Actualizado el 22 de marzo de 2012

Televisión cubana:

Cuidado con propuestas rosadas en los dramatizados

Por: . 20|3|2012

Bajo el mismo solLa serie Bajo el mismo sol ha logrado que se defienda con espada y capa o que se critique hasta la saciedad, y eso es bueno porque quiere decir que tomó la calle. Hace poco un grupo de colegas, entre ellas dos negras, me cayeron arriba porque yo decía que aplaudo la novela por lo que dice y que en los últimos años los dramatizados cubanos han ocupado el espacio que le correspondería a noticias, reportajes y documentales a la hora de meterse en nuestra realidad, aunque en los cercanos tiempos, ¡y ojalá no sea una moda! se ven trabajos críticos en la televisión sobre temas variopintos, algunos bien peliagudos. Al paso que íbamos para reflejar la historia de estos años dentro dos o tres décadas habría que recurrir a la ficción y no a los trabajos periodísticos.

¿Qué le critican mis amigas a Bajo el mismo sol? Que todas las familias son disfuncionales, las casas son feas y hay muchos negros. Un buen amigo, testigo de mi discusión, me decía: “de todas maneras se queda mal”.

No se trata de tres temporadas como se califica, porque esa es una forma de nombrar las sucesivas historias que ocurren en series de mucho éxito, que conviene financieramente alargarlas, por ejemplo el Dr. House. En el caso de Bajo el mismo sol se dividió en tres partes (“Casa de cristal”, “Soledad” y “Desarraigo”) por imperativos de la producción y logró reflejar UNA PORCIÓN de la realidad, no la REALIDAD cubana de hoy. El artista que aspire a eso, está fracasado.

Vayamos por pasos, ¿es disfuncional la familia del bodeguero de la tercera parte? ¿Por qué? ¿Acaso la separación de la pareja y emigración a La Habana no son asuntos cotidianos? ¿Por qué no es normal la familia de Casa de cristal en la que la abuela acepta las relaciones lésbicas de su nieta? Es cierto que en el elenco hay un grupo de negros y negras, ¿y qué? El que le pega a la mujer es blanco; el que sedujo a una jovencita y la preñó también es blanco, y blanca es la familia tremebunda que realiza cualquier cantidad de artimañas para quitarle el niño a una ex reclusa.

Negra es la abuela que se equivocó pero crió a su nieta con todo amor, de ese mismo color es el barrendero, un hombre servicial y justo, y negro es el padre del niño discapacitado, que deja su profesión y trabaja en un agro para ganar más dinero con el que mantener a su familia, gesto encomiable a pesar de que en una tarde comete la irresponsabilidad de acostarse con la amiga de su esposa. ¿Entonces también acusan de racista a la serie?

Yo no entiendo, a no ser que se desee volver a las telenovelas de casas bonitas, historias banales, en las que resulta difícil encontrar un parlamento inteligente. Espero que por la opinión de parte del público, la televisión no vaya a retroceder en propuestas que han recibido el aplauso de investigadores.

Por ejemplo, el doctor Julio César González Pagés, historiador, antropólogo y coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades, afirmó hace un tiempo: “La televisión está cambiando. Últimamente está mucho más metida en temas complicados y eso, a veces, molesta a la gente. Cuando algo en la televisión se parece mucho a la vida la gente suele molestarse porque, inconscientemente, quieren escapar de los problemas cotidianos”.

Mientras, la doctora en Comunicación Isabel Moya ha dicho: “El género telenovela ha ido asumiendo, según los contextos, la realidad más inmediata y metamorfoseándola a los cánones del género”.

Se afirma que con otra serie, La cara oculta de la luna, la línea telefónica confidencial LineAyuda, del Centro Nacional de Prevención de ITS/VIH/SIDA, recibió cuatro mil doscientas cincuenta y seis llamadas contabilizadas y unos setecientos cincuenta correos electrónicos. ¿Funcionó o no aquella propuesta televisiva?

Sobre Bajo el mismo sol el reconocido crítico Joel del Río ha dicho: “efectivamente, a mí me ha gustado ‘Desarraigo’, porque me parece valiente en términos temáticos, digna si se tiene en cuenta el nivel muy elemental adoptado por estos espacios, y seria, porque se ha permitido trabajar a mediana distancia del lugar común y lo predecible. También es cierto que no la he disfrutado tanto como la primera o la segunda temporada, porque simplemente esta parte de la serie movilizó otras regiones de mi sensibilidad, y un diverso nivel de preocupaciones e inquietudes. Además, apenas me parece improcedente la comparación cuando desde el principio quedó bien sentado que cada temporada atendería un universo de temas y personajes bastante distintos”.

A Freddy Domínguez, el guionista de Bajo el mismo sol y de La cara oculta de la luna le hice esta pregunta: “El reconocido teórico y director mexicano Dr. Miguel Sabido, considerado, impulsor de series de entretenimiento con beneficio social —conocidas también como ‘telenovelas pro desarrollo’— dice que el fin de estas propuestas es que ‘la televisión comercial tuviera un beneficio social a través de las telenovelas, justamente un producto que está dentro de las casas de aquellos que más necesitan informarse’. Aunque la nuestra no es comercial sino de bien público, ¿qué piensas de esta afirmación? ¿Acaso en ti coexisten coherentemente intereses de orden sociológico con propuestas estéticas novedosas?”.

Su respuesta fue inmediata: “Aunque es cierto que nuestra televisión no se atiene a las reglas del comercio, ni nuestros productos tienen muchas posibilidades de competir en el mercado internacional, lo cierto es que no se puede olvidar la función primaria de la televisión y mucho menos en el caso específico de la telenovela. Ahora, comercial o no, no creo que la telenovela tenga que ser tonta, banal o frívola para seducir. Es cierto que es dueña de códigos que si no se respetan pueden dar al traste con la obra, pero depende en buena medida del talento y de las intenciones de los artistas y productores que intervienen en ella. En cuanto al papel social de la telenovela, creo que es el vehículo idóneo para transmitir cualquier mensaje. De hecho, las telenovelas que tanto criticamos no son nada ‘tontas’, en cuanto implantan un modelo en sus fanáticos. Lo que sí defiendo a toda costa es que no olvidemos que estamos hablando de una ‘telenovela’ que el público espera por determinados resortes para fijar su atención, a partir de ahí es la creatividad la que no tiene límites a la hora de decir. Y sí, creo que en mi obra procuro respetar esos códigos, pero con aires que renueven el lenguaje que uso y así poder transmitir un mensaje que llegue a mover a la reflexión”.

Este mosaico de opiniones escogidas, por supuesto, por compartir mis puntos de vista, tuvieron su contraparte en el foro de Cubadebate con mi comentario “Bajo el mismo sol: un necesario reflejo de parte de la realidad”. Si bien una buena parte de los que escribieron defendieron la serie, otros (u otras), por ejemplo, dijeron: “Si tenemos tantos problemas, ya sean personales, como sociales, familiares, ¿por qué a la hora del descanso también ponernos a ver los mismos problemas reflejados en un horario de relajación y esparcimiento? Necesitamos un poco de fantasía y cosas lindas para vivir, todo no va a ser la triste realidad. Los problemas son de la puerta para dentro, a la hora del descanso hay que relajarse. Y aquí hay talento para hacer buenas novelas”.

Incluso hubo quien subió la parada: “Pienso que más que todo, esta telenovela es una ofensa (para la mayoría) a los valores de nuestra sociedad, que tanto proclamamos y defendemos!!! No se puede ser absoluto, la vida tiene matices. En esta novela o todo es negro o es blanco, no existe un intermedio, alguien ‘normal’, va demasiado a los extremos”.

Creo que por opiniones como esa última se puso el famoso pitico en el lugar donde alguien decía una mala palabra. Pero, ¿qué es hoy día una mala palabra? En la calle, en los ómnibus, en el estadio, en cualquier sitio usted oye los sinónimos de pene y testículos en boca de niñas y niños. Los piticos sustituyeron a prostituta (el sinónimo), excremento (también el sinónimo, por supuesto), no a los ejemplos que desgraciadamente hoy se han hecho habituales. Y, ¿qué fue peor?, ¿el dichoso pitico o que se respetara lo que escribió el guionista?

Sálvenme todos los santos del panteón Yoruba y de otras congregaciones si pretendo defender esa forma procaz de hablar que de manera generalizada se ha entroncado especialmente entre los jóvenes. Siempre he creído que una mala palabra bien dicha en el momento oportuno vale más que diez frases. ¿Qué dice la mayoría cuando un martillo le machuca el dedo? Pero su uso indiscriminado, casi una constante en sitios públicos, es una falta de respeto.

Ahora bien, ¿es culpable la televisión de esa pérdida de pudor al hablar? No lo creo porque, cuando se han usado, han sido malas palabras menores, no de las “gordas”. Junto con mi amigo Rafael Grillo, escritor y crítico, pienso que “no son la radio, la televisión, el cine, sus directivos, u orientaciones partidistas quienes están imponiendo el gusto en Cuba, son los vendedores de DVD que bajan por las antenas los programas, desde series hasta videoclips, los que luego ofertan, vendiendo o alquilando a quienes tienen un aparato para verlos, en su casa, rodeado de familiares —niños incluidos—, sin que nadie cuestione la violencia o el sexo subido de tono”.

¿Qué hacer frente a esa avalancha? ¿Competir con ellas ofreciéndoles shows tontos, telenovelas banales o telefilmes insulsos? Creo que la televisión tiene una cuota de responsabilidad, sí, pero en jerarquizar lo novedoso, artístico y educativo que produzcan sus realizadores.

Después de las ocho y media de la noche los menores frente al televisor son una responsabilidad de los adultos. ¿O es que la familia ya no tiene ningún papel en educar a su prole? ¿Acaso esos mismos que gritan contra Bajo el mismo sol no son los que aplauden Passione, telenovela brasileña en la que un actorazo como Tony Ramos está haciendo el ridículo por un guión insustancial, repetitivo y lleno de tonterías? ¿Es eso lo que se debe filmar en Cuba con los poquísimos recursos que tenemos? Por supuesto que, aunque se quisiera, no se podría: con el presupuesto de esa entrega de O Globo en nuestra televisión se hacen no sé cuantas series.

Con la dirección general de Jorge Alonso Padilla y la de Ernesto Fiallo en la segunda parte, Bajo el mismo sol despertó polémicas porque fue aprehendida. En el balance de lo que se ofrece al televidente es lógico que no todas las telenovelas y series deban abordar dramas parecidos, la diversidad y el equilibrio son necesarios en una televisión de bien público. Pero ojalá no nos encontremos en adelante situaciones donde desaparezcan (en la pantalla) los gays, la violencia, las infidelidades, la corrupción, las escaseces, las casas de distinto confort, y comience una etapa debajo de un mismo sol rosado que aleje al cubano y a la cubana de hoy de su momento y de su entorno. En esta tierra no por gusto se dice que nos pasamos o no llegamos. Ojalá este no sea el caso.

Categoría: Audiovisuales | Tags: | | |

El Caimán Barbudo © Todos los derechos reservados