado para esta ocasión tratan de atrapar el espíritu de un Da Vinci joven que pinta en las paredes de la celda, con unos carboncillos, retratos de los prisioneros y otros temas que tienen una simbología particular dentro de la película, como pájaros y paisajes, que sí remiten a toda la iconografía, la imaginería davinciana. Es una historia de ficción, pero tiene una serie de detalles de la realidad. En el caso más específico hay una alusión a una especie de Hombre de Vitruvio, ese canon de las proporciones que posteriormente Da Vinci realizó de forma tan maravillosa, pero hay solamente ese referente que se puede asociar con una imagen de Da Vinci.

—¿Dónde cree que se desdibujen las fronteras entre su estilo propio y el del supuesto alumno del taller de Verocchio al que reinterpreta en esta película?

—No pretendo para nada ser personal ni dejar mi impronta, me someto a reflejar su figuración, en otras palabras, me pongo al servicio de estas exigencias creativas. De todas maneras la historia reclama unas imágenes específicas y por lo tanto me someto con mucho gusto no solo al dibujo de da Vinci, sino al espíritu de la obra de Eduardo del Llano.

—¿Cómo valoraría esta incursión cinematográfica?

—Ha sido fantástica la experiencia de trabajar bajo la dirección de un cineasta, en este caso con un magnífico director como es Eduardo del Llano, quien posee una imaginación tremenda. También ha sido muy reconfortante trabajar con el resto del equipo. Esta oportunidad me llegó en un momento en el que tengo mucho trabajo, pero no podía negarme, era desafiante y a la vez un estímulo, además tenía la curiosidad, por eso acepté con muchísimo gusto y me siento complacido con haber participado en esta aventura.

Lo erótico, la levedad del ser, el arte, lo bello y las reflexiones éticas y estéticas en torno a todo esto, funcionan como aristas inequívocas del filme, que huyendo de estereotipos televisivos, de las aventuras y novelas de época, nos muestra a un joven Leonardo que bien pudo haber actuado así en similares circunstancias. El filme no se estrenó durante la pasada edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, pero se está presentando ahora mismo en los circuitos de la capital cubana y desde ya tenemos la oportunidad de corroborar, una vez más, cuán importante es el arte para nuestras vidas.

La mazmorra ya no contiene a da Vinci y obligan a sus compañeros de celda a limpiar cualquier vestigio que este dejó en los muros. Luigi mira al carcelero con melancolía. Considera las paredes, la ventana, el mundo afuera, como si por primera vez sintiera que está preso.

Luego, lentamente, empieza a borrar el pájaro que había dibujado quien se fue, no sin antes demostrar que el arte y la belleza, hasta para el más simple de los seres humanos, cumple una primordial función que a veces solo entendemos cuando es demasiado tarde.

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