Actualizado el 25 de abril de 2012

En la trama de la 11na. Muestra Joven

Por: . 21|4|2012

Fotograma de "Camionero", mediometraje de Sebastián MilóI. INTRODUCCIÓN CON MÁSCARA DE TRAGEDIA

¡Oh, esto no me está gustando nada nadita…!, habría dicho el augur que lee el futuro en las vísceras del ave. La 11na. Muestra Joven tropezó en la misma línea de arrancada, cuando el cineasta de José Martí: El ojo del canario divulgó que no continuaba como Presidente del evento. Sobra aquí el regodeo en el incidente catalizador de esa sentencia, puesto que puede leerse en “La partícula de Higgs”, texto rubricado por Fernando Pérez y publicado en los espacios de divulgación del evento (sitio web1, catálogo y número 0 del periódico Bisiesto).

Por la vía del email se escuchó indignación entre quienes se consideran legítimos “dueños” de la Muestra (“Pero si no es nuestra, si no la escribimos nosotros. ¿Entonces quién?”: Milena Almira”). Otros jóvenes realizadores del audiovisual cubano se pronunciaron: Juan Carlos Calahorra, Leandro de la Rosa Jiménez, Hannah Imbert Morell… Cito a Pedro Luis Rodríguez, autor de El cuarto 101 (Mejor Ficción, 9na. Muestra):

“Me preocupa la situación actual de la Muestra. No es que Fernando sea imprescindible, pero sin duda, hemos perdido mucho con su renuncia. Su prestigio como realizador y su capacidad de convocatoria le brindaron a este evento un liderazgo difícil de sustituir. Nada podrá detener la 11na edición, ¿pero, habrá una 12ava? (…) La Muestra siempre ha intentado ser un lugar de encuentro y confrontación, de expresión y aprendizaje, y sobre todo un centro de ideas, de necesaria crítica a nuestra realidad (…) Debemos luchar por la Muestra, por nosotros mismos y por los que vienen detrás y la batalla debe ser porque este espacio continúe, mantenga sus principios y tenga libertad de selección.”

De este episodio pueden extraerse, elucubro yo, un par de saludables lecciones: 1) Las instituciones culturales cubanas y sus eventos precisan inobjetablemente de sus creadores más auténticos y representativos. Aunque podría decirse “y viceversa”. Por ello, es la hora de aprender que ningún otro mundo es posible sin aceptar que hay que sentarse a la mesa del diálogo, y con la voluntad siempre de “negociar” concesiones. 2) Cuentas claras, conservan relaciones y garantizan las útiles decisiones. Pues cualquier entidad que auspicia y financia la organización de un evento (en rincón cualquiera del vasto mundo) puede arrogarse el derecho de establecer ciertos límites. Pero esa lista de “lo que sí y lo que no”, debe ponerse por delante y no soltar la papa caliente a las manos de quien “da la cara”. En condiciones así, la actitud de Fernando Pérez se justifica plenamente. Porque la elección personal es un derecho también.

Cartel de la 11na MuestraII. EL NUDO MUY GORDIANO

El Comité de Selección había trazado su rumbo con intenciones salomónicas: la 11na. Muestra sería “Inclusiva” y no “Selectiva”. En consecuencia, se enredó la pita a los Jurados que debían visualizar, como obras aspirantes, la friolera de 37 ficciones, 41 documentales y 9 animados antes de emitir su fallo. Tampoco debió serle fácil la tarea a quienes programaron las exhibiciones para sólo seis días (entre el 3 y 8 de abril).

Mientras que el desconcierto y la dificultad para seleccionar, era el precio a pagar por el público interesado en concurrir a la sala de cine. Téngase en cuenta, además, el efecto desestimulante causado por la advertencia previa de que habían ahí documentales a los que “faltaba lo más importante: la audacia cinematográfica, el sentido del lenguaje, el espíritu del cine” y ficciones con “distorsiones dramatúrgicas”.2

Y yo quedé preguntándome en otra solución posible, para que la Muestra continuara siendo ese idóneo espacio donde los noveles cineastas cumplen su “objetivo soñado y crucial” de confrontar sus creaciones ante el espectador. Y para que no fueran marginados esos materiales no del todo “artísticamente logrados”, pero sí atendibles en definitiva, por “privilegiar la inmediatez testimonial del reportaje” y abordar de modo “bien documentado” los temas “que no encuentran su espacio en la prensa escrita, radial o televisiva”.3

¿Acaso el grueso nudo formado por estas piezas no pudo haberse desatascado, simplemente, con la iniciativa del Comité de Selección de inventar una sección paralela titulada “Una Cuba, muchas Cubas” (o algo así… es un decir)?

III. EXTENSA MEMORIA DEL DESARROLLO

Jornadas intensas para días contados: Exposiciones de interés como la atrevida El hombre nuevo, de Jaime Prendes; o novedosas propuestas en muestras informativas, como una de cine hecho con teléfonos celulares, y el documental Compacta y revolucionaria de Claudia Alves en La Mirada del Otro. Presentaciones esperadas y especiales: Los “bolos” en Cuba y eterna amistad, del mejor Enrique Colina en las arenas del documental (ameno, ingenioso y lúcido, en un tema a su medida: la marca rusa en el patio criollo); el irreverente largo de ficción de Alejandro Brugués, Juan de los muertos, que acuña la incursión primera del cine nacional en el “humor-horror” y la “zombifilia”.

Ya escudriñando los materiales de concurso, mi opinión es que la 11na. Muestra ni fue tan horrenda cual proclamó el dictamen de la Asociación Hermanos Saíz, ni tan superior a la 10ma., como señaló el jurado de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños.

Cartel de "Juan de los Muertos"El apego al “documento” y el reportaje no solazado en la búsqueda del “valor estético”, en cambio permitió atisbar, desde el rigor investigativo, problemas sociológicos como el envejecimiento poblacional en Al final del camino, de Yaima Pardo y Diddier Santos (que a la postre se llevó premios colaterales del Centro Memorial Dr. Martin Luther King Jr. y la Fundación Brownstone); o el deterioro del entorno rural y un modo de vida tradicional cuyo rescate es vital para la actual proyección económica del país, en un puñado de obras de las que cabe destacar La bendición de Dios, de Miguel Reyes (canto épico a una comunidad que ejecutó una hazaña para llevar el agua hasta sí, premiada por TV Serrana); y La leyenda de La Bruja de Carlos Y. Rodríguez (Premio UNESCO, que retrata el desplome de la magia de un caserío tras el abandono de un proyecto de rescate sociocultural).

Por similar derrotero temático transitó Arian Enrique Pernas en Uvero, la cual recibió el lauro en el apartado de Animación. Su singular ejercicio de creación de una escenografía y personajes con la técnica digital, aboga por la nostalgia y la reconstrucción de la época perdida de una comunidad.

Otro saludable empeño visto en las obras de este año es el interés por recuperar las crónicas de vida y seguir haciendo “microhistoria”. De esta corriente resaltaron: El evangelio según Ramiro, de Juan Carlos Calahorra (Premio de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica y el Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero, aunque algo lastrada por la tendencia a sublimar a ultranza la figura del transgénero hasta acercarse al kitsch); Normadentro, de Axel Arzola y Yoel Suárez (inspirada en la mujer que a su vez inspiró la película Clandestinos; una rara avis que logra enfocar desde un ángulo de actualidad un tema histórico bastante manido); y Cuerda al aire de Marcelo Beltrán (si bien su montaje de vidas paralelas, una en la Sierra y otra en La Habana, es meloso por momentos, y no alcanza la autenticidad de esa Suite Habana que sin duda fue su patrón de influencia).

Punto y aparte merece De agua dulce, de Damián Saínz, cabalmente premiada como Mejor Documental. El protagonista vive a las márgenes de un río y de la sociedad, se alumbra con un mechero y se alimenta “a lo bestia” con una clarea: narra la imagen. La vida dura desde la infancia, que conformó un historial carcelario y una filosofía de psicópata y asesino, es contada en off por el personaje. Nada le sobra a esta inteligente yuxtaposición de imágenes y parlamento.

Ausencia, que obtuvo la Mención en Documental (y además en las especialidades de fotografía y sonido), es un producto típico de la “Factoría Armando Capó”. Como en La marea, otra vez el entorno de la bahía de Santiago de Cuba; de nuevo el minimalismo, con el silencio y no la voz como apunte dramático, y la imagen que renuncia a “narrar”. Pero ahora se niega el realizador a repetir aquellos interminables planos secuencia, y edita cual si ofreciera un collage de paisajes y rostros. Engañosamente “estetizante”, este Capó va al hueso de la experiencia humana, comportándose muy “a lo Zen”.

Virtudes también acumulan: Delirio de Alejandro E. Alonso y Lázaro O. Lemus, el premio de SIGNIS Cuba, una lírica y onírica visión de La Habana; un experimento visual en blanco y negro (como dice la gente que sueñan los cuerdos); y Pero la noche de Gretel Marín, una disección psicologista visualmente audaz, sobre la pareja humana y sus distintas opciones de amor y sexo.

Si de tristes fallas se trata, uno lamenta que El círculo, de Ariagna Fajardo, estropee el buen arranque por falta de tijeras en la edición; que Víctor A. Guerrero, autor de Ícaro, no se percate de la redundancia del decir entre la imagen y la alocución en off; o que a Un adiós es suficiente de Israel Consuegra y Liz López (con todo y su Premio AHS), nunca le parezca suficiente tanta arenga y ese “pecado Subiela” desluzca su performático discurrir visual.

Pero al olmo no se le pueden pedir peras y hay que comprender que esta es una presentación del quehacer audiovisual de los bisoños. A quienes les queda por delante la vida extensa, para aprender y madurar en el arte del cine.

Fotograma de "La piscina", largometraje de Carlos M. QuintelaIV. UN DESENLACE MUY CAMIONERO

Lo “clásico” siempre retorna; y hasta vuelve a imponerse cuando lo pretendidamente experimental o vanguardista acusa retórica o se pierde en devaneos. Así es como me explico el éxito categórico de Camionero, cuasi-mediometraje ganador de los premios de Mejor Ficción y Mejor Música Original, de las menciones en las especialidades de guión, dirección, edición, actuación (para sus tres protagonistas: Héctor Medina, Antonio Alonso y Reinier Díaz) y los Premios Colaterales de la UNEAC, Fundación Ludwig de Cuba, FAMCA, Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero y el Colegio Público de Sismondi y Escuela Internacional de Ginebra.

En medio de tantas historias de alienación y locura, cuya inestabilidad era reforzada por los desequilibrios a nivel de guión, la fábula no menos retorcida de Sebastián Miló, con sus chicos perdidos en la maleza de un colegio de internado, tenía el privilegio de ser al menos “una película hecha y derecha”, contada y resuelta a lo tradicional… pero bien.

(Una digresión válida. John Howard Lawson: “La disciplina y la habilidad creadora que dan la forma a un filme han de comenzar con el guión”4. Julio García Espinosa: “Guión: guía grande para ir encontrando entre brumas y malezas el camino cierto”5. Espinosa abrevó en Feijóo para Aventuras de Juan Quinquín. Titón tuvo altos momentos con Memorias del subdesarrollo, adaptando a Desnoes, y en Fresa y chocolate, basado en Senel Paz; Solás se acercó a Villaverde y a Carpentier, en Cecilia y El Siglo de las Luces. ¿Por qué los más jóvenes no beben en la literatura para enmendar su debilidad dramatúrgica? También podrían hacer tándems con escritores, como Tabío-Arturo Arango (Lista de espera y El cuerno de la abundancia); o Eduardo del Llano con Fernando Pérez en La vida es silbar y Madrigal, y en Alicia en el pueblo de Maravillas, Lisanka y otras con Daniel Díaz Torres)

Es cierto que el tremebundo desenlace concitó dudas: ¿Forzado Deus ex machina o sensata katharsis del héroe, que se purifica dejando salir su sed de justicia aún al precio de una purga sangrienta? Créase una cosa o la otra, el único marco para entender Camionero es dentro de la universal y antigua tradición dramática de la tragedia. Y fue así como Miló lanzó el dardo contra el tema peliagudo y autóctono de “las becas”, pero logró hacer diana más allá del referente local, para proyectarse hacia el trauma de cualquier contexto donde la individualidad sea sometida a la estandarización…

¿Recuerdan El señor de las moscas, libro de William Golding aparecido en 1954 y llevado a la pantalla por Peter Brook en 1963? Ahí la selva a donde van a parar los niños náufragos es el escenario donde se desata lo peor del instinto natural; y la salvación del protagonista es solamente posible en el regazo del adulto, símbolo de la civilización y el orden. Pero en la ficción de Miló es al revés; porque la escuela que se pretende modelo de organización y disciplina, es el ambiente que da salida a la barbarie interior (unos que practican el avasallamiento del prójimo, el muchacho que se deja someter y se autodestruye, mientras que el protagonista asume la venganza por mano propia). Y cuando el adulto interviene al final, ya no será para ofrecer amparo sino el más duro castigo.

Hacia este cambio de óptica entre la situación de la Europa de posguerra y el mundo posmoderno de hoy, en el que la estructura y ordenación social es máscara que encubre la omnipotencia de los poderes y la fragilidad de la libertad del individuo, es a lo que apunta a manera de metáfora, pienso yo, la cinta de Miló.

La otra ficción que desde el principio estuvo en las quinielas, obra de Carlos M. Quintela y titulada La piscina, finalmente sólo fue reconocida con el Premio al Riesgo y Búsqueda Artística. Un largometraje que encantó al crítico Joel del Río y exigía según él “un auditorio culto, sensible, capaz de concebir como extraordinaria la aventura irrepetible de cuatro criaturas inermes, que nadan y juegan, bajo un cielo proceloso, inundados por la luz inclemente del trópico”6. Más este espectador, quien al parecer no es un esteta a la altura demandada por el experto, perdió, simplemente, la paciencia; y ni le apeteció sumergirse en esas aguas demasiado mansas ni dorarse bajo el sol excesivo.

Bien tengo por sabido que, si el asunto es entretenerse, ¡vote por Hollywood! O juegue a las cartas, así sea en el Solitario. Pero, empecinado, sostengo que puesto a elegir entre seducir o aburrir, el arte en todos los tiempos debe optar por lo primero. Y ante las dimensiones olímpicas de La piscina, al menos a mí, me dio por cavilar: “Película longa, vita brevis.”

NOTAS

1. “La partícula de Higgs”, Fernando Pérez, en página web de la Muestra Joven: (http://www.cubacine.cult.cu/muestrajoven/centrof.php)
2. El entrecomillado es para enmarcar frases tomadas textualmente de “La partícula de Higgs”.
3. Ídem que la nota anterior.
4. El proceso creador del filme, John Howard Lawson, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1986, p. 404.
5. Un largo viaje hacia la luz, Julio García Espinosa, Ediciones UNIÓN, La Habana, 2000, p.160.
6. “Muestra Joven. Con licencia para la franqueza”, Joel del Río, Juventud Rebelde, 7 de abril de 2012.

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