Televisión cubana:
Cuidado con propuestas rosadas en los dramatizados
La serie Bajo el mismo sol ha logrado que se defienda con espada y capa o que se critique hasta la saciedad, y eso es bueno porque quiere decir que tomó la calle. Hace poco un grupo de colegas, entre ellas dos negras, me cayeron arriba porque yo decía que aplaudo la novela por lo que dice y que en los últimos años los dramatizados cubanos han ocupado el espacio que le correspondería a noticias, reportajes y documentales a la hora de meterse en nuestra realidad, aunque en los cercanos tiempos, ¡y ojalá no sea una moda! se ven trabajos críticos en la televisión sobre temas variopintos, algunos bien peliagudos. Al paso que íbamos para reflejar la historia de estos años dentro dos o tres décadas habría que recurrir a la ficción y no a los trabajos periodísticos.
¿Qué le critican mis amigas a Bajo el mismo sol? Que todas las familias son disfuncionales, las casas son feas y hay muchos negros. Un buen amigo, testigo de mi discusión, me decía: “de todas maneras se queda mal”.
No se trata de tres temporadas como se califica, porque esa es una forma de nombrar las sucesivas historias que ocurren en series de mucho éxito, que conviene financieramente alargarlas, por ejemplo el Dr. House. En el caso de Bajo el mismo sol se dividió en tres partes (“Casa de cristal”, “Soledad” y “Desarraigo”) por imperativos de la producción y logró reflejar UNA PORCIÓN de la realidad, no la REALIDAD cubana de hoy. El artista que aspire a eso, está fracasado.
Vayamos por pasos, ¿es disfuncional la familia del bodeguero de la tercera parte? ¿Por qué? ¿Acaso la separación de la pareja y emigración a La Habana no son asuntos cotidianos? ¿Por qué no es normal la familia de Casa de cristal en la que la abuela acepta las relaciones lésbicas de su nieta? Es cierto que en el elenco hay un grupo de negros y negras, ¿y qué? El que le pega a la mujer es blanco; el que sedujo a una jovencita y la preñó también es blanco, y blanca es la familia tremebunda que realiza cualquier cantidad de artimañas para quitarle el niño a una ex reclusa.
Negra es la abuela que se equivocó pero crió a su nieta con todo amor, de ese mismo color es el barrendero, un hombre servicial y justo, y negro es el padre del niño discapacitado, que deja su profesión y trabaja en un agro para ganar más dinero con el que mantener a su familia, gesto encomiable a pesar de que en una tarde comete la irresponsabilidad de acostarse con la amiga de su esposa. ¿Entonces también acusan de racista a la serie?
Yo no entiendo, a no ser que se desee volver a las telenovelas de casas bonitas, historias banales, en las que resulta difícil encontrar un parlamento inteligente. Espero que por la opinión de parte del público, la televisión no vaya a retroceder en propuestas que han recibido el aplauso de investigadores.
Por ejemplo, el doctor Julio César González Pagés, historiador, antropólogo y coordinador de la Red Iberoamericana de Masculinidades, afirmó hace un tiempo: “La televisión está cambiando. Últimamente está mucho más metida en temas complicados y eso, a veces, molesta a la gente. Cuando algo en la televisión se parece mucho a la vida la gente suele molestarse porque, inconscientemente, quieren escapar de los problemas cotidianos”.
Mientras, la doctora en Comunicación Isabel Moya ha dicho: “El género telenovela ha ido asumiendo, según los contextos, la realidad más inmediata y metamorfoseándola a los cánones del género”.
Se afirma que con otra serie, La cara oculta de la luna, la línea telefónica confidencial LineAyuda, del Centro Nacional de Prevención de ITS/VIH/SIDA, recibió cuatro mil doscientas cincuenta y seis llamadas contabilizadas y unos setecientos cincuenta correos electrónicos. ¿Funcionó o no aquella propuesta televisiva?
Sobre Bajo el mismo sol el reconocido crítico Joel del Río ha dicho: “efectivamente, a mí me ha gustado ‘Desarraigo’, porque me parece valiente en términos temáticos, digna si se tiene en cuenta el nivel muy elemental adoptado por estos espacios, y seria, porque se ha permitido trabajar a mediana distancia del lugar común y lo predecible. También es cierto que no la he disfrutado tanto como la primera o la segunda temporada, porque simplemente esta parte de la serie movilizó otras regiones de mi sensibilidad, y un diverso nivel de preocupaciones e inquietudes. Además, apenas me parece improcedente la comparación cuando desde el principio quedó bien sentado que cada temporada atendería un universo de temas y personajes bastante distintos”.
A Freddy Domínguez, el guionista de Bajo el mismo sol y de La cara oculta de la luna le hice esta pregunta: “El reconocido teórico y director mexicano Dr. Miguel Sabido, considerado, impulsor de series de entretenimiento con beneficio social —conocidas también como ‘telenovelas pro desarrollo’— dice que el fin de estas propuestas es que ‘la televisión comercial tuviera un beneficio social a través de las telenovelas, justamente un producto que está dentro de las casas de aquellos que más necesitan informarse’. Aunque la nuestra no es comercial sino de bien público, ¿qué piensas de esta afirmación? ¿Acaso en ti coexisten coherentemente intereses de orden sociológico con propuestas estéticas novedosas?”.
Su respuesta fue inmediata: “Aunque es cierto que nuestra televisión no se atiene a las reglas del comercio, ni nuestros productos tienen muchas posibilidades de competir en el mercado internacional, lo cierto es que no se puede olvidar la función primaria de la televisión y mucho menos en el caso específico de la telenovela. Ahora, comercial o no, no creo que la telenovela tenga que ser tonta, banal o frívola para seducir. Es cierto que es dueña de códigos que si no se respetan pueden dar al traste con la obra, pero depende en buena medida del talento y de las intenciones de los artistas y productores que intervienen en ella. En cuanto al papel social de la telenovela, creo que es el vehículo idóneo para transmitir cualquier mensaje. De hecho, las telenovelas que tanto criticamos no son nada ‘tontas’, en cuanto implantan un modelo en sus fanáticos. Lo que sí defiendo a toda costa es que no olvidemos que estamos hablando de una ‘telenovela’ que el público espera por determinados resortes para fijar su atención, a partir de ahí es la creatividad la que no tiene límites a la hora de decir. Y sí, creo que en mi obra procuro respetar esos códigos, pero con aires que renueven el lenguaje que uso y así poder transmitir un mensaje que llegue a mover a la reflexión”.
Este mosaico de opiniones escogidas, por supuesto, por compartir mis puntos de vista, tuvieron su contraparte en el foro de Cubadebate con mi comentario “Bajo el mismo sol: un necesario reflejo de parte de la realidad”. Si bien una buena parte de los que escribieron defendieron la serie, otros (u otras), por ejemplo, dijeron: “Si tenemos tantos problemas, ya sean personales, como sociales, familiares, ¿por qué a la hora del descanso también ponernos a ver los mismos problemas reflejados en un horario de relajación y esparcimiento? Necesitamos un poco de fantasía y cosas lindas para vivir, todo no va a ser la triste realidad. Los problemas son de la puerta para dentro, a la hora del descanso hay que relajarse. Y aquí hay talento para hacer buenas novelas”.
Incluso hubo quien subió la parada: “Pienso que más que todo, esta telenovela es una ofensa (para la mayoría) a los valores de nuestra sociedad, que tanto proclamamos y defendemos!!! No se puede ser absoluto, la vida tiene matices. En esta novela o todo es negro o es blanco, no existe un intermedio, alguien ‘normal’, va demasiado a los extremos”.
Creo que por opiniones como esa última se puso el famoso pitico en el lugar donde alguien decía una mala palabra. Pero, ¿qué es hoy día una mala palabra? En la calle, en los ómnibus, en el estadio, en cualquier sitio usted oye los sinónimos de pene y testículos en boca de niñas y niños. Los piticos sustituyeron a prostituta (el sinónimo), excremento (también el sinónimo, por supuesto), no a los ejemplos que desgraciadamente hoy se han hecho habituales. Y, ¿qué fue peor?, ¿el dichoso pitico o que se respetara lo que escribió el guionista?
Sálvenme todos los santos del panteón Yoruba y de otras congregaciones si pretendo defender esa forma procaz de hablar que de manera generalizada se ha entroncado especialmente entre los jóvenes. Siempre he creído que una mala palabra bien dicha en el momento oportuno vale más que diez frases. ¿Qué dice la mayoría cuando un martillo le machuca el dedo? Pero su uso indiscriminado, casi una constante en sitios públicos, es una falta de respeto.
Ahora bien, ¿es culpable la televisión de esa pérdida de pudor al hablar? No lo creo porque, cuando se han usado, han sido malas palabras menores, no de las “gordas”. Junto con mi amigo Rafael Grillo, escritor y crítico, pienso que “no son la radio, la televisión, el cine, sus directivos, u orientaciones partidistas quienes están imponiendo el gusto en Cuba, son los vendedores de DVD que bajan por las antenas los programas, desde series hasta videoclips, los que luego ofertan, vendiendo o alquilando a quienes tienen un aparato para verlos, en su casa, rodeado de familiares —niños incluidos—, sin que nadie cuestione la violencia o el sexo subido de tono”.
¿Qué hacer frente a esa avalancha? ¿Competir con ellas ofreciéndoles shows tontos, telenovelas banales o telefilmes insulsos? Creo que la televisión tiene una cuota de responsabilidad, sí, pero en jerarquizar lo novedoso, artístico y educativo que produzcan sus realizadores.
Después de las ocho y media de la noche los menores frente al televisor son una responsabilidad de los adultos. ¿O es que la familia ya no tiene ningún papel en educar a su prole? ¿Acaso esos mismos que gritan contra Bajo el mismo sol no son los que aplauden Passione, telenovela brasileña en la que un actorazo como Tony Ramos está haciendo el ridículo por un guión insustancial, repetitivo y lleno de tonterías? ¿Es eso lo que se debe filmar en Cuba con los poquísimos recursos que tenemos? Por supuesto que, aunque se quisiera, no se podría: con el presupuesto de esa entrega de O Globo en nuestra televisión se hacen no sé cuantas series.
Con la dirección general de Jorge Alonso Padilla y la de Ernesto Fiallo en la segunda parte, Bajo el mismo sol despertó polémicas porque fue aprehendida. En el balance de lo que se ofrece al televidente es lógico que no todas las telenovelas y series deban abordar dramas parecidos, la diversidad y el equilibrio son necesarios en una televisión de bien público. Pero ojalá no nos encontremos en adelante situaciones donde desaparezcan (en la pantalla) los gays, la violencia, las infidelidades, la corrupción, las escaseces, las casas de distinto confort, y comience una etapa debajo de un mismo sol rosado que aleje al cubano y a la cubana de hoy de su momento y de su entorno. En esta tierra no por gusto se dice que nos pasamos o no llegamos. Ojalá este no sea el caso.
Categoría: Audiovisuales | Tags: Dramatizados | Telenovelas | Teleseries | Televisión Cubana











1 Alberto Fernandez. 22|3|2012 a las 9:45
Yo leo este articulo no son cierta preocupacion. Debo comenzar diciendo que no soy aficionado a las telenovelas, las cuales me siguen pareciendo un genero menor desde el punto de vista de su concepciono estetica. Esta es mi opinion personal pero no puedo menos cuando las comparo con las teleseries estadounidenses que se han puesto en esa misma pantalla cubana, puedo citar a manera de ejemplo Los Sopranos y Daños, Hacia el oeste y varias mas. La articulista insinua que esas teleseries se alargan en varias temporadas por un problema financiero, pero no creo que sea exactamente asi, pues habria que realizar un analisis multifactorial en el que el asunto financiero tiene un peso nada despreciable pero no es el unico. Lo que quiero añadir al comentario de la articulista es que esos vendedores de de-uve-des que se dice estan imponiendo el gusto entre la poblacion cubana, tambien gracias a ellos es que podemos acceder a esas temporadas cuando no se ponen completas en la television cubana. No soy un especialista en el tema pues trabajo en una oficina de ASTRO pero me parece que el gusto entre la poblacion cubana y la chavacaneria y el mal gusto y las palabrotas que se ecuchan en cualquier calle de al Habana estaban ya donde estan antes de la aparicion de los vendedores de de-uve-des. Es decir que puede ser que la causa que genera esa sitauacion sea anterior a los vendedroes de discos. Por utlimon no se puede pasar por alto que si tanta gente quiere ver los programas de la antena es posible que se deba a que los de la television cubana no son tan buenos y entretenidos como asegura la articulista. Muchas Gracias
Ing. Alberto Fernadez Vela
2 Un Tipo Ahí. 22|3|2012 a las 18:35
Comparto con sumo agrado la opinión de Paquita sobre la telenovela cubana. Para decirlo con las palabras de uno de sus críticos citados: “me parece valiente en términos temáticos, digna si se tiene en cuenta el nivel muy elemental adoptado por estos espacios, y seria, porque se ha permitido trabajar a mediana distancia del lugar común y lo predecible”. Sin embargo, el artículo de Paquita, parafraseando al crítico de marras, me parece valiente en términos temáticos, digna si se tiene en cuenta el nivel muy elemental adoptado por estos espacios y poco seria, porque no se ha permitido trabajar a mediana distancia del lugar común y lo predecible.
Para comenzar, es cierto que el término temporadas esta usado incorrectamente al aplicarlo a las partes que componen esta novela. Su división en tres partes, motivado tal vez por motivos de producción, como dice Paquita, sirve muy bien a la peculiar estructura que concibieron sus creadores para contarla de forma tal que en el mismo lapsus de tiempo en que transcurren los hechos les sea posible alternar el protagonismo de los diferentes personajes. Donde se equivoca Paquita es en su generalización al hablar de temporadas y asociar el término al hecho de que produzca dinero o no. No siempre la sucesión de temporadas en una serie corresponde a que convenga financieramente alargarlas. Es muy conocido que “The wire”, para citar sólo un caso, fue mantenido en pantalla por la HBO debido a su contundente éxito de crítica y cantidad de premios obtenidos, a pesar de no haber constituido un gran éxito comercial en ninguna de sus temporadas. Está considerada por un número abrumador de críticos y especialistas como la mejor serie de todos los tiempos. Constituye una disección del sistema capitalista y la corrupción que puede engendrar desde el narcotráfico, el contrabando, el problema de los sindicatos, los políticos y su lucha por el poder, el sistema de educación y hasta el papel de los medios de comunicación, todo con un nivel de suspense y enganche para el televidente que ya quisiera cualquier programa nuestro, educativo o de análisis
Otro planteamiento erróneo de Paquita es que la novela cubana refleja parte de la realidad cubana. No es así, ni parte ni toda. Para nada el arte es reflejo de la realidad. El artículo mismo se encarga más delante de contradecir a su autora en la siguiente cita: “El género telenovela ha ido asumiendo, según los contextos, la realidad más inmediata y metamorfoseándola a los cánones del género”. Tiene toda la razón Isabel Moya, eso es lo que hacen la telenovela, y el arte en general.
Aplaudo la defensa que hace Paquita del derecho de la malapalabra a existir, tanto dentro del arte como dentro de la cotidianidad, y que critique el ridículo pitico tan socorrido en la televisión, pero me da mucha gracia que ella misma incurra en el pecado al cambiar en su artículo las malapalabras por sus sinónimos. No tenga miedo Paquita, lo que uno oye en boca de los niños en la calle, ómnibus, estadios y cualquier lugar es pinga y cojones, el pitico sustituye a puta y mierda. ¿Vamos a respetar lo que escribió el guionista o no?
Lo que sí me lleva de indignación y hace que enarbole mi alabarda y lanza (También yo tengo derecho a ponerme ridículo ¿no?), es el siguiente planteamiento: “Ahora bien, ¿es culpable la televisión de esa pérdida de pudor al hablar? No lo creo porque, cuando se han usado, han sido malas palabras menores, no de las “gordas”. Junto con mi amigo Rafael Grillo, escritor y crítico, pienso que “no son la radio, la televisión, el cine, sus directivos, u orientaciones partidistas quienes están imponiendo el gusto en Cuba, son los vendedores de DVD que bajan por las antenas los programas, desde series hasta videoclips, los que luego ofertan, vendiendo o alquilando a quienes tienen un aparato para verlos, en su casa, rodeado de familiares —niños incluidos—, sin que nadie cuestione la violencia o el sexo subido de tono”.
¿Hasta cuándo la culpa de lo que pasa la va a cargar en inmovilismo el pueblo pichón, en economía el malvado intermediario, y en la pérdida de valores (léase pudor al hablar) el depravado vendedor de discos? ¡Por favor! Plantear cualquiera de estas tres cosas es hacer un alarde de ingenuidad, ceguera, o deshonestidad. El vendedor de discos es un negociante, surgido hace relativamente poco tiempo, que trata de satisfacer una demanda creada. Puedo decirle a Paquita que conozco a vendedores de series, películas y clips, que tienen en su oferta excelentes productos que desgraciadamente, ellos mismos se quejan, son los que menos les compran (“The wire”, por ejemplo). ¿Es su culpa? A pesar de su poca salida no los han borrado, los conservan por si acaso. Cosa que, por cierto, no puede hacer nuestra televisión por la falta de recursos.
Pregúntese mejor Paquita: ¿Quién tiene la culpa de que la preferencia del comprador esté precisamente en los peores productos artísticos? Es un ciclo que se retroalimenta. La pregunta se parece a ¿quién fue primero, el huevo o la gallina? Pues bien, cambiemos la pregunta. ¿Quién tiene la culpa de qué se hayan abandonado a principios de los 60 las buenas maneras y la educación por ser de contenido burgués? ¿Quién tiene la culpa de que por la poca atención, falta de estímulos y bajos salarios, excelentes maestros paulatinamente abandonaran su labor como educadores para ser sustituidos por inexpertos jóvenes que arrastran los mismos problemas que tendrían que solucionar? ¿Quién tiene la culpa de que en una fiesta para niños no se escuche música infantil sino canciones con letras atroces? ¿Quién tiene la culpa de que en la escuela, el centro de trabajo o la calle, no se salga al paso de manifestaciones de indecencia? ¿El vendedor de discos? No me haga reír, por favor, que para eso están los humoristas, bastante procaces muchos de ellos, por cierto, respondiendo a la ley de oferta y demanda, como el vendedor de discos, porque ¿quiénes tienen acceso monetario (y son muy bien recibidos) a los carísimos centros nocturnos de nuestras ciudades imponiendo su deformado gusto? ¿Quiénes son los gerentes y personal responsables de la “oferta artística”, que también responden a las leyes del mercado, porque están obligados a ingresar divisas? Vamos a eliminar la piratería, perdón, que no son piratas porque tienen permiso del gobierno, son corsarios. Vamos a eliminar la venta de discos y veremos cómo a partir del próximo año seremos puros y educados, como lo éramos antes de que en los últimos años entraran esas tecnologías.
¿Alguien cree que los lectores de los artículos son imbéciles o que viven en otro país? No es necesario contestar a estas preguntas, mejor que eso sería comprender la responsabilidad que nos atañe a todos como sociedad y en particular a cada uno en su especialidad y profesión, para comenzar a solucionar ya.
Aparte de que usted misma se contradice, Paquita, al decir: “…Después de las ocho y media de la noche los menores frente al televisor son una responsabilidad de los adultos. ¿O es que la familia ya no tiene ningún papel en educar a su prole?”. Bueno ¿y esa misma familia no tiene frente al disco a reproducir la misma responsabilidad?
Pasando al siguiente tema, y haciendo honor a un excelente ensayo de mi amigo, el ya fallecido Agustín de Rojas voy a defender a los que “…aplauden Passione, telenovela brasileña en la que un actorazo como Tony Ramos está haciendo el ridículo por un guión insustancial, repetitivo y lleno de tontería”. Es verdad que esa novela en particular está un poco floja en muchos sentidos, pero cumple su papel catártico y escapista. En ese espacio nos podemos dar ese lujo con productos que a pesar de no ser de lo mejor también “…asumen la realidad más inmediata metamorfoseándola a los cánones del género”. Claro, realidad foránea. No son temas tratados de una manera exhaustiva, porque, además, ese no es el objetivo de sus creadores. En ella podemos encontrar el crimen organizado, la prostitución y el proxenetismo, la injusticia con los que menos tienen (el caso de la familia que quiere adoptar, por ejemplo), los problemas de la drogadicción, la ilegalidad de la bigamia, el robo, la estafa, las consecuencias de abortos ilegales, la explotación física y sexual a menores, entre otros.
Por cierto, Tony Ramos está haciendo el ridículo porque le da la gana. Es un actor con suficientes recursos como para superar los problemas de guión y trama. He visto a actores con menos recursos lograrlo. Y muy bien que debe estar cobrando. Nuestros actores de vez en cuando tienen que aceptar participar en obras endebles, muchas veces no porque quieran sino porque tienen que comer. Conozco a muchos actores y actrices que venden croquetas o botean en el carro para poder vivir. Un conocido y excelente director pidió al ICRT una plaza de CVP que se ofertaba en la institución porque no tenía trabajo en su especialidad. Y no es que menosprecie la forma de ganarse la vida de cada cual sino que es lamentable ver la cantidad de recursos y tiempo que se pierden cuando una fuerza de trabajo especializada no se ocupa en lo que estudió, como sucede además con médicos, ingenieros, etc. ¿Quién tiene la culpa? Los vendedores de disco, seguramente.
Es cierto que nuestra televisión no compite a niveles internacionales, pero no es por no ser comercial, ni por la forma que aborda la realidad, es por la falta de recursos. No podemos exportar productos con mala imagen, escenografía que se está cayendo, vestuario que se viene usando desde “Las huérfanas de la obrapía”, humorísticos que tienen que ceñirse a uno o dos sets, cantidad de actores limitadísima, etc. La televisión podría, sin abandonar los postulados éticos y estéticos (los que sirven, no la mojigatería con los desnudos y las palabras fuertes) buscar la forma de generar ingresos. Las hay. Eso ayudaría mucho a que no tengamos que oír decir de una telenovela: “…digna si se tiene en cuenta el nivel muy elemental adoptado por estos espacios”.
Una observación que le hago, Paquita, cuidado con el racismo al revés, que todos los malos sean blancos tampoco ayuda.
Y por último, suave con los vendedores de discos, no deje caer sobre sus hombros lo que es culpa de todos. Y, sobre todo, recuerde que, sin ser carga para el estado, también aportan a nuestra maltrecha economía a través de sus impuestos. Incluso puede que parte de lo que aportan sirva para pagarle a los que ejercen profesiones que no generan ingresos, como la suya, por poner un ejemplo.
3 Rafael Grillo. 22|3|2012 a las 22:28
Estimado Tipo Ahí, cabe que el aludido haga esta aclaración. El segmento citado ya en más de una ocasión de todo lo que expresé en una reunión de la Uneac, parece que genera equívocos sacado del contexto de mi discurso de ese día. Porque nunca pretendí “culpar” a los vendedores de películas de los hábitos de consumo cultural del pueblo cubano. Tampoco tuve nunca la intención de presentarlos como “depravados” (de hecho esa expresión la introdujo usted y no yo). Aclaro que simplemente señalé algo que me parecía un “hecho dado”, digamos que enunciaba una “verdad descriptiva” y no valorativa ni causalista. Y la intención con que la dije fue la de “bajar de la nube” a los hacedores (personas e instituciones) de la política cultural sobre lo suspuestamente bienintencionado de sus propósitos pero la cortedad de sus resultados. Lo dije como advertencia, y no para que se atacara a los susodichos vendedores sino, por el contrario, para que se aprendiera de esa experiencia y de los mecanismos comerciales, de mercado, oferta y demanda, de las estrategias de las llamadas industrias culturales, para llevar a efecto esos nobles propósitos de “elevación espiritual del pueblo”, que se quedan estancados precisamente por el prejuicio que no les deja comprender que no basta con ofrecer lo bueno (o lo que esa política cultural cree bueno) sino que, además, hay que saberlo vender, hacerlo atractivo. Incluso dije, y voy a autocitarme ya que nadie parece haber tomado nota de esta otra parte de mi intervención: “No se trata ahora de atacar a esos vendedores, porque ellos no solo ofertan productos cuestionables, por el contrario, también nos ayudan a estar al tanto y poder consumir productos audiovisuales de indiscutible valor y a los que no tenemos acceso. Además, no se puede pedir de esos vendedores que sean gestores de la política cultural, ellos simplemente realizan esa labor como una cuestión de subsistencia, es su medio de vida. Son las instituciones que promueven cultura las que deben revisarse y ser capaces de ser creativos para afrontar este resto y esta competencia”. O sea, que dije, justamente, muchas de las cosas que usted señala. Por lo demás, Tipo Ahí, estoy de acuerdo contigo en que le ronca los cojones que siempre le echen la culpa al pueblo pichón. Ah, y en que las escuelas están de pinga!! Como ve, no me autocensuro, porque esas malas palabras caben muy bien aquí. Y que me censure ahora el propio editor de la web de la revista en donde yo mismo trabajo. Que se atreva, vaya, que lo mando para la p… (pitico)
4 Martín. 23|3|2012 a las 12:31
Siempre me sorprende que los debates populares acerca de una novela se tomen como dictados sobre el modo de reflejar la realidad. Los debates populares que esta genere son parte del juego que ella misma propone, su tiempo más importante no es el horario en que se transmite, sino el que media entre el final de un capítulo y el principio del que sigue, cuando la gente discute lo que ha visto y debate sobre el tema. Estas opiniones suelen ser expresadas en frase como: no es así en la realidad… las madres no son así… las mujeres no son tan guanajas… es demasiado lo de tal personaje, o etc. Las personas utilizan como argumento para su cuestionamiento una supuesta comparación con la realidad, pues entienden que esto le da el aval a su opinión. Esa realidad comparada es la que cada quien conoce, entiende o incluso desea aunque no sea, y no precisa de ninguna garantía porque este debate espontáneo es un ejercicio sobre todo lúdico, las novelas son para hablar de ellas y cada cual está en el derecho de hacerlo como mejor le acomode. Es muy positivo este debate y conocer sus contenidos da luces acerca de la eficacia de la telenovela, pero no se puede interpretar como dictados de sociología y mucho menos de estrategias de comunicación.
Respetar al público no es agarrarse de criterios vertidos por este o aquel y hacer de eso política editorial, puede que un número mayor de personas opinen todo lo contrario, sólo que no han manifestado su opinión en cartas, llamadas u otros medios registrables.
La felicidad no tiene valor dramático, no puede escribirse una historia acerca de lo bien que le va al personaje, si su familia es maravillosa entonces la trama deberá referirse a otra cuestión. Pero además, si lo que entendemos como familia funcional es: mamá, papá y nenes, pues entonces casi todas las familias cubanas y del mundo son disfuncionales. Y de hecho las de las telenovelas brasileñas serían regueros de gente, porque en ellas, con tal de interconectar a los personajes por varias vías (para aumentar conflictos sin aumentar personajes) se termina en combinaciones bien extravagantes. Aun así funciona, se establece como una convención necesaria que el público acepta, es atrapado por la multiplicidad de conflictos y entienden que la telenovela es así. Por supuesto también se la cuestiona, no faltaba más. Ella asegura muy bien su cuestionamiento porque lo sabe decisivo. La verosimilitud de una trama de ficción no obedece sólo a la relación que guarde con la realidad objetiva si no a la inteligencia en las convenciones que establece. La realidad objetiva muchas veces es inverosímil.
En cuanto a la cuestión discos, creo: Mercado esclavo se le llama a ese beneficio para quien oferta que consiste en que el cliente no cuenta con otras opciones. No hay mejor ventaja que esta para una oferta, tiene garantizada toda la clientela. La TV cubana contó con ella por décadas, ya no. Y dudo que haya ley que consiga revertir esta realidad si es que alguien se lo propone.
5 Paquita. 24|3|2012 a las 9:32
Amigos:
Que cada uno de Ustedes haya dedicado un tiempo a escribir sobre el tema que propuse es para mi un logro. El periodista escribe para que lo lean pero si además lo comentan “ ¡¡¡que bueno,….(pitico)”
Y voy por partes:
1- Todos los días de mi vida desde hace diez años camino por San Martín, un barrio lleno de casitas construidas de ahora para ahorita, otras en mal estado y un por ciento que se ven bien. Desde mis primeros recorridos –cuando no existían los vendedores de DVD- escuchaba, es un ejemplo, Caso cerrado, o los shows de competencia que denigran al participante, por no hablar de lacrimógenas telenovelas al estilo de Gotica de gente. El vendedor de disco es reciente, ¿o no? y por eso creo que debería existir una manera de pedirle dentro del contrato de venta que firman que oferten prioritariamente piezas de calidad. Es decir que lo jerarquicen no que se dediquen sólo a eso.
Y es que con ellos o sin ellos esos materiales van circular al por mayor en nuestra sociedad, por lo que pienso que efectivamente refuerzan el mal gusto hacia espacios banales. Hace muchos años, muchísimos, que al defender la telenovela cubana que se adentra hacia la realidad, he reiterado que los mismos que ponen el grito en el cielo por una escena más o menos erótica en nuestra TV, son los que a cualquier hora en su casa ven películas donde sexo, lenguaje de adultos y violencia debía estar clasificado en mayores de 18 años, mientras niñas y niños salen y entran, miran y ¿aprenden?
Para mi el problema no es el vendedor de discos sino nuestra TV que no sabe, no quiere o no puede competir con esas propuestas. Recuerdo a un amigo que se alquilaba por Playa cuando transmitieron La cara oculta de la luna y me contaba que era el momento cuando único se veía la televisión cubana.
2- ¿Saben ustedes que descuelgo el teléfono mientras transmiten a House o le digo a quien toque a mi puerta que espere a que termine el programa? Para mi House M. D. es una de las mejores series transmitidas en Cuba. Ahora ¿conocen ustedes que Hugh Laurie, el actor británico que encarna a House ha dicho que la serie ha herido su matrimonio porque su familia se mantiene en Londres y él en Hollyweood?
Por ese papel el actor ha ganado entre otros premios dos Golden Globe Awards al mejor actor en series dramáticas de televisión, estuvo nominado en cinco oportunidades al famoso premio EMMY, mientras la TV Overmind ha nombrado a Gregory House como el mejor personaje de televisión de la última década y dentro de la lista de los 100 mejores personajes, TV Guide lo seleccionó como el mejor de todos los tiempos. House, digo Laurie gana por episodio 273.000 euros y la serie desde la primera temporada, que recibió buenas criticas le deja grandes dividendos a sus productores por eso le pagan esa cantidad al actor británico. Es lo que sucede con la mayoría de las series, aquellas que enganchan al público tienen una y otra temporada, en las que a veces hasta cambia parte del elenco porque los actores y actrices no fueron los más populares o porque no están disponibles. El primer concepto, entonces, por el que se rige la temporada es financiero. NO olvidemos que la televisión en cualquier lugar del mundo, menos en Cuba camina por los dineros se le pagan por publicidad, por transmisión por cable o por venta a otros países. En Cuba no se hacen temporadas tanto en La cara oculta de la luna como en Bajo el mismo sol, el guionista Freddy Domínguez, aceptó por motivos de producción, adaptar elementos de sus radionovelas a partes distintas para que filmaran una, y luego otra. Como House hay otras excelentes series norteamericanas. Usted nombra The wire , le puedo hablar de Oz, muy reconocida por abrir un camino distinto en ese producto televisivo que hoy atrae a una buena cantidad de famosos artistas de cine. Por lo tanto sostengo que “No se trata de tres temporadas como se califica, porque esa es una forma de nombrar las sucesivas historias que ocurren en series de mucho éxito, que conviene financieramente alargarlas, por ejemplo el Dr. House.”
3- Grillín, se tu edad no la de Un Tipo Ahí, así que quizás él recuerde o no. En este Caimán que amo tanto en la década del ochenta –siendo su Jefa de Redacción- publiqué en ediciones diferentes una pinga y un cojones porque eran imprescindibles. Cuando hace falta yo uso una mala palabra, como ahora, pero si puse en mi texto los sinónimos y ustedes no lo entienden entonces me salió mal, traté de ser irónica. Y para ti Grillín ya había hecha pública en Cubadebate mi decisión de no citarte más, por lo menos en eso de los vendedores de disco.
4- Para Tipo ahí: no estoy ciega. Se que el nivel de los maestros actuales no es el mismo que de los míos en la Secundaria Básica José Martí de Holguín, en los años 60, que siendo algo así como escuela modelo, tenía un claustro escogido. Percibo con dolor cómo se van desmoronando en parte de cubanos y cubanas sentimientos de solidaridad, apreciación por el buen cine, respeto hacia los mayores y en fin, no tengo tiempo de seguir esta polémica porque estoy preparando el cumpleaños de mi casi nieta y ustedes no tienen idea, tal vez, de lo que hoy es eso.
5- Gracias, muchas gracias a los que entraron en este foro. No sólo me leyeron, escribieron así que Bajo el mismo sol como París (¡¡¡¡¡salvando las distancias!!!!!) bien vale una misa.
6 José Martín Díaz. 24|3|2012 a las 18:46
Quisiera mencionarle a Paquita otro argumento a favor de su defensa de la telenovela cubana de actualidad. Creo que la novela transmitida tiene una ventaja por sobre la alquilada: Aquello que mencionaba antes de que el público gusta de intercambiar criterios acerca de lo que ocurre en la trama, una actividad que deriva del hecho de que todo el mundo la está viendo a la vez e incluso todo el mundo se ha quedado por el mismo punto de la historia. No sólo se evalúa lo ocurrido sino que se hacen conjeturas acerca de los posibles desenlaces. Este juego siempre ha sido parte intrínseca de las telenovelas y probablemente una de las razones de su éxito.
La telenovela alquilada no lo permite, o lo hace muy difícil, no tiene comparación con la de turno en pantalla, pues hasta una persona desconocida puede estar al tanto de la trama y anímicamente conectada con el tema, es como un libro que todo el mundo está leyendo a la vez y por las mismas páginas, un fenómeno que sólo se da en dramatizados de continuidad televisados.
Por supuesto, en la medida en que la telenovela sea insustancial y anodina la gente hablará poco de ella y se desaprovecharía la ventaja, pero si sus temas resultan polémicos y discutibles siempre contará con el favor de la audiencia. Los debates se convierten incluso en propaganda indirecta.